Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 20
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Capítulo 20

Katerina

Estamos a solo unos días de llevar a cabo nuestro plan. Conseguimos las armas que el diario recomendó y ya he memorizado el camino más seguro, pero ahora no voy a pensar en eso y voy a disfrutar el tiempo con mis amigos.

​ Estamos en la casa donde fue el baile de invierno. Al ser un lugar apartado del pueblo es seguro y como ya se usó para lo que se necesitaba, nadie viene más. Traemos todo lo necesario para pasar la noche aquí y ahora Jack nos está contando una historia.

​ Galatea y Hadrian comparten sábana y ella se refugia en él cada que hay una parte de miedo; son tan adorables.

Ophidio y Nereida, la pareja oficial más reciente, están en su mundo.

Hace unos días Ophidio agarró valentía y le dijo lo que sentía, fue un momento tiernamente incómodo al ser los dos muy penosos.

Azure está recostada en las piernas de Sandra y, con su magia ayuda a que la historia de Jack sea más entretenida mientras Sandra solo le acaricia el cabello.

Los demás solo ríen con la historia y yo, yo estoy recargada en el torso de Alexander que está pegado a la pared. Es una noche perfecta.

​ Las horas pasan rapidísimo y el cielo se va aclarando poco a poco.

No hemos hecho nada más que comer, platicar, y reír.

Estas noches son tan especiales para mí y me hacen ver que tengo una red de apoyo muy fuerte.

Me hacen sentir como esas escenas de los libros que leo cuando la protagonista ve todo su alrededor y se da cuenta de que es feliz.

​ Claro que esa felicidad es efímera porque un ruido nos alarma a todos y nos deja en oscuridad total.

—¿Qué acaba de pasar?—Habla Selene.

—No tengo idea.

​ Azure extiende su palma creando una llama que da un poco de claridad. Todos fijamos la vista en donde antes estaba la fuente de luz; la lámpara de aceite. El pánico empieza a crecer al ver que está destruida por una flecha.

​ De repente Jack se transforma en Hydus, —su alter ego— y se prepara para atacar, Azure prepara sus poderes, el pelo, marca y ojos de Hadrian se iluminan y coloca a Galatea a su espalda, Selene y Femris se transforman, Ophidio prepara su veneno, Alexander saca sus dagas y me coloca detrás y los demás también se preparan, pero nada pasa.

—¿Qué fue eso?—Galatea susurra, pero nadie contesta.

​ Cuando pensamos que el peligro había pasado, más flechas vuelan en todas las direcciones. Todos buscan protección en donde pueden y atacan a ciegas. Alexander me cubre con su cuerpo y yo intento ver a mi alrededor, pero solo veo las flechas volar.

—¡¿Alguien puede ver quién está atacando?!—Nessia grita.

—¡No!— Contestamos al unísono.

​ Cuando creo que esto no puede ser peor, escucho cómo unos de mis amigos gritan, pero no logro descifrar quiénes son. Y entonces, todo se detiene. El silencio reina en el cuarto hasta que el grito desgarrador de Sandra llama nuestra atención.

​ Salimos todos y entonces Hadrian, Nereida, y Griffin se le unen a Sandra.

Cuando nos acercamos nos quedamos de piedra y mis ojos se cristalizan.

Un gran charco de sangre llena el piso y rodea los cuerpos de mis cuatro amigos.

Galatea, Ophidio, Azure y… Jack yacen inertes con una docena de flechas por todo su cuerpo.

​ Cada pareja abraza fuertemente a su perdido mientras llora desconsoladamente.

Selene se refugia en su hermano, el resto de mis amigas abrazan a las más jóvenes del grupo y yo camino como puedo al patio trasero que da al bosque.

No puedo ver esto, esto no puede ser real.

El aire frío de la noche clava como agujas mi cuerpo entero, pero no me importa.

Lloro desconsoladamente y suelto un grito de rabia.

Mi garganta se desgarra y una onda morada destruye todos los árboles y arbustos que hay a mi alrededor.

Unos fuertes brazos me rodean cuando la onda desaparece y lloro más fuerte.

¿Cómo una cosa increíble puede volverse en una de las peores en cuestión de segundos?

—Hay que quitarles esas flechas—. Repetí sin parar.

—Kate—. Su abrazo se vuelve más fuerte.

—Los lastima Alexander. ¡Hay que quitarlas que no entiendes!

—Okay Kate, lo que tu digas.

Con su ayuda me levanto como puedo y vuelvo adentro donde caigo de rodillas a lado de mis amigos y abrazo los cuerpos. Todos lloramos hasta que el sol se puso en lo más alto del cielo.

—Tenemos que avisar a sus padres—. Selene habla por primera vez en horas.

—No quiero dejarlos—. Digo con la voz rota.

—No tienen por qué. Selene y yo iremos—. Femris se levanta—. Ustedes quédense aquí.

​ Los hermanos se transforman y salen a toda velocidad.

Por primera vez desde que entré observé a mi alrededor.

Con la luz del sol todo se veía más claro, más desgarrador.

Nessia y Mina duermen abrazadas de Creta, aunque las lágrimas de ninguna cesan.

Griffin, Sandra, Nereida, y Hadrian no se han separado de su pareja ni han soltado sus manos ahora frías.

Y Alexander solo me abraza de un lado. En algún momento alguien cerró los ojos de todos. Se ven en paz.

—No creo que sus padres quieran verlos así—. Alexander habla al aire.

—Seguramente quieren verlos vivos — Hadrian contesta fríamente— pero no puedes hacer eso, ¿verdad?

—Chicos ya. Lo último que necesitamos es pelear—. Creta susurra para no despertar a las demás—. Y no es culpa de ninguno lo que pasó.

—No—. Digo entre dientes—. Es culpa de la maldita élite—. Le doy un vistazo rápido a Alexander.

​ Si antes no estaba segura de hacer esto, ahora sí. Y estoy dispuesta a asesinar al que sea para que los humanos tengan una probada de su propia medicina. Si muero en el intento, me llevaré a cuantos malditos humanos pueda conmigo.

—Si, pero yo me refería a que sus padres no querrán verlos con miles de flechas en sus cuerpos.

—No creo poder hacerlo—. Griffin llora otra vez.

—Yo lo hago. Con su permiso claro está—. Alexander ve a los cuatro que asienten dudando.

​ Creta deja las cabezas de Nessia y Mina en una manta y ayuda a mis cuatro amigos a levantarse y alejarse de sus parejas para que no vean. Cuando regresa conmigo me niego.

—Yo le ayudaré.

—Corazón… —Creta intenta disuadirme, pero no la dejo.

— Yo le ayudaré—. Digo con más firmeza.

—Como quieras corazón—. Me da un beso en la mejilla y regresa con los otros.

​ Alexander y yo nos colocamos en lados opuestos de Galatea y empezamos a quitar una por una.

Con cada ruido Hadrian llora más y yo con él.

Continuamos con los demás y los llantos crecieron.

Finalmente llegamos con Hydus quien había vuelto a ser Jack antes de su último aliento y, al quitar la primera flecha no lo soporté.

Jack siempre fue con el que más me la pasaba y el que siempre me apoyó.

No puedo creer que ya no esté y que nunca más lo veré o escucharé.

—Kate déjame hacer esto a mí.

—Necesito hacer esto.

—No quiero que sufras más princesa.

—Solo sácalas, Alexander—. Di por terminado el tema.

​ Una parte de mi corazón se fue con cada flecha que quité, no solo de Jack sino de todos. El grupo no volverá a ser lo mismo sin ellos.

—Ya vienen para acá—. Selene aparece por la puerta con Femris detrás.

​ Nos apresuramos a juntar las flechas ensangrentadas y cubrir los cuerpos con las sábanas que habíamos traído. Los padres de mis amigos no tardaron en aparecer y correr con lágrimas en los ojos a donde sus hijos yacían. Y entonces todo lo que se escuchó en el edificio fueron sollozos.