Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 4
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Capítulo 4

Katerina

—Tierra llamando a Katerina—. La mano de Jack se mueve frenéticamente a centímetros de mi cara.

—¿Qué pasó?— Salgo de mi trance y mis amigos se ríen.

—Otra vez te fuiste a tu mundo—. Jack se recuesta en mis piernas.

—Lo siento.

—¿Qué pasa por tu mente guapa?— Me guiña el ojo.

—Nada.

—¿Segura?— Azure me coloca una mano en el hombro.

—Si, no se preocupen. ¿Qué estabas diciendo Jack?

Él siguió contando de su romántica cita con Griffin, pero yo solo escuchaba pedazos porque mi mente volvió a hace cinco días en la noche porque hay muchas cosas que no termino de entender.

¿Quién era el herido? ¿Por qué estaba ahí minutos después de…

eso? ¿Por qué no se dejó ayudar? ¿El mismo que asesinó a mi compañero es el que siguió a Sandra?

Muchas preguntas como estas han rondado por mi cabeza sin parar desde ese día.

—Bueno, ¿qué les parece si vamos por pay de manzana?— La voz de Mina me devuelve al presente.

—Yo apoyo totalmente esa idea—. Un Griffin ruborizado por el relato de Jack habla de inmediato.

Ante el visto bueno de la mayoría fuimos hacia la panadería más cerca y compramos, después fuimos a la plaza y nos sentamos en el piso porque todas las bancas estaban ocupadas.

Intenté concentrarme en la plática de mis amigos y mi delicioso postre, pero era un poco difícil por mis preguntas y por las constantes malas caras que recibíamos de parte de los humanos que pasaban por el límite entre nuestras zonas.

Al atardecer, algunos de mis amigos ya se habían ido y otros pocos nos quedamos para ver la despedida del sol.

—¿Creen que hoy haya otra víctima?— Nereida pregunta con un temblor en su voz.

—No lo sé—. Espero que no.

—Si no queremos ser nosotros será mejor que nos vayamos ya. El atardecer está a punto de terminar y será más fácil ser presas—. Hadrian toma la palabra poniéndose de pie.

—¿Segura que no quieres que te acompañemos?— Griffin me toma de los hombros.

—Es mucho desvío para ustedes y correrían más peligro. Voy a estar bien.

Griffin me abraza y a regañadientes se da la vuelta.

Mina se iría acompañada de Jack y Griffin porque viven cerca y yo iría por el lado contrario.

La verdad es que si me daba un poco de miedo ir sola pero no quería darles molestias a mis amigos y, aún sin saber muy bien por qué, esperaba encontrarme otra vez con el misterioso hombre de la otra noche.

No bien salí de la plaza y giré para empezar mi camino, choqué con un cuerpo —bastante fornido— que me hizo caer de sentón al piso.

—¿Estás bien?— Esa voz.

Levanté la vista casi de inmediato y parpadeé varias veces como para asegurarme que era real y no eran los dioses haciéndome una mala jugada. Una vez que comprobé la realidad de la situación pues…

—Yo…eh…mmm…— No puede ser.

Sentí mi cara arder de la vergüenza que estoy pasando y de lo ridícula que me debo de estar viendo en este momento, pero, en mi defensa, no esperaba encontrarme con él realmente.

«Vamos Kate. Respira y concéntrate. »

Cuando recuperé mi serenidad el misterioso hombre de hace cinco días estaba con la mano extendida expectante a mi siguiente movimiento. Una segunda oleada de calor me pegó en la cara y, después de respirar y ordenar todos mis pensamientos, por fin reaccioné.

—Si —tomo su mano y me levanta como si no pesara nada—. Lo siento… no te vi.

—No hay problema.

Nos quedamos unos minutos observándonos de arriba a abajo.

Él, indiferente y yo, en shock y con curiosidad.

Mi atención se fue a su cabello negro arreglado para atrás pero lleno de mechones desordenados que le daban un aire más rebelde y que, al estar a espaldas de la luna, la sombra hacía que jamás acabara, pero en realidad terminaba donde empezaba su manzana de adán, después a su piel perfectamente bronceada donde reposaban unos ojos profundos pero penetrantes color café que recorrían mi cara, una nariz perfecta y unos labios rosa claro sin expresión alguna.

Tenía la mandíbula afilada cubierta por el inicio de una barba que lo hace ver tan guapo y un cuerpo fornido —como mencioné antes— cubierto por un sayo que terminaba después de medio muslo color azul marino, unas calzas negras y, finalmente unas botas hasta la rodilla café oscuro.

El silencio que se formó se volvió intolerable —para mí al menos— así que decidí romperlo.

—¿Cómo sigues?

—Gracias.

Su expresión va de shock a indiferencia, la mía a nerviosismo; supongo que ambos estábamos esperando que el otro hablara.

—Bien—. ¿Bien? A qué está diciend… claro mi pregunta, que tonta soy.

—¿Aún duelen?

—No. Ya son más cicatriz que herida.

—Me alegra escuchar eso.

—¿Ibas a algún lado?

—A mi casa.

—¿Con tanta prisa?— ¿Este acaso no sabe lo que pasa en la noche?

—Sí… las calles son peligrosas de noche.

—¿Te aterra la oscuridad?— Sonríe burlón.

—No, pero sí lo que guarda.

—¿Y eso es…?

—¿Eres nuevo o algo?

—Llegué hace una semana—. Eso explica mucho.

—Por qué no caminamos y te pongo al corriente, ¿sí?

—Está bien.

—En este pueblo los humanos y los monstruos coexisten.

Antes vivían en paz y convivían todos con todos, pero un tiempo atrás algo pasó que hizo que los humanos odiaran a los monstruos.

A raíz de eso…— me doy vuelta y apunto al edificio apenas visible con su mirada siguiéndome—.

La Élite Light-Hell se creó para entrenar humanos y convertirlos en asesinos en la noche con un sigilo increíble —retomamos nuestros pasos—.

Esa noche que nos conocimos uno de ellos fue el que asesinó a mi compañero— suspiro—.

Desde la creación de la Élite hasta ahora los monstruos vivimos con miedo y la infinita persecución de los humanos—. Hubo un largo silencio.

—Vaya, que horrible situación.

—Si —una risilla nerviosa sale de mis labios—. Probablemente no es el lugar ideal para mudarse.

—¿Sabes que fue lo que pasó para que la rivalidad empezara?

—Nadie sabe.

—Y, sin embargo, tú estás muy al tanto de la historia del pueblo.

—He vivido toda la vida aquí, nos lo enseñan en la escuela desde chicos, y- — me callé de golpe.

—¿Y?— Piensa rápido Kate.

—Y han asesinado a mucha gente que conozco a lo largo de la vida—. No es completamente mentira.

—Lo siento.

—¿Por qué, lo has hecho tú?— Bromeo, pero creo que no le hizo gracia—. Oye es una broma.

—Claro.

—Bueno, —nos detenemos frente a la casa en ruinas— muchas gracias por acompañarme.

—No hay de que —su mirada muestra confusión e incredulidad—. Linda…casa.

—Esta no es mi casa —suelto una carcajada—. Vivo a la vuelta, pero si mi padre me ve llegar con un desconocido será un interrogatorio que no quiero tener.

—Eso explica muchas cosas.

—Buenas noches…

—Alexander, ¿y tú?

—Katerina.

—Buenas noches, Katerina.

Se da media vuelta y desaparece en la esquina.