Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

Me vuelve a atraer sobre él y me besa, sus manos me aprietan por el trasero y siento la protuberancia crecer, me muevo nerviosa para frotarme contra él.

Una mano se acerca hasta mi pecho y se mete entre la tela húmeda que lo cubre.

Me aparto un poco temerosa de que no le guste su pequeño tamaño.

Es algo que nunca podré cambiar, pero tampoco quiero que me avergüence como mujer.

No puedo evitar tener un cuerpo tan fibroso y poco femenino, pero sí puedo hacer que ignore la falta de curvas en mí.

—¿Qué pasa, Eirene? —pregunta, confundido.

—Mis pechos son muy pequeños, no quiero avergonzarte —contesto sin pensar y escondo la cabeza en su pecho.

—¡Por todos los dioses! Tus pechos son perfectos, puedo cogerlos con la mano —coge uno en su mano—, y no se me escapa por ningún sitio —acaricia con un dedo el pezón que se levanta impúdico—, y los pezones son ambrosía de los dioses.

Se lo mete en la boca y chupa primero despacio y, poco a poco, lo saborea con glotonería.

Emite gemidos de placer. Se vuelve hacia el otro y hace lo mismo, pequeñas descargas van directas hacia mi sexo cada vez que chupa con más fuerza.

Me dejo llevar por esta caliente sensación mientras un deseo líquido inunda mi sexo.

Con prisas, arranca la ropa de mi cuerpo hasta dejarme desnuda, se incorpora y se quita la suya.

Se me seca la boca al ver su cuerpo musculoso, pero no puedo pensar en nada que no sea su plenitud llenándome.

Al principio, siento que la tensión hace arder mi interior, pero se calma un poco y cuando está completamente dentro, me mira esperando que dé alguna señal de que estoy bien.

Abro los ojos, le sonrío y levanto la cabeza para besarlo, sus caderas se mueven sobre mí y yo le abrazo con las piernas para obtener el mayor contacto posible.

Siento una descarga de placer que se traslada hacia el centro de mi ser y se me escapan gemidos incontrolados.

Él me besa y absorbe cualquier sonido que salga de mi boca.

La tensión en mi vientre estalla hasta convertirme en una llama que lo consume todo a su paso, cimbreo con su cuerpo y arqueo la espalda cuando llego a la cúspide del placer, me sacudo cada vez más despacio extrayendo hasta la última gota de satisfacción.

Lo siento endurecerse aún más, y la tensión en su cuerpo me anuncia que él también está llegando a la cima.

Me aprieto aún más contra su cuerpo y le empujo con los pies en su trasero, se le escapa un ronco gemido y su cuerpo se sacude sobre el mío.

Escucho nuestros latidos acelerados y cierro los ojos un momento.

Abro los ojos y le veo aún sobre mí, su sonrisa de perdonavidas me hace sonreír. Levanto la cabeza y le beso con suavidad, él me deja llevar el control hasta que mi lengua entra en su boca, se aparta un poco de mí y siento que vuelve a endurecerse en mi interior.

—Será mejor que dejemos esto. —Sale despacio dejándome vacía.

—¡Oh! Pensé que deseabas más. —Me vuelvo incómoda.

—Y así es princesa, pero no quiero hacerte daño —contesta mientras me abraza desde atrás—. Eres novata en el sexo y necesitas tiempo para acostumbrarte.

—¿Y eso quién lo dice? —murmuro obcecada—. Si me hace sentir bien no puede ser malo. —Cojo su miembro en mi mano y sonrío al verle contener el aliento.

—Déjate de juegos si no quieres despertar a la bestia que hay en mí —gruñe sonriendo.

—Tal vez quiera conocerla. —Subo y bajo mi mano por su erección creciente.

—Tú lo has querido —dice casi como una amenaza y vuelve a bufar.

Me apoya contra la palmera que está a mi espalda, yo le abrazo con las piernas y me posee con una brutal embestida, se me escapa un gemido medio de dolor y placer, aunque me sujeta con fuerza mientras se hace cargo de mi cuerpo.

Nuestros movimientos siguen un ritmo desesperado.

Puedo sentir cómo la mitad de mí se reconstruye y lo asimilo.

Ahora somos uno y más allá de la unión de nuestros cuerpos conectamos de tal forma que puedo notar sus propias emociones.

Su mente está en la mía y yo estoy en la suya.

Es difícil explicar lo que ocurre entre nosotros, pero está ahí, ambos lo percibimos y lo vivimos.

Estoy a punto de gritar, pero me besa, absorbe mis gemidos y gritos para después unirse en su desahogo, se sacude unas cuantas veces más hasta que nuestros corazones se calman.

La respiración agitada y el temblor de nuestros cuerpos nos hace reír, luego apoya su frente en la mía.

Ese gesto tan sencillo, pero a la vez tan íntimo me acerca tanto a él como cuando nuestros cuerpos se unen.

Le sonrío satisfecha mientras disfruto de la intimidad después de estar juntos como hombre y mujer.

Nunca imaginé que algo tan natural fuese tan arrollador.

Me anula como persona, ya que olvido lo vivido y solo deseo la paz que me devuelve su cuerpo.

—Me vuelves loco —confiesa y me da un beso al tiempo que se separa y me deja en el suelo—. Ahora vamos a bañarnos al lago si es que estamos solos, porque con el ruido que hemos hecho seguro que tenemos espectadores —bromea y coge la ropa del suelo.

Lo sigo, algo incómoda todavía por mi desnudez y lo veo tender las prendas sobre unos arbustos. Se da la vuelta y me lanza esa sonrisa ladeada de perdonavidas que hace que me tiemblen las piernas, entonces agradezco a la Diosa por haberme traído a este hombre que me completa.