Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 16
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Capítulo 16

Alexander

Han pasado algunas semanas y Kate y yo nos la hemos pasado increíble.

Sí pasamos tiempo con sus amigos, pero más que nada solos.

La he llegado a conocer mucho mejor y con cada día que pasaba, todo lo que me habían enseñado se esfumó.

Los monstruos no son malos, son más humanos que nosotros.

Ha habido algunos asesinatos más, pero han disminuido mucho lo cual es un poco raro.

—Mi padre se va hoy a París. Me dijo que se quedará unas semanas porque quiere visitar unos lugares.

—Eso es bueno.

—Mucho.

—Tú puedes. Vas a ver que te va a decir que sí—. La voz de Selene se escucha a través de los arbustos.

—Nunca había visto a Hadrian tan nervioso—. Nereida nos susurra.

—Todos a sus puestos—. Nessia grita.

​ Algunos abrazan a Hadrian antes de ir a sus escondites y Kate y yo nos acomodamos mejor en el nuestro.

Hadrian está a punto de pedirle a Galatea que sea su novia.

Lleva una semana planeando esto y todos le ayudamos.

¿En qué momento acepté hacer este tipo de cosas?

No tengo idea, pero si le dijeras a mi yo de hace unos meses que estaría aquí ahora no dudaría en clavarme una daga y acusarme de traidor.

​ Hadrian no para de dar vueltas y su cabello amenaza con prender fuego, tal como su padre. Azure y Galatea aparecen y él se obliga a tranquilizarse, y antes de que Galatea pueda preguntar algo, Azure desaparece con su polvo y se nos une en los escondites.

—Hadrian, ¿qué está pasando?— Se acaricia sus coletas con un leve temblor—. ¿Dónde están los demás?

​ Mientras se acerca a ella, voltea rápidamente a donde Ophidio y Nereida se habían escondido y ellos sueltan a los dos cachorros de tres cabezas que corren hacia su dueño. Cada una de las cabezas trae una cosa diferente amarrada en el cuello; flores, los postres favoritos de ella, joyas, y más.

—Desde que conviviste con el grupo por primera vez llamaste mi atención y, con el paso de los años empecé a darme cuenta de que quería pasar todo el tiempo del mundo contigo… —la toma de las manos— Galatea-

​ No pudo terminar porque ella lo besó por un largo rato poniéndonos un poco incómodos a todos. Los primeros en salir de su escondite son Jack y Griffin y ya los demás le seguimos. Galatea ríe al ver que estábamos todos ahí y las chicas van a abrazarla.

—¡Que buena forma de empezar el año! Nuestros dos gruñones ya son unos softies —Jack nos abraza a Hadrian y a mí—. Solo hacía falta su chica ideal.

​ Ambos, instintivamente volteamos a ver a nuestras parejas.

—Vean su cara de enamorados.

—Voy a romperte la cara si no te callas.

—¡Softie!—Jack dice antes de soltarlo.

—¿Por qué no celebramos a la pareja yendo a la feria ambulante?—Nessia propone.

​ Al parecer el pueblo no tiene suficiente con los juegos de invierno pues cada principio de año, hay una feria ambulante que se queda un par de días.

Tiene los mismos juegos que los de invierno con algunas otras cosas como los cuentacuentos, obras de teatro, y bailes. Alcanzo a Kate y la tomo de la mano.

—Esto deja mi pedida como nada —le digo de forma que solo ella pueda escucharme—. Lo siento.

—No necesitaba regalos ni a mis amigos. Me gustó que fuese en nuestro lugar—. Recarga su cabeza en mi hombro.

—Mereces más.

—Te tengo a ti y es más que suficiente.

—¿En serio?— Sonrío con intenciones impuras.

—No empieces—. Se intenta alejar, pero no la dejo.

—¿No empiece qué?— Mi pulgar traza círculos lentos en el dorso de su mano.

—Para. Nuestros amigos nos pueden ver.

—Eso tiene solución—. Desvío la vista a un callejón.

—No—. Sus mejillas se encienden y por segunda vez intenta alejarse, pero vuelve a fallar.

—Bueno. Después será—. Le guiño un ojo y camino como si nada; me encanta provocarla.

​ Llegamos a la feria y, después de decidir una hora y punto de encuentro, todos nos fuimos en pequeños grupos.

Jack, Griffin, Ophidio, y Nereida se vienen con nosotros.

Hacemos tiro con arco y Kate vuelve a mostrar su talento, Ophidio y yo competimos en las carreras de caballos y luego compramos algo de comer y nos sentamos a ver una de las obras.

Al atardecer, estábamos cerca de las peleas cuando escucho mi nombre.

—¡Ey Alexander! Te reto a una pelea—. Femris alza la voz. Es una broma.

​ Una regla de las peleas es que si alguien te reta tienes que pelear si no, te arrastran por lodo y no quiero estar horas intentando quitar eso. Avanzo hacia el lobo, pero Katerina me detiene.

—Alexander no. Por favor—. Me acerco a ella.

—Todo va a estar bien princesa, —le paso un mechón de pelo atrás de la oreja— solo es un juego—. Le doy un beso para calmarla.

—Yo quiero ver esto—. Jack reboza de emoción.

—Buena suerte. Recuerda que tiene fuerza sobrehumana.

—Gracias Nereida.

​ Subo a la tarima donde esta Femris y me quito las botas y el sayo, reglas del juego.

—Si con ese cuerpo hasta yo me enamoro guapa—. Jack le dice a Katerina quien sonríe nerviosa y más cuando le guiño el ojo; tantos entrenamientos en la élite no son por nada.

​ El mediador pide que nos coloquemos en el centro y nos preparemos.

—Veamos si Kate todavía te quiere cuando pierdas—. No puede ser.

—¿Todavía sigues con eso? ¿Por eso me retaste? Ya pasaron meses.

​ Femris contesta a mis preguntas con un golpe que con suerte esquivé después de que el mediador indico que empezáramos.

Maldito lobo aferrado, a él es al único que aún deseo asesinar.

Al instante me doy cuenta que no cubre su cara como debería y aprovecho eso para golpear.

Un lloriqueo de cachorro sale de su boca cuando mi puño impacta en su nariz y el público vitorea.

Veo cómo sus ojos menta se oscurecen y corre para agarrarme por la cintura y tumbarme al suelo.

Peleamos en el suelo hasta que pude soltarme de su agarre, pero eso me costó dos derechazos en la cara y uno en el estómago.

Katerina estaba preocupada y sus ojos se abrieron más mientras que el sabor a metal llena mi boca.

Es en el momento en que su mano va a su boca y se aferra al brazo de Jack donde decido terminar esto.

Me levanto a toda velocidad y mi rabia aumenta más al ver la expresión burlona de mi contrincante.

Le doy una patada que lo hace caer de rodillas y lo termino con su mismo ataque.

No lo dejo inconsciente, pero si lo suficientemente atontado para que la victoria sea mía.

El público celebra y yo sólo voy a levantarlo.

—Espero que esto haya sido lo que te faltaba para que superes esta estupidez—. Le murmuro y él gruñe como respuesta.

​ Camino a donde se encuentra una Katerina muy preocupada.

—Buena pelea—. Jack habla mientras le devuelve los anteojos a Griffin—. Iremos a ver a Femris.

​ Las dos parejas desaparecen.

—Ustedes los hombres son unos tontos. No entiendo qué le ven de divertido a esto.

—Será divertido para el público. Yo sólo estoy adolorido—. Me agarro el estómago magullado.

—Vamos a curarte eso.

​ Dejo que me arrastre por el público hasta llegar a la pequeña carpa en una esquina y no me suelta hasta que me hayan terminado de curar.

—Princesa, puedes por favor quitar esa cara, el curandero dijo que ninguna herida es grave y lo último que quiero después de la paliza que me dieron es que tú estés enojada—. Nos sentamos en una banca.

—No estoy enojada.

—Tu cara dice lo contrario. Mejor dame un beso—. Estiro sus piernas y las acomodo encima de las mías.

—Tienes el labio partido. Nada de besos.

—¿En serio?

—En serio.

—¿Ni siquiera porque me hace sentir mejor?—“Inconscientemente” le acaricio la pierna.

—Alexander para.

—Si no me vas a dar un beso… —Subo un poco más deteniéndome justo cuando mis dedos quedan debajo de la falda de su vestido.

—Alexander de verdad.

—¿Sigues sin querer darme un beso?—Mi mano queda completamente adentro y subo hasta la rodilla. Su cara está completamente roja.

—Está bien, ya—. Baja sus piernas, se acerca y me da lo que quiero. Mi labio herido arde por su saliva, pero no me importa—. Listo, ¿feliz?

—Con tus besos siempre—. Lo digo con toda sinceridad.

—Deja de hacer esas cosas en público; es la segunda vez hoy. Si sigues, voy a pensar que me deseas—. Lo dice siguiéndome el rollo, pero con cierta timidez.

—Te deseo más que nada en el mundo.

​ Mi respuesta la toma desprevenida. No sabe si lo dije jugando o de verdad así que se lo aclaro de la única manera posible; tomo su nuca y su cintura y la coloco a horcajadas de mí.

Antes de que pueda decir algo la beso con tanta fuerza que mi lastimado cuerpo puede.

Pronto mi lengua se encuentra persiguiendo la suya dándole más profundidad al beso.

Con cada contacto que nuestras lenguas tienen, mi pantalón se vuelve más apretado y, aunque lo intento controlar, es inevitable al tenerla en esta posición.

Cuando nos separamos, Kate está tan roja y sorprendida que se ve adorable y no ayuda a mi reacción.

​ El universo hoy está en contra de que Katerina hable y a favor del mío porque las gotas de agua comienzan a caer con tanta fuerza y rapidez que nos empapan en segundos. Toda la gente comienza a cubrirse y otros tantos a irse. La cubro con su capucha y la tomo de la mano para irnos.

—¡Espera! ¡Nuestros amigos!— Me grita al oído para que la entienda entre el repiqueteo de la lluvia.

—¡Mientras avanzamos los buscamos!

​ Corremos viendo a todos lados y poco a poco vemos a los demás haciendo lo mismo. Cuando estamos todos ubicados, agitamos las manos en señal de despedida y cada uno corre en diferentes direcciones.

—¡Mi casa queda más cerca!— Le grito.

—¡Okay!—Se reacomoda la capucha.

La guío entre las calles para llegar más rápido. El dolor de mis heridas queda en el olvido por tanta adrenalina.