Capítulo 14
Katerina
—¿Una cena?
—Si.
—¿Con tu padre?
—Si —me dejo caer en la banca.
Después de unas saludables diez horas de sueño, me encuentro en la plaza con Alexander. No sabía cómo abordar el tema puesto que creo que es muy pronto pero no sé cómo decirle que no a mi padre porque sé que se preocupa por mi así que decidí ir directo al punto; arrancar la raíz.
—Ya sabes cómo es mi padre.
—De hecho, no —se sienta a mi lado—. ¿Puedo preguntar porque quiere tener una cena conmigo?
—Porque quizá le dije de nosotros—. Me hice chiquita con cada palabra.
Alexander se carcajea y yo le doy unos golpes no dolorosos en el brazo.
—No te rías. Estábamos teniendo un lindo momento y se me escapó.
—Claro, se te escapó.
—Bueno ya, ¿vas a ir o no?
—Si evita que muera apuñalado sí. Si voy.
—Tampoco es así.
—Estoy jugando tonta. Claro que iré.
—¡Perfecto! —Salto de alegría y lo beso.
—Voy a conocer al famoso fantasma de la ópera. Que excitante.
—Eso sonó muy raro.
Ambos reímos un rato más y luego nos dirigimos a otro lado de la plaza a observar los juegos invernales.
—Recuérdame qué son estos juegos—. Alexander entrelaza su mano con la mía.
—Los juegos invernales se llevan los días después del baile.
Algunos juegos son el de la pelota, tiro con arco, acrobacias, carreras de caballos, lucha, y más.
La entrada es libre así que cualquiera lo puede hacer.
Hay algunos puestos de comida y agua y, es una forma de encontrar al amor de tu vida.
—¿En serio?
Me empuja hasta un callejón y me acorrala contra la pared. Cada parte de mi cuerpo explota con los nervios y mis mejillas arden sin vergüenza. Su rostro está tan cerca que puedo sentir su respiración, paso saliva y él dibuja una pequeña sonrisa que dirige a mi oído.
—¿Tú buscabas al amor de tu vida en estos juegos Kate?
—Y-yo —por los dioses. Estoy a punto de desmayarme.
—Tú ¿qué?— Me quedo callada—. Respóndeme, Kate.
—No…—Esos ojos cafés conectan con los míos—. Tal… vez.
—¿Eso ibas a hacer hoy?— Me acaricia la mejilla a una velocidad dolorosamente lenta.
—No.
—Buena chica—. Me planta un beso.
Cuando se separa vuelve a la calle como si nada mientras yo siento el aire volver a mis pulmones y mis piernas desfallecer.
¿Qué mierda acaba de pasar? Cierro mis ojos y recobro mi estado natural o al menos eso intento.
Camino fuera del callejón donde Alexander me ve con una sonrisa inocente.
Cabrón. Al llegar a su lado me toma la mano y camina como si nada.
—¿Qué rayos fue eso?— Encuentro la valentía suficiente para decir.
—¿Qué cosa?
—No hagas eso.
—No estoy haciendo nada.
—Mentiroso. ¿Qué fue eso?
—Solo besé a mi novia.
—Fue más que un beso.
—Pero a ti te gustó y si sigues hablando de eso lo voy a volver a hacer.
—Por favor no.
«Por favor sí.»
Mando ese pensamiento a lo más hondo de mi mente mientras intento quitar el rubor de mis mejillas.
—Lo dices como si fue lo peor del mundo, pero tú y yo sabemos que fue todo lo contrario.
—No es cierto.
—Tu cuerpo dijo otra cosa—. Mi cara vuelve a arder.
—Ahí está mi respuesta—. Su pecho se hincha con orgullo.
La verdad es que, aunque no fue lo mejor del mundo, se sintió bien y… me gustó ese provocamiento, pero jamás le voy a decir que tiene razón. Al menos no con palabras, soy una persona orgullosa. La conversación murió cuando los vítores de la gente y de los juegos llenaron el aire.
Había montones de gente alrededor de cada juego y filas enormes para comprar comida.
Siempre me han gustado los juegos porque es todo risas y diversión; así como el baile, es un tiempo en el que el peligro se queda en el fondo de las mentes.
Vi a Sandra darle en el blanco con una flecha y Azure celebrando a su lado, Jack y Griffin compartiendo un pedazo de flan, Nereida y Ophidio tomando en una de las mesas, Hadrian y Femris en las luchas, y Selene, Nessia, y Galatea preparándose para las carreras.
—A los demás les gusta participar—. Vuelvo la vista.
—Si y son buenísimos.
—¿Y tú en que eres buena?
—En ser espectadora y porrista de mis amigos.
—Y eso es lindo, pero debe de haber algo más tomando en cuenta como eres.
—¿Y cómo es eso?
—Estratega y fuerte.
—Buena salvada —dudo un momento—. Puede que algo le sepa al arco y flecha.
—Vamos allá entonces.
Alexander prácticamente me arrastra a donde están Sandra y Azure.
—¡Qué bueno que vinieron chicos!— Azure aplaude.
—¿Vas a enseñarles quien manda Kate?— Sandra me tiende el arco.
—Tampoco es para tanto—. Río nerviosa y tomo el arma.
Algunos del público celebran mientras camino al primer blanco, respiro hondo mientras me preparo y luego suelto dando justo en el centro; todos aplauden.
Camino a los siguientes y doy en el blanco sin derramar una gota de sudor.
Soy bastante buena en esto, pero no me gusta presumir tanto.
Mis dos amigas corren a abrazarme, pero yo sólo aguanto la risa al ver la cara de Alexander.
—Me estás diciendo que eso, —apunta a los blancos— ¿no es para tanto? ¡Estuviste increíble! —Me abraza.
—No exageres.
—No lo hago. En menos de dos minutos ya le habías dado a todos.
—Es la mejor—. Sandra me codea.
—Desde las mesas vimos cómo Kate volvió a demostrar su habilidad en el arco—. Griffin aparece junto con Jack.
—Mi mejor amiga siempre destacando—. Jack me revuelve el cabello con euforia.
—Todos se lo tenían bien callado—. Alexander protesta.
—Pensamos que te había dicho—. La carcajada unísona resuena en el aire.
***
Estamos en la puerta de mi casa. El día se pasó en un abrir y cerrar de ojos con toda la diversión y ahora mi novio y mi padre se iban a conocer y compartir una cena. Creo que yo estoy más nerviosa que Alexander o simplemente es muy bueno ocultándolo.
—Tengo que advertirte, —le bloqueo el paso a la puerta— te espera un interrogatorio—. Hablo en voz baja.
—Nada que no pueda manejar.
—No, pero, —le acomodo las mangas del sayo—mi padre no es fácil.
—Kate, —me toma de los hombros— todo va a salir bien ¿okay? respira —dejo que el aire llene mis pulmones—. Eso es, tu tranquila princesa—. Su boca toca mi frente con delicadeza.
Me doy vuelta y agarro la puerta. Resoplo y al abrirla, el olor a comida no tarda en inundar nuestras fosas nasales provocándome una sonrisa al saber que mi padre, después de mucho tiempo, ha vuelto a cocinar.
—Papá—. Mi voz inunda el vacío del cuarto.
No tarda en aparecer por la puerta de la cocina, va vestido con su ropa elegante, capa, y su máscara.
Reprimo una risa al saber que hizo todo eso para verse intimidante pero también me llena de satisfacción saber que, por una noche, volvió a ser el mismo Fantasma de la Ópera de sus años de oro.
Observo rápido a Alexander quién no parece intimidado en absoluto; puntos extra.
—Hola papá—. Sonrío abrazándolo.
—Hola melodía. ¿Te divertiste en los juegos?
—Mucho.
—¿Volviste a lucirte en el tiro con arco?
—Ya sabes que sí.
—¡Esa es mi hija! —Me vuelve a abrazar.
—Papá, él es Alexander —me coloco a su lado—. Mi novio.
—Buenas noches—. La mirada de mi padre brinca de él a mi sin revelar nada, pero lo conozco y sé que le agradó que Alexander tuviera modales; es difícil encontrar a alguien que todavía los tenga.
—Pasen. La cena está casi lista.
Vuelve a la cocina y yo suelto el aire que estuve conteniendo.
—La máscara se ve mejor de lo que había escuchado —me dice al oído.
—Muchas cosas de las que has escuchado se ven mejor.
Entramos después de mi padre que nos indicó dónde sentarnos. Alexander se sentó a la izquierda de la silla en la punta y yo en paralelo.
—Dime Alexander. ¿Desde cuándo estás en el pueblo? No había escuchado de ti antes.
—Desde hace seis meses.
—¿Por qué este pueblo?
—Comodidad —mi padre resopla ironía.
—¿Y qué tal va eso?
—Me las he apañado. Su hija y amigos me han ayudado mucho.
—Son buenos monstruos. ¿Tus padres?
—Solo somos mi madre y yo.
—¿Tu padre?— Voltea para colocar los platos.
—Tuberculosis. Tenía ocho años—. Me congelé y lo vi con compasión, pero Alexander solo encogió sus hombros. No me había dicho nada de esto.
—Lo siento mucho.
—No se preocupe.
La conversación es monótona pero informativa de alguna manera.
Los dos son directos y, por lo que veo, Alexander no tiene problema con este interrogatorio y mi padre esta ¿complacido?
Nunca pude leerlo super bien. Ya que la mesa está servida mi padre se sienta entre nosotros y fija su atención en su izquierda.
—Alexander, —recarga la barbilla en sus manos cruzadas—. ¿Qué intenciones tienes con mi hija?
—Todas buenas le aseguro.
—¿Ves un futuro con ella? ¿Matrimonio? ¿Hijos?
—¡Papá!
—Es necesario saber Kate.
—Lo vas a asustar.
—¿Te asusto jovencito?— Ve al interrogado.
—En absoluto. Se me hace lo mejor preguntar por esas cosas. Al fin y al cabo, es su hija y se preocupa por ella.
—Buena respuesta. ¿Entonces?
—Kate y yo no hemos tenido esas conversaciones y es importante para mí saber su opinión, pero en lo que a mí respecta si, si veo un futuro con ella.
Las mariposas en mi estómago se vuelven locas. Alexander quiere un futuro conmigo. De verdad. Al parecer no soy la única que está meditando lo que dijo pues mi padre está haciendo un intimidante contacto visual con mi novio, pero éste no se muestra afectado en absoluto. Mi padre sonríe.
—Me agradas Alexander—. Extiende su mano y mi novio la toma.
—Lo mismo digo señor.
—Erick. Dime Erick—. Eso sí sorprende a Alexander. Casi nadie sabe el nombre de mi padre; se ha encargado desde lo de Christine que su nombre no sea registro público.
—Una cosa más —el agarre se vuelve más fuerte y mi padre se acerca a él—. Te asesinaré si le haces algo o si la dejas embarazada antes de casarse.
—¡Papá! ¡Por los dioses!— Me cubro la cara roja con mis manos y cacho el momento en el que Alexander se sonroja de vergüenza.
—Solo dejo el aviso al aire—. Dice como si hubiera dicho como estaba el clima afuera.
—Eso no pasará.
—Bien. Coman.
Mi padre volvió a su plato, pero a Alexander y a mí nos tomó un momento reaccionar. Me daba vergüenza verlo y creo que a él también. De pronto mi plato de comida se volvió la cosa más interesante del mundo.
Poco a poco nos recuperamos y el resto de la velada no estuvo mal.
Fuera de todo el embarazo —nada más pensarlo me da escalofríos— y el interrogatorio me alegra que mi padre y mi novio se lleven bien.
Lo que opine mi padre es muy importante para mí y es difícil de impresionarlo.
Que Alexander lo haya hecho casi sin esfuerzo es un récord.