Capítulo 18
La muerte del heredero
No sé si el difunto se siente más querido por estos llantos, pero a mí me ponen histérica, tal vez si solo fueran una o dos, pero son por lo menos cien. Se me escapa un escalofrío y salgo al balcón para no oír el llanto murmurado que recorre todos los pasillos del palacio.
Ion entra en el cuarto y me sonríe, abre los brazos y corro hacia él, para acurrucarme en ellos y se me escapa un suspiro.
—¿Quieres que vayamos al lago? —susurra.
—¿Podemos?
—Solo debemos ser discretos y no hacer juegos ni provocar carcajadas —me advierte y se aparta un poco para verme la cara—. Deberás portarte bien.
Salimos en silencio y nos dirigimos al lago, a nuestro rincón secreto rodeado de sicomoros y palmeras donde los llantos no nos alcancen.
Nos quitamos la ropa y la dejamos sobre los arbustos, ya en el agua nado hacia el fondo y dejo mi cuerpo flotar.
Ion se acerca a mí, y aunque no hacemos pie, me coge en brazos, yo me agarro a él, pero se hunde.
Emergemos riendo y nos tapamos la boca al mismo tiempo.
Nadamos un poco hasta la orilla donde Ion hace pie, ahora sí, me engancho en sus caderas y le cojo por el cuello.
Nuestros labios se unen y ya no hay nada que pueda distraernos, su lengua busca la mía y entablan un baile tan antiguo como el tiempo.
Siento que me deshago en sus brazos, mi deseo por él hace que me remueva inquieta sobre sus caderas.
Él ríe contra mis labios y con un solo movimiento se une a mí, se me escapa un suspiro de alivio hasta que comienza a moverse en mi interior.
Lo beso con pasión, chupo y mordisqueo los labios, él baja su boca y se apodera de un pecho.
Mi deseo se hace líquido y siento que ya no puedo controlarme más, oleadas de placer se mezclan con la agitación que sacude mi cuerpo.
Estoy a punto de gritar, pero él me cubre la boca con la suya y absorbe mi grito de éxtasis, se mueve tan rápido dentro de mí que su liberación le hace gritar dentro de mi boca.
Nos separamos a desgana y salimos del agua para vestirnos y volver al palacio oscurecido por el dolor, al entrar en la zona del palacio de la reina nos encontramos con Amenhotep, hijo de Hapu, el arquitecto real, quien al vernos nos sonríe con cordialidad.
—¡Que Amón os llene de luz!
—¡Hola! —Ion asiente con la cabeza.
—Me dirijo al templo funerario del faraón, ¿queréis acompañarme?
—Sí, claro —respondo enseguida y miro a Ion, quien asiente y me sonríe.
Nos acercamos caminando hasta el embarcadero del río donde una barca fluvial espera, subimos y nos sentamos en uno de los bancos vacíos. Dos tripulantes manejan cada uno un gran remo-timón mientras otro en la botavara 49 se ocupa de la vela del barco.
Subimos por el río y entonces lo veo, dos enormes estatuas sedentes flanquean la entrada a un conjunto de edificaciones. Casi se me olvida respirar, sin embargo, Amenhotep sonríe y me los señala.
—Esas son las estatuas sedentes del faraón que lo recibirán para protegerlo en el viaje a la orilla oeste. La estatua del sur está tallada de una sola pieza, pero nos costó muchísimo mover el bloque tan grande. Por eso la del norte está tallada sobre cinco bloques.
—¡Son impresionantes! —dice atónito Ion mientras las mira tan sorprendido como yo.
Desembarcamos, y tras los colosos y el primer pilono 50 accedemos a un segundo, donde también hay un patio con otras grandes esculturas del faraón.
Desde el segundo pilono se abre una avenida procesional que da acceso a un gran patio columnado, en cuyo centro se encuentra una enorme piedra de cuarcita con inscripciones de las obras llevadas a cabo, bajo el mandato de Amenhotep III.
El conjunto funerario está delimitado por un gran muro que alberga en su interior, no solo el templo funerario principal, sino también otro templo de menor tamaño dedicado a Sokar, dios de los muertos, nos dice Amenhotep ; hijo de Hapu.
Múltiples jardines, estanques y un buen número de estatuas de gran tamaño decoran el interior del recinto.
Paseamos entre la grandeza de esta construcción. No puedo evitar mirarlo todo con la boca abierta y creo que a Ion le ocurre lo mismo, por la cara que lleva.
—¡Es magnífica esta construcción! —exclamo emocionada lo que hace que el arquitecto me sonría.
—El emplazamiento del templo simboliza el nuevo resurgir tras las inundaciones —nos dice con orgullo.
—Sin duda es grandioso y vuestros dioses estarán muy honrados con tu obra —digo con sinceridad.
—Sí. El faraón me ha concedido el honor de permitirme construir mi propio templo funerario.
—Debéis estar muy orgulloso. —Ion observa las construcciones con admiración.
—Sí. Mi trabajo es mi vida y no hay nada como dejar mis construcciones como legado a mi paso por esta vida. Ahora vamos hasta el templo funerario donde están preparando el cuerpo del joven Tutmose.
Caminamos en silencio hasta la orilla del río, pasamos entre varias casas hasta llegar a una más grande que las demás, entramos y escuchamos al arquitecto hablar con alguien, se vuelve y nos hace una señal para que entremos.
—Estos son Bakari y Faki, son los embalsamadores del joven heredero muerto.
Ambos hombres llevan en las manos unas máscaras con forma de cabeza de chacal que representa a Anubis; dios de los muertos.
El cuerpo del joven príncipe está tendido sobre una mesa con forma de león.
Junto a ella, se encuentran otras más pequeñas con los enseres necesarios para el trabajo, y para depositar los órganos internos del fallecido.
— Primero hay que lavar el cuerpo —explica el arquitecto real—.
Cuando ya está limpio, se procede a la extracción de los órganos , empezando por el cerebro, que es sacado con unos ganchos por la nariz y siguen con el estómago, los intestinos, los pulmones y el hígado.
Después cada uno de ellos se envolverá en trozos de lino y se introducen en cuatro vasijas, llamadas vasos canopos .
Cada uno representa una divinidad, les llamamos « Hijos de Horus» .
Duamutef, con forma de chacal, donde se introduce el estómago; Qebehsenuef, con forma de halcón, recibe los intestinos; en el de Hapy , con forma de mono, se introducen los pulmones y, por último, en el vaso de Amset , con apariencia humana, se introduce el hígado.
El corazón es el único órgano que se deja en el interior del cuerpo.
Según nuestra creencia, es el lugar que alberga los sentimientos, la conciencia y lo más importante: la vida.
En caso de ser sustraído, debería sustituirse por un escarabeo-corazón 51.
—Si que es un proceso largo —exclamo con aprensión ante el difunto.
—Y queda aún mucho más, de ahí que solo los faraones y los ricos puedan permitirse el proceso completo —concluye Amenhotep.
—¿Qué se hace después? —pregunto curiosa.
— Después de haber extraído los órganos, se procede a cubrir el cuerpo con natrón, una sal que deseca el cuerpo deshidratándolo para evitar su descomposición.
Se deja así durante unos treinta y cinco o cuarenta días.
Pasado este tiempo, se retira la sal y se rellena el cuerpo con serrín o limo procedente del Nilo, e incluso especias.
Acto seguido, se cose y si la persona es importante, se le puede cerrar con lino, una placa de cera; y si se trata del mismísimo faraón se le coloca una chapa de oro .
Una vez hecho esto, el cuerpo se lava con agua procedente del Nilo.
Después, es ungido en aceites y bálsamos aromatizados.
—Es un proceso muy largo —afirmo y miro a los embalsamadores que se han colocado las cabezas de chacal.
— Esto es un arte —suena la voz de ultratumba de uno de ellos, con la máscara puesta.
—Se envuelve el cuerpo con vendas de lino , en ocasiones impregnadas en resina.
Esto lo hace el embalsamador, mediante un estricto ritual en el que se pronuncian hechizos de protección para la vida del difunto en el más allá.
Se comienza vendando los dedos para seguir por las extremidades y terminar por el resto del cuerpo.
—El otro embalsamador se extiende en explicaciones sobre su trabajo—.
Para asegurar la protección del difunto, se introducen amuletos y piedras entre las vendas, así como trozos de lino en el que están inscritos textos del libro de los muertos.
Una vez que el cuerpo está vendado, se puede cubrir con una sábana adornada con cuentas.
También se coloca sobre el pecho un escarabeo alado y las imágenes de los hijos de Horus .
—¿Cuánto tiempo tarda todo el proceso?
—Unos setenta días o más según la clase social del difunto —contesta Bakari tras la máscara.
—Ahora que habéis visto el proceso, sabéis que nos quedan largos días de dolor y plañideras hasta que podamos enterrar al joven heredero —nos indica Faki con la mano para que salgamos.
—¿Por qué nos has enseñado esto?
—Se avecinan tiempos oscuros, la reina Tiy tiene cada vez más poder y yo , aunque gozo de la amistad del faraón , temo no estar a salvo por mi fe en Amón.
—Pero convivís con tantos dioses —lo miro extrañada—, ¿por qué el ser seguidor de Amón os condena?
—Porque la reina lleva años quitando poder a los sacerdotes de Amón para instaurar el antiguo culto a Atón, pero no por el dios, sino porque con ello resta poder a los sacerdotes de Amón.
—¿Nos estás diciendo que habrá lucha? —pregunta Ion muy serio.
—No lo sé seguro, pero ya ha empezado —nos mira y susurra —. La muerte del heredero no ha sido accidental.
Me tapo la boca para evitar que se me escape un grito y abro mucho los ojos. ¿Quién es capaz de matar a un muchacho? ¿Y qué pretende conseguir con este asesinato?
No me entra en la cabeza que alguien pueda atentar contra una vida solo por poder.
—La reina Tiy nunca aceptó que el heredero hubiese nacido de una esposa menor.
—Entonces, ella ha… —No me atrevo a decir las palabras.
—Casi con toda seguridad . De ese modo, el heredero será su hijo Amenhotep a pesar de los problemas de salud que tuvo y de los que aún arrastra pequeñas dolencias.