Capítulo 19
Katerina
Lo de anoche fue una experiencia completamente nueva y ahorita me tomó toda mi fuerza para detenerlo. No quise decirle, pero si sentía un poco de dolor; aparte, todavía no termino de asimilar todo.
Alexander no tardó en regresar con otro par de pantalones puestos.
El saber qué, con solo unos besos puedo hacer eso en él y hacerme lo mismo a mi es aterrador, pero en ese miedo crece la emoción.
Me hace pensar en cuanto control puede una persona tener sobre nosotros después de cruzar ciertas líneas o fases.
En lo que se vuelve a acomodar, mi mente viaja a un lado completamente distinto de todo esto. Desde que Alexander me dio el libro con todo lo necesario para entrar y salir de Light-Hell lo he leído todas las noches hasta memorizármelo.
—¿En qué piensas Kate?
No quiero arruinar este hermoso momento así que me tardo en contestar, pero ya no hay vuelta atrás.
—En el libro que me diste y en el plan que tenemos—. Su expresión se endurece. Yo juego con las mangas de la camisa.
—¿Qué con eso?—Su tono es frío y creo que él también se dio cuenta.
—Ya tenemos todo lo necesario para llevarlo a cabo.
—Eso no es cierto.
—¿Cómo? ¿Por qué no?
—¿Planeas que entremos al lugar más custodiado y peligroso de Aethel sin algún tipo de armamento?
—No creo que lo necesitemos. El punto de todo es entrar y salir sin ser notados.
—Katerina, nunca sabes que es lo que puede pasar. Siempre tienes que llevar algo para defenderte—. No se esfuerza en esconder su enojo.
—Okay. Lo siento—. Cierra sus ojos y veo como intenta mantener la calma—. Si sigues sin estar de acuerdo con esto no pasa nada. La idea desde el principio era hacerlo sola.
Me levanto de la cama y salgo del cuarto para ir a dónde está mi ropa de ayer.
—¡Kate espera!
—No pasa nada Alexander.
Entro antes de que me alcance y cierro la puerta; que tonta soy por arruinar el día, pero tenía que hacerlo.
Cada día que no descubro la verdad una vida de mis compañeros se pierde.
Y quién sabe si la próxima sea uno de mis amigos o…
yo. Comprendo el peligro que es esto, pero esperaba un poco más de apoyo por parte de Alexander más aún después de toda esta planeación.
Los golpes en la puerta no son necesarios pues no le puse llave ni la trabé así que puede entrar sin problema, además es su casa, pero no lo hace.
Me acerco a mi ropa y solo mis botines siguen un poco húmedos, pero no me importa.
Me cambio rápidamente, tomo su ropa, abro la puerta y se la doy para después pasar de largo.
—Kate hablemos—. Me volteo con la expresión más tranquila que puedo fingir.
—No hay nada que hablar Alexander. Ya entendí que este plan no fue lo mejor, pero piénsalo así, tú llevas aquí menos de un año, yo llevo toda la vida.
Has visto a algunos de nuestros compañeros caídos, yo he visto a miles, incluida mi madre.
Tú recibes odio desde hace poco, yo de toda la vida.
Nadie sabe por qué nos tienen que odiar, sólo nos odian porque los demás lo hacen.
La verdad está en ese edificio y ellos no quieren revelarla.
Necesito saber y si no quieres apoyarme no pasa nada.
Comprendo que tu vida vale mucho. Y no, no estoy enojada.
Me doy media vuelta y salgo. Mis lágrimas no tardan en salir y cuando no puedo ver con claridad por ellas, me siento en una banca y me abrazo a mí misma.
Nunca había dicho algo así y no quise sonar grosera o desentendida pero la verdad es que nadie comprende el dolor de la pérdida materna; es como si te arrancaran parte de tu alma y la despedazaran frente a ti.
Mis amigos intentan, pero ninguno ha pasado por algo así y mi padre…
mi padre tiene su propio duelo que enfrentar.
Intento engañarme de que, encontrando esa verdad, todo sería más claro, pero ahora dudo de si será así.
En medio de mi lloradera un par de brazos me rodea y entro en pánico, pero cuando su dueño se sienta a mi lado reconozco el olor; cítricos y sándalo.
—Lo siento Kate. No quise hacerte sentir mal—. Su voz endulza mi oído.
—No lo hiciste—. Intento zafarme de su agarre, pero él sólo lo refuerza—. Suéltame por favor.
—No hasta que me escuches—. Me toma la barbilla, forzándome a verlo—.
No quise sonar tan tajante es sólo que me molestó un poco que no quisieras ir preparada.
Ese lugar es peligroso. Nadie sabe cómo se ve más que los que viven allí, puede tener muchas trampas o cosas peores.
No estoy del todo de acuerdo con la idea, pero te apoyo.
Sé que quieres encontrar la verdad, yo también, pero tienes que considerar todas las posibilidades.
Odio admitirlo, pero tiene razón.
—Lamento arruinar el día—. Su agarre fue más fuerte.
—No arruinaste nada—. Sus besos en las mejillas y la boca me tranquilizan un poco—. Tenemos que ver cómo y dónde vamos a conseguir lo necesario para protegernos.
—En el diario hay una lista de lugares donde recomienda las mejores y dónde se consiguen. Tenemos que ir por él.
—Pues vamos entonces.
Me tiende su mano y me ayuda a levantarme, rodea mis hombros con un brazo y vamos a mi casa. Sé que él sigue dudando y, como dijo, que no está de acuerdo, pero ahora no hay espacio para peleas.