Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 21
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Capítulo 21

Alexander

Los días que siguieron estuvieron lentos y grises.

Al día siguiente del suceso los funerales se llevaron a cabo y Kate fue la última en irse del cementerio.

Casi no ha salido de su casa y no para de llorar.

Su padre regresó antes de su viaje al enterarse de la noticia y cuando llegó, Kate corrió a sus brazos y me imaginé la escena de una pequeña Kate llorando en los brazos de su joven padre después del asesinato de su madre.

​ Me he quebrado la cabeza intentando descifrar qué mierda pasó.

Esto está muy por fuera del protocolo de entrenamiento de Light-Hell.

No puede estar más de un hombre en el mismo lugar por seguridad y no pueden atacar al azar.

No sé si han cambiado de estrategia o fue un trabajo clandestino e independiente de la élite.

​ Estoy a punto de salir de la casa para ver a Kate, pero se me adelantó pues está parada en mi puerta. Sus ojos están hinchados y el brillo que tenía ha desaparecido.

—Kate, justo iba a visitarte. ¿Cómo sigues?—Pregunta estúpida pero nunca está de más.

—¿Sigues teniendo las armas que compramos?—Okay, no quiere hablar del tema, pero tampoco quisiera que toque éste.

—Kate…

—¿Las sigues teniendo o no?— Juega con la manga de su vestido.

—Si.

—Perfecto. Hay que prepararlas para estar listos mañana en la noche—. Entra como si nada.

—Kate.

—¿Dónde están?

—¡Katerina!—Poso mis manos en sus hombros forzándola a detenerse—. No vamos a hacer esto hasta que se te pase el enojo. Comprendo que estás herida por la pérdida de tus amigos, pero hacer las cosas movida por el duelo, la tristeza, y el enojo nunca terminan bien.

—¡Pero tienen que pagar y saber la verdad!—Explota y llora otra vez.

—Lo sé princesa lo sé, pero necesito que todo esto pase para que pienses con claridad—. La abrazo y su cuerpo se desestabiliza haciéndonos caer al suelo y ella llora en mi pecho.

​ Le acaricio y dejo besos en su cabello mientras ella suelta todo.

No sé en qué momento creí que los monstruos eran malos y no sufren.

También tienen familias y amigos y aman sin condiciones o juicios.

Los monstruos son reales y se ven como nosotros…

como yo. Nunca había sentido tanta vergüenza y asco de ser humano hasta ahora.

—Vamos a tu casa para que te recuestes.

—No, —aprieta su agarre— mi padre no está y no quiero estar sola.

—Está bien—. Le limpio una lágrima—. Vamos a mi cama entonces, así duermes un poco.

​ La tomo en brazos y camino a mi cama. La destiendo con una mano y luego la recuesto. Su cuerpo se relaja poco a poco y yo sólo voy a quitarle las zapatillas para mayor comodidad.

—Te prepararé algo de comer para cuando despiertes. Necesitas fuerza—. Su respuesta fue un movimiento de cabeza.

​ Le doy un beso en la frente y salgo a la cocina. Empiezo a preparar algo que no se tenga que recalentar para que sepa igual de rico, aunque haya pasado tiempo.

—¿Tienes algún pañuelo?— Grita desde la otra habitación.

—Abajo del escritorio en el lado izquierdo.

—Gracias.

​ Sigo en lo mío cuando de repente escucho un ruido y un grito ahogado de Kate.

Saco el sartén del fogón y corro a donde está ella preparado para lo que sea, pero me quedo helado en la puerta.

Kate me voltea a ver con los papeles que tienen la información de ella y sus amigos en la mano.

Mierda. Había olvidado que los había vuelto a pedir para estudiarlos y que los había dejado ahí.

—¿Qué es esto Alexander?— Sus ojos son como dagas.

—No es lo que piensas.

—¿Entonces éstos no son perfiles de mis amigos y mío con el logo de Light-Hell?— Los avienta al suelo—. ¿Eres uno de ellos?—Se le rompe la voz.

—No. Ya no—. Doy dos pasos al frente.

—Detente. No te me acerques. ¿Tu tuviste algo que ver con la muerte de mis amigos?

—No. No tenía idea.

—Me mentiste. Me sedujiste, me enamoraste… me llevaste a la cama. Y todo era mentira—. Su desdén es veneno para mi—. Ibas a matarnos.

—Kate por favor escúchame.

—Ahora muchas cosas me hacen sentido. Soy una tonta. Y tú me das asco.

​ Toma sus zapatillas y corre haciendo todo lo posible por no tocarme cuando pasa a mi lado. Corro detrás de ella, pero cuando salgo no la veo por ningún lado. Mierda mierda mierda.

«Tarde o temprano se iba a enterar.»

​ Realmente esperaba que no se enterara. Busco a los alrededores gritando su nombre, pero nada, esto no puede estar pasando.

«Pero si puede.»

​ Corro de vuelta al cuarto donde están los papeles tirados y los rompo en mil pedazos por rabia. Maldigo hasta que mi garganta no puede más y luego intento pensar. Los pedazos de los pequeños retratos de Kate y los demás me miran desde lejos. Todo esto es mi culpa.

No.

Es culpa de la élite. Y ahora es cuando por fin entiendo completamente lo que mueve a Katerina a entrar al edificio.

Rabia. Rabia pura y dolorosa. Busco las armas que había escondido y me preparo para atacar en la noche.

Nadie sospechará que estoy ahí por ser miembro así que me da ventaja. Es hora de acabar con esta estupidez.

***

​ Estoy por llegar a la entrada. Incluso la luna tiene miedo pues se esconde detrás de las nubes.

Los dos guardias me reconocen por el uniforme que llevo, aunque ellos no saben que me dan ganas de vomitar con esto puesto; todo orgullo que tenía al usar esto ha desaparecido.

Empiezo a empujar la puerta lateral cuando un ruido llama mi atención.

​ Observo mis alrededores y distingo una sombra en los arbustos.

Una sombra perteneciente a un cuerpo que conozco de más.

Los guardias parecen no notarlo así que empujo y jalo la puerta para que crean que entré, pero en realidad sigo a Kate sin que se dé cuenta.

Se queda quieta entre dos arbustos y aprovecho para hablarle.

—¿Qué mierda haces aquí?—Salta del susto.

—Lo que vine a hacer. ¿Regresas con los tuyos?—Dice con asco.

—No son “los míos” Kate.

—Katerina. Solo mis amigos me dicen Kate—. Eso dolió. Bastante.

—No te voy a dejar sola en esto.

—Delátame o déjame tranquila humano —. La última palabra sale con furia y asco. Trago con fuerza el nudo que se me hizo en la garganta.

—Ni una ni otra. Vamos juntos—. Kate rueda los ojos hastiada.

—De algo me has de servir supongo.

​ Nos sumimos en un silencio incómodo hasta que ella saca una de las dagas que compramos y comienza a correr a la muralla; la sigo unos segundos después.

Avanzamos y luego se agacha para arrancar un pedazo de pasto y descubrir una de las entradas secretas.

Usa la daga para levantar las tablas y se avienta al pasadizo, yo voy detrás de ella.

​ Caminamos en el laberinto hasta que llegamos a una pared falsa. Me impresiona lo bien que se ubica sin haber entrado una sola vez, supongo que el libro que le di sí sirvió de algo. Kate tantea la pared hasta que encuentra el bloque falso que abre la puerta por la que pasamos.

​ Al principio no reconozco el lugar en el que estamos, pero cuando giramos vi unos cuadros que he visto cientos de veces.

—En esa puerta guardan las armas para entrenar, —apunto— a estas horas solo los guardias portan así que deberían de faltar diez.

​ Ella no dice nada hasta que entramos.

—¿Están todas?—Dice mientras se asoma al pasillo para asegurarse que seguimos solos.

​ Repaso mis días donde me tocaba hacer el inventario mientras observo cada esquina del cuarto.

—Si.

—Bien—. Regresa su mirada al cuarto—. ¿Tienen alguna tabla?

—En la esquina derecha.

​ Va directamente allá y las examina por un rato, al final se va por dos grandes y no tan gruesas.

Me indica que salgamos y cierra la puerta poniendo las tablas en forma de X en el hueco de la manija larga bloqueando todo el acceso, saca de algún lugar una cuerda, y las amarra tan rápido que no logro seguir el orden de los nudos.

—Con esto no podrán acceder a ellas si algo pasa. No se deshace manualmente a menos que tengas experiencia y no tienen dagas para cortar las cuerdas.

​ Me quedo boquiabierto ante su explicación. Kate es mucho más inteligente y estratega de lo que muchos, incluido yo, creíamos. No puedo evitar enorgullecerme de ella, pero me abstengo de darle un abrazo. No es ni el momento ni el lugar.

—¿De aquí donde queda la biblioteca?

—Yo te guío.

​ Se hace a un lado y yo tomo la delantera.

Hay dos caminos para llegar. Uno, que es el más corto, pasa delante de la oficina de El Comandante, y el más largo pasa por donde hay cuatro guardias.

Calculando los riesgos, toparnos con los cuatro guardias es mejor que con El Comandante así que camino en la dirección en la que llegamos y empecé a guiarnos.