CAPÍTULO 2 · SEMANA 13 4
El resto de la página no ocupa mucho.
No hay firma. No hay nombre de médico ni número de colegiado. Es un documento generado por un sistema, con los márgenes por defecto y el interlineado por defecto, y Clara lo reconoce porque ella también genera documentos así y sabe distinguir un papel que no ha tocado ninguna mano.
Lo que le molesta no es lo que dice, sino lo bien hecho que está. Alguien programó ese formato pensando en que iba a imprimirse muchas veces.
Sube otra vez. Deja el coche abierto.
En la sala de espera ya no está el hombre del abrigo. Queda una de las dos mujeres, con el móvil en el regazo y la pantalla apagada, en la misma postura exacta de hace diez minutos.
—Perdona. Me habéis dado esto.
La chica coge el folio. Lo mira poco tiempo. El suficiente.
—Ah. Esto no va aquí.
—¿Qué es?
—Esto lo lleva el Programa. —Lo dice igual que se dice un departamento: contabilidad, admisiones, el Programa—. Yo esto no lo puedo ni abrir, te lo digo en serio. Me sale bloqueado en la ficha.
—Pero es mío.
—Ya. —Levanta la vista y por primera vez parece incómoda, y es una incomodidad de las buenas, de las de quien no quiere quedar mal—. A ver, es que la impresora ha sacado la cola entera. No debería habértelo dado.
—Eso ya lo has dicho.
—Perdona.
—No te lo digo por eso. —Clara apoya la mano en el mostrador, la palma hacia abajo, y se oye la voz muy tranquila—. Te lo digo porque quiero saber qué es.
La chica coge el teléfono interior y marca tres números. Se pone de espaldas, cosa que no sirve de nada en un mostrador de metro veinte. Habla poco. Dice «ya, ya», dos veces. Cuelga.
—La doctora Vilches está en consulta hasta las ocho.
—Espero.
—Es que tiene la agenda llena hasta las ocho y a las ocho se va corriendo, que la he visto irse. —Escribe algo en un pósit—. Mira, llama a este número, que es el del Programa. Ahí te lo explican mejor que yo. De verdad que no sé nada, no es que no quiera.
—Te creo.
—Vale.
Le devuelve el folio con las dos manos, como si pesara.
En el coche marca. Salta un locutorio automático con cinco opciones y una música que no es música sino una secuencia de acordes diseñada para no molestar a nadie.
Si es usted profesional sanitario, pulse uno.
Si llama en relación con una gestación incorporada, pulse dos.
Clara pulsa dos y una voz le dice que su llamada es importante y que el tiempo estimado de espera es de seis minutos.
Baja la ventanilla. En el aparcamiento hace calor y quiere oír el eco de la rampa, que es un ruido de verdad, con cemento detrás.
Espera cuatro.
—Programa de Continuidad Terapéutica, buenas tardes, le atiende Sonia.
—Hola. Tengo un papel con mi nombre que dice que mi embarazo está incorporado a un programa. Quiero saber qué significa.
—Le pido el número de expediente, por favor.
—SC-4417.
Teclas. Muy pocas, en realidad. Tres o cuatro.
—Sí. Consta.
Clara mira la rampa.
—¿Consta qué.
—La gestación figura incorporada al Programa con receptora asignada. ¿Quiere que le confirme el código de asignación?
—No. El código lo tengo. —Traga—. Quiero saber desde cuándo.
—Desde la transferencia.
—¿Desde julio?
—Desde la transferencia, sí. Catorce de julio.
Hay un instante en el que Clara podría decir que es un error. La tiene montada entera, la frase, con el verbo y todo, y no la dice porque Sonia no le ha dejado ningún hueco donde meterla. Sonia no está discutiendo con ella. Sonia está leyendo.
—¿Y quién es la receptora?
—Eso no se lo puedo facilitar por teléfono.
—Es mi embarazo.
—Es que no es una cuestión de su embarazo, es una cuestión de la otra parte. Los datos de la persona receptora están protegidos. —Una pausa corta, entrenada—. Lo entiende, ¿verdad?
Clara dice que sí. Lo dice de verdad, sin ironía, y después se queda un segundo escuchándose haberlo dicho.
—Sonia.
—Dígame.
—¿Y yo cómo he entrado ahí?
—Por el consentimiento del ciclo.
—Yo no he firmado nada de ningún programa.
—El consentimiento del ciclo es el que se firma en el centro antes de cada tratamiento. —Ni una décima de duda—. Si quiere consultarlo, en el portal del paciente tiene su expediente completo. Es la primera pestaña.
—Vale. Y si yo no quiero estar ahí.
—¿Perdón?
—Que si yo no quiero estar en ese programa. Qué hago.
Sonia tarda un poco. No es una duda: es que está buscando algo en la pantalla y va a leerlo tal cual.
—Puede presentar la solicitud que corresponda a través de su unidad de continuidad o en la sede electrónica.
—¿Y eso me saca?
—Eso inicia el expediente.
—No es lo mismo.
—No, no es lo mismo. —Y ahí, por primera vez, Sonia suena a persona—. Yo le puedo decir lo que consta y lo que se puede presentar. Lo que resuelvan no lo llevo yo.
—Ya.
—¿Le doy cita con su unidad? Le puedo dar el jueves a las diez o el lunes a las doce y media.
—No, gracias.
—Como usted quiera. Queda registrada la consulta telefónica de hoy.
Eso último lo dice igual que quien dice que tenga buena tarde .
Clara cuelga. Se queda con el móvil en la mano y la pantalla apagándose sola.
Después abre el navegador y busca el portal del paciente.
La página carga bien, con el logo del Ministerio y el del Instituto, y el diseño es limpio y actual y no se parece en nada a las administraciones que ella conoce.
Hay tres botones para identificarse. Certificado digital. Cl@ve permanente. DNI electrónico.
Clara tuvo certificado. Lo instaló en 2029 para un expediente de la Comunidad y lo tiene en el portátil viejo, el que está en el altillo del trastero, dentro de una bolsa del Carrefour con los cargadores.
Prueba con Cl@ve. Le pide un código que llega por SMS al teléfono asociado. El teléfono asociado no es el suyo, porque cambió de número en 2028 y nunca lo actualizó, porque para qué.
Un aviso azul, redondeado, amable: Para actualizar sus datos de contacto, solicite cita previa en su oficina de registro.
Busca entonces el nombre del programa a secas, como buscaría cualquier cosa.
El primer resultado es la página del Ministerio.
Fondo blanco, una fotografía de una mujer de espaldas en un pasillo de hospital con la luz de una ventana, y un titular en tipografía grande: Continuidad Terapéutica.
Porque esperar también es una decisión médica.
Debajo hay cuatro bloques con iconos. Uno se llama Preguntas frecuentes y Clara lo abre.
¿Qué supone para mí que mi gestación esté incorporada?
Con carácter general, ninguna modificación en su seguimiento habitual. Su equipo médico continuará atendiéndola en las mismas condiciones. En determinados supuestos podrá asignarse una unidad de continuidad de apoyo.
Lee la respuesta dos veces buscando el verbo y el verbo no está. Se dice a sí misma que es lenguaje de ministerio, que ella redacta pliegos y sabe que el lenguaje de ministerio siempre está vacío, que eso no significa nada.
Deja el móvil boca abajo en el asiento del copiloto, encima del folio doblado.
Arranca a las siete menos veinte. En Príncipe de Vergara hay obras y el carril derecho está cortado con vallas mal ancladas, de las que se caen si las roza un espejo, y Clara se descubre pensando en el anclaje de las vallas durante cuatro semáforos seguidos porque es más fácil que pensar en lo otro. En el quinto mira el móvil.
Hay un mensaje de Álex de hace media hora.
Salgo a las 8:30. ¿Compro pan?
Escribe sí y lo borra. Escribe no hace falta y lo borra.
No contesta hasta llegar a casa.