Capítulo 5
Alexander
Me tallé fuertemente cada parte de mi cuerpo para quitarme todo el rastro de su repugnante existencia; estar cerca de su monstruosidad me enferma. Tras llegar a la casa que El Comandante me ha dado para la misión, quemé mi ropa y me metí al agua.
Está más informada de lo que pensé, pero al mismo tiempo muy ingenua por hablarle a un extraño que encontró a lado del cuerpo de uno de ellos y luego apareció sin más en la noche. Estos monstruos son idiotas y usaré eso a mí favor.
La semana después de haber charlado con ella decidí mantener un perfil bajo.
Aunque estaba vigilándolos eran pocas las veces en las que realmente aparecía y era solo con ella.
Al parecer su grupo de amigos la busca para que la ayuden y le confían todo; si me gano a ella, me ganaré a todos los demás.
—¿Alexander? ¿Eres tú?— Su voz me puso en alerta y me preparé para entrar en mi papel de monstruo amigable.
—Hola Katerina —fuerzo una sonrisa.
—¿Qué haces atrás de estos arbustos?— Se ríe tímidamente.
—Estaba buscando algo, pero, —observo rápidamente— no está aquí.
—Te quiero presentar a mis amigos—. Aquí vamos.
—Chicos, —trece cabezas giran en nuestra dirección— él es Alexander, llegó hace dos semanas al pueblo; es de quién les hablé.
Saludo a cada uno de ellos y finjo interés mientras me saludan y se presentan.
—Gracias por acompañarla a su casa aquella noche—. La que se llama Creta dice mientras me siento con ellos.
—No fue problema.
—Entonces Alexander… ¿qué te trae por aquí?— Griffin, que está recostado en las piernas de Jack, habla.
—Mi madre quiso un cambio.
—¿Y este fue el mejor lugar para cambiar?—Hadrian bufa—. Que tan miserable debió de ser en donde vivían para que este pueblo fuera mejor.
—Discúlpalo—. Katerina le lanza una mirada y él voltea los ojos— No le encantan las personas nuevas.
—A mí tampoco—. Todos se quedan callados ante mi respuesta.
—Ya me agradas—. Hadrian dice aguantando una sonrisa.
—Bueno, —Jack se aclara la garganta— ¿estás soltero?
—Si.
—¿Alguna interesada?
—No conozco a nadie.
—¿Eres gay?
—¡Jack!—Katerina lo regaña.
—Que es broma, pero ¿lo eres?— Griffin lo quita bruscamente—. O vamos G, —le da un beso en el cachete— sabes que solo tengo ojos para ti—. Un leve sonrojo pasa por las mejillas del mencionado y yo me trago una arcada; el amor me enferma.
—No lo soy.
—Mejor cambiemos de tema —Selene interrumpe gracias a los dioses.
No nos quedamos mucho rato más en la plaza porque unos ciudadanos arrojaron piedras y tuvimos que correr. Quisiera unírmeles, pero tengo una misión que cumplir.
—¿Todos están bien?— Creta ve a cada uno de nosotros— ¿Kate?— Silencio.
Me giro para buscarla y la veo en la esquina abrazándose a sí misma. Creta, Griffin, Mina, y Femris corren a abrazarla ¿qué rayos le pasa?
—Háblame Kate—. Creta la sacude.
—Respira —Griffin le acaricia el pelo— Ya pasó.
Mientras ellos intentan calmarla Selene, la hermana de Femris, se acerca a mí y me habla en voz baja.
—En unos momentos nos iremos.
—¿Qué le pasa?— No pude contenerme.
—Le aterran estos ataques.
—¿Por qué?
—No es mi lugar decirlo. Solo… tenle paciencia. En un momento nos vamos.
***
—¿Las piedras no te lastimaron?
¿En qué momento se colocó a mi lado? Era de noche y caminábamos al parque para que cada uno tome direcciones diferentes. Katerina estaba casi al frente junto con Nessia y Creta hace unos segundos.
—No. ¿A ti?—No es que me importe, pero no soy grosero.
—No.
—Bien.
—Después de un rato te acostumbrarás. No es lo ideal, pero es la realidad—. Intenta sonreír, pero la tristeza le gana.
—Anotado.
Antes de cualquier otra cosa llegamos y empezaron a despedirse.
—Un gusto conocerte —Femris me tiende la mano y se la tomo a regañadientes, aunque me aprieta un poco más fuerte de lo normal—.
No tenías por qué ser tan seco con ella — dice en voz baja y con una sonrisa en los labios para que nadie se dé cuenta—.
Te estaré vigilando… —me suelta bruscamente y se va junto con su hermana.
Idiota, ¿quién se cree para hablarme así?
Disfrutaré mucho asesinarlo cuando tenga la oportunidad.
Antes de darme cuenta, Katerina había desaparecido.
Mierda. Caminé en la dirección que habíamos recorrido aquella noche y, casi al final, la vi, pero no estaba sola.
Un cabello blanco y otro castaño estaban a cada lado.
Ruedo los ojos y me dirijo a casa. Tomo una ducha, tallando especialmente la mano que le tendí al idiota del lobo, me pongo la ropa para dormir y me acuesto.
Tengo que ser más rápido que Griffin y Jack si lo que necesito es ganarme la confianza de ella.
Y necesito ganármela rápido para no tener que fingir más ser su amigo y mezclarme con ellos.
Lo último que quiero es que los demás pueblerinos o alguno de mis compañeros me confundan y termine yo con una daga en el pecho.