Capítulo 20
Ruta marina
S ubimos al barco y después de hablar con el capitán, Cosmo se convierte en otro tripulante más del navío camino a Sidón.
Zarpamos cuando el disco solar empieza a ocultarse en el horizonte, a mí me ponen a trabajar en las jarcias de la botavara, mientras Ion y Cosmo se hacen cargo de los remos.
Cruzamos el mar Egeo hasta Asia y desde allí bordeamos la costa en dirección a Chipre para llegar a Sidón, donde desembarcamos y buscamos otra nave que nos aleje de la zona.
Es una ciudad con mucho tráfico marítimo, con espectáculos y una vida social bastante agradable, pues reciben a los extranjeros con alegría.
Su amabilidad y espontaneidad nos hace sentir bien, y aunque nos gustaría quedarnos aquí, es peligroso, sobre todo porque es una ciudad comercial y sería fácil que nos reconocieran.
Nos enteramos de que están organizando un espectáculo con toros.
Cosmo y yo queremos pedir trabajo en la compañía que ofrece el espectáculo, sabemos cómo trabajar con estos animales y necesitamos unirnos a alguna caravana hacia el interior, para alejarnos del núcleo comercial.
Aunque Ion pone reparos a que nos incluyamos en el espectáculo, ponemos en marcha nuestro plan.
Necesitamos ganarnos la vida mientras partimos de la ciudad en busca de un futuro.
Buscamos al grupo taurino y hablamos con el jefe del espectáculo, lo cual no es fácil, puesto que, además de la barrera del idioma, tenemos que lidiar con un bruto bastante perturbado que solo quiere beneficios y no cree que podamos saltar el toro.
Después de mucho insistir, conseguimos que nos haga una prueba para que vea nuestro espectáculo.
Cosmo me pide que hagamos primero saltos sencillos, él será quien me recoja en el suelo y dejará para sí mismo, algunos de los saltos más complicados.
Ion quiere participar, pero nos negamos, él nunca ha hecho el salto, y aunque no pongo en duda su agilidad y valentía, tendrá que entrenar mucho si quiere participar, por lo que lo convertimos en nuestro enlace; él se encargará de gestionar nuestros honorarios.
Estamos fuera del cercado donde un toro negro enorme, pasea con orgullo por todo el perímetro.
Cosmo y yo nos miramos, pues el animal es muy grande, nos untamos las manos con tierra y entramos al cercado.
Él se ha quedado con el taparrabos, pero yo no me atrevo a dejar ver aún que soy una mujer, por eso engancho una tela al taparrabos por detrás y la paso sobre un hombro, para atarla después en la parte delantera del mismo.
Aunque mis pechos son pequeños, en los últimos meses han crecido bastante, por lo que además, los llevo vendados para que no se noten bajo la tela.
El primer salto es sencillo. Me coloco en la parte delantera del toro mientras Cosmo se dirige a la trasera, el animal me ve y empieza a escarbar en la arena.
Yo empiezo mi carrera, y al llegar frente al toro y antes de que me embista, lo agarro por la cornamenta.
Él levanta la cabeza y con su impulso me ayudo para crear un arco con mi cuerpo, dejo que mis pies se posen en el lomo y me reboto con un salto, acabando con una voltereta en el suelo.
Cosmo me coge del brazo, y tira de mí para alejarme del cuadrúpedo enfurecido, me hace una señal y asiento; le toca hacer su salto.
Yo me aparto hacia la parte trasera mientras veo al entrenador correr hacia la cabeza, se coge de los cuernos y con un gran impulso y la ayuda de enviste del toro, da una voltereta en el aire, apoya los pies en el lomo y sale haciendo una finta lateral para caer sobre los pies.
Luego lo cojo de la mano y tiro de él hacia el lateral para saltar la valla, mientras vemos al toro corcovear y bramar con enfado, entretanto nosotros nos reímos.
—Eso ha estado fantástico, pero juro que se me ha parado el corazón cuando te he visto coger los cuernos de semejante animal —dice Ion y me aprieta contra su pecho para besar mi frente.
—¡Extraordinario! ¡Fantástico! —El dueño del espectáculo viene hacia nosotros bamboleando su oronda figura—. Estáis contratados.
—¡Bien! —se me escapa el grito y tapo mi boca.
—De acuerdo, mañana estaremos en su espectáculo —Ion estrecha su mano—, y recorreremos estas tierras con ustedes.
Nos alejamos emocionados porque ya tenemos caravana con la que adentrarnos en esta tierra y, sobre todo, porque con el salto del toro recuperamos un poco de la nuestra. No hay sitio para la nostalgia, ya no, en Cnosos no nos queda nada y para bien o para mal, estamos aquí para hacer una vida nueva.
Las cosas no salen como queremos, pues Melkart, el empresario, ante el éxito que tiene nuestro número ha decidido quedarse más tiempo en Malaka.
Ion se pone furioso cuando descubre que estaremos dos discos de plata más en esta ciudad portuaria, y por más que amenaza a Melkart, el orondo empresario no desistirá de sacar una buena recaudación con su nuevo espectáculo.
Lo peor de todo, y creo que es lo que más enfurece a Ion, es que desde que escapamos de Creta no hemos tenido acercamiento ninguno, y es que había que mantener el engaño de que éramos hermanos, por lo que hemos estado distantes.
He de reconocer que tampoco me gusta mucho esta separación, pero hay que mantener la mentira hasta que lleguemos a un lugar seguro.
El espectáculo es todo un éxito, tanto es así que Melkart ha decidido pasar el invierno en Malaka.
Ion y Cosmo deciden buscar otra caravana para adentrarnos en esa tierra, visto que la compañía se quedará en la ciudad.
Nosotros, no queremos tentar a la suerte estando por una temporada tan larga en un sitio costero de tanto tránsito marítimo.
De momento hemos escapado, pero Ion no quiere arriesgarse, es por ello por lo que indagamos en el mercado la llegada y salida de caravanas.
Casi hemos perdido la esperanza de encontrar transporte, cuando conocemos a Emanu.
Es un campesino de tierra adentro, que ha llegado para vender las cosechas de su poblado y conseguir productos que no son accesibles allí.
Su grupo no es muy numeroso, pero nos aceptarán a cambio de que ayudemos a proteger la caravana, y puesto que el poblado está a poco más de un disco de plata de distancia nos viene bien para escondernos.
Recogemos nuestras cosas y nos unimos a la caravana que sale esa misma tarde en dirección a su poblado, y para mi sorpresa, Ion me presenta por mi nombre diciendo que soy su esposa. Me abraza y besa como hace tiempo que no lo hacía, me pongo tan colorada que creo que tengo fiebre.
—Ion, ¿es seguro? —le pregunto en voz baja.
—Espero que lo sea, no estoy dispuesto a seguir alejado de ti, princesa. —Vuelve a besarme y se me escapa una risilla tonta.
—Vamos, chicos, o perderemos el rastro. —Cosmo nos sonríe y se aleja unos pasos de nosotros.
Caminamos a paso rápido hasta que la luz es tan escasa que no vemos con claridad, así que montamos el campamento alrededor de una gran fogata, con los animales a un lado y las carretas en círculo.
Ion sale a cazar algo mientras preparamos el sitio y Cosmo ayuda a aliviar a los animales.
Uno de los campesinos, llamado Soro, se acerca a mí e intenta hablar conmigo, pero yo apenas entiendo su idioma, por lo que le sonrío con amabilidad y continúo con mis tareas.
El hombre pone un caldero sobre el fuego y le añaden agua y verduras.
La llegada de Ion con cuatro conejos provoca la exclamación de todos.
Entre risas, limpiamos y despellejamos los animales y tras partirlos en trozos los echamos al caldero.
Mientras se hace el puchero varios campesinos se acercan a por agua al río.
Ion y yo les seguimos, pero nos separamos para alejarnos hacia un recodo y cuando vemos que tenemos intimidad, me coge en brazos y me tumba sin cuidado en el suelo.
Sus besos me dicen lo desesperado que está, aunque he de reconocer que yo estoy igual.
Sus manos se deslizan por todo mi cuerpo despertando mi pasión, yo me uno a sus caricias y repaso sus músculos con mis manos, la memoria táctil me dice que ha engrosado musculatura y afinado el torso.
Mi corazón se acelera cuando su mano se desliza en mi taparrabos y lo desata en busca de mi centro de deseo.
Se me escapa un gemido, pero él me besa para intentar absorber todos los ruidos que emito.
—Lo siento, Eirene, pero no puedo esperar más.
Su voz ronca y susurrante hace que un deseo líquido corra entre mis piernas, y cuando nos unimos ya no pienso en nada más, solo quiero disfrutar del placer que sus embestidas provocan en mí.
Necesito tenerlo más cerca, por eso le aprieto entre mis brazos y con mis piernas en sus caderas, le empujo por el trasero para que entre más aún.
Gemimos los dos y nos besamos absorbiendo los ruidos en la quietud de la noche, hasta que siento que mi interior se expande para acogerlo.
Una oleada de placer recorre mi cuerpo desde los dedos de los pies hasta la cabeza, los temblores que ocasiona me hacen perder el control de mi cuerpo y grito en su boca.
El éxtasis es tan grande que me lleva a un mundo de paz.
En la niebla que ha ocasionado mi placer lo siento ponerse rígido y gemir en mi boca, mientras su semilla me inunda con una calidez que hacía tiempo que no sentía.
—Lo siento, princesa —dice en susurros y me besa despacio en la boca—, no podía esperar más.
—No lo sientas, amor, yo tampoco he podido controlarme. —Jugueteo con un mechón de su pelo—. Ha sido demasiado tiempo.
—No me lo recuerdes —se queja y se le escapa un exagerado suspiro—. Gracias a los dioses, ahora podemos ser nosotros.
—Entonces tendré que bañarme para parecer una mujer y no un mozalbete.