Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 22
72%

Capítulo 22

Katerina

Esta semana ha sido una mierda. No he parado de llorar un solo día y ahora, que hace dos días descubrí la verdad sobre él —ya ni su nombre puedo pronunciar— quiero correr a los brazos de mi mejor amigo que ya no está por culpa de los suyos.

​ No he visto a mis amigos desde los funerales, pero mi padre me ha dicho que fue a visitarlos y que todos están igual que yo.

Lo que estoy haciendo ahora es por ellos y por mí.

Claro que no esperaba verlo, pero tampoco me sorprende que esté aquí, al fin y al cabo, planeamos todo juntos.

En lo que llevamos de camino no nos hemos topado a nadie.

—¿Quién está ahí?

Una voz dice antes de que giremos en la esquina. Él me empuja con su brazo a la pared y al darse cuenta del contacto y mi cara de asco se separa un poco. No puedo creer que solo hace unas semanas esos brazos eran los que me abrazaban y recorrían mi cuerpo.

—Tranquilo, soy Alexander. Mercenario entrenado—. Su rango sale con dificultad porque sabe que lo escucho. Mi corazón se quiebra un poco más.

—¿Qué haces aquí? Tú estás en una misión.

—Vengo a darle noticias de ello al Comandante. Buenas noches.

—Buenas noches.

​ Escucho como unos pasos se alejan y Alexander aparece.

—Ya llegamos a la biblioteca.

​ Lo sigo al pasillo y veo dos puertas enormes que Alexander empuja sin problema alguno. Entramos y se cierran después de mí que me quedo asombrada al ver tantos libros juntos.

—¿Dónde dices que está lo que buscamos?

—En los estantes más viejos. Es un libro del mismo color y tamaño que el diario. No tiene nada en la portada.

—Esos están hasta el fondo.

​ Caminamos entre estanterías y mesas con velas apagadas hasta llegar a nuestra sección. Empezamos la búsqueda y no pude evitar decirlo.

—Mentir te sale tan natural.

—Katerina—. Trato de que no me afecte el dolor en su voz.

—Supongo que por eso te creímos todo. Mentiroso profesional—. Me limpio una lágrima rebelde sin que él vea.

​ Vi cómo se debatió en si hablar o no pero al final se quedó callado. Bien. No quiero oírlo más. Estuvimos buscando un buen rato y estaba a punto de rendirme cuando, al sacar dos libros, descubro una pequeña palanca.

—¿Esto que activa?

​ Alexander no tarda en ponerse a mi lado y examinar el pequeño palo.

—No tengo idea. Esta área de la biblioteca casi nunca es visitada.

​ Dejo los dos libros que quité a un lado y tomé la palanca, al jalarla, la estantería empezó a temblar.

Me entró un miedo de que hiciera un ruido suficientemente grande para que nos descubran, pero gracias a los dioses no pasó.

La estantería se abre a la mitad revelando un pequeño cuarto solamente iluminado por una lámpara de aceite.

El libro que buscábamos yacía en el centro del espacio.

—Espera, —saca una daga— puede estar adjunto a una trampa.

​ Examina un momento los alrededores y debajo del pequeño pedestal en el que estaba y luego, con todo el cuidado del mundo, toma el libro.

Aguardamos unos segundos, pero nada pasó así que salimos.

Guardé el libro en el saquito que traje y regresamos a la pared falsa.

No nos detuvimos hasta que el fresco aire de la noche nos heló los cuerpos.

Cuando nos alejamos lo suficiente me detuve.

—¿Por qué te detienes?

—Porque aquí se separan nuestros caminos.

—¿Después de lo que hicimos no me dejarás saber el final?

—No.

—Comprendo que estás enojada, pero…

—Enojada se queda corto. Estoy furiosa y encabronada.

Estoy triste y desilusionada. Me siento traicionada y usada—.

Otra vez el picor que últimamente se ha hecho mi compañero, amenaza mis ojos—.

¡Me usaste Alexander! Me engañaste no sólo a mi sino también a mis amigos.

Te dejé entrar en todos los ámbitos habidos y por haber de mi vida.

¡Te presente a mi papá carajo! Y todo este tiempo tú sólo nos viste como objetivos y una misión que cumplir.

¿Qué me hace pensar que no tuviste nada que ver con los asesinatos de mis amigos?

¡Por los dioses, los mataron como animales!

Tú no comprendes nada. Yo te amaba Alexander.

Me enamoré de lo que pensé que eras. Me enamoré de una mentira.

​ Alexander se encuentra llorando, pero ya no creo que sea por mi sino porque le di en el orgullo y no me importa. Si fuera yo, sabría lo que siento.

—Todos los humanos son iguales. Mentirosos, egoístas, sin corazón. Nos ven a nosotros como monstruos por ser diferentes, pero deberían verse en un espejo y pensar en lo que hacen. Ahí es cuando se darán cuenta quiénes son los verdaderos monstruos.

​ Me doy media vuelta para irme, pero no logro avanzar mucho cuando una ráfaga helada me detiene. Volteo y veo una daga clavada en el tronco a centímetros de mi cara.

—Pensé que tendrías mejor puntería—. Solté con desdén.

​ Avienta otra que queda al otro lado de mi cara. Cuando continúo mi camino escucho como corre, pero no puedo reaccionar porque en segundos su cuerpo esta encima del mío, sus manos toman prisioneras las mías y sus rodillas mis piernas, dejándome inmóvil.

—¡Quítate imbécil! No me toques.

—No hasta que me escuches. Y si me tengo que quedar así todo el día no tengo problema. ¡Ahora cálmate para que te suelte!

​ Lucho un poco más, pero él tiene más fuerza que yo así que mi cuerpo termina por ceder.

—La primera vez que nos vimos, estaba en medio de una tarea—.

Mis ojos se abren con sorpresa al recordar esa noche—.

Tuve que actuar rápido y fingí ser uno de ustedes.

El Comandante, el director de la élite, aprovechó eso para infiltrarme y me dejó por misión asesinarlos.

Al principio tenía toda la intención de hacerlo.

Todo soldado tiene que cumplir con la misión para avanzar y me guiaba por lo que me habían dicho desde niño, pero a medida que pasaba más tiempo con ustedes, —su tono cambia— contigo, todo lo que habían dicho se fue derrumbando.

Me fui dando cuenta que ustedes no son ningún tipo de amenaza y que sólo quieren una vida tranquila.

Empecé a acobardarme con cada oportunidad que tenía de acabar con ustedes y luego empecé a salir más contigo y me fui enamorando.

Al principio no quería admitirlo, pero cada vez era más fuerte.

No tuve nada que ver con lo que pasó en la casa y me duele lo que pasó con los demás.

Siento asco y furia al ser un humano. Créeme cuando te digo que si pudiera cambiarlo lo haría sin dudarlo.

​ Toma aire y yo me quedó sin palabras. Nos miramos a los ojos un buen rato y supe por su mirada que decía la verdad, pero por alguna razón no puedo creerle.

—De verdad que quiero creerte, pero-

—Por favor princesa.

—No me digas así. No te atrevas a decir esa palabra.

​ En ese momento es cuando se da cuenta que no hay vuelta atrás. Suspira aceptando la derrota y me suelta a lo que me levanto enseguida y me alejo de él.

—Realmente espero que me creas. Si no es ahora que sea después pero que lo hagas. Sé que te perdí, pero haré lo que sea para recuperarte, incluso si tengo que esperar muchos años. Que sepas que si necesitas cualquier cosa cuentas conmigo y que realmente siento todo lo que te hice.

​ Se da media vuelta y desaparece entre los árboles.

Me recargo en un tronco y todo lo que había guardado estos minutos sale como olas.

Es en estos momentos es donde desearía que las flechas me hubieran dado a mí en vez de a mis amigos.

Cansada y con el corazón en mil pedazos camino lentamente a mi casa.