Capítulo 20 #2
Me levanto y corro hacia la orilla del río.
Al entrar, el agua helada me hace exclamar, pero es mayor mi necesidad de lavarme que el frío que sufro.
Froto mi piel con hierbas de la orilla, cuando las manos de Ion me atraen hacia su cuerpo y aprovecha para besar mi nuca, siento en mi trasero su erección de nuevo y me rio nerviosa.
Su boca deja miles de besos en mis hombros y brazos, me da la vuelta y se cierne sobre un pecho, chupa y lame provocando oleadas de intenso placer en mi vientre.
Me quejo cuando lo deja, pero es solo para darle el mismo tratamiento al otro.
Me sube para que me agarre a sus caderas con mis piernas y comienza un baile largamente esperado.
Sus labios me besan y desatan la locura de la pasión mientras chupan y mordisquean mi boca, primero el labio superior y luego el inferior.
Mientras escuchamos el agua chapotear a nuestro alrededor, nuestra respiración agitada nos lleva a ese mundo de placer que solo él sabe darme, que solo yo sé ofrecerle.
Estalla en mi interior y me provoca estremecimientos mientras desaparece todo a mi alrededor.
Pone su frente sobre la mía y abre los ojos para lanzarme esa sonrisa ladeada de perdonavidas.
Me da un beso en la punta de la nariz y me deja en el agua.
Siento que me falta algo cuando sale de mí y casi protesto, pero me contengo a tiempo.
—Princesa, esto no ha hecho más que empezar —dice con voz ronca y me da un pequeño beso—, pero es mejor tomarlo con calma o nos quedaremos sin cenar. —Me da un azote en el culo y se zambulle en las aguas oscuras.
—Tendré que hacerte caso si quiero comer. —Le saco la lengua y continúo con mis abluciones.
Al salir, nos secamos un poco antes de vestirnos, pero cuando voy a ponerme el taparrabos él me lo quita y me hace un gesto negativo con la cabeza.
—Ahora eres una mujer y como tal debes ir —dice mientras señala la prenda—. Esto está de más.
—¿Y tú por qué lo llevas?
—Porque tengo que proteger mi miembro —aclara solemne y yo me rio a carcajadas.
—Y yo el mío. —Intento coger la tela, pero la aparta de mí.
Me coge de la cintura y me da la vuelta en sus brazos, el aire que sale de su boca, provoca escalofríos en mi nuca y se me pone todo el vello de punta.
—Así tendré acceso directo —me informa y me da un beso en la nuca antes de apartarse de mí, sonriente.
Lo sigo corriendo y lo alcanzo justo cuando entra a la luz de la hoguera del campamento.
Todos nos miran con caras sonrientes, sabedores de lo que hemos estado haciendo y sin poder remediarlo, me pongo colorada.
Cosmo nos tiende unas cucharas de madera y nos indica el puchero para que comamos.
Yo meto la cuchara y me llevo un trozo de carne a la boca, el sabor estalla en mi interior, y vuelvo a coger otra cucharada.
Ion me imita, y entre todos damos buena cuenta del guiso.
Tendemos alrededor de la gran fogata nuestras capas para acostarnos. Ion se coloca detrás de mí, me abraza y nos cubre con la otra capa. Me quedo dormida de inmediato.
Escucho ruidos alrededor y me noto sola en nuestra cama improvisada, me incorporo y a pesar de que todavía es de noche, veo a los hombres recogiendo los restos del campamento.
Ion y Cosmo los ayudan, me levanto y me estiro con pereza, sacudo las capas y me pongo la mía, llevo la de Ion en el brazo y me acerco a él para dársela.
—¿Has dormido bien? —pregunta y me da un beso en los labios, demasiado corto para mi gusto.
—¡Ajá! Me he despertado porque tú no estabas.
Ajusto la capa con la cuerda y me doy la vuelta para recorrer el campamento y ver si se han dejado algo por hacer, pero ya tienen preparadas las carretas, los animales rebuznan y escarban el suelo hasta que el primero de la caravana, da la orden de partir.
La marcha, aunque lenta no cesa. Nosotros caminamos detrás de las carretas, aunque de vez en cuando me invitan a sentarme en una, solo acepto cuando estoy muy cansada y porque Ion me anima a ello.
Paramos con el disco solar muy alto en el cielo, para dar de beber a los animales y comer nosotros.
Uno de los campesinos saca un trozo de pan y queso y lo reparte entre todos.
Me tienden un odre de vino, pero lo rechazo, en cambio cojo el pellejo de agua que lleva Cosmo a su espalda y bebo con avidez.
El trayecto lo pasamos caminando rápido y solo paramos otra vez, cuando el disco solar ya apenas calienta. Hacen lo mismo, nos pasan pan y queso, además de vino. Yo no tomo y vuelvo a coger el agua de Cosmo.
Nos detenemos a pasar la noche a un lado del camino, cada uno de los hombres tiene claras cuáles son sus tareas, y como a mí no me piden nada, me dedico a pasear por el campamento.
El caldero con agua y verduras vuelve a estar sobre el fuego a la espera de lo que traiga Ion de su incursión de caza.
Esta vez vuelve con un ave y dos conejos.
Nos afanamos en limpiar la carne de piel y plumas y uno de los carreteros la trocea y la echa al caldero.
Mientras se hace el puchero los hombres se sientan en torno a la fogata y charlan entre risas y bromas, yo apenas me entero de lo que dicen, su idioma todavía me resulta extraño y me confundo de palabras, por ello apenas hablo, solo escucho e intento aprender.
Ion por el contrario se entiende muy bien con ellos, tal vez porque mientras estuvimos en Malaka, no tuvo más remedio que hablar con todos los comerciantes y viajeros para buscarnos transporte.
Cosmo se une a las bromas con sus palabras a medias, pero parece que no les importa, le entienden igualmente. Ion me pasa el brazo por los hombros y me acurruco en sus brazos, me relajo tanto que me quedo dormida.
Al abrir los ojos lo primero que veo es a Ion sonriente sobre mí, aunque lo que realmente me importa es el aroma que sale del puchero y que me hace salivar.
Reparten cucharas para todos y comemos con ansias, Ion me deja coger dos veces antes de meter su cuchara.
Eso no escapa a la atención del resto que sonríen socarrones y le gastan bromas que yo no entiendo.
Nos tumbamos sobre mi capa como la noche anterior y me quedo dormida de inmediato entre los brazos de Ion.
Tengo un sueño erótico que me hace gemir, pero no sale ningún sonido de mi boca, pues la mano de Ion me la tapa mientras su cuerpo se acopla al mío con movimientos suaves y pausados.
Su otra mano acaricia mis pechos, mientras su ritmo bombea en mi interior y despierta sensaciones tan placenteras, que apenas puedo contenerme.
Su mano baja hasta mi sexo y estalla el placer con miles de luces de colores más luminosas que un amanecer, no puedo emitir ningún sonido pues su mano no abandona mi boca.
Él, continúa con su suavidad. Lo noto agrandarse en mi interior y temblores placenteros me recorren sin parar, su rigidez en mi espalda y su simiente derramada en mi interior, me anuncian que su propio placer ha estallado.
Me acurruco entre sus brazos y vuelvo a dormirme, esta vez con una gran sonrisa en la cara.
Despierto otra vez sola y con el ruido del campamento a mi alrededor.
Me incorporo con rapidez y recojo nuestras cosas, me acerco a Ion para darle su capa y me da los buenos días con un beso más largo de lo normal.
Sé que está recordando lo ocurrido anoche, por lo que le sonrío y acepto todo lo que me quiera dar, no le voy a hacer ascos a nada.
El trayecto transcurre como el anterior, andamos a marcha rápida y de vez en cuando me suben en alguna carreta, hasta que el disco solar está bien alto y paramos para dejar descansar a los animales.
Les damos agua y aprovechamos para comer; esta vez sacan fruta de una carreta.
Ion coge dos manzanas y me ofrece una, mientras muerde la otra.
Al terminar, iniciamos la marcha de nuevo.
La monotonía del camino hace que me fije en el paisaje.
Suaves montañas nos rodean, pero mientras avanzamos veo que la suavidad de sus cumbres se vuelve más abrupta, y en sus picos comienzo a ver un manto blanco cubriéndolas.
Algunas veces los árboles no me dejan ver el paisaje, pero en cuanto salimos de su espesura, la cadena montañosa nos acompaña y guía.
Esta tierra tan diferente y fría nos ha acogido y admiro la belleza que nos acompaña durante el camino.