Capítulo 17 #2
Y con eso cedí completamente. Suelto unos jadeos de placer mientras sigue acariciando y solo se detienen cuando me besa.
Aprovecho una ventana de segundos en los que se detiene para quitarle la camisa.
Cuando lo vi en la pelea no podía creer el cuerpo que tenía, muchas horas de ejercicio supongo.
Mi vista va directo al lugar ya morado y lo acaricio como si fuera a romperse con un movimiento en falso. Se contrae y alejo mi mano asustada.
—¿Te duele mucho?
—No.
—No debiste pelear.
—Eso ya pasó, —une nuestros labios— unos golpes no me impedirán estar contigo.
Toma mis manos y las pasea por su propio cuerpo sorprendiéndome por lo fuerte que se siente contra las yemas de mis dedos. Sabía que estaba en forma, pero sentirlo es otra cosa completamente distinta.
—Tuyo—. Suelta una de mis manos para colocar la suya en medio de mis senos—. Mío.
Proceso sus palabras.
—Repítelo—. Me rodea el cuello con el nivel exacto de presión para darme placer.
—Tuyo y mío.
—Buena chica—. Sus labios van a mi frente.
Empuja mi cuerpo hasta que mi espalda toca el colchón, acomoda mis piernas para quedar en el largo de la cama y se coloca encima de mí.
Unos cuantos besos y caricias después, pasea sus manos por mi torso hasta llegar a las medias que baja de un tirón sacándome un suspiro, y las avienta por ahí.
Sube dándome besos en las piernas sin quitarme la vista de encima y yo solo siento como la sensación en la parte baja del estómago se intensifica.
Lo único que falta para mi desnudez total son mis bragas, pero no tardan mucho en seguir el paso de las otras prendas.
Me remuevo un poco incomoda ante la mirada que me da Alexander desde arriba.
—Quieta—. Me aprisiona los brazos con sus manos y mis piernas con las suyas—. Aún no termino de admirarte.
Besa todo mi cuerpo dejando círculos húmedos que arden contra la calidez de mi cuerpo finalizando su mapa justo antes de que empiece mi parte íntima y no puedo evitar el ruido que sale de mi boca. Alexander regresa su mirada a la mía y me quita un mechón de pelo de la cara.
—Aún estás a tiempo de echarte para atrás—. Me avisa, aunque sé que él no quiere, y la verdad, yo tampoco.
—No me echaré para atrás—. Las comisuras de su boca se levantan.
—Eso quería oír—. Se quita sus medias y el braies*
Nuestros cuerpos parecen estar hechos el uno para el otro porque nos amoldamos perfectamente.
La espera por la que me hace pasar es una tortura, pero también lo hace más excitante.
Sin aviso, empuja su cuerpo lentamente contra mí sacándome una mezcla de gritos y quejidos junto con algunas lágrimas y mis uñas se clavan en su espalda.
Alexander se deja de mover y me limpia las lágrimas mientras deja unos suaves besos en mis mejillas.
—Solo un poco más princesa.
Empuja un poco más fuerte y las lágrimas y quejidos resurgen.
—Respira. No me moveré hasta que te acostumbres—. Me da un beso en la frente.
En lo que el dolor se pasaba, Alexander no dejó de besarme y acariciarme. Mi interior se sentía apretado, pero me daba una sensación de placer que nunca había sentido antes así que moví un poco mis caderas para que continuara.
—A partir de ahora no sentirás nada más que placer—. El beso sirvió como reafirmación.
* Braies era como se le decía a la ropa interior masculina en la era medieval.
En medio del beso empieza a moverse. Sus movimientos eran firmes pero llenos de cariño que se sentían en todo mi cuerpo. Poco a poco se volvieron más rápidos y mi mente quedó en blanco y de nuestras bocas sólo salían sonidos de placer.
—Tus gemidos son música para mis oídos Kate—. Dice subiendo el ritmo.
Su comentario mezclado con el momento me dio el coraje para poner mis manos en su nuca y acercar su oído a mi boca para darle más de su música.
En mi interior sentí cómo creció y fue más profundo; no había duda de que me rompería en dos.
En la habitación sólo se escuchaba su cuerpo contra el mío y nuestros sonidos más de animales que de personas.
—Me vuelves loco—. Me besa ferozmente.
—Alexander.
Su nombre salió de mi boca cuando mi vista se nubló y una serie de explosiones llenaron mi cuerpo dejándome débil. Él no se quedó atrás y con un grave gruñido cae encima de mí y algo caliente llena mi interior y parte de mi ingle.
Su cabeza queda en el hueco de mi hombro y cuello y nos quedamos así hasta que nuestras respiraciones volvieron a la normalidad.
Cuando levanta su cabeza, me da un beso y sale de mí para caminar hacia otra puerta y darme un maravilloso y tonificado espectáculo.
Regresa casi de inmediato con una tela seca y se sienta en la orilla para empezar a limpiar el sudor de mi cuerpo y los restos de lo que hicimos.
Avienta la tela al suelo y se acomoda a mi lado después de ponerse sus braies.
Con lo que hicimos se me había olvidado el frío del agua de la tormenta o siquiera que había una tormenta, pero todo eso volvió cuando las sábanas cubrieron mi cuerpo como un cálido abrazo.
Alexander pasa un brazo por detrás de mí y empuja mi cuerpo al suyo quedando mi cabeza en su torso y los pies entrelazados.
—Esto fue perfecto—. Me pego más a él.
—Me alegra que mis provocaciones dieran sus frutos—. Las vibraciones de su risa en el pecho me hacen levantar mi cabeza de golpe.
—¡Sabía que lo hacías adrede!— Le doy un leve golpe en el pecho y su risa se intensifica.
—Tardaste mucho en captarlo. Pero no te preocupes, no sólo lo hice para llevarte a la cama, —me vuelve a acomodar— me gusta verte nerviosa.
—Tonto.
Reímos un rato más y luego el sueño empezó a apoderarse de nuestros párpados. La mezcla de sus caricias, el ruido de la tormenta, y el cansancio después de lo que hicimos le sumó a esto y finalmente caí en un sueño profundo. Este día no pudo ir mejor.