Capítulo 26 #4
—No, fue un antepasado del cual llevo su nombre con orgullo.
—Pensé que la historia trataba de ti.
—No, esta es la historia de mis antepasados. La contamos y pasamos a nuestros descendientes para que no se olviden. —Me mira sonriente—. Ya ves, nosotros también fuimos viajeros en una tierra extraña.
—Gracias por compartirla.
—Espero que nos mires con otros ojos cuando compruebes que no todos somos como Karle. —Inclina la cabeza y se despide.
Cosmo se cruza de brazos mientras Emanu niega con la cabeza.
Con paso lento se vuelve a su carreta y vuelve a su trabajo.
Nosotros nos miramos, el dolor y la sensación de vulnerabilidad todavía me atenazan con crueldad, pero intento meterlos muy dentro de mí.
Olvidar no es una opción. Lo sucedido siempre estará ahí, pero no le dejaré tomar el control de mi vida.
Mientras terminamos de acomodar sacos en la tierra alrededor del fuego, los pasos que se acercan al campamento hacen que se levanten todos en tensión, hasta que la cara de Ion les sonríe desde la oscuridad iluminada por las luces del fuego.
—¡Mirad lo que he cazado! —Nos muestra un pequeño jabalí y se le escapa una carcajada—. No podemos echarlo entero, así que lo trocearemos y guardaremos la carne para mañana.
Dos de los campesinos se afanan en trocear uno de los cuartos traseros y otros dos, despiezan el animal para envolverlo con pieles, luego lo atan y lo cuelgan de una rama lejos del campamento, por si acaso aparecen lobos u otras fieras.
El guiso empieza a burbujear y el aroma atrae a todos los hombres al círculo de fuego; uno de ellos prueba el contenido y sonríe.
—Ya podemos comer. —Se carcajea y mete la cuchara en el puchero. Cuando la prueba se le escapa un gemido porque está hirviendo, pero sonríe ante el sabor—. Quema, pero está riquísimo.
—Es una suerte tenerte con nosotros, Ion. —Emanu vuelve a meter su cuchara—. Es el mejor viaje que he hecho nunca, por lo menos en cuanto a comida. —Se carcajea y prueba otra cucharada.
—Es cierto, eres el mejor cazador que hemos tenido, has sido una gran incorporación a nuestra caravana —dice otro de los campesinos.
—Me alegro de ser de ayuda —me mira sonriente—, solo espero ser útil para que mi mujer, mi amigo y yo podamos vivir en vuestro poblado.
—De momento tienes la cabaña de Karle, y te ayudaremos a ponerla en condiciones para el invierno.
—Gracias, os lo agradezco de veras. —Ion no me quita la vista de encima.
—Hemos salido ganando —dice otro de los campesinos—. Con Karle siempre había problemas y apenas hacía nada por la comunidad.
Comemos en una animada charla, ya no son incómodos silencios, se ha instaurado una especie de camaradería.
Sus carcajadas me hacen sonreír, y aunque no me entero de todo lo que dicen, la mayoría son bromas que se gastan entre ellos.
Se me abre la boca de sueño y eso que he pasado casi todo el día sobre los sacos durmiendo.
Estiro los brazos y me levanto, toco el hombro de Ion y le susurro al oído.
—Necesito aliviarme, ¿me acompañas?
—Por supuesto. —Mira a los hombres—. Si me disculpáis, nos iremos a dormir.
Salimos del campo de visión de los hombres y nos internamos en el bosque, yo le señalo unos arbustos y él asiente con la cabeza. Me escondo tras las frondosas ramas y en cuanto termino corro hacia Ion, le cojo del codo y me abrazo a él.
—¿Todo bien, princesa? —Me coge por el hombro y me acerca a su torso.
—Sí. —Le sonrío—. Solo necesito tu calor.
—¡Ya! —Chasquea la lengua y se queja—. Solo quieres mi calor.
—¡Ion! —le regaño—. No sé si estoy preparada para…
—Chist, solo estoy bromeando. —Me besa en la frente—. Esta noche tendremos que compartir mucho calor, porque hace un frío que se me van a congelar las pelotas.
—¡Ion! —Le doy un golpe juguetón—. Eres incorregible.
—Pero ¿te dan ganas de compartir el calor? —Levanta varias veces las cejas de forma cómica.
—Claro que sí, guapo —digo riendo y me aparto de él echando a correr hacia el campamento.
Entramos riendo y nos dirigimos a la zona donde hemos puesto nuestras pieles para dormir, me acuesto lo más cerca posible del fuego, han puesto más troncos y la lumbre calienta bastante.
Aun así, Ion se acuesta detrás de mí, me abraza y nos cubre con las capas.
Veo varios bultos arrebujados entre capas de piel y en formación circular al fuego.
Me quedo mirando las llamas danzarinas y recuerdo lo ocurrido.
Se me escapa un escalofrío, pero me recompongo con rapidez, entonces pienso en lo que me dijo e hizo Ion.
Tiene razón, nada podría haber hecho para librarme del agarre de Karle.
No tengo fuerza, si me hubiese dado espacio tal vez podría haber escapado, pero en la lucha cuerpo a cuerpo no tengo posibilidades y no me gusta. Eso tiene que cambiar.
Me quedo dormida con esa idea en la cabeza.
Por la mañana, como siempre, salimos antes de que el disco solar corone el cielo, recogemos con eficiencia y después de recuperar las piezas de carne de jabalí, emprendemos el camino.