Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 26 #3
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Capítulo 26 #3

—Blanca me preguntó por qué gruñes por las noches con su mamá —contestó descarada.

Él se tapó la cara con las manos y negó con la cabeza, nunca pensó que sus hijos los escucharan mientras se amaban. Se sintió enrojecer como un muchacho y miró con seriedad a su hermana.

—¿Qué le dijiste? —gruñó con más fuerza de la que quería.

—La verdad. —Le guiñó un ojo—. Que estabais haciendo más niños para llenar el poblado. —La niña se carcajeó y salió corriendo mientras él la perseguía.

Le dio alcance cuando casi salta el cercado de los animales, ella reía a carcajadas hasta que él la puso en sus rodillas y le dio una palmada en el trasero, la niña se quejó y protestó hasta que la dejó en el suelo.

—No deberías decirle eso a mis niños —la señaló con un dedo—. Si te preguntan, me los mandas a mí y ya está. ¿Entendido?

—¿Por qué? Todo el mundo sabe lo que hacéis, no es un gran secreto.

—Por la Madre. Niña, no me avergüences más. —Negó con la cabeza.

—No es ninguna vergüenza que todavía puedas hacer gritar a tu mujer. —Se encogió de hombros.

—Serás… —Esta vez la niña saltó con agilidad el cercado y corrió hasta perderse en el bosque—. ¡Ya te pillaré!

—¿A quién le gritas? —Ilena lo abrazó por detrás y se le olvidó todo.

Se dio la vuelta y la abrazó pegándola a su cuerpo hasta sentir sus senos rozarse con su pecho, de inmediato su cuerpo respondió a su cercanía. Bajó la cabeza hasta dejar sus bocas casi juntas.

—Al parecer, todo el poblado te escucha gritar de placer —la besó—, y mi hermana les ha explicado a nuestros hijos que estamos haciendo más niños para llenar el poblado.

—¡Por la Madre! —Lo miró a los ojos sonrojada—. Tendrás que contenerte si queremos parar estos comentarios.

—Ni hablar, en todo caso tendré que taparte la boca.

Atrapó sus labios y se regodeó en su dulzura, mientras gemía y se deleitaba una vez más con su sabor, su lengua la invadió y la sintió temblar entre sus brazos. La soltó con pesar y apoyó su frente en la de ella mientras soltaba un suspiro.

—Será mejor que me ocupe de guardar los animales para la noche. —Volvió a suspirar—. De lo contrario, te haré gritar en medio de la aldea.

—¿Eso significa que ya no volverás a hacerme gritar? —Ilena se contoneó entre sus brazos haciéndolo gemir.

—Esta noche discutiremos ese punto —ronroneó en su cuello mientras se lo chupaba.

—Acostaré a los niños temprano —le susurró ella con voz ronca.

—No me recuerdes a los niños —gimió él mientras apoyaba la frente en su cabeza.

—Es difícil que olvides su presencia —dijo riendo y se apartó de él unos pasos—. Después de todo, no hay forma de olvidar cinco criaturas.

—Mujer, no me distraigas más. —Le sonrió y volvió sus pasos hacia la empalizada para comprobar que todos los animales estaban de regreso.

—¡No te retrases que tenemos que hablar! —Ilena volvió a su cabaña mientras él la miraba embelesado con el suave ondular de sus caderas.

Cuando entró en su cabaña se encontró a los seis niños comiendo alrededor del fuego, saludó sonriente a todos hasta detenerse en su hermana, la señaló con el dedo y negó con la cabeza mientras ella se reía a carcajadas. Ensombreció su mirada y se llevó las manos a la cabeza.

—Papi, la tía Sonja quiere que durmamos bajo las estrellas —dijo la más pequeña de sus hijos.

—Cuando la tía Sonja provea este fuego, podrá decir dónde dormimos. —Le lanzó una mirada de advertencia a su hermana.

—Hermano, no te enfades, solo lo hago para daros más… intimidad —terminó diciendo en voz baja.

—¡Serás descarada! —La miró muy serio, pero vio de reojo que sus hijos los observaban embelesados—. Vamos a comer, si queréis que os cuente una historia antes de dormir.

Cuando por fin acostaron a todos los niños, Emanu se abrazó a Ilena y la llevó hasta sus pieles, aspiró el aroma de su pelo y la acercó a su cuerpo, tanto que la dejó notar su excitación.

—Emanu —susurró ella mientras se arrebujaba en sus brazos.

—Dime. —Se concentró en chupar su oreja.

—Vamos a tener otro hijo.

—¡Por la Madre! Mujer, ¡vamos a necesitar otra cabaña más grande! —La besó extasiado mientras le agradecía el milagro de una vida nueva en la familia.

Emanu miró el poblado y pensó todo lo que tuvieron que pasar hasta llegar a este magnífico lugar. No se arrepentía de nada, aquí encontró el espacio donde fundar su familia, donde sus inventos no le apartaban del resto de pobladores. Un lugar para mirar el futuro.

Satisfecho, miró las diferentes cabañas organizadas en círculos.

El espacio habitado estaba organizado en una serie de anillos concéntricos, delimitados por un sistema defensivo de fosos de agua excavados en la base de la montaña, con sección en U , flanqueados en su lado interior con empalizadas de madera y muros de adobe y piedra.

El sistema de fosos permitía recoger el agua procedente de los manantiales del cerro que se alzaba tras ellos, facilitando así su distribución hacia las zonas de huerta que quedaban entre los respectivos fosos».

Caravana, 1220 a.C.

Las sombras de la noche bailan ante la hoguera. Emanu nos saluda con la cabeza y se pone en pie. Después de escuchar cómo se fundó el poblado, me siento más segura. Tengo muchas preguntas, no sé si se molestará por mi curiosidad, pero decidida, comienzo a hablar.

—¿Tú fundaste la aldea? —Lo miro sonriendo.