Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

— Pero el príncipe es amigo nuestro —lo miro dudosa—, no dejará que nos ocurra nada malo, ¿verdad?

—No sé qué deciros, princesa —baja la cabeza—, pero se acercan tiempos oscuros y debéis prepararos para cualquier eventualidad.

Volvemos al embarcadero, ya no miro las colosales esculturas que flanquean la construcción, voy sumida en mis propios pensamientos. Subimos al barco y bajamos el Nilo hasta la entrada al palacio, donde nos desembarcamos, pero el arquitecto real sigue río abajo hasta Karnak.

En silencio entramos al palacio y nos dirigimos hacia la zona de la nobleza donde se encuentra nuestra habitación.

Al entrar, Ion me pone un dedo en la boca y recorre todo el espacio en busca de algún sirviente, incluso sale al balcón.

Vuelve a mi lado y me abraza, pero comienza a susurrarme al oído.

—Creo que ha llegado la hora de salir de aquí.

—¿Por qué? —susurro yo también.

—Este país ya no es seguro, tú y yo solo somos príncipes sin tierras ni nada que ofrecer y, además, se ha desatado la lucha por el poder.

—Pero el faraón todavía está vivo.

—Pero no es él quien gobierna —dice bajando la voz y levanta una ceja—.

Por si no lo has notado, el faraón solo está pendiente de sus mujeres, y la reina Tiy se encarga de llenar su harén con nuevas doncellas cada poco tiempo para entretenerlo.

Supongo que pronto querrá que el faraón nombre a su hijo corregente, y entonces, su poder será indiscutible.

—¿Crees que Amenhotep nos abandonará?

—Sin duda —asegura con seriedad—. Además, la reina todavía te mira de forma extraña, lo que me hace pensar que no ha abandonado la idea de meterte en el harén.

No estoy seguro, pero creo que te quiere controlar, de ahí su insistencia para que entres.

Esto me da qué pensar si no estará en contacto con Cnosos y pretenda apoderarse de ti para hacer un reclamo después, o incluso intercambiarte en un tratado.

—¿Qué haremos?

—Esta noche saldremos a escondidas, buscaremos un barco que nos lleve fuera de las tierras del faraón, y si quieres, volvemos a Cnosos.

—¿Nos iremos sin despedirnos?

—No. Le escribirás una carta al príncipe donde le dirás que hemos cogido una caravana para visitar el oasis de Amón, pero partiremos hacia el delta del Nilo en busca de un barco que nos lleve a casa.

Pedí utensilios de escritura a Nefer y nos los trajo junto con una cesta de frutas.

En cuanto nos quedamos solos, escribí la carta para Amenhotep.

Me sabe mal no darle las gracias por todo lo que ha hecho por nosotros, así que acabo el texto con mis bendiciones y se me ocurre firmar con mi nombre y dejarle un hechizo «que Atón en su gloria te bendiga y colme de luz en tu camino».

Ion trepa hasta la columna para recuperar el hatillo con joyas que escondimos al llegar, me lo da y lo ato a mi cintura.

Me visto con taparrabos y túnica, me echo una capa pequeña sobre el hombro y recojo el pelo en una trenza para guardarlo bajo una peluca.

Ion se viste de la misma manera , luego coge una bolsa donde mete toda la fruta y se la cuelga cruzada sobre el pecho.

—Seremos dos hermanos, así que procura no meterme mano delante de nadie —bromea y me guiña un ojo sonriente.

—¡Serás…! —Le doy un golpe en el hombro—. Tú procura no desnudarme con los ojos y todo saldrá bien —digo sacándole la lengua.

Me abraza y me besa con pasión y su sabor me hace desear más. Su lengua en mi interior convence a mi cuerpo para que se rinda, me acerco más a él y noto su erección. Sus labios se pasean por los míos como si no hubiese un mañana, aun así, me suelta con tanta rapidez que me quejo.

—Debemos salir con la oscuridad —anuncia y me da un piquito—. ¿Podrás bajar por el balcón?

—¿Tienes dudas?

Le saco la lengua de nuevo y me subo al borde, me descuelgo y antes de caer al suelo giro sobre mí misma y ruedo sobre el embaldosado.

Al levantarme, me doy cuenta de que él está incorporándose a mi lado, me coge de la mano y me conduce entre las sombras que la noche deja entre las palmeras.

Llegamos a la puerta del sur y nos escondemos tras un sicomoro, él me señala hacia arriba y veo que, aunque alto, tiene pequeñas muescas en el adobe blanqueado.

Asiento con la cabeza y trepo apoyando los pies alternativamente en los huecos, al llegar arriba me tumbo sobre el muro y me descuelgo hacia el otro lado.

Me oculto en las sombras y espero que Ion llegue hasta mí.

Caminamos hacia el río y buscamos una pequeña barca que nos sirva para ir hasta el delta.

Un pescador se ofrece a llevarnos a cambio de una pulsera de oro que llevo puesta, cerramos el trato y nos sentamos en la pequeña barca mientras el pescador despliega una pequeña vela triangular.

En Menfis, cogemos un barco hacia Festos. Nuestro trabajo en la nave sirve para pagar el pasaje; yo me encargo de las velas y me paso casi todo el viaje sobre el palo mayor o en la botavara, atando y desatando cuerdas; Ion rema junto a otros marineros.

Al llegar a Festos, desembarcamos en la oscuridad de la noche por si alguien nos reconoce y emprendemos el camino hacia Cnosos.