Capítulo 13
Katerina
Después de unos días pesados de decorar y dar las invitaciones a todos los monstruos del pueblo, el día llegó.
Desde la noche anterior no pude dormir de lo emocionada que estaba.
El baile de invierno es algo importante porque es el único día donde la amenaza de los humanos se olvida.
Aunque ellos tienden a hacer lo que se les dé la gana y esta es la oportunidad perfecta de acabar con todos nosotros también saben que somos más peligrosos al estar juntos con todos nuestros dones así que no atacan.
—Vamos Kate o no tendremos tiempo para arreglarnos—. Nereida grita desde abajo.
—¡Ya voy!— Respondo mientras guardo las últimas cosas que necesito para mi atuendo.
Bajo lo más rápido que puedo y veo a Mina, Creta, y Nereida charlando con mi padre. Llego con ellos y me despido de él mientras mis amigas van a la puerta.
—Diviértete melodía.
—Lo haré.
—Cuídense por favor—. Nos dice cuando estamos saliendo.
—Bye papá.
—Tu padre se ve mucho mejor Kate—. Creta habla cuando cruzamos la calle.
—Ojalá le durara. Se acerca el aniversario y ya sabes cómo se pone.
—¿Y tú cómo estás?— Mina se abalanza desde atrás a mis hombros.
—Bien —la duda sale con mi voz—. Creo. Lo intento.
—Eso es mejor que nada.
—Pues sí, supongo Ner. Pero no hay que hablar de eso. Hoy es para divertirnos.
—Definitivamente. Necesito bailar hasta que los pies no revienten—. Creta ríe.
—Las demás nos verán en mi casa al rato. Mientras, le diré a mi madre que empiece con nosotras—. Mina anuncia después de que se baja.
Caminamos al otro lado del pueblo hasta llegar a casa de mi amiga que abre la puerta y nos deja pasar.
—Ma, ya llegamos.
Casi al instante, una nube de humo roja se forma frente a nosotras y una vampira muy elegante y risueña aparece. Es una versión un poco más grande que Mina, pero con cansancio en la mirada.
—Bienvenidas niñas lindas. Pasen pasen que tenemos mucho trabajo que hacer.
Entramos por una puerta y un comodísimo y hermoso salón de belleza se enciende solo.
Dejamos las bolsas en un pequeño sillón y empezamos, mientras la mamá de Mina peinaba a Creta, unos pequeños murciélagos maquillaban a Nereida, y Mina y yo veíamos opciones de peinado y maquillaje que fueran a la par con nuestros vestidos.
El resto de mis amigas empezaron a llegar de a ratos. Algunas ya venían listas o solo venían para los toques finales, solo pocas si vinieron para que la mamá de Mina las embelleciera más. Para cuando el sol empezó a caer, ya estaban todas listas y yo estaba terminando de ponerme el vestido.
—Vamos Kate deja que te veamos—. Nessia dice del otro lado de la tela.
Me observo una última vez en el espejo que hay y sonrío ante mi imagen.
Mi vestido consiste en una falda amplia de lana azul que fluye cuando camino y está adornada con detalles dorados bordados en los márgenes.
El corsé es de un tono magenta oscuro, ajustado y decorado con filigranas plateadas imitando patrones invernales, y tiene unas mangas largas en tela translúcida azul con detalles en encaje morado junto con una capa de lana azul oscuro para el camino.
Corro la tela que nos separa y todas mis amigas no despegan la mirada de mí.
—Kate estas hermosa—. Selene se acerca y me abraza.
—Toda un miembro de la realeza—. Nessia me mira con ternura.
—Basta que luego me hacen llorar. Todas ustedes también se ven preciosas.
—Alexander va a quedar boquiabierto—. Nereida ríe.
—Es cierto que Kate se ve hermosa, y no es por arruinar el momento, pero si no se van ya se les hará tarde así que váyanse de inmediato—.
La madre de Mina nos empuja hasta la entrada—.
Diviértanse y cuídense por favor —le da un beso en la mejilla a su hija y cierra la puerta en nuestra cara; las carcajadas retumbaron en la calle.
—Tu madre tiene razón Mina, hay que apurarnos para asegurarnos que todo esté bien antes de que lleguen los demás —Creta toma la delantera.
Fuimos primero a mi casa que queda más cerca a dejar las bolsas y luego fuimos directo al lugar del baile.
—Esperen —Galatea nos detiene.
—¿Qué pasa?— Decimos todas al mismo tiempo.
—Los chicos ya están ahí —el rubor en sus mejillas aparece entre el maquillaje.
—Es hora de ver como babean por ustedes—. Azure ríe.
—Sobre todo la nueva parejita —mis mejillas arden cuando todas me observan.
—No digas eso Sandra. Todos estarán emocionados.
Respiramos y avanzamos apareciendo en el campo de visión de ellos.
Observo como cada galán se enamora más de su doncella con cada paso que dan y río internamente.
Mis ojos por fin conectan con los de Alexander que me ve asombrado, pero con una hermosa sonrisa.
Su traje era un jubón ajustado de lana azul oscuro con copos de nieve bordados.
Sobre él, una capa larga de color magenta oscuro hecha igualmente de lana, pero más gruesa acompañada de un broche de capa en forma de estrella de cuatro puntas.
Los pantalones de cuero negro acompañados de unas botas altas adornadas con hebillas decorativas y para darle el toque final, un cinturón con detalles plateados.
—Te ves hermosa Kate—. Me da una vuelta para mirarme mejor y mis nervios se hacen más grandes.
—Tú te ves como todo un príncipe.
—Todas ustedes se ven preciosas—. Jack silba con emoción.
—Ustedes no se ven tan mal —Creta suelta una risotada—. Vamos a acomodar los detalles finales para que todo esté perfecto.
Entramos y Azure empieza a prender las velas con su fuego azul* para que vaya más con la vibra de invierno. Nos quitamos las capas para estar cómodos y empezamos.
*Azure puede cambiar el color del fuego si ella lo desea, aunque regularmente usa el color morado.
Cuando los últimos detalles estuvieron listos, observamos nuestro trabajo orgullosos—. Muy bien. A sus puestos —Selene indica.
Yo camino a la entrada junto con Jack, Ophidio, y Nereida para recibir a los invitados que iban llegando poco a poco; todos con hermosos vestidos y trajes. Cuando la última pareja de invitados llegó entramos para ayudar a los demás y después disfrutar la velada.
***
Las canciones más lentas llevaban tocando un rato.
Yo estaba en las bebidas mientras Ophidio y Nereida —que deberían estar aquí— se mueven al ritmo de la canción.
Terminé de servir a una pareja cuando siento un gentil toque en mi hombro así que volteo con otro vaso en mano para darlo al que sea que me tocó, pero lo dejo a un lado cuando veo que se trata de Alexander.
—Una niña tan bonita no debería de estar sirviendo bebidas.
—Si no lo hago yo, nadie lo hará—. Digo sin más.
—Ya has trabajado mucho y casi no has disfrutado del evento.
—Claro que lo he disfrutado… a mi manera.
—Pues toca que lo disfrutes desde el otro lado —se acaba la canción que estaba y empieza otra—. ¿Sería tan amable esta princesa de bailar esta pieza conmigo?— Hace una pequeña reverencia con su mano extendida y yo suelto una risilla.
—Con mucho gusto caballero.
Nos dirige al centro de la pista y coloca su mano derecha en mi cadera y su izquierda sostiene la mía en alto, mi mano libre queda en su hombro y entonces nos movemos al son de la canción.
Aunque había otras parejas en la pista, yo solo podía concentrarme en esos penetrantes ojos café y en nuestros movimientos.
—¿Ya te he dicho lo hermosa que estás?— Baja su voz para que solo yo lo escuche.
—Estoy segura de que lo dijiste cuando recién llegamos.
—Pues te lo diré otra vez. Estás espléndida.
—Quién diría que el mismo que dijo que el romance era aburrido, mundano y que nunca terminaba bien ahora dice estás cosas.
—La gente puede cambiar si la otra persona vale la pena el cambio.
—¿Ósea que valgo la pena?— Me alejo un poco para verlo.
—Como no tienes idea—. Me pega a su cuerpo, me roba un beso y luego me da una vuelta.
Seguimos bailando las siguientes dos canciones ya que el ritmo cambió a más movido. Nos acercamos a la mesa donde estaban Jack y Griffin con Sandra y Azure, pasándonos dos bebidas cuando tomamos nuestros lugares.
—Son tan adorables que me dan envidia—. Jack pega su cabeza a la mesa de forma exagerada.
—¿Perdona?— Griffin finge ofensa.
—No te ofendas G. Amo nuestra relación, pero ver que yo ya no le saco esas risas me lastima—. Exagera su berrinche.
—Siempre me sacarás risas Jack—. Le tomo la mano.
—Eso espero. Si algún día dejo de hacerte reír he fallado en la vida.
—Creo que eso nunca pasará—. Azure ríe.
—Igual no importa. Agradezco que nuestra querida Kate ya tenga a alguien que la haga sentir como bobita.
—Si le haces daño te corto lo que más te duele—. Sandra fulmina con la mirada a Alexander.
—Yo que tú le creo—. Griffin interviene.
—Tranquila cariño, Alexander es un buen chico—. Azure le acaricia la mano—. No le haría daño a Kate.
—Aprecio la protección, pero si siguen lo van a asustar—. Intento disimular mis nervios con risas; mis amigos pueden ser demasiado a veces.
—Solo están siendo precavidos porque les importas —Alexander me guiña el ojo—. Tendré en cuenta lo que han dicho.
El resto de la noche se pasó en bailar, comer, y reír.
No nos fuimos hasta que el lugar quedó como si nada hubiera pasado.
Los chicos nos acompañaron a mi casa para que las chicas tomaran sus bolsas y una vez que eso pasó, las respectivas parejas o futuras parejas acompañaron a sus damas y los demás se fueron en grupos de dos dependiendo de donde quedan sus hogares.
—Oye no quiero que lo que te dijeron lo tomes como amenaza.
—No lo hago. Solo quieren protegerte.
—Igualmente. Sandra puede ser un tanto…
—¿Gráfica y ruda?
—Iba a decir amenazante pero lo que tu digas. Igual la quiero mucho.
—Y ella a ti. Ahora ve y descansa.
—Tú también.
Me da un beso y luego empieza su camino.
—Alexander.
—Dime.
—Estos días tenemos que ver los últimos detalles del plan. Sé que estuvimos ocupados con el baile, pero no se me ha olvidado—. Su cuerpo se tensa, pero al segundo vuelve a la normalidad.
—Claro. Descansa princesa.
—Igualmente.
Cuando Alexander da vuelta y desaparece en la esquina yo saco la llave, pero me detengo cuando un escalofrío junto con una sensación extraña recorre mi cuerpo. Agarro la piedra más cercana y la levanto mientras observo a mi alrededor.
—¿Todo bien?— Brinco y casi le doy en la cabeza con la piedra a mi padre de no ser porque logró esquivar mi impulso—. Calmada con esa piedra.
—Lo siento padre.
—¿Qué pasa?
—No lo sé. Algo se sintió raro, —doy un último chequeo a nuestro alrededor— como si me estuvieran vigilando o algo.
Mi padre me hace entrar a la casa de un empujón y cerró la puerta. Corrí a la ventana y vi como sacó una daga y observó atentamente un rato. ¿A quién me recuerda eso? Al estar seguro de que no había nadie, entra y cierra con seguro.
—Papá, ¿qué pasa?
—Nada melodía. Solo me aseguro que no haya nadie; son precauciones.
—¿Seguro?
—Si.
Veo como su cuerpo tiembla sin vergüenza así que lo abrazo hasta que desaparece por completo. Sé que los humanos son un detonante más grande para mi padre que para mí y por eso casi no sale de la casa y es sobreprotector conmigo, pero no deja de doler verlo así.
—Aquí estoy papá.
—Lo sé melodía. Lo sé.
Lo acompaño a su cuarto y, mientras espero a que se cambie me siento frente al piano y, después de dudar, toco algunas teclas. Hace años que no me acercaba a uno y esto es lo más preciado que tiene materialmente hablando así que desde chica me dio miedo si quiera dirigirle una mirada.
—Es la primera vez que lo tocas—. Levanto mi mano al instante.
—Lo siento —toma su lugar a mi lado.
—No tienes por qué disculparte Kate—. Vuelve a colocar mi mano—. Siempre esperé el día en que lo tocaras.
—¿En serio?
—Si.
—No lo sabía.
—Nunca lo dije —ambos soltamos una risilla.
Tocamos un rato juntos y me sentí como la niña que veía por horas a su padre componer y tocar en su imponente piano y esa misma niña que bailaba cuando sus padres hacían duetos después de cenar. Sentí tanta nostalgia que unas lágrimas salieron sin que pudiera detenerlas.
—Yo también la extraño hija.
—No era mi intención llorar—. Intento levantar las comisuras de mis labios mientras seco mi rostro, pero salió más como mueca que sonrisa.
—Las lágrimas son símbolo de lo que sienten el alma y corazón —suelta el aire en sus pulmones—. Sé que no hablamos mucho de ella ni de lo que pasó ese día. Lamento no checar cómo estás más seguido.
—Tú perdiste a tu esposa papá. No me imagino cómo se siente perder ese amor.
—Y tú perdiste a tu madre, en tú cumpleaños, a metros de ti y escuchando todo. Eso debió de dejarte herida.
—Los dos hicimos lo mejor que pudimos con lo que teníamos en nuestras manos—. Me recargo en su hombro y él me abraza.
—Te pareces tanto a ella…
Nos quedamos un rato solo escuchando las notas que mi padre tocaba.
—¿Cómo estuvo el baile?
—Increíble.
—Qué bueno que te divertiste.
Dudo un momento, pero luego me levanto y conecto mis ojos con los suyos.
—Padre tengo que decirte algo.
—¿Sí?
—Tengo pareja—. Eso lo deja atónito un momento.
—¿Es el lobo ese, amigo tuyo?
—¿Femris? No, claro que no.
—Igual no me agrada tanto—. Su cuerpo termina de girar frente al mío—. ¿Entonces?
—Se llama Alexander. Llegó hace unos meses al pueblo.
—¿Quiénes son sus padres?
—Papá por favor.
—Katerina—. Mierda; son pocas las veces que usa mi nombre completo.
—Si te da más paz… —resoplo derrotada—. Lo puedo invitar a cenar y lo conoces.
—Me parece perfecto.
—Bien. Mañana le diré. Iré a quitarme estas galas y a ponerme mi ropa para dormir.
—Está bien. Descansa.
—Igualmente padre—. Me acerco a la puerta.
—Hija.
—Dime papá.
—¿Te hace feliz?— La pregunta me toma desprevenida pero no es necesario pensar en la respuesta.
—Mucho.
—¿Lo quieres?— Sonrío.
—Muchísimo.
—Es todo lo que quería escuchar.
—¿Entonces mañana no?
—Claro que sí. Si realmente te quiere se planteará aquí y hablará conmigo.
Reímos y luego me acerqué a darle un beso en la frente.
Subí a mi cuarto y me deshice del hermoso vestido para ponerme mi cómoda y calientita ropa para dormir y me metí en mi cama.
El cansancio se apoderó de mi cuerpo y eso, junto con la melodía del piano que oía por las paredes, caigo en un sueño profundo.