Capítulo 6
Katerina
Este mes lo he aprovechado para ponerme al corriente con actividades que, por cuestiones de tiempo no podía, y me hace muy feliz ver el progreso que llevo. En unos pocos días tanto el jardín de adelante como el trasero estará lleno de flores plantadas con mis propias manos.
—Hey —levanto mi cabeza y sonrío.
—Hola Femris.
—¿Lista para irnos?— Me tiende la mano.
—Si—. Me levanto con su ayuda.
Hace unos días le dije a Femris si me ayudaba a cargar el abono que necesitan las plantas para crecer; él es bastante fuerte así que no supone problema. Caminamos a la tienda mientras platicábamos y reíamos evitando las calles principales dado que a estas horas es cuando más humanos hay.
No nos tardamos mucho en salir con los dos sacos que necesitaba así que muy pronto nos encontramos esparciendo el contenido; él cargando y vertiendo y yo agachada acomodando.
—¿Has hablado con él Kate?— Rompe el silencio.
—¿Con quién?
—Con Alexander.
—No en unos días, ¿por?
—Solo pregunto—. Una pequeña sonrisa intenta salir, pero se compone antes de darle una oportunidad.
De todos mis amigos, Femris es el que más desconfía de Alexander; incluso más que Hadrian.
Cree que no lo noto, pero muchas veces no lo disimula muy bien.
Esta última semana no ha habido señales de Alexander y, una parte de mí teme que los humanos hayan llegado a él, pero no ha aparecido otro cuerpo así que intento apartar esa idea cada que invade mis pensamientos.
Iría a su casa a ver cómo está, pero no hemos llegado a la confianza que se necesita para contar donde vive.
—Listo—. La voz de mi amigo me devuelve a la realidad.
—Perfecto—. Me levanto y sacudo la falda del vestido para quitar la tierra suelta.
—¿Quieres ir por algo de comer? Tanta plantada me abrió el apetito.
—Pero si trabajamos con pura basura y restos de comida.
—Si bueno… que te digo—. Las risas inundaron mi entrada.
Íbamos a medio camino de nuestro lugar de comida favorito cuando una voz nos detuvo.
—¿Van a algún lado?
La expresión de disgusto de Femris salió antes de que él pudiera controlarla y el portador de la otra voz parecía inmutado ante la mirada de mi amigo licántropo pues su expresión era indescifrable. La tensión se hizo presente y yo me puse nerviosa así que para evitar alguna desgracia actué.
—Hola Alexander, —ambos dirigen su atención a mí— vamos a comer.
—Eso, así que si nos disculpas…— Femris me toma del brazo izquierdo obligándome a darme la vuelta y luego pasa su brazo por mi cintura; juntándome más a él—. Ya vamos tarde.
—Espera —me safo de su agarre y me vuelvo a dar la vuelta. Femris bufa y se cruza de brazos; haciendo lo mismo que yo a regañadientes—. ¿Quieres venir?— Las palabras salieron sin pensar.
—Si.
—Perfecto, vamos—. Tomé la palabra antes de que Femris abriera la boca para rechistar.
***
He pasado muchísimos momentos incómodos en mi vida, pero creo que esta comida ha sido el peor de todos.
Se sentaron uno a cada lado de mí así que ellos quedaron de frente.
Femris no quitó su cara de disgusto lo que duró la velada y Alexander solo lo veía con una especie de aburrimiento y…
¿enojo? Es muy difícil interpretar su rostro.
Las veces que yo hablaba para aligerar el ambiente daban el efecto contrario; ambos intentaban responder mejor que el otro y no se rendían hasta que yo intervenía. Parecían niños chiflados.
—No le caigo bien a tu amigo—. Suena más a afirmación que a pregunta.
Después de la comida, Selene vino a buscar a su hermano para unas cosas de familia y, aunque al principio no estaba muy convencido, terminó por irse así que ahora nos encontrábamos Alexander y yo solos sentados en una banca cerca del lugar en el que comimos.
—Espero que no te lo tomes personal. Sólo quiere proteger al grupo.
—No sabía que el grupo eras solo tú—. Me enderezo de inmediato.
—El grupo somos todos.
—Estás roja—. Dice con suma tranquilidad.
—Es tu culpa.
—Yo solo digo la verdad.
—Pues en esta ocasión no.
—Lo que digas—. Volteo mi cara para calmarme y luego lo vuelvo a mirar.
—El punto es… Femris es un poco desconfiado al principio; creo que en algún punto todos le caímos mal.
—Vaya tipo.
—Solo busca rodearse de gente en quien pueda confiar.
—Mmm. Como digas. ¿Cambiamos de tema?
—Bueno. ¿Dónde estuviste toda la semana pasada?— Silencio.— Ale-
—No es de tu incumbencia —me corta. Su tono fue más duro del que esperaba.
—Solo pregunto porque…
—No me interesa—. Vuelve a cortarme, pero esta vez poniéndose de pie y alejándose.
Me levanto y corro a toda prisa para alcanzarlo, esto es el colmo. Primero se pone a molestarme y luego actúa como un imbécil. Me paro frente a él cortándole su caminata y espero a recuperar mi aliento para hablar.
—Lo siento. Si no quieres hablar-
—No quiero —me frustré.
—Déjame hablar carajo —me arrepentí al instante—. Lo lamento, no quise decir eso… ¿por qué sonríes?
—No te hacía de las que maldijera—. Me sonrojo de vergüenza.
—No suelo decirlas.
—Deberías. Es liberador—. Y así de rápido todo vuelve a la normalidad, o a un intento de ella porque aún no sé cómo se ve la normalidad con él.