Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

Me visto con rapidez con un taparrabos y un faldellín, me coloco la capa cubriendo mis pechos, pues aquí no está bien visto llevarlos descubiertos. Espero que la pequeña capa que me cubre no interfiera en mis movimientos.

Después del desayuno, salimos al pasillo en dirección al palacio del faraón que está en la zona norte del edificio, llegamos a las terrazas y vemos la zona de entrenamiento.

Ion me coge de la mano y me guía hasta el centro del terreno.

Cuento los reclutas, son diez y todos muy jóvenes, algunos ni siquiera tienen barba.

Miro a Ion y veo que está negando con la cabeza, no hay que ser muy listo para saber que no le gusta la juventud de los reclutas.

—Buenos días, soldados —dice con voz potente y los mira con seriedad—. Formen una fila. ¡Ya!

De inmediato, se alinean al frente y nos miran dudosos. No es solo que sean jóvenes, es que, además, apenas tienen musculatura en sus cuerpos, pues se les ve enjutos y desgarbados, con esa apariencia que les da su transición a la juventud cuando apenas han dejado atrás la niñez.

—Esta es mi esposa, la princesa Eirene de Cnosos.

Allí, es la mejor saltadora y la más ágil en la lucha del toro, por eso lo primero que quiero que aprendáis son sus movimientos.

Si os ejercitáis bien, os serán de gran ayuda en el campo de batalla.

—Se gira hacia mí—. Hazles una demostración, yo seré tu compañero de salto.

—Como digas, pero ¿qué salto? —pregunto mientras observo el espacio y levanto una ceja.

Se vuelve y me señala un tocón de madera, luego señala una carretilla. Va hacia ella, la transporta hasta el centro del campo y le da la vuelta, después pide a los reclutas que le ayuden a poner el tocón sobre el culo de la carretilla. Prueba su estabilidad y se acerca a mí.

—Debes apoyarte solo en el centro del tocón para evitar desequilibrarlo, no es mucho, pero por hoy podremos hacer la demostración.

—No te preocupes, sobre cosas peores he saltado.

Me rio y me pongo a la distancia necesaria para coger impulso, Ion se coloca entre las asideras de la carretilla, da unos pasos hacia atrás y me da el visto bueno con la cabeza.

Me quito el faldellín y me quedo solo con la capa cubriendo mis pechos y asegurada al cinto del taparrabos.

Froto las manos con tierra del suelo y hago unos cuantos estiramientos de brazos y piernas, giro la cintura y, por último, me coloco en posición.

Cojo velocidad y al llegar a unos pasos del tocón, me impulso con las piernas.

Hago un arco con el cuerpo y apoyo las manos en el tocón, para después impulsarme y caer con otra media vuelta apoyada sobre mis pies.

Ion me ayuda a estabilizarme. Las exclamaciones y palmadas de los reclutas me dicen que les ha gustado, y mucho, por su entusiasmo al aplaudir y jalearme.

Después de ver el salto, los aspirantes se ilusionan con aprender a hacerlo.

Yo les doy algunos consejos, pero es Ion quién les va corrigiendo la postura.

Nos pasamos toda la mañana con el simple aprendizaje del salto, y volvemos a mediodía al cuarto para comer y guarecernos del extremo calor que empieza a hacer.

Al pasar por el palacio de la reina, Ion cambia de opinión y gira hacia el lago.

Encantada, le sigo y nos adentramos entre los jardines en busca del mismo rincón donde estuvimos.

Nos quitamos la ropa y saltamos juntos al agua, riendo como niños.

Ya sé que él no nada tan rápido como yo, por eso aplico velocidad a mis movimientos de brazos y piernas y me alejo de Ion, que me mira riendo y niega con la cabeza.

Me tumbo sobre el agua tranquila y me dejo llevar hasta que sus manos me hunden mientras se carcajea.

Desde el fondo, agarro sus piernas por las rodillas y tiro de ellas hacia arriba, él pierde la estabilidad y cae agitando los brazos; para cuando sale del agua yo estoy casi en la orilla.

Salgo riendo a carcajadas y me tumbo ante el disco solar para que me seque la piel.

Con los ojos cerrados, disfruto del calor que acaricia mi piel. Una sombra ante mí me hace abrir un ojo y sonrío cuando pequeñas gotas de agua caen sobre mi pecho. Ion se tumba a mi lado y nos secamos antes de volver a vestirnos e ir a nuestro cuarto.

Llevamos varias lunas con las rutinas de entrenamiento.

El príncipe ha dado encargo a uno de sus capitanes de barco, averiguar lo que ocurre en Cnosos.

Estamos a la espera de nuevas noticias y nos centramos en el entrenamiento de los jóvenes reclutas.

Apenas tengo trabajo en el campo de entrenamiento, solo me llaman para pedir un nuevo movimiento, pero una vez aprenden el proceso, quedo relegada a observar sus avances.

Ion no quiere que me aparte de su vista, es por ello por lo que paseo a la sombra de los edificios que nos rodean mientras espero a que acabe su trabajo.

Mientras espero que me necesite Ion, conozco a un escriba que pasa sus días a la sombra de nuestro campo de entrenamiento.

Se llama Ani y es un verdadero erudito, está escribiendo el libro de los muertos para su tumba; se trata de los escritos que explican cada paso del juicio de Osiris.

Me gusta tanto lo que me explica, que cuando viene a escribir me siento junto a él y me cuenta los hechizos para el otro lado.

Me tiene entretenida mientras me cuenta las connotaciones que tiene escribir de una forma u otra, el simbolismo de sus dioses y cómo forman parte de sus leyendas.

En poco tiempo nos hacemos muy amigos, yo le ayudo a transcribir los jeroglíficos y de paso, aprendo los hechizos que debe contener el libro de los muertos para garantizar el paso a la otra orilla.

Dice que ha avanzado mucho desde que le ayudo en su trabajo, por eso hoy me trae un regalo.

Cojo el papiro, emocionada y lo leo sin comprender: es un hechizo personalizado, pues en él puedo leer mi nombre y el de Ion.

Miro a Ani pidiéndole que me lo explique.

—Es un hechizo para que vuestro Ka se encuentre en la otra vida, de esa forma nunca os separaréis —dice Ani con simpatía.

—¡Muchas gracias! —exclamo agradecida y lo miro emocionada mientras aprieto el rollo de papiro contra mi pecho.

Ion sigue entrenando a los reclutas y de vez en cuando, recibimos la visita del joven príncipe que disfruta viendo el avance de los muchachos. Ya nadie cuestiona mi presencia en el campo, después de mi demostración de varios saltos con huida, han aceptado que formo parte del entrenamiento.

Las rutinas nos tienen tan abstraídos que apenas notamos los pequeños cambios que se generan a nuestro alrededor.

No nos extraña el regreso del príncipe heredero, así como tampoco cuando dejamos de verlo en las reuniones de la corte.

Ion no me pierde de vista, sigue presintiendo algo malo a nuestro alrededor.

He vivido toda mi vida en la corte de Cnosos y nunca he temido nada, no entiendo por qué habría de temer algo aquí, pues para mí, estar cerca del faraón es garantía de seguridad. Aun así, me dejo guiar por el instinto de Ion. Al fin y al cabo, él está entrenado para percibir los peligros.

No imaginamos la tragedia que se avecina en la corte.

Nuestros días se hacen tan iguales unos de otros que nos imbuimos de la vida cortesana hasta tal punto, que incluso me planteo quedarnos en esta tierra donde la magia se funde con lo cotidiano y lo normal, se mezcla con el esplendor para alcanzar a las divinidades.