Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 27
91%

Capítulo 27

Resistencia

L a ruta es cada vez más dura, el frío se mete entre las pieles y me hace castañetear los dientes.

Ion me da su capa, pero la rechazo, él la necesita más que yo.

Cosmo sustituye a Ion en la carreta y solo lo veo de vez en cuando, avanzando entre el resto de las carretas y volviendo a la nuestra.

Paramos como siempre, cuando el disco solar está bien alto en el cielo.

Bajo de la carreta, Ion ha preparado una pequeña fogata para que me siente junto al fuego.

Le sonrío y se lo agradezco con un beso en los labios.

Al principio corto, pero él se demora en mi boca y la saborea como solo un amante sabe hacerlo.

Atrapa mi labio inferior y luego lo chupa para después hacer lo mismo con el labio superior, se da cuenta de que no hay ninguna queja por mi parte y su lengua entra en mi boca.

Comienza un baile sensual que me calienta desde dentro.

Nos apartamos jadeando y con la respiración alterada, mi corazón late tan fuerte que parece que se me va a salir del pecho. Ion se aparta a desgana, pero me da un último beso.

—Siéntate junto al fuego mientras te traigo algo de comer. —Vuelve a besarme antes de salir en busca de la comida.

Miro a los hombres alimentar a las mulas, Cosmo se ocupa de la nuestra.

Suspiro, doy una vuelta con la mirada al campamento y veo venir a Ion con un puchero en la mano, lo deja sobre las piedras del fuego y le echa el agua.

Me da unas zanahorias que troceo, luego saca un poco de carne de una piel y lo echamos todo al puchero.

—Hoy hace mucho frío, es mejor que calentemos el estómago, aunque tengamos que parar más tiempo. —Me da un beso en la frente y vuelve junto a Cosmo para ayudarlo.

Me ocupo del puchero, y se me despierta el apetito cuando el rico olor sale del recipiente para envolver el campamento.

Parece que no soy la única atraída por el rico olor, porque empiezan a llegar los hombres y a sentarse alrededor de la pequeña fogata.

Cuando llega Ion, apenas tiene sitio para sentarse.

Me sonríe con picardía, me levanta y se sienta en la piedra donde estoy para después sentarme sobre sus piernas.

El resto de los hombres se carcajean de la ocurrencia y entre risas y comentarios, algo subidos de tono, comemos la rica sopa acompañada de pan duro.

Al terminar, recogemos en equipo; todos colaboran para desmantelar el campamento improvisado en tiempo récord y volver al camino.

Esa noche paramos más tarde de lo normal, el cielo casi está oscurecido del todo, aun así, con eficiencia todos colaboramos para manear las mulas, alimentarlas y preparar un buen puchero caliente para cenar.

Ion ha preparado unos sacos junto al fuego para que durmamos, pero antes me acompaña al bosque para aliviarme.

—¿Todo bien, Eirene? —Me abraza y me da un beso en la frente.

—Sí. —Lo miro incómoda—. Tengo mi sangre de mujer.

—¡Ah! —Me mira muy serio—. ¿Te molesta?

—No, qué va —lo miro con timidez―, es solo que mi vientre no se llena con tu semilla —termino en voz baja.

—Cariño, llevamos mucho tiempo sin estar juntos, recuerda que en el barco eras mi hermano pequeño —se carcajea—, y ahora solo hemos tenido unos días para encontrarnos antes de… —calla de repente.

—Tienes razón. —Agacho la cabeza—. Si no me hubiese venido la sangre de mujer no sé si podría querer a la criatura.

—No digas tonterías, claro que la querrías. —Me besa en la frente.

—No lo creo. ¿Y si hubiera sido de Karle?

—No podría ser suyo, lo paré antes de que se vaciara en ti —lo dice muy serio.

—En todo caso, es mejor así. —Se me escapa un suspiro.

—Princesa, cuando tengamos un hijo será bienvenido, cualesquiera que sean sus circunstancias de nacimiento. —Me mira muy serio, pero deja ver una mueca risueña—. Siempre querré un hijo tuyo.

—Eres demasiado bueno. —Lo beso en la barbilla—. Si te soy sincera, tengo miedo a despertar y que seas un sueño.

—Pues no temas nada —me besa en la frente—, soy muy real.

Me coge la mano y me la lleva a su entrepierna.

En cuanto toco su erección, me río a carcajadas, pero no suelto la protuberancia que levanta la piel de su faldellín, al menos no lo hago hasta que llegamos donde la luz del fuego ilumina el campamento en silencio.

Cosmo está tumbado junto a nuestras pieles, pero en cuanto llegamos se aparta un poco y nos da espacio, el resto se han distribuido alrededor del fuego, salvo Emanu, que de pie recorre con pasos silenciosos el perímetro exterior.

Nos hace una inclinación con la cabeza y continúa con su lento pasear.

Nos tumbamos y me quedo dormida casi de inmediato, la mano de Ion acaricia mi rostro mientras me da suaves besos en la frente.

Despierto con una sensación de vacío, la oscuridad envuelve el campamento, solo rota por el leve crepitar del fuego.

Me incorporo con miedo cuando veo una gran sombra inclinarse sobre las danzantes llamas y se me escapa una exclamación.

Entonces lo veo, Ion está alimentando el fuego y al escucharme se vuelve hacia mí.

—¿Qué ocurre?

—Nada, solo me sorprendí al verte en las sombras.

—He añadido más leña para que el frío no te alcance. —Me besa en la frente.

—Mejor te acuestas a mi lado. —Le doy un pequeño beso en los labios.

—Lo siento, princesa, acabo de relevar a Emanu en la guardia. —Su mano acaricia mi rostro con suavidad—. Vuelve a dormir, yo velaré tus sueños.

Me empuja con suavidad a nuestro lecho improvisado y me cubre bien con las capas y pieles, luego lo veo caminar despacio por el perímetro del campamento, mientras el suave crepitar del fuego me relaja y vuelvo a dormirme.

Apenas despunta luz sobre las montañas, cuando me despierta el ruido de los hombres al recoger el campamento.

Me estiro con pereza y me levanto con agilidad para recoger nuestras cosas.

Las agrupo a un lado y espero a que me ayuden Ion y Cosmo para subirlas a la carreta.

Miro alrededor, buscándolos y al darme cuenta de que estoy sola con los hombres de la caravana, un sudor frío recorre mi espalda.

Me acurruco junto a nuestras cosas y le pido a la diosa que vuelvan pronto.

Cierro los ojos en un intento de hacerme invisible y cuando una mano se posa en mi hombro se me escapa un grito.

—Chist, soy yo. —Ion me abraza con fuerza.

—Lo siento, me asusté al verme sola con ellos. —Lo abrazo por la cintura con fuerza.

—No pasa nada, Cosmo siempre te ha estado vigilando —dice y sus palabras me tranquilizan—. No te volveremos a perder de vista.

—Lo siento, soy una carga. —Se me escapa un sollozo.

—No digas eso ni en broma —contesta enfadado y me coge de la barbilla—. Eres muy valiosa para nosotros. —Me tranquiliza con otro de sus besos.

—¿Dónde fuiste?

—Anoche puse unas trampas y las fui a revisar —me enseña varios conejos—, así esta noche no tendré que ir a cazar y cenaremos antes.

—Bien pensado —digo contenta y me aprieto a su cuerpo en busca de calor.

—¿Tienes frío?

—Un poco. —Asiento también con la cabeza.

—Espera. —Se acerca a Emanu y tras hablar un rato con él, vuelve con una piel—. Toma, échatela por los hombros.

—Gracias. —Hago lo que me dice con entusiasmo y vuelvo a la carreta con uno de los paquetes en los brazos.

—Dame eso. —Cosmo me quita el paquete de pieles de las manos y lo sube a la carreta junto con el resto de las cosas—. Sube al pescante.

Veo que el resto de la caravana ya está poniéndose en marcha, así que me siento sobre la carreta y me cubro bien con la piel. Cosmo azuza a la mula y seguimos el camino. Junto a nosotros, a paso rápido va Ion. Lo miro y le sonrío con picardía mientras me echo hacia atrás en el respaldo.

—Dice Emanu que mañana llegaremos a su poblado —me informa sonriente—. Nos ofrece quedarnos y ocupar la casa del des… ¿Qué opinas?

—Parece buena gente. Si no fuera por él… Podemos quedarnos un tiempo y decidir más adelante.

—Es lo que Cosmo y yo hemos hablado, y si tú piensas igual —se encoge de hombros—, se lo diré a Emanu. —Me lanza un beso y corre junto a las carretas hasta alcanzar la del líder.

—Todos están avergonzados por lo que hizo su compañero. —Cosmo me mira interrogante—. ¿Tú podrás perdonarles el despiste?

—Ya lo he hecho —contesto dejando escapar un suspiro—. Pero no puedo evitar asustarme cuando no estáis a mi lado.

—No te preocupes, princesa, solo necesitas tiempo para recuperar tu confianza —asegura y me aprieta la mano—. Mientras tanto, no te perderemos de vista.

El resto del camino lo hacemos como los días anteriores.

Al salir el disco solar desaparece el frío matutino, por lo que me quito la piel y cuando está en lo más alto del cielo, nos detenemos para comer algo rápido, compartimos un poco de fruta y reanudamos la marcha tan pronto acabamos nuestras raciones.

El disco solar se vuelve rojo sobre nuestras cabezas cuando paramos de nuevo, esta vez levantamos el campamento y ponemos el puchero con verduras y la carne de los conejos que atrapó Ion, quien aprovecha para hacer igual. Coloca trampas en el terreno, pero esta vez vuelve mucho más rápido.

Emanu se nos acerca y tras saludar con respeto, nos dice que mañana a la hora de comer estaremos en su poblado.

Nos señala las montañas en el horizonte y nos dice que se encuentra a los pies de sus laderas.

Siento alegría y aprensión al mismo tiempo, pues no conocemos a los habitantes del lugar, y tras mi encuentro con Karle, desconfío de todos los hombres.

¿Y si los que quedan allí son igual que él? O tal vez no nos quieran cuando sepan que Ion acabó con la vida de uno de los suyos.