Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 15
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Capítulo 15

Alexander

Me levanté con un mareo que me retuvo en la cama más de lo que me gustaría.

Después de cenar, el papá de Katerina me ofreció “lo mejor que tiene” como lo llamó él.

No tengo idea que mierda tenía esa cosa, pero es sorprendente como un solo trago me hizo sentir que tomé dos barriles enteros de alcohol.

De ahí en fuera, la cena salió mejor de lo esperado.

Su padre fue directo y estricto, pero no esperaba menos de una persona que solo tiene a su hija de familia y que desconfíe después de lo que vivió; si dijera que no me agradó el Fantasma estaría mintiendo.

Esta cena es otra prueba de que no todo lo que dice Light-Hell tiene que tomarse por verdad.

¿Por qué su familia es objetivo principal?

No tengo idea, pero estoy casi seguro de que es por una estupidez.

Apenas termino de vestirme, mi puerta suena, pero después de escuchar mejor me doy cuenta de que en realidad es una ventana.

Tomo una daga y me dirijo sin hacer ruido o tirar algo a la fuente del sonido; la parte trasera.

Me preparo para atacar, pero reconozco al que toca, es uno de mis compañeros.

Me coloco en posición de descanso, pero aún sigo alerta por que no sé qué intenciones tiene, y abro la ventana.

—Código negro —oh no—. Vamos.

​ Cierro la ventana y salgo. En la parte de atrás ya hay dos caballos esperando —uno ya en uso por mi compañero— subo, y vamos a toda velocidad por el bosque para evitar la civilización.

​ Cuando llegamos a la élite, dejamos los caballos con el capataz y fuimos directo al patio abierto. Todos los estudiantes, maestros, y jefes están atentos a la tarima con cuerdas que está frente a nosotros.

​ Los sakbuts* empiezan a sonar y todo el lugar se queda en silencio mientras El Comandante y la cámara de generales suben al centro de la tarima, dejando atrás las cuerdas.

—Espero que el día de hoy les sirva como enseñanza estudiantes; para los nuevos reclutas, sobre todo.

*Así les llamaban antes a los trombones y trompetas.

En Light-Hell no toleramos la falla en misiones, —mi cuerpo duele de la rigidez— las fallas en general por decirlo mejor. Toda falla tiene un castigo—. Se colocan detrás de las cuerdas

Extiende su mano y dos generales menores custodiando a tres compañeros suben la tarima y los colocan a cada uno en una cuerda.

—Han fallado miserablemente. Son una decepción para Light-Hell.

​ Forma un puño y la tarima se abre por el centro cortando la estabilidad para los condenados. Sus cuerpos comenzaron a convulsionarse mientras su piel palidecía y después de un torturoso momento, el crujido de las vértebras de sus cuellos retumba en las paredes y los cuerpos se quedan inmóviles.

—Cualquier otro que no cumpla con su actual o futura misión pasará por el mismo destino… o incluso uno peor.

​ El Comandante y la cámara desaparecen tras esas últimas palabras.

El patio se divide entre los que sufren en silencio por los colgados, los nuevos que tiemblan sin parar y aguantan las ganas de vaciar sus estómagos, los que no despegan la mirada de los tres cuerpos tambaleándose, y los que vuelven a sus tareas.

Yo, por mi parte, salgo de ahí lo más rápido que puedo y lucho por que el aire entre a mis pulmones.

Al haberme alejado lo suficiente, mi mano instintivamente va a mi cuello.

En un código negro se espera que esté la mayoría de los que habitan Light-Hell, pero los que están en cubierto no son requeridos.

Esto ha sido personal —una amenaza— porque no he cumplido con mi misión.

Esa misión que vino a destruir mi vida pero que también me ha ayudado a construir una.

Necesito salir de aquí.

***

​ Estoy frente al roble que conduce al lugar secreto.

No quería ir a la casa base y tampoco tenía ganas de estar rodeado de gente así que después de mucho vagar…

aquí estoy. Aunque sé que no me saldrá igual que Kate, de igual forma intento la melodía.

A la segunda vez la puerta secreta se deja ver y entro.

​ El lugar es más bello de noche, pero de día sigue teniendo su toque; los únicos ruidos que se escuchan son del agua y el viento mezclándose.

Me echo agua en el rostro y luego me recuesto en las inmensas raíces del olivo donde el recuerdo de Kate y yo formalizando nuestra relación vuelve a mí, pero no con tanta alegría dados los hechos recientes.

¿Me arrepiento? No, pero temo por nuestras vidas.

​ Un ruido hace que me ponga en alerta. Saco mi daga de la bota la escondo en la capa para que la causa del ruido no la vea. Observo todo el lugar y después fijo mi vista en un punto donde enredaderas se mueven; la entrada.

​ ¿Quién está entrando? Kate seguramente no.

Recuerdo que me había dicho que iba a ayudar a Mina con una cosa y tomaría todo el día.

Entonces, ¿quién más sabe de este lugar?

Las enredaderas terminan de levantarse y una figura va revelándose.

Levanto la daga al mismo tiempo que mi cuerpo se endereza, pero paro en seguida al ver los ojos azules y el cabello ondulado de mi princesa.

Su mirada está a punto de reparar que estoy ahí así que guardo la daga.

Al verme se sorprende tanto como yo cuando la reconocí.

—¿Alexander?— Se acerca a toda velocidad—. ¿Qué haces aquí?

—Lo mismo me pregunto princesa. ¿No tenías que estar con Mina? Voy a empezar a pensar que me estás evitando—. Me cruzo de brazos.

—Nada de eso, Mina dijo que mejor otro día. Su familia iba a llegar para una cena o algo así. ¿Tú qué haces aquí?— Pone su índice en mi pecho, acusatoriamente.

—Necesitaba aire.

—¿Por qué?— La quiero, pero es demasiado preguntona.

—Para quitar la resaca que tu padre me dio—. Media mentira. Kate se carcajea.

—Me sorprende que no estés sin poder pararte de la cama y vomitando a cada rato.

—Estuve a nada de estar así. ¿Qué carajos tiene esa bebida?

—Ni yo sé. Mi padre se la compra a un comerciante forastero en su visita anual a París.

—¿París? ¿Qué va a hacer allá?— Nos sentamos en donde yo estaba anteriormente.

—Visita la tumba de su primer amor.

—¿Su primer amor?

—¿No te sabes ninguna historia de nuestros padres?

—De unos pocos. Sé que la de tu padre fue diferente pero no sé los detalles.

—Se llamaba Christine. Mi padre vivía en las catacumbas de la ópera en la que ella creció.

Él le enseñó a cantar y a tener confianza en sí misma para tener los papeles protagónicos en las obras.

Cuando se vieron por primera vez ella no se asustó y parecían muy enamorados, pero luego llegó Raoul y Christine lo escogió a él antes que a mi padre.

Aunque ella se fue con otro y mi padre pudo ser feliz otra vez, el recuerdo nunca se le olvidó.

Mi madre no tenía problema con eso pues sabía lo impactante que fueron esos años.

Christine murió hace ya cinco años y cada aniversario, mi padre va a su tumba y le deja una rosa.

—Lo siento por tu padre.

—Igual mi padre dice que así tenían que ser las cosas. Que si se hubiera quedado con Christine su vida hubiera sido muy distinta a la de ahorita.

—Y no te hubiera tenido a ti y no nos hubiéramos conocido—. Todo hubiera sido más fácil de haber sido así pero no quisiera cambiar nada.

—Pues sí. En eso llevas razón. De igual forma, no tengo idea que tenga esa bebida, pero felicidades por aguantarla—. ¿Bebida? Ah cierto, de eso hablábamos.

—Espero que nunca más me de eso. Mi cabeza no paró de dar vueltas.

—Tonto.

—Tengo algo que mostrarte.

—¿En serio?

—Si.

​ Voy al otro lado del tronco y saco el pequeño saco.

Antes de salir, pasé a la biblioteca de la élite y agarré el libro que tenía el cómo se construyó la academia junto con los mejores lugares por si hay alguna evacuación.

El diario que Kate tiene sólo contiene los planos, pero no hay mucha explicación.

Sigo sin apoyar su idea, y más después del código negro de hoy, pero no puedo decirle nada porque me descubriría.

—Toma.

—¡Un libro!

—No es cualquier libro.

​ Katerina lo abre y lee rápidamente algunos pedazos de texto.

—¿Esto es lo que creo qué es?

—Si.

—¿Cómo lo conseguiste?— Robándolo, pero ella no sabrá eso.

—Yo también tengo mis maneras.

—Esto facilita el plan muchísimo. Gracias Alexander—. Se avienta a mis brazos riendo y mi corazón se encoge al pensar en cómo terminará todo.