Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 29 #2
99%

Capítulo 29 #2

—Buenos días, y gracias por acudir a esta rueda de prensa.

Soy Juan de Dios Fernández y ella es mi compañera, Ana García.

Somos los arqueólogos responsables del yacimiento de Marroquíes Bajos.

Lo primero, lamentar el derrumbe anoche del tholos que estábamos excavando —mira al concejal—no sé cómo se pudo venir abajo, pues tomamos todas las medidas de prevención posibles.

Por suerte, el desplome se produjo cuando no había nadie y no hay que lamentar víctimas.

—Pasea su mirada por toda la sala—. Pero este accidente, no impedirá que sigamos excavando para descubrir el inicio de la civilización en Jaén.

Este hallazgo, supone un modelo singular de hábitat de la prehistoria de Europa Occidental.

Hemos podido analizar de momento el descubrimiento de diez casas, pero hay muchas más en proceso de excavación.

Son estructuras de hábitat, defensivas, funerarias, de almacenaje y de otras necesidades, pero lo más destacable es el reaprovechamiento de las estructuras y remodelaciones, lo que explica la compleja estratigrafía.

Podemos confirmar la existencia de un anillo que delimita un sistema defensivo con fosos de agua excavados, aunque podría haber más anillos defensivos, dada la cantidad de restos de edificaciones que estamos descubriendo.

Todo esto hace del yacimiento de Marroquíes Bajos un enclave fundamental para el estudio de asentamientos en la zona.

Con nosotros, se encuentra Ismael González, secretario de Cultura de la Junta de Andalucía.

—Señala a un hombre de unos cuarenta y pico de años, bien trajeado y con una gran sonrisa Profident.

El interpelado se acerca a la mesa y ocupa el asiento vacío junto a nosotros, carraspea y sonríe a los representantes de los medios de comunicación.

—Buenos días. Lo primero, agradecer el gran trabajo realizado por los arqueólogos en este yacimiento, y aunque la iniciativa privada y pública ha estado financiando dicho proyecto, me complace anunciarles que la Junta de Andalucía, va a entrar como responsable subsidiaria del patrimonio cultural de Andalucía y ensalzará los trabajos de la excavación, ubicando en esta parcela, el futuro centro de interpretación de Marroquíes Bajos.

No podemos mirar al futuro si no comprendemos de dónde venimos.

—Sonríe conciliador y mira a Santos a la cara con suficiencia—.

Ahora, si me disculpan debo asistir a otro evento en Córdoba, pero los arqueólogos contestarán todas las preguntas que quieran hacer.

El secretario sale de la sala, no sin antes estrechar la mano de Santos quien, a todas luces, está cada vez de peor humor.

—Alberto Chica, de Diario Jaén. ¿A qué se ha debido el derrumbe de la estructura hallada?

—Todavía no hemos hecho un análisis del desplome, pero en cuanto tengamos claras las causas haremos un comunicado.

—Andrea Romera, de Canal Sur. ¿Pudieron sacar fotografías del interior antes del derrumbe?

—Lamentablemente, no nos dio tiempo. La apertura se produjo en la noche y dejamos el trabajo para hacerlo a primera hora de la mañana del lunes, apenas nos dio tiempo a echar un vistazo bajo las linternas.

—Arturo Fernández, del Diario Ideal. ¿Qué contenía el edificio?

—Pues era una estructura funeraria, con un enterramiento y varios pithoi acumulados a un lado. Por desgracia, no nos dio tiempo a explorar más el espacio.

—Sonia Morillo, de Onda Cero. ¿Intentarán reconstruir la tumba?

—Posiblemente, aunque he de reconocer que hay tanto trabajo que hacer, que prima más descubrir el perímetro del asentamiento y sus edificios, que reconstruir nada. —Se levanta y me coge de la mano—. Ahora, si nos disculpan, tenemos que dar por terminada esta rueda de prensa.

Entre las quejas de los periodistas, salimos por una puerta lateral. Casi llegamos al vestíbulo del hotel cuando nos alcanza uno de los armarios empotrados de Santos.

—Señores, esperen un momento al concejal, por favor. —Me coge del codo e intento soltarme.

—¿Ahora quiere hablar? —pregunta y me vuelvo furiosa hacia la masa humana.

—Sí, señorita García —dice y me mira ofuscado—, me gustaría tener unas palabras con ustedes. En privado.

—Este es un buen sitio para hablar. —Juande señala un grupo de sillones en torno a una mesita con vistas a la calle.

—Como quieran.

Me suelto con brusquedad del agarre del guardaespaldas y me pego a Juande todo lo que puedo mientras nos acercamos al grupo de sillones y nos sentamos.

—¿Cómo salieron? —Su voz es ahora brutal y furiosa.

—Por la puerta, antes de que echaran abajo el tholos . —Juande sonríe con malicia.

—Tuve a mis hombres apostados para evitar eso, precisamente. —Ahora suena muy enfadado.

—Tal vez no vigilaron tan bien como debían —apunto yo con una risita.

—Esto no quedará así —gruñe por lo bajo.

—Deberías dejarlo, Santos —Juande se acerca a él—.

La Junta se ha involucrado en el proyecto de excavación.

Además, nosotros de momento no hemos sacado a la luz lo que destruiste en tu camino corrupto hacia el proyecto urbanístico.

Y ten por seguro de que, si algo nos sucede, llegará a la policía así como a todos los medios de comunicación, un amplio archivo fotográfico del descubrimiento.

Por no hablar de nuestro testimonio ante notario, de lo que ocurrió la tarde del viernes cuando nos encerraste para dejarnos morir bajo los escombros.

—Lo observa y sonríe con malicia—. Puedes echar cuentas de las acusaciones a las que te enfrentarás —va levantando un dedo con cada palabra—: tráfico de influencias, corrupción, intento de asesinato, e incluso, destrucción del patrimonio nacional.

Estoy seguro de que podremos sacar unos cuantos cargos más en cuanto hablemos con el fiscal.

Se levanta y tira de mí para incorporarme, coge mi mano y se vuelve con chulería hacia Santos que está rojo como la grana.

—Tú decides, puedes empezar de cero y perder con elegancia o puedes actuar y acabar tus días en una celda.

Salimos cogidos de la mano y no me sorprendo cuando giramos hacia el solar del yacimiento, pero no entramos, andamos un poquito más y lo veo abrir su coche.

Subo al asiento del copiloto y al relajarme, comienzo a temblar, mi cuerpo parece no responder.

Él se da cuenta y me abraza con fuerza mientras me besa en la frente.

—Chist. Ya está, todo ha terminado —dice con dulzura y me besa en la boca—. Santos no es tonto, sabe que lo tenemos pillado.

—¿No volverá a intentar…? —Se me escapa un escalofrío.

—No. Es un hombre listo y sabe cuándo ha perdido.

Volvemos al centro en su coche, lo metemos en el parquin de su casa y andamos los pocos metros que nos separan de la mía.

Su brazo sobre mis hombros me consuela y me da fuerza.

Hago un repaso mental de lo que me ha ocurrido en las últimas semanas y apenas puedo detenerme en nada que no sea Juande.

Todo me lleva a él: la excavación, las risas, el placer.

Siento que he encontrado la otra mitad de mi alma y pienso en las palabras del papiro como un preludio de lo que ocurrirá: «Hasta que el tiempo nos alcance». Y realmente lo ha hecho.

El tiempo nos volvió a unir. Siento que solo una vida con él no es suficiente.

Al igual que los estratos me dicen la época en que se construyó un edificio, siento que los años han ido dosificando todos los hechos de mi vida hasta convertirme en lo que soy ahora.

Puedo recordar mi ambición para ser la digna sucesora del Minos; mi esfuerzo día a día para convertirme en lo que nunca fui, y eso que mi destino estaba escrito.

Mi alma paseó por los pliegues de los tiempos hasta que encontró lo que le faltaba: la otra mitad de mi yo.

Esa parte que me complementa y que me hizo recorrer las épocas sin importar cuánto debía esperar, pero que al final, como un bumerán, me encontró.

Y esto es solo un atisbo de lo que fue mi vida, de lo que será por el resto de los siglos.

Algo tan grande que no entiende de países, culturas ni tiempo.

Después de lo que he vivido, pienso en la memoria del ADN.

Seguramente, la memoria genética es la que ha hecho que los extraordinarios sucesos que han zarandeado mi vida sucedan, y doy gracias, porque ahora sé que el tiempo me encontró.