Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 11
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Capítulo 11

Alexander

—Efectivamente está falseado —dice el curandero—. Buen diagnóstico joven—. Me observa y luego regresa al tobillo de Kate.

​ En toda la noche no dormí por pensar en los sucesos del día y en la conclusión a la que llegué, pero puse todo eso de lado cuando llegó el amanecer y llegué a su casa para acompañarla al curandero. Seguramente me ví como inútil cuando abrió la puerta y estaba sentado a un lado, pero me da igual.

—¿Podré caminar bien?

—Estos días intente no apoyar para que el tobillo pueda descansar así que, recomiendo el uso de muletas, pero después caminará como antes. Y está de suerte, —se levanta y abre otra puerta más pequeña— son las últimas que tengo—. Saca un par y se las da.

—Muchas gracias.

—No hay de que.

—¿Alguna vez has usado muletas?— Pregunto aguantando la risa cuando salimos.

—Si. ¿No se nota?— Rueda los ojos.

​ El resto de nuestro camino se basó en tropezones y risas mientras Kate practicaba.

—Si hubiera una carrera de personas con muletas tú quedarías de última.

—Quiero ver que lo intentes tú señor bromas.

—Seguro lo hago mejor.

—Nunca.

​ Intenta alejarse de mí, pero falla miserablemente en el intento y yo me río a carcajadas. ¿En qué me he convertido en pocos meses?

—Escucharte reír y hacer bromas es perturbador. No estoy acostumbrada —su carcajada es más sonora—. ¿Quién eres y que le hiciste al frío y calculador Alexander?

—No les digas a tus amigos. Tengo una reputación que guardar—. Le guiño el ojo.

​ Que mierda me está pasando.

—Tu y Hadrian son iguales. Serios y fríos por fuera, pero unos blandos por dentro.

—Tú y Jack parecen cortados con la misma daga —muevo la cabeza de lado a lado en desaprobación.

—Bueno, solo decimos la verdad —sonríe con una inocencia falsa.

—Mjm. Lo que digas. Tampoco ayuda que todo el tiempo están juntos.

—Eso es mentira. Hoy no estoy con él.

—Milagro. De hecho, ¿por qué no estás con ellos?

—Es el día de citas.

—¿Día de citas?— Repito con incredulidad.

—Cada Viernes las parejitas del grupo salen a citas para tener tiempo a solas.

—¿Y los que no tienen pareja?

—A veces nos juntamos, pero mejor aprovechamos para ocuparnos de otras cosas o relajarnos.

—¿Y tú que haces normalmente?

—Leo algo o ayudo a mi padre en cosas de la casa—. Percibo un intento de tranquilidad.

—¿Eres unida a tu padre?

—Solo somos él y yo así que sí. Lo quiero muchísimo.

—No sale mucho ¿cierto?

—Nunca ha sido el tipo de socializar. Le gusta más pasar tiempo de calidad con su piano y conmigo.

—¿Aún toca?

—Nunca dejará de hacerlo—. Su sonrisa muestra un dejo de melancolía.

​ Quise indagar más pero mejor preferí no hacerlo. No quiero presionarla a decir cosas que son privadas o difíciles para ella; ya me contará si quiere.

***

​ Al anochecer volvemos a su casa.

—No hagas ruido.

​ Abre la puerta de su casa y me indica que me quedé donde estoy. Una suave melodía inunda la casa y Kate se adentra un poco más.

—¡Padre ya estoy en casa!— La melodía cesa.

​ Me coloca las manos en el pecho y rápidamente me empuja contra la pared para que la persona que está en el interior no me vea al mismo tiempo que cierra más la puerta.

—¿Qué te dijo el curandero Kate?— Una voz grave suena.

​ Me asomo muy cuidadosamente por la ventana y lo veo; El fantasma de la Ópera en persona.

Sigue con el mismo atuendo de sus mejores años, aunque su pelo, perfectamente arreglado, tiene más gris que negro y unas ojeras grisáceas abrazan sus ojos.

Su máscara no está pero, a diferencia de muchos, no me atemoriza o me da asco su rostro deforme.

—Descansa padre.

​ Se abrazan antes de que el hombre se meta al lugar de donde salió. Kate espera un momento antes de salir y cerrar la puerta con mucho cuidado.

—Tenemos unas horas más antes de que revise mi habitación.

—¿Sobreprotector?

—Un poco, pero solo checa por sus impulsos. Sabe que estaré ahí pero igual le da tranquilidad. Ahora vamos.

​ Nos acercamos a la maceta, saca el libro viejo, y lo guarda en un bolsillo escondido en su vestido.

Rodeamos su casa y luego avanzamos por un camino que no había visto nunca; ni siquiera en mis misiones pasadas.

Entro en alerta, pero veo como Kate camina sin preocupación alguna y bajo la guardia; si está tranquila en la noche es porque realmente no hay nada que temer.

—Kate, ¿dónde estamos?— Ya no se ve ningún tipo de vida humana, solo árboles y enredaderas.

—A las afueras del pueblo.

—¿En el bosque?

—Si—las comisuras de sus labios muestran cierta travesura—. ¿Te da miedo?

—En absoluto—. Un poco pero solo porque no ha sido explorado con suficiencia así que no se sabe que peligros haya.

—Ya llegamos.

—Es una broma, ¿verdad? Aquí solo hay un árbol.

—Es un roble —me corrige.

—Lo mismo.

​ La pereza molesta acompaña su rostro mientras me da la espalda. Suelta sus muletas y apoya sus manos en el tronco, cierra sus ojos y respira profundo.

—Kate.

—Shh.

​ Toma otro respiro y entonces empieza a cantar una melodía que no reconozco.

Su voz es dulce y hermosa; no falla ninguna nota.

El árbol empieza a emitir un brillo morado y yo me quedo incrédulo ante tal magia.

Cuando termina de cantar abre los ojos y se aleja después del crujido que el roble hace.

Un rectángulo perfecto se abre mostrando un hueco y las enredaderas moviéndose para formar un camino.

—Que… carajos—. Mi mirada no se despega de ella mientras se ríe.

—El pueblo está lleno de magia, solo falta observar bien para encontrarla. Vamos antes de que se cierre.

​ Toma sus muletas y empieza a avanzar. La puerta se cierra detrás de mí y me dedico a seguirla.

—¿Cómo encontraste esto?

—Mi madre me lo enseñó de pequeña. Cuidado con las espinas.

​ El resto del camino nos quedamos en silencio.

La última capa de enredaderas se levanta abriendo paso a un hermoso lago cristalino, flores de todos los colores por todas partes, y una colina con un viejo olivo; la única iluminación es la luna llena y las luciérnagas en cada rincón. Esto parece sacado de un cuento.

—Bonito ¿verdad?— Está atenta a mis expresiones.

—Hermoso.

​ Kate va hacia la colina y se sienta al pie del olivo. Después de sentarme junto a ella, saca el libro viejo y lo observa por unos segundos, dudando de si hablar o no.

—Tienes que jurarme que todo lo que te diga hoy no se lo dirás a nadie. Ni siquiera a mis amigos.

​ Si se lo está ocultando a todos sus amigos debe de ser algo grande.

—Te doy mi palabra.

—Mi madre fue asesinada cuando yo tenía cinco años —llena sus pulmones—.

El día de mi cumpleaños, mis padres querían hacer una cena especial.

Mi padre salió para comprar unas cosas mientras nosotras organizábamos toda la casa, estábamos en mi cuarto escogiendo el atuendo que usaría cuando escuchamos ruidos abajo; pensamos que era mi padre que había vuelto así que fui emocionada con mi madre detrás.

Cuando estábamos a punto de bajar, nos dimos cuenta de que la casa era un desastre… —se limpia unas lágrimas.

​ Creo que ya sé a dónde va esto.

—Mi madre me arrastró a su cuarto sin decir nada; yo protesté y llamé la atención de los que estaban abajo porque en seguida se escucharon pisadas apresuradas.

Mi madre cerró la puerta con seguro, ganándonos tiempo y entonces movió la cama, se agachó y metió un dedo en una pequeña abertura que había, dando paso a un cuartito seguro.

Yo estaba llorando y no sabía qué hacer.

La puerta se empieza a romper y mi madre me empuja al cuartito, me da un beso en la frente y me dice que no haga ningún ruido y que no salga por nada del mundo, que me quiere y que no la olvide.

​ Mierda. Kate llora sin parar y se abraza a sí misma a modo de consuelo. Aunque ya sé cómo acabará la historia y quiero decirle que se detenga sé que no lo hará.

—Lo único que escuché por un buen rato fueron discusiones y gritos de mi madre y después silencio total.

Esperé no sé cuánto tiempo sin hacer ruido alguno por miedo de que sigan allí.

Al escuchar pisadas de nuevo, hice mi mejor intento por estar en silencio, pero entonces escuché el grito desgarrador de mi padre y empecé a tocar la puerta desesperada.

No tardó más que dos minutos en abrir y abrazarme aliviado de verme, pero también para que no observe el cuarto.

Aunque intentó fui más fuerte y me deshice de su agarre y entonces la vi.

.. estaba tirada en el suelo con un gran charco rojo a su alrededor.

Me acerqué a ella e intenté levantarla mientras mi padre lloraba desconsoladamente y terminó cargándome a la fuerza, alejándome.

Lo único que pude ver claramente fue como en su espalda tenía tallado el logo de Light-Hell.

​ Ese asesinato fue legendario en la élite, pero nunca se revelaron tantos detalles.

—Las siguientes semanas son un poco borrosas, pero recuerdo escuchar su examen post-muerte. Murió desangrada por múltiples apuñaladas y hubo indicios de —trata de encontrar su voz— agresión sexual —su voz se quiebra.

​ Cada músculo de mi cuerpo se endurece.

Los reglamentos de la élite estrictamente prohíben cualquier tipo de violencia sexual hacia los objetivos; si hay algún indicio de eso, los responsables son exiliados y castrados o, en caso de agresión grupal, desmembramiento.

Estoy seguro que los responsables se saltaron esa parte pues lo único que se ha escuchado es que son héroes y que lograron derribar a un objetivo que llevaba rato en la mira de la élite aún en sus primeros días.

—Si yo no hubiera protestado… —empieza, pero la detengo.

—No te atrevas a ir por ahí. Nada de lo que pasó es tu culpa. Eras una niña y no entendías que estaba pasando.

—Pero si no hubiera protestado pudimos haber tenido más tiempo y ella hubiera entrado conmigo.

—Entonces no habría nadie para volver a poner la cama en su lugar y las hubieran asesinado a ambas.

​ Antes de que dijera cualquier otra cosa la acerqué a mí y la abracé lo más fuerte que pude. Ella solo lloró por un buen rato.

—Esto no es para lo único que te traje acá—. Sus manos acarician sus mejillas eliminando las últimas gotas húmedas—. He estado investigando un poco.

​ Oh no. Siempre lo que viene después de esa frase termina mal.

—¿Recuerdas que te dije que esta rivalidad no siempre existió?

Este libro, —lo observa detalladamente—.

Es el diario de una persona que también creía eso.

Descubrió que hay un documento donde explica como la amistad entre monstruos y humanos pasó a una rivalidad.

Explica la verdad, no eso que enseñan en las escuelas o por lo que la élite asesina.

—¿Dónde está ese documento? —Pregunto inseguro ante la posible respuesta.

—En la biblioteca de Light-Hell.

—Kate no estás pensando…

—Es la única forma en que esta estupidez acabe. Estoy harta de quedarme sin hacer nada mientras veo a mis compañeros perder o temer por su vida. Tu o yo podemos ser los siguientes—. Me levanto de inmediato.

—La élite es una trampa mortal. En el momento que siquiera te acerques, te matarán.

—No si voy preparada.

—No hay forma de prepararse—. Mi mirada penetra sus ojos.

—El diario incluye planos del edificio. Hay una serie de pasadizos subterráneos que conectan a todos lados. Han estado abandonados por años y los que residen ahí no saben de ellos.

—Es una terrible idea—. Vuelvo a mi lugar.

—Es la única.

​ Intento pensar en otra opción. Todas las formas en las que mis compañeros y superiores la asesinarían si la descubren se me vienen a la cabeza y me hace sentir enfermo. Ellos no tienen piedad y se asegurarán de asesinarla de la forma más cruel y vil que se les ocurra.

—Kate por favor, no hagas esto. Pondrás tu vida y la de los demás en peligro. La de tu padre, sobre todo —su expresión cambia y aunque intente parecer fuerte sus ojos son como los de un cervatillo viendo su final.

—Tengo que intentarlo. Si no quieres apoyarme no lo hagas.

—¿Entonces para que carajo me contaste?

—Para que si algo me pasa sepas la verdad y cuentes que hay cosas que quieren esconder y que no todo lo que dicen es verdad.

—¿Por qué yo?

—Mis amigos están muy involucrados conmigo y no saben protegerse como tú.

​ Si supiera lo que siento no pensaría lo mismo, creo que yo estoy más involucrado con ella, aunque no lo sepa.

Por muy descabellado que suene, tiene razón en algo; Light-Hell ha mentido en varias cosas.

Los monstruos no son salvajes y sí tienen sentimientos; incluso más que nosotros diría yo.

Sólo están desesperados por tener una vida.

Si Light-Hell miente sobre esto y no se dice la verdad de casos como el de la madre de Kate, ¿qué más ocultan?

—Cuenta conmigo.

​ Esto va a terminar de la peor forma.