Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 24
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Capítulo 24

Katerina

A primera hora de la mañana ya estaba lista para salir de mi casa y llegar a la de Griffin.

—¿Vas a salir?—Mi padre me saca el alma.

—Pensé que estabas dormido.

—Sabes que casi no duermo.

—Eso sigue siendo malo para tu salud.

—No cambies de tema. ¿Vas a salir?

—Si.

—Un poco temprano, pero me alegra verte con más ánimos. Avísame cuando llegues.

—Si padre.

​ Me perdí un par de veces en el camino. La casa de Griffin no es un lugar que frecuento, pero con los recuerdos de lo que Jack siempre decía logré llegar, agradeciéndole en silencio.

​ A la tercera llamada, un Griffin medio dormido me abre. Se sorprende al verme y yo sólo le sonrío a modo de disculpa.

—Kate, ¿qué haces aquí tan temprano?

—¿Te desperté? Lo siento, puedo volver en otro momento.

—No, llevo un rato despierto. ¿Qué necesitas?

—Prometes no espantarte—. Intento sonreír pero sale más como mueca.

—Ya estoy espantado. Pasa.

​ Su casa es bonita, acogedora, y extremadamente limpia. Recuerdo que eso era algo que Jack decía mucho, pero creí que exageraba un poco, ya veo que no. Pasamos a la cocina donde un café humeante lo esperaba.

—¿Quieres uno?

—No gracias. ¿Cómo vas?

—Duermo unas horas.

—Eso es progreso.

—Si, pero no creo que hayas venido hasta acá a primera hora a hablar conmigo de J. ¿Qué necesitas?—Toma asiento frente a la taza.

​ Pongo el pequeño saco en la mesa y saco el libro. Griffin intercala un semblante confundido entre el objeto y yo.

—¿Se supone que tengo que saber qué es eso?

—No.

—Entonces…

—Lo que está aquí es algo que necesito leer con urgencia, pero, —lo abro y se lo enseño— está escrito con tinta invisible que se ve a la luz de la luna. Quería ver si tu sabías si hay otra forma de leerla sin necesidad de esa luz.

—¿Puedo verlo?

​ Se lo extiendo y, cuando lo agarra, empieza a pasar las páginas, tocarlo, y verlo por todos los ángulos posibles. Cuando llega a la contraportada, se reacomoda sus lentes y acaricia el objeto lentamente hasta detenerse en la esquina izquierda inferior.

—¿Lista para asombrarte?

​ Asiento insegura y entonces, con la primera sonrisa genuina que le veo desde la muerte de Jack y los demás, levanta todo el cuero revelando una pequeña pluma y un frasquito de tinta. Mi reacción le sacó una pequeña risa.

—Te dije que te ibas a asombrar. Espera, —dice tomando el frasquito— la tinta se ha secado.

—No puede ser—. Tiro ligeramente de mi cabello. Tan cerca, pero a la vez tan lejos.

​ Griffin mete sus dedos al frasquito, lo toca unos segundos y luego se lo acerca a la nariz. Con el libro en una mano y el frasquito y pluma en otro, se levanta.

—Sígueme.

​ Caminamos a la puerta que estaba paralela a la de la cocina. Entramos a un tipo de cuarto de trabajo lleno de estanterías con distintos objetos y libros.

—La tinta que había en tu saco no es tan común porque tiene propiedades específicas que hacen posible leer texto invisible —busca en los estantes— mi padre consiguió varios frascos de esa tinta en algún viaje.

—Griffin no quiero quitarte a ti o a tu padre cosas que tardaron en conseguir. Puedo buscar otra forma.

—De ninguna manera. Leer esto bajo la luna sigue siendo un poco complicado porque el texto se ve blanco, con la tinta es más legible—. Toma dos frascos, los examina, y me da uno—. Además, mi padre no las usa ni las usará. A ti te será más útil.

—Muchas gracias, Griffin.

—No es nada.

​ Me acompaña a la puerta y lo abrazo antes de empezar a caminar. Cuando estoy a punto de girar en la esquina su voz me devuelve.

—Espero que encuentres lo que buscas Kate.

—Yo también. Te quiero mucho Griffin y recuerda que Jack siempre estará contigo. Ahora le toca a él ser invisible.

​ Los dos reímos con los ojos húmedos. Voy a mi casa, directo a mi cuarto y me siento en la cama con el libro entre mis piernas. Agarro la pluma y me doy cuenta de que estoy temblando. ¿Y si lo que está escrito aquí no es lo que buscaba y arriesgué todo por nada?

​ Con esa pregunta y el miedo, pinté la pluma con tinta y empecé a pasarla por las hojas y el texto no tardó en revelarse.

Mientras la tinta secaba, empecé mi examinación.

Es una caligrafía muy fina como para ser de un hombre o sea que quien escribió esto fue una mujer.

Increíble. Tiene fechas, pero no el año.

—¿Ya llegaste?— La voz opaca de mi padre me hace reaccionar.

​ Rápidamente tomo la tinta, la pluma, y el libro, observo en donde puedo esconder esto y, ante la presión de que mi padre estaba entrando, opto por debajo de mi almohada.

—Si—. Espero que mi sonrisa nerviosa no me delate.

—Volveré a Paris unos días.

—Okay.

—¿Estarás bien sola?

—Si. No te preocupes papá.

—Bueno. Igual cualquier cosa tocas la melodía y regreso en cuatro tiempos.

—Claro, que te vaya bien—. Me levanto y le doy un fuerte abrazo.

—Gracias melodía.

—¿Te llevarás una rosa del jardín de enfrente?

—No. Ya le he llevado la suya.

​ Nos dimos otro abrazo en la puerta y entré hasta que no lo vi en la calle. Subo y saco las cosas de su escondite improvisado y entonces comienzo a pensar que este no es el mejor sitio para hacer esto. Guardo todo en un saco y voy hacia el lugar más seguro de Aethel.

***

​ Si antes el bosque mágico era triste por mi madre, ahora lo es más por los recuerdos que guarda de Alexander y yo juntos.

Aquí me dio mi primer beso y nos hicimos novios, aquí planeamos todo para recuperar este libro…

pero también fue donde más mentiras dijo.

Aún no puedo creer que tonta fui por no darme cuenta antes.

​ Con el corazón apachurrado, camino hasta el imponente árbol con intención de leer esto bajo la sombra de sus ramas, sin embargo, mientras avanzaba, una figura se va haciendo presente detrás del tronco.

Veo a mi alrededor y encuentro una piedra, la tomo como arma, pero me detengo en seco cuando reconozco ese pelo negro y expresión seria incluso cuando duerme. No puede ser.

​ Suelto la piedra que hace un fuerte ruido al romper la raíz con la que choca y provoca que Alexander se despierte asustado, tan asustado que saca su daga para atacar.

Cuando me reconoce rápido guarda el arma y se endereza.

Se me había olvidado la diferencia de altura que teníamos hasta que tuve que levantar mi cara para verlo.

—Katerina.

—¿Qué haces aquí? ¿No tienes una casa en la que dormir?

—Sentía que las paredes se cerraban.

—Lo hubieran hecho. ¿Qué haces aquí?

—Quería estar cerca de ti y como no podía hacerlo físicamente decidí venir al lugar donde estás en todos lados—Me dieron ganas de llorar, pero resistí.

—Soy un monstruo ¿recuerdas? Un humano no puede extrañar a un monstruo, y menos al que tiene como misión eliminar—. El nudo en la garganta se hace más fuerte con esa última palabra.

—¿Qué puedo hacer para que me perdones?

—Nada. Déjame en paz por favor.

​ Me doy vuelta y me acomodo en el sitio donde originalmente iba. Fui tonta al tener un poco de esperanza de que me dejara porque no fue así, se sentó frente a mi así que yo me levanté para moverme, pero fue más rápido que yo y me acorraló contra el tronco.

—Alexander quítate.

—No hasta que hablemos.

—No hay nada de lo que hablar. Eres un humano yo un monstruo y tu misión.

Los tuyos mataron a mis amigos y quién sabe si tú les ayudaste.

Me enamoraste a base de mentiras y engaños para que tengas acceso libre a mis amigos y a mí.

¡Solo déjame en paz!— Los ríos húmedos chorrean el zacate a nuestros pies—.

Ya sé que dijiste que no te romantizara, y ahora entiendo el por qué, pero igualmente hiciste todo lo necesario para que lo haga y como la estúpida que soy, caí y no sabes cuánto me arrepiento.

​ Mis palabras le afectaron porque vi cómo sus ojos cafés luchan por no llorar. Cuando creo que se echará para atrás y me dejará ir, empieza a agacharse hasta que sus rodillas se unen con lo verde.

—¿Qué mierda estás haciendo?

—Ningún miembro de la élite se hincará ante cualquiera, menos a un monstruo pues lo hace ver débil e inferior.

Eso dice el código de Light-Hell, pero aquí me tienes, hincado pidiéndote perdón y no soy ni débil ni inferior por hacerlo, pero si tú quieres que lo sea lo seré, seré todo lo que quieras que yo sea porque te pertenezco en cuerpo, alma, y corazón.

Estos días que he estado sin ti han sido un infierno.

No duermo, no como, y no puedo realizar nada sabiendo que te dañé.

Quisiera hacer todo diferente pero no puedo, lo que sí puedo cambiar es el futuro.

Y quiero ese futuro contigo y nadie más.

Al diablo la élite y los humanos, al diablo todo el mundo.

Y si aún no quieres, te dejaré, pero jamás te olvidaré Katerina Phantom porqué eres la mujer que amo y siempre amaré.

​ No sé qué decir. Siempre dicen que la batalla entre el corazón y la mente es difícil pero no sabes cuánto hasta que lo experimentas.

Mi corazón quiere perdonarlo y sentir un atisbo de felicidad en esta tormenta que llamamos vida, pero mi mente se rehúsa a que mi corazón salga más herido y enfatiza lo obvio; él es humano y yo monstruo y nuestros mundos no deberían chocar.

—Somos de mundos distintos Alexander, entiéndelo por favor.

—¿Esa es tu decisión entonces?

—No quiero que más de mis seres queridos salgan heridos.

—Comprendo… —Se levanta con pesadez—. Adiós princesa.

​ Obligo a mi cuerpo a no correr a sus brazos y apretarlo para callar todo el dolor y la tristeza que siento mientras Alexander se acerca a la puerta mágica y se aleja de mí. Escucho claramente cómo mi corazón empieza a romperse en más pedacitos y de pronto el mundo se me hizo sofocante.

​ Me calmo lo más que puedo y regreso al piso; necesito distraerme y apagar estos sentimientos por un momento. Saco las cosas de su protección, abro el libro, y comienzo a leerlo.