Hasta que nazca CAPÍTULO 5 · SEMANA 13 5
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CAPÍTULO 5 · SEMANA 13 5

La primera notificación es un SMS y cabe entero en la pantalla de bloqueo.

Clara lee el mensaje cuatro veces en el aparcamiento del supermercado. Hay tres cosas que no entiende y una que sí, y la que sí es la palabra continuidad , porque la vio ayer en la pantalla de Solans y esta mañana en el papel de la clínica y las dos veces le dijeron que no significaba nada.

Marca el directo que Solans le apuntó a mano.

—Consulta de Solans, dígame.

—Soy Clara Sanjuán. He estado esta mañana. Me dijo la doctora que si pasaba algo la llamara.

—Un momento que te paso, que está aquí.

No pasan ni cinco segundos.

—Clara.

—Me ha llegado un mensaje del Ministerio.

—Ya lo he visto —dice Solans—. Ven.

—¿Ahora?

—A las dos y cuarto, cuando termine la consulta. Entras por la puerta de urgencias y llamas al telefonillo, que la principal la cierran a las dos.

A las dos y cuarto el centro de salud está vacío de otra manera.

Las luces del pasillo largo apagadas y las de las consultas encendidas.

Una limpiadora arrastra un carro y habla por el manos libres en un idioma que Clara no identifica.

La tercera silla de la izquierda, la coja, está apoyada contra la pared, como si alguien hubiera decidido por fin retirarla.

Solans tiene la bata abierta y una manzana empezada encima del cuaderno.

—Siéntate. —Gira la pantalla, cosa que no hizo ayer—. Mira esto y luego te lo explico, porque si te lo explico primero vas a pensar que me lo estoy inventando.

En la pantalla hay una ventana de fondo gris con un texto corto y un botón que no se puede pulsar. Clara lee.

Derivación no ejecutable. Expediente en verificación de consentimiento (art. 7). Continuidad provisional activa. Consulte con la unidad correspondiente.

—¿Qué es esto?

—Es lo que me sale a mí cuando entro en tu historia.

—Solans se limpia la mano en la bata—. Ayer te cursé la derivación a las doce menos veinte.

Esta mañana a las once y media me ha vuelto rechazada.

He llamado al circuito, me han pasado con una compañera que ha sido muy amable y me ha dicho exactamente lo mismo que pone ahí.

—¿Y qué es un expediente de verificación?

—Eso te lo tiene que explicar alguien que sepa, y no soy yo.

—Coge el cuaderno y lo abre por una página con una letra más pequeña que la suya, de haber escrito deprisa—.

Lo que me han dicho a mí, y lo he apuntado porque quería dártelo bien, es esto.

Que hay una controversia sobre tu consentimiento.

Que mientras un comité verifica si ese consentimiento es válido, el embarazo se mantiene.

Y que ese comité tiene un plazo de seis semanas para resolver.

—Seis semanas.

—Seis semanas.

Clara hace la cuenta antes de que Solans termine de decirlo, y la cuenta es tan sencilla que no necesita papel.

—El uno de octubre es pasado mañana.

—Sí.

—Entonces el comité resuelve cuando ya da igual lo que resuelva.

Solans no contesta enseguida. Se quita las gafas, las deja sobre el cuaderno y se aprieta el puente de la nariz con dos dedos.

—Yo eso no te lo puedo decir —contesta al fin—. Yo te puedo decir lo que veo en la pantalla. Y lo que veo en la pantalla es que la derivación no sale.

—¿Y si me llevas tú?

—No es que no quiera llevarte, Clara.

—Ya sé que no es que no quieras.

—Es que yo no ejecuto nada. Yo derivo. La intervención la hace un centro acreditado que entra en el mismo sistema, y a ellos les va a salir lo mismo que me sale a mí, y no me lo estoy imaginando, se lo he preguntado esta mañana.

—Vuelve a ponerse las gafas—. Si tú te presentas mañana en la puerta de ese centro con mi volante, ellos van a mirar la pantalla, van a ver esto y no van a poder hacer nada. Y encima habrás gastado el día.

—O sea que me lo han denegado.

—No.

—¿Cómo que no?

—Que no te lo han denegado. —Lo dice despacio, y por primera vez desde ayer parece cansada—.

Nadie ha escrito en ningún sitio que tú no puedas.

Lo que han escrito es que hay que comprobar una cosa antes.

No es lo mismo, y te lo digo porque cuando vayas a un abogado te lo va a decir él, y prefiero que lo oigas hoy y de mí.

—¿Y en qué se diferencia, en la práctica.

—En la práctica, hoy, en nada. —Coge un bolígrafo y no escribe con él—. En el papel, en todo. Porque una negativa se recurre de una manera y un «espere» se recurre de otra, y esa otra tarda.

Se quedan calladas. Fuera, la limpiadora ha llegado con el carro hasta la puerta y se ha parado a discutir con alguien por el manos libres.

—Tú, esta mañana, me has preguntado si había riesgo para mí —dice Clara.

—Sí.

—Y te he dicho que no.

—Y no lo hay. Te he mirado la tensión y la analítica de la semana pasada, que te la ha subido el Verea al sistema, y estás mejor que yo.

—Solans la mira—. Sé por dónde vas y te lo voy a cortar ahora.

Yo no voy a escribir en tu historia una cosa que no es.

Ni por ti ni por nadie. Y si la escribiera, no te serviría: lo primero que harían es mandarte a un especialista suyo, y el especialista suyo miraría lo mismo que he mirado yo.

—No te lo iba a pedir.

—Me lo ibas a pensar.

—Sí.

—Pues ya te lo has pensado. —Solans arranca una hoja del cuaderno—. Y ahora te voy a dar lo que sí te puedo dar.

Escribe un nombre, un despacho y un teléfono.

—Esta llevó lo de una paciente mía con la Consejería hace dos años, por una cosa distinta que no tiene nada que ver. Es cara, es buena y no te va a decir lo que quieras oír. Dile que vas de mi parte, aunque no sé si eso vale para algo.

Clara coge el papel.

—Una cosa más —dice Solans—. Tú a mí ayer no me contaste todo.

—No.

—No te lo estoy reprochando. Me imagino que tendrías tus motivos y son tuyos. —Cierra el cuaderno—. Pero a la abogada cuéntaselo todo. Todo. Aunque te parezca que te perjudica. Porque lo que a una le parece que la perjudica, muchas veces es lo único que le sirve.

En casa, a las cuatro y media, Clara sube al trastero.

Está en el segundo sótano y huele a cartón y a la humedad de siempre.

La bolsa del Carrefour está donde tenía que estar, encima de la caja de los adornos de Navidad, con tres cargadores, un router muerto y el portátil de 2029.

Tarda once minutos en arrancar y otros cuatro en instalar unas actualizaciones que ella cancela dos veces hasta que la máquina la deja en paz.

El certificado está. Caducó en marzo.

Clara se queda mirando la ventana del error con las manos quietas encima del teclado.

Después llama al Instituto Verea y pide una copia de su expediente completo.

La chica del mostrador, que hoy no es la de la trenza, le dice que eso se solicita por escrito y que tardan quince días hábiles.

Clara pregunta si puede pasar a recogerlo ella. Le dicen que quince días hábiles.

Cuelga. Vuelve a la pantalla del certificado caducado.

Entonces se acuerda de que ella firmó aquello en papel.

Los consentimientos de los siete ciclos se firmaron en papel, en una mesa, con un bolígrafo que en el segundo ciclo no pintaba y hubo que cambiar.

De cada uno le dieron una copia dentro de una carpeta de cartulina como la de ayer.

Y Clara guarda las cosas. Guarda tiques, guarda garantías de electrodomésticos que ya ha tirado, guarda las facturas de la obra de la cocina en una caja de zapatos con la fecha escrita en el canto.

La caja de la clínica está en el armario del pasillo, arriba, detrás de las toallas de invierno. Pone VEREA con rotulador y la letra es de Álex. La baja, la deja sobre la mesa de la cocina y la abre.

Siete carpetas. La de julio está encima.

Once páginas. Clara pasa a la última, que es donde ha aprendido que están las cosas, y encuentra un anexo de una sola página.

INSTITUTO VEREA — MEDICINA REPRODUCTIVA

ANEXO I AL CONSENTIMIENTO INFORMADO PARA TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN HUMANA ASISTIDA

Ciclo 7 · Expediente SC-4417

6. DISPONIBILIDAD DEL MATERIAL Y CONTINUIDAD DEL CICLO

6.1 La usuaria manifiesta haber sido informada del número de preembriones obtenidos, de su clasificación morfológica y de su pronóstico evolutivo estimado.

6.2 La usuaria conoce que la asignación de preembriones a cada transferencia se realiza conforme a criterios técnicos del laboratorio y puede modificarse hasta el momento mismo de la transferencia.

6.3 En caso de inviabilidad sobrevenida del preembrión inicialmente asignado, la usuaria autoriza la continuidad técnica del ciclo mediante material reproductivo crioconservado vinculado a su expediente asistencial, condicionada a la ratificación específica prevista para cada aplicación.

6.4 La presente autorización no sustituye a los consentimientos específicos exigidos para cada técnica, ni a las ratificaciones que en su caso procedan, cuyo contenido figura en los documentos correspondientes.

6.5 Los términos empleados en el presente anexo se entenderán conforme a las definiciones recogidas en el glosario del documento de condiciones generales del centro.

Firmado, en Madrid, a 28 de junio de 2032.

La usuaria: C. Sanjuán

Clara lo lee dos veces. La segunda con el dedo, línea por línea, como se leen los pliegos cuando hay que encontrar la trampa y sabes que la hay.

No aparece la palabra programa. No aparece continuidad terapéutica. No aparece receptora, ni asignación, ni menor, ni donante.

Lo lee una tercera vez y en la tercera se detiene en el 6.

3 y lo lee en voz alta, que es una cosa que hace con los pliegos difíciles porque el oído pilla lo que el ojo salta.

Material reproductivo crioconservado vinculado a su expediente asistencial.

Eso son sus embriones congelados. En julio quedaban dos, se lo dijo Vilches, uno de calidad regular y otro peor.

Que si el primero no salía adelante podían usar los otros.

Eso es lo que dice esa frase y eso es exactamente lo que ella habría querido que dijera.

Coge las otras seis carpetas. El mismo anexo está en las siete, con el mismo número de apartado y las mismas cinco cláusulas, y su firma abajo siete veces, siete versiones de su nombre hechas siempre demasiado deprisa. La del segundo ciclo tiene un borrón donde el bolígrafo no pintaba.

En el 6.5 hay una remisión a un documento de condiciones generales.

Clara vacía la caja entera sobre la mesa y separa los papeles en tres montones.

Hay presupuestos. Hay dos hojas de tarifas de 2028 y 2031.

Hay un tríptico de la clínica con una pareja de espaldas mirando un amanecer y una frase impresa en cursiva sobre el mar.

No hay ningún documento de condiciones generales.

Son las siete y diez. Clara pone el anexo encima del folio del Programa, alinea los dos por el margen izquierdo y los mete juntos en la carpeta de cartulina.

Después llama al despacho de la hoja del cuaderno.