Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 7
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Capítulo 7

Alexander

Llego a mi casa base y suelto un puñetazo contra la pared haciéndole una pequeña grieta.

Mierda. Tendré que arreglar eso después si me quiero ahorrar una llamada de atención.

Ese lobo imbécil me está sacando de mis casillas cada vez más.

Sus miradas tontas, sus rabietas, y como le puso el brazo en la cintura…

acciones asquerosas. No puedo esperar a poner mis manos alrededor de su cuello y apretar hasta ver como su patética vida se va de sus ojos.

«Necesito tranquilizarme.»

Busco en uno de los escondites alrededor de la casa y saco mis dagas. Me dirijo hacia la puerta y asomo mi cabeza para asegurarme que no haya nadie y, cuando no se ve nada sospechoso, trabo la puerta y comienzo a vagar en las sombras buscando a una presa.

La desafortunada —para los de su especie— es una que había visto dos o tres veces mientras estaba con ellos; siempre estaba con otra.

«Lástima que hoy no.»

Sonrío ante ese pensamiento. Me acerco lentamente a ella y mi mano se posa en su hombro, pero no le da tiempo de reaccionar porque mi daga atraviesa su espalda. Sosteniéndola con el filo, tomo la otra y se la entierro por todo su torso.

Sentir como el hierro desgarraba la carne para entrar más profundo, escuchar como sus quejidos y sollozos se hacían cada vez más silenciosos, ver el charco carmesí crecer manchando su ropa y mi mano, y presenciar la vida irse lentamente de sus ojos era algo que me fascinaba, y digo en pasado porque en este momento no ocurrió.

Su cuerpo cayó inerte después de sacarle el filo que perforó su corazón y yo solo la observé mientras que mi estómago y garganta se sentían anudados, el latido de mi corazón se oía cada vez más fuerte en mis oídos y unos escalofríos recorrían mí cuerpo.

Con toda la fuerza de voluntad que encontré, me di media vuelta y caminé hacia la casa base, pero me detuve antes de completamente irme.

Me regresé y le cerré sus ojos vacíos. ¿Qué me pasa?

Me preguntaba una y otra vez mientras me iba de la escena.

«Bien que lo sabes.»

Mandé ese pensamiento a la mierda. Al llegar a la casa base fui directo al pebete y dejé las dagas que tiñeron el agua instantáneamente de rojo.

Tomé el jabón que utilizaba para estas situaciones con cuidado de no manchar el otro que uso para mi aseo y empecé a quitar las manchas de sangre que no se fueron con el agua.

Cuando le saqué las más que pude, estiré mi brazo para tomar la lejía * y la eché encima de ambos filos para que se desinfecten y limpien lo que ni el jabón ni el agua pudieron, después las dejo caer en el trapo para que se sequen y me echo un poco del líquido en las manos para tallar fuertemente y quitar el color, ahora rosa, de mi piel.

Guardo las dagas de donde las agarré hace unas horas después de que estaban secas y luego vuelvo al pebete, lo tomo en mis manos y salgo a la parte de atrás para tirar el agua sucia y lo relleno en el pequeño pozo de la esquina.

Cuando lo coloqué en su lugar, me puse mi ropa para dormir y me metí bajo las sábanas donde me quedé viendo al techo con mi cerebro a mil.

Lo que siguió de la noche no dormí mucho; a cada pocos minutos de cerrar los ojos, la cara de esa chica y de otras de mis víctimas aparecían con su asesinato en bucle y hacían que me levantara sudoroso y acelerado.

***

—¿Seguro que estás bien? —Katerina me saca de mi cabeza.

—Si.

—Es que no pareces.

—Que estoy bien—. Que irritante es repetir las cosas.

—Está bien —se cruza de brazos—. No tienes por qué ser tan grosero —dice tímida pero molesta.

—Lo siento —me obligo a decir—. No quise hablarte de esa forma, anoche no dormí bien.

* En los tiempos Medievales la gente usaba una lejía que se realizaba con agua, aceites vegetales o jabón y ceniza de madera quemada (más natural) para lavarse las manos, el cuerpo, desinfectar heridas, objetos, etc.

—¿Algo que te preocupe? —Volvió a ser la misma de siempre, metiche y chismosa.

—No. Solo es insomnio.

—Espero que no pase seguido…— Estaba a punto de responder, pero Griffin interrumpe.

—Kate linda, ¿me acompañas aquí a la esquina? Creo que se me cayó algo—. Habla más rápido de lo normal y noto como una gota de sudor recorre su rostro.

—¿Estas bien Griffin?

—Si, pero es que lo que se me cayó es importante—. Katerina lo ve de arriba abajo.

—Tienes todo en las manos —mira a sus amigos y yo la sigo—. ¿Qué está pasando?

Todos intercambian miradas y me doy cuenta que están acomodados en una especie de pared. Estos monstruos están– detengo ese pensamiento cuando me doy cuenta de donde estamos; es una puta broma. Katerina hace a un lado a Griffin y se acerca a los demás.

—¿Qué tienen? —Se empieza a desesperar.

—Nada Kate —Creta habla—. El camino está cerrado.

—Mienten. Háganse a un lado por favor—. Sus amigos dudan y ella no se rinde. Burla la barrera improvisada y estando al otro lado se queda tiesa—. ¿Otra víctima?— Dice con un hilo de voz abrasándose a sí misma.

Ver el cuerpo y la escena de día se ve aún más atroz que cuando lo hice.

Intento mantenerme apático para no levantar alarmas, pero las sensaciones de la noche anterior vuelven junto con los escalofríos.

Lo último que esperaba era que ellos se lo encontraran; que ella lo viera.

Azure saca una pequeña bolsita de cuero de su bolso y la abre.

—Iré a avisar a su familia. Los alcanzo después.

Un polvo morado la hace desaparecer y los demás solo se apartan para no tocar nada.

Jack y Griffin susurran cosas, Galatea y Hadrian se recargan contra una pared mientras ella habla y él escucha, Ophidio se acerca tímidamente a Nereida que está llorando, y los demás están juntos en silencio con expresiones enojadas o dolidas.

Yo estoy en la esquina más lejana evitando ver el resultado de lo que hice.

—No puedo creer que la hayan matado —murmura Katerina cuando se coloca a lado mío—. Malditos humanos.

—¿Todos? —La miro por el rabillo del ojo.

—Especialmente los de Light-Hell. Son unos cobardes que asesinan de noche sin sentimiento alguno. Mínimo los del pueblo van de frente—. Se cruza de brazos mientras su mirada se endurece y luego se entristece. Sus palabras me dejan un sabor amargo, aunque no lo admito.

—Solo hacen lo que se les ordena.

—¿Estás poniéndote de su lado?— se aleja de mí— Ella no hizo nada. Ni ella ni algún otro monstruo. Pensé que tendrías un poco más de empatía después de ver dos cadáveres y que te traten igual.

Antes de poder decir algo más ella ya está lejos de mi en los brazos de Creta y… Femris que se acerca a mí con cara de pocos amigos; lo que faltaba. Me separo de la pared y doy tres pasos antes de que se coloque frente a mí.

—¿Qué le dijiste?

—Nada que te importe.

—Me importa porque es mi amiga quién acaba de ver un cadáver de una compañera y ahora, en vez de hacerla sentir mejor, se siente peor por lo que sea que le dijiste.

—Déjame pasar Femris.

—Mira, nuevo ,— dice esto último con desdén mientras sus ojos se iluminan y sus colmillos resaltan más de lo normal—. No te atrevas a hacerle daño porque te aseguro que me iré… no, nos iremos —señala a los demás hombres— contra ti. Kate ya ha pasado por mucho y no pienso verla sufrir más.

—¿Me estas amenazando lobo ?

—Te estoy avisando.

—Creo que deberían dejar de ser tan sobreprotectores con ella. No es una niña y no vive en una burbuja.

Me alejo de ahí dándole un golpe con mi hombro en el camino.

Sé que todos están siguiéndome con la mirada, pero no me devuelvo.

Idiotas. Todos son unos idiotas y no puedo esperar para asesinarlos con mis propias manos.

Cuando doy vuelta me encuentro rápidamente con los ojos azules de Katerina y un vistazo de secretos y tristeza se coló en esa mirada. ¿Qué mierda le habrá pasado?