CAPÍTULO 29 · SEMANA 18 3
El SMS entra a las ocho y catorce de la mañana de un festivo.
Nagore la llama a las nueve y dos, y por el ruido de fondo está en la calle y no en un despacho.
—¿La ha leído?
—No puedo entrar en la sede. Sigo sin certificado.
—Ya. Se la mando yo, que a mí me ha entrado por Lexnet a las ocho y once. —Un semáforo pitando—. Se la resumo en dos frases y luego se la lee entera. El comité dice que el consentimiento es facialmente válido.
—¿Qué es facialmente.
—Que han mirado si los papeles están y si tienen la forma que tienen que tener. Eso es todo lo que significa esa palabra y no significa nada más. No dicen que sea verdad. Dicen que existe y que está bien hecho.
—¿Y lo que faltaba?
—Ahí está lo bueno. —Nagore se para. El ruido de fondo cambia, como si se hubiera metido en un portal—. Sobre nuestra alegación dicen, literal, que «la ratificación específica prevista en la cláusula 6.3 consta en el expediente clínico del centro».
—Consta.
—Consta.
—¿La han visto?
—No lo dicen.
—¿La han adjuntado?
—No.
Clara se sienta en la silla de la cocina.
—O sea que hay una resolución oficial que dice que existe un papel que a mí no me han dado, que a ti tampoco te han dado, y que ellos no enseñan.
—Eso es exactamente lo que dice. —Nagore habla más despacio ahora—. Y le voy a decir una cosa, y sé que hoy no la va a poder oír bien, pero se la digo igual: esto es lo mejor que nos ha pasado en cinco semanas.
—¿Cómo va a ser lo mejor?
—Porque hasta hoy yo alegaba que un documento no estaba, y ellos podían encogerse de hombros.
Y desde esta mañana hay una resolución administrativa firmada por tres personas que afirma que sí está.
—Se le oye subir una escalera—. Sanjuán, o ese papel aparece, o alguien ha firmado que ha visto una cosa que no ha visto.
Y esas dos posibilidades son las dos buenas para nosotras.
—¿Y cuándo aparece?
—Cuando lo pida un juez. Y voy a pedirlo mañana, aunque sea sábado, para que entre el lunes a primera hora.
—El comité tenía hasta el diez.
—Sí.
—Estamos a uno.
—Sí. —Una pausa—. Nueve días antes de que se les acabara el plazo. Eso también lo he mirado y también lo voy a poner en el escrito.
Álex llega a las siete y veinte de la tarde y trae la cara con la que llegó el veintiocho de septiembre.
Se sienta en la cocina sin quitarse la chaqueta. Otra vez.
—Han dado lo de la segunda tanda.
Clara deja el trapo encima de la encimera.
—¿Y?
—Fracaso. —Lo dice sin adornarlo—. Lo han declarado hoy, esta mañana, en la sesión. Cuatro meses y no ha remontado. Hoy estaba en veintiocho de hemoglobina y once mil plaquetas y lleva tres controles sin moverse de ahí.
—¿Y eso qué significa?
—Que de ese tratamiento ya no hay más. Que lo que queda es trasplantar. —Se pasa las dos manos por la cara y las deja ahí un segundo—. Y que hay que elegir con qué.
—¿Elegir?
—Hay tres cosas. —Álex levanta la mano y va contando con los dedos, despacio, como quien lleva toda la tarde oyéndolo repetir en un pasillo—. Uno: yo. Yo estoy tipificado, estoy sano y estoy a media hora en coche. Me pueden empezar a preparar el lunes que viene y trasplantar en dos semanas.
—Vale.
—Dos: el del registro. El que le falta la pieza. Ese existe, está localizado, sigue diciendo que sí y es de fuera. Pero hay que volver a confirmarlo, hacerle las pruebas otra vez, movilizarlo y recoger, y eso son entre cuatro y seis semanas si todo va bien y no se cae por el camino.
—¿Y tres?
Álex baja la mano.
—Tres es marzo.
Clara no dice nada.
—Y hoy, en el pasillo, había dos hematólogos que no opinan lo mismo.
—Sigue él—. La que lleva a la niña desde febrero dice que hay que ir ya con el del registro.
Dice que la niña no está para esperar seis meses y que un noventa por ciento hoy vale más que un noventa y cinco en marzo.
Y el que lleva la unidad de trasplante dice que si en marzo hay un hermano compatible del todo, meterle ahora uno que no lo es es quemar una carta que no se recupera.
Que si el primero falla, el segundo es mucho peor.
—¿Y los dos tienen razón?
—Los dos son buenísimos. Eso es lo que me ha dicho la enfermera de la unidad cuando le he preguntado. Que los dos son buenísimos.
—¿Y qué dice Iris?
—Iris no ha dicho nada. —Álex mira la mesa—. Iris ha estado tres horas sentada en la sala de espera sin hablar con nadie. Le he llevado un café y se lo ha bebido y no me ha dicho ni gracias, y no por lo del escrito, que hoy ni se ha acordado. Es que no está.
—¿Y la niña?
—La niña se ha pasado la mañana enseñándole a una auxiliar unos vídeos de imanes.
Clara se levanta y abre el grifo, y lo cierra sin haber cogido nada.
—Álex.
—Dime.
—Si esperan a marzo.
—Clara.
—Si esperan a marzo, en enero alguien va a mirar el calendario.
—Nadie va a…
—En enero yo estoy de veintiocho semanas. —Se vuelve—. En febrero, de treinta y dos. Y a las treinta y cuatro un niño sale y vive, y eso lo sabe todo el mundo que estuviera hoy en ese pasillo, porque son hematólogos de un hospital y no se lo tiene que explicar nadie.
Álex no contesta enseguida.
—Por eso pusiste el tres —dice.
—Por eso puse el tres.
—Nadie lo va a pedir.
—El tres lo mandé hace once días. —Clara se apoya en la encimera—. Y no han contestado. Ni al tres, ni a los otros cinco, ni con un acuse de recibo.
Se quedan callados. En el piso de arriba alguien está viendo una película con el volumen demasiado alto y se oyen los graves a través del techo.
Álex se levanta y saca dos platos del armario. Los deja en la mesa sin poner nada dentro y se queda de pie, con las manos apoyadas en el respaldo de la silla.
—Yo mañana llamo al Verea.
—Mañana es festivo.
—Pues el lunes. —Se le quiebra un poco y lo corrige enseguida—. El lunes a primera hora y no cuelgo hasta que me digan algo.
—Vale.
—Lo digo en serio, Clara.
—Ya sé que lo dices en serio.
Y es verdad que lo sabe, y eso es lo que la deja peor de todo lo que ha pasado hoy: que no tiene ninguna duda de que Álex lo dice en serio, y ninguna de que el lunes va a subir, y ninguna de que va a bajar con la misma cara con la que ha entrado hoy por la puerta.
Por la noche, en la habitación del fondo, Clara abre el bolsillo con cremallera del bolso y saca el volante de Solans, que ya está blando por los dobleces y con el borde deshilachado.
Le da la vuelta.
1 oct — 14+0
9 oct — vista
10 nov — comité (6 sem)
25 nov — 22+0
Coge el bolígrafo de la mesilla y tacha la tercera línea con una raya limpia, de las que no borran lo de debajo.
Encima escribe: 1 nov .
Después se queda mirando la primera y la última, que ahora están mucho más cerca la una de la otra de lo que estaban hace un mes, y cuenta los días que hay entre hoy y la de abajo.
Veinticuatro.