Capítulo 9
Alexander
Los días que siguieron no vi ni a Katerina ni a sus amigos porque tuve que ir a reportarme con El Comandante, pero mi última conversación con ella suena en mi cabeza.
…Para nosotros la muerte está más cerca que para los demás así que es difícil entablar una relación amorosa que dure…
…Aunque la persona que amas sea como un refugio nunca estás seguro…
Necesito alejarme de ellos y sus patéticos sentimientos; no puedo dejar que mis impulsos tomen control, eso del abrazo fue caer muy bajo y están empezando a afectar mi objetivo.
Los monstruos son solo eso y nosotros tenemos que exterminarlos.
Es lo que me han enseñado desde que abrí los ojos por primera vez, y no puedo fallar.
—Veo que aún siguen vivos—. La voz de El Comandante me trae de vuelta.
—Es más difícil de lo que previmos.
—No. Es muy fácil solo que tú lo estas retrasando. ¿Te encariñaste con esos monstruos?
—No Comandante, pero no se separan, parece que nacieron cosidos unos a otros.
—Entonces sė el filo que separa a esos hilos. Se te está acabando el tiempo Alexander y mi paciencia también.
—Lo haré. Confíe en mí. No lo voy a defraudar.
—Más te vale. Ve a tu habitación y duerme. Mañana volverás al pueblo.
—Si Comandante —me levanto y me dirijo a la puerta.
—Alexander, —regreso la cabeza para mirarlo—. Te estaré vigilando.
Vuelve a sus papeles y yo al pasillo, pero en vez de ir a mi habitación voy a una de las salas de entrenamiento, amarro un saco de arroz a la vara que sobresale de una columna y golpeo.
Golpeo hasta que mis nudillos sangran y mis músculos amenazan con desgarrarse.
Aunque intento imaginar que el saco es alguno de mis objetivos no puedo.
El Comandante tiene razón, creo que estoy desarrollando algún tipo de cariño por los monstruos…
por ella y no puedo permitirlo. Aunque si lo pienso mejor puedo imaginarme la cara de alguien; del molesto y metiche lobo Femris. A él será a quien asesine primero.
Sigo hasta que mis pies fallan y caigo de rodillas, sujetándome solo del saco ensangrentado.
Cuando recupero un poco las fuerzas y el aliento, me levanto, guardo el saco, y agarro el sayo que no recuerdo haberme quitado, del suelo.
Voy hacia mi habitación, me retiro lo que queda de ropa, y me doy un baño frío para quitar todo el sudor de mi cuerpo.
Me visto con la prenda extra que traje; negra, pero sin el logo de Light-Hell y me amarro unas telas a los nudillos lastimados.
Como necesito aclarar mis pensamientos y pensar en un plan para asesinarlos decido caminar de la academia hasta mi casa base.
El sol ya está en su lugar asignado cuando estoy caminando por las calles de Aethel.
Me encuentro a Azure y Sandra compartiendo un postre en un lugar un poco lejano del ojo público.
Aunque es una buena oportunidad de asesinarlas ya que están separadas del grupo y un poco aisladas me abstengo porque es plena luz del día y hay una cantidad considerable de testigos, aunque estén a distancia, además no estoy completamente en mis cinco sentidos para lograrlo.
Cuando estoy a punto de llegar a la casa base una risa que, lamentablemente, conozco bien invade mis oídos y me obliga a buscarla.
Katerina está al final de la calle riendo de alguien que no logro ver porque está oculto detrás del edificio.
Me acerco sigilosamente, pero Katerina empieza a caminar y entonces su misterioso compañero, o más bien sus orejas, aparecen y el dueño de ellas rodea a Katerina por los hombros; mi sangre se calentó.
Su hermana también está ahí pero mi mirada solo se enfoca en los otros dos.
Saqué una de mis dagas y estaba determinado a aventársela, aunque estuviera yo lejos y él en movimiento; tengo muy buena puntería y podría darle sin problema en la cabeza. Preparo la daga y ajusto mi vista para darle a mi objetivo, sin embargo, una voz detrás de mí me obliga a detenerme.
—Veo que aún no se rinde—. En lo que me doy la vuelta oculto la daga.
—¿Quién?
—Femris.
—Explícate Jack —me cruzo de brazos.
—Lleva dos años intentando algo con Kate, pero ella no está interesada en él, al menos no de esa forma —eso me da más satisfacción de la que quiero admitir.
—¿Ella no le ha dicho nada?
—Si —se acomoda sus gafas—. Varias veces, pero él sigue intentándolo. De cualquier forma, —me pone una mano en el hombro y yo miro rápidamente con disgusto, pero él no se da cuenta. —¿Qué haces observándolos de lejos como espía? —Dice con expresión divertida.
—Nada.
—Ujum. Si claro, voy a hacer como que te creo—. Observa el lugar por el que se fueron Katerina y los hermanos lobo—. Mejor nos unimos antes de que pidan algo que no me gusta en la postrería.
—Iré después. Tengo unas cosas que hacer—. Recostarme en mi almohada y dormir.
—Aguafiestas.
—Jack déjalo en paz. Ya te dijo que irá después.
Griffin aparece de la nada sacándole un susto a Jack que luego se olvida de mí y corre a los brazos de su novio para plantarle un beso en la boca; asqueroso.
—Consíganse un cuarto por favor —volteo los ojos con hastío.
—¿Te molestan los besos?— Jack pregunta divertido.
—Si. Son asquerosos. ¿De dónde apareciste Griffin?
—Cuando estoy solo me gusta hacerme invisible, así evito encontrarme con algún humano. Esa habilidad es lo único que le agradezco a mi padre —dice amargamente.
—El padre de Griffin no tolera que esté conmigo. Es algo difícil —explica Jack ante mi confusión.
—Siento oír eso.
—No pasa nada. No es tu culpa—. Griffin sonríe con mucho esfuerzo.
—Bueno, cambiemos las caras —Jack interrumpe—. Vamos con los demás y espero que la guapa de Kate me haya comprado mi postre que si no me moriré —hace un puchero exagerado.
—Eres un tonto.
—Aun así, me amas G—. El mencionado se ruboriza.
—Otra vez, consíganse un cuarto—. Me cruzo de brazos.
—Ojalá te veamos más tarde.
La pareja se va por donde los demás se fueron y yo llegué a la casa base.
¿Griffin habrá visto lo que intentaba hacer?
Si es así tendré que callarlo de alguna forma para que no eche a perder mi plan.
Dejo las dagas en sus escondites y me acuesto en la cama para que poco a poco me invada el sueño que no obtuve en la noche.
***
…Yo anhelo buscar algo como el romance con el que crecí…
Me despierto de golpe. Otra vez sus malditas palabras, tengo que olvidarlas pero por alguna razón no puedo.
Me levanto y voy a mojarme la cara como intento, en vano, de no pensar.
Por la ventana veo que la luna está cerca de desaparecer.
Mis compañeros de Light-Hell han acabado su asecho nocturno así que no hay problema en salir.
Me visto, salgo, y empiezo a caminar por las calles desoladas.
Cuando el sol empieza a asomarse, una sombra y unas pisadas aparecen y desaparecen a la par.
Sigo el camino con mis dagas afuera por si hay peligro, pero me detengo en seco cuando veo quién está corriendo; Katerina.
Tiene el mismo atuendo que cuando la vi en la mañana con los lobos así que nunca llegó a casa.
¿Qué carajos está haciendo sola en la madrugada?
Observo los alrededores por si alguno de mis compañeros está acechándola y aprieto más mis dagas, pero no percibo nada.
La veo llegar a la entrada de su casa y detenerse para tomar aire.
No logro ver si está herida, asustada, o algo más.
Quiero acercarme a ella para revisarla, pero empezará a hacer muchas preguntas que no tengo ganas de contestar.
Al recobrar el aliento, se alisó el vestido y abrió la puerta, pero antes de entrar, se acerca a la maceta más lejana de su puerta, se agacha, hace un pequeño agujero en la tierra, voltea a todos lados, saca de algún lugar un libro que se veía ya bastante viejo, y lo entierra en el agujero.
Cierra la puerta tras de ella y yo dudo en si ir a ver lo que enterró. ¿Qué tiene ese libro que tiene que esconderlo? El sol empieza a iluminar todo así que decido irme por si me llega a ver.