Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 27 #3
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Capítulo 27 #3

Emanu es el primero en llegar. Apenas se detiene la carreta y salta con brío al suelo, una mujer en avanzado estado de gestación sale a su encuentro y lo abraza, mientras los niños tiran de las pieles para llamar la atención.

Donde quiera que mire, veo parejas abrazarse y algunos llantos de alegría.

Una mujer delgada y de cabello oscuro mira a todos los hombres, parece buscar a alguien, pero sus ojos reflejan miedo. Se yergue en toda su estatura y con una dignidad que parece extraña en tan pequeña mujer, se acerca a Emanu. Espera hasta que la pareja rompe su abrazo.

—Karle no volverá —Emanu habla con voz de mando—. Eres libre de elegir un nuevo compañero.

—¿Qué pasó? —le tiembla la voz.

—Abusó de una mujer que no era suya, nos deshonró atacando a nuevos ciudadanos que nos acompañaban y el esposo de la mujer, le dio su merecido castigo.

—¿Qué será de mí ahora? —pregunta a la vez que llora desconsolada.

—Puedes quedarte en la casa comunitaria hasta que decidas qué hacer —Emanu habla con voz autoritaria—. Tu casa se entregará en compensación a los nuevos ciudadanos.

—¡Noooo! —grito antes de que pueda continuar—. No queremos la casa de Karle, construiremos nuestro propio hogar. —Miro a Ion que asiente.

—Sea. Entonces, os ayudaremos a levantar vuestra casa antes de que entre más el frío.

—Gracias —dice la mujer y se arrodilla a mis pies—. Gracias.

—Levanta, mujer. —La cojo de los hombros—. No hagas eso.

—Muchas gracias —repite y besa mis manos—. Mientras levantáis vuestra casa, podéis quedaros conmigo.

—Te lo agradecemos. —Acepto su ofrecimiento y le sonrío.

—Soy Nemar y mi casa es vuestra casa.

Después de las presentaciones, descargan los carros en un almacén y nos reunimos todos en torno a una gran fogata.

Las mujeres preparan un gran caldero y vierten dentro carnes y verduras junto con hierbas.

En otra fogata, se asan varias piernas de jabalí.

La reunión se hace muy amena con la música que hacen algunos hombres con unos tubos huecos.

Varias mujeres se les unen entonando con sus voces y el resto hace palmas siguiendo el rítmico sonido.

Un pellejo con licor fuerte pasa de uno a otro, cuando me lo tiende mi esposo y bebo me atraganto, pues es tan fuerte que quema la garganta.

Toso y me quejo mientras Ion me palmea la espalda entre risas.

La oscuridad discurre entre las montañas y nos arrulla en esta nueva tierra que nos acoge con espléndida generosidad. Bebemos, comemos y bailamos como si fuésemos uno más del poblado, lo que me llena de alegría, ya que si nos acogen así es imposible marcharnos más adelante.

Creo que hemos encontrado nuestro hogar.

Construimos nuestra casa en un extremo del poblado, junto a la montaña que se alza amable mientras protege nuestro hogar de las inclemencias del frío.

Todos nos ayudan, traen piedras que luego tallan para igualar los sillares lo más posible, se van turnando para colaborar sin importarles dejar sus tareas.

Gracias a esa labor titánica tenemos la casa construida en unos discos de plata, justo antes de que llegue el frío invernal.

Cosmo se queda en la casa de Nemar y creo que algo está surgiendo entre ellos, pero me callo con la esperanza de no incomodarlos y ahuyentar la intimidad que puedan iniciar.

Como nos dijo Emanu, el invierno con sus largas noches nos obliga a vivir dentro de casa, pero una jornada de cada siete nos juntamos todos para compartir comida y distracciones.

Uno de los días en que no salimos, me doy cuenta de que hay un movimiento extraño al fondo de la casa.

Al acercarme, veo que una rata se cuela por una rendija para salir, agrando la cavidad y me sorprendo al dar con una cavidad aún mayor del otro lado.

Cojo una antorcha y me cuelo por el agujero, bajo hasta encontrar una cueva enorme y las paredes de piedra me llaman a pintar.

En ese momento cierro los ojos y la visión me encoge el corazón: puedo ver a la diosa Nut de los egipcios , pintada bajo un fondo azul lapislázuli , su cuerpo está decorado con estrellas doradas flexionado hacia la tierra sosteniéndose con las manos y los pies.

Entre ellos, varios niveles de personajes pintados al estilo egipcio.

No sé lo que significa, pero debo hacer lo que mi visión me ha mostrado.

Desde entonces, mis jornadas las empleo en hacer realidad mi visión. Sé que necesitaremos esta cueva; no sé cuándo ni porqué, pero será importante en nuestras vidas, y si la diosa me ha concedido la visión, no debo ignorarla.

Además de pintar techo y paredes, con el tiempo consigo papiro para crear nuestro propio libro de los muertos.

No sé si resultará eficaz con los seguidores de la diosa, pero necesito darnos esta oportunidad, porque cada día que paso junto a Ion me parece poco.

Por eso preparo el hechizo tal y como me enseñó Ani en Egipto.

Solo espero que nuestras almas se queden hasta que el tiempo nos alcance y volvamos a vivir, porque solo una vida no es suficiente para amar.