Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Me acerca a su cuerpo y sus labios se apoderan de los míos.

Es un beso duro, exigente, que me obliga a abrir la boca, y su lengua me invade haciéndome sentir tan bien que se me olvida todo.

Me aprieto contra él y doy tanto como recibo.

Su boca me domina, pero me resisto, entablo un duelo de voluntades, y al separarnos, ambos jadeamos.

Sus ojos, oscurecidos de pasión, me hacen retroceder.

Recupero el valor y levanto la cabeza ante él con orgullo.

Nunca me someterá, seré igual, al menos eso es lo que espero que digan mis ojos, porque mi cuerpo dice otra cosa bien distinta.

Lo veo ladear la boca con esa sonrisa hechizante y se la devuelvo.

—Debo irme. Mandaré que te traigan la cena —dice con seriedad—. Come, necesitarás las fuerzas. Mientras, voy a ver si puedo hacer que traigan a tu madre contigo.

—Gracias.

Sale del cuarto con el ceño fruncido y me doy cuenta de que es una pose intimidante ante los demás. Acabo de verlo realmente, es un hombre risueño, cariñoso, atento y está enamorado de mí. Me abrazo el cuerpo y giro feliz a pesar de todo lo que me está pasando.

Por un momento, pienso en lo que ha ocurrido y trago saliva, Aqueo es un guerrero y no se detendrá ante nada para conseguir el poder en Cnosos.

De hecho, ahora mismo solo se interpone el Minos.

El resultado de esta lucha de poder no me gusta, porque sé que mi padre será el perdedor y mi cuerpo tiembla ante lo que eso significa.

Traen una bandeja con la cena. La sirvienta entra con la cabeza baja, no escucho risitas ni exclamaciones alegres como siempre.

Levanta la cabeza y veo que tiene varios golpes en la cara, un ojo casi cerrado y moratones en los brazos.

Me incorporo para ir a su encuentro, pero asustada me mira y niega con la cabeza, luego se da la vuelta y sale corriendo.

Escucho la puerta trabarse con un ruido ominoso que hiela mi alma.

Termino la cena, tal y como ha dicho Ion necesitaré todas mis fuerzas para huir, luego me dirijo al arcón en busca de ropa. Saco un chitón de color celeste y me visto con rapidez sobre el taparrabos, pongo también una capa larga, la dejo sobre la cama y me tumbo sobre ella.

He debido quedarme dormida. Al abrir los ojos veo la habitación a oscuras, nadie ha venido a prender las antorchas. ¿Para qué?, solo soy una prisionera más. En la quietud de la noche escucho que se destraba la puerta de entrada, me levanto de un salto y me escondo junto al arcón.

—¡Eirene! —Ion susurra mi nombre por toda la habitación.

—Aquí. —Me levanto al comprobar que es él y que viene solo.

—Vamos, tenemos que salir ahora. —Me coge la mano.

—¡Espera! —Corro hasta la cama, me coloco la capa y vuelvo deprisa a su lado—. Ya está.

Salimos al pasillo y veo a los dos guardias tumbados en el suelo.

Tienen un pellejo agarrado y desprenden un vaho alcohólico que apesta.

Miro a Ion y él me sonríe encogiéndose de hombros.

En vez de ir a los aposentos de la reina, lo veo que se asoma al alféizar de columnas, mira hacia arriba y luego me llama.

—Apóyate en mí para trepar al tejado, utilizaremos la lucerna 28 para subir.

—En silencio me acerco a él, que está subido en el hueco, me coge y me eleva sobre su cuerpo hasta que toco el tejado, después me impulso y subo con agilidad.

Me aparto y espero para ver cómo subirá él, porque yo no tengo fuerza para izarlo.

Pero con sorprendente agilidad, pese a su envergadura, sube a mi lado.

A salvo de miradas, recorremos el tejado con rapidez.

—¿Por dónde están las habitaciones de la reina? —pregunta mientras corremos.

—Por allí. —Señalo el borde exterior hacia el norte y corro con cuidado.

Él se tumba al filo y asoma la cabeza hacia el exterior. Se queda un momento allí tumbado y luego se incorpora.

—Podemos entrar por la ventana. Te voy a dejar caer, luego te balanceas y entras a la habitación, yo te seguiré.

—Ion, mi madre no podrá seguirnos por el tejado, está embarazada.

—No te preocupes, ya se me ocurrirá algo. —Puedo ver su sonrisa de confianza en la oscuridad y asiento con la cabeza.

Me coge de las manos y me descuelga por el borde del tejado. Hago como me ha dicho, un leve balanceo y cuando tengo el suficiente impulso, salto al interior y ruedo sobre mí misma para no hacerme daño en la caída.

—¡Madre! —susurro y me acerco a la cama donde veo un bulto—. Madre, soy Eirene.

—¡Hija! —Se incorpora y me abraza con fuerza—. No has debido venir, nos han atacado. No sé dónde está el Minos ni si está vivo —se le escapa un sollozo.

—Tranquila madre, está vivo, he estado con él. Lo tienen en el laberinto subterráneo —hablo con rapidez al tiempo que la abrazo, necesito la fuerza que me da su calor.

Se le escapa un gemido lastimero y solloza abrazada a mí. La aprieto contra mi cuerpo y la consuelo, a pesar de que yo misma estoy al borde de las lágrimas. El ruido de pasos en la habitación hace que se tense, pero la tranquilizo.

—Madre, es Ion, él está conmigo. No está de acuerdo con lo que ha hecho su hermano, nos va a ayudar a huir.

—No puedo irme —susurra y un gemido se le escapa.

—Sí que puedes, te ayudaremos. —La miro en la penumbra—. Es lo que ha ordenado el Minos.

—No puedo, he perdido al niño. —Llora en mis brazos.

—¡Madre! —La abrazo con fuerza y entonces me doy cuenta del olor metálico que desprende, lo reconozco, es el olor de la sangre; también huele a muerte. Un escalofrío recorre mi columna vertebral—. ¿Qué puedo hacer?

—Ya nada.

Emite un lastimoso quejido y baja sus manos dentro de las sábanas.

Cuando las saca, lleva en ellas un ser diminuto, que apenas ocupa una de sus manos ensangrentadas.

Me lo quedo mirando. Es perfecto, un niño con todas las partes de su cuerpo: dos manos, cinco dedos, los pequeños pies; todo en él denota el chiquillo que podría haber sido.

Lloro con desconsuelo y abrazo a mi madre.

Este era el heredero que esperaba mi padre, aquel por el que me relegaba a un intercambio con otros países.

Niego con la cabeza y alejo los mezquinos sentimientos que me invaden.

—Escapad vosotros, yo no puedo, la Diosa Madre me reclama.

—Acaricia mi cara—. Recuerda que tu padre y yo te queremos.

Huye de la isla y busca tu camino en otras tierras más benévolas.

—Señala el arca de las joyas—. Llévatelas, las necesitarás.

—Se quita el anillo de sacerdotisa y me lo encierra entre los dedos.

—No, madre, te ayudaré a caminar, nos esconderemos hasta que estés más fuerte y…

—No, hija, no veré la luz del día, es mejor que huyáis. La Diosa me ha revelado una gran catástrofe, por eso debéis marcharos cuanto antes.

En ese momento un ruido lejano y atronador recorre el silencio de la noche. Se escuchan los pájaros piar asustados, el sonido de bestias gruñendo nos llega también. Desconcertada, miro a Ion y a mi madre.

—Es la hora, tenéis que escapar de aquí.

Sus ojos se cierran con cansancio y un escalofrío recorre mi cuerpo, al darme cuenta de que ha salido su último aliento. Ion coge mi mano y tira de mí hacia la ventana. Me suelto y cojo el arca de las joyas, las vuelco sobre un chal y hago un nudo con él, que me ato a la cintura.

—Vamos, ya la has escuchado, ella quería que escapases. —Se alza sobre el muro que da al hueco de la ventana y me levanta—. Sube al tejado.

Subo y me quedo de pie ante el filo. Miro hacia el suelo, queda lejos; si me dejo caer será solo un momento de dolor y me uniré a mi madre con la Diosa, pues solo puedo pensar en lo sola que me ha dejado.

No quiero estar sin ella, aunque no siempre estuviésemos de acuerdo, fue mi guía, la que me obligaba a centrarme y a pensar las cosas antes de hacerlas.

¿Quién me bajará de las nubes para recordarme poner los pies en el suelo y actuar correctamente?

¿Quién me dirá lo hermosa que soy, aunque no sea verdad?

¿Quién me dará su amor sin esperar nada a cambio?

¿Quién me querrá tal y como soy, con todos mis defectos?

Una mano se posa en mi hombro e intento escapar de ella lanzándome al vacío, pero no llego.

—Ya está, princesa. —Ion me abraza con fuerza—. Llora un poco y deja que se encuentre con la Diosa.

Lloro sin control, mis sollozos acallados entre la ropa de Ion y mis lágrimas mojándole la túnica, mi cuerpo tiembla y el palacio también.

Espera, ¿el palacio tiembla? Me aparto de Ion, sorprendida por lo que está ocurriendo.

—Tenemos que salir de aquí.

Me levanto y corro en dirección norte a la sala de costura, que es la parte más baja del palacio.

Miro a Ion que corre a mi lado y vemos el tejado desplomarse en algunas partes.

Acelero el paso y él me adelanta; ya sabe a dónde voy.

El movimiento nos hace caer varias veces más, pero nos levantamos y seguimos hasta nuestro destino.

Un gran agujero se abre ante mis pies. Me detengo al filo y veo a Ion saltar con agilidad, por lo que vuelvo sobre mis pasos, cojo impulso y salto.

Él, me ayuda a incorporarme y seguimos corriendo entre tejas que se deslizan y socavones que nos hacen desviarnos un poco, pero lo retomamos en cuanto superamos los obstáculos que se nos presentan.

Paramos para recuperar el aliento y el corazón se me encoge.

A lo lejos, en una de las islas, sube un cañón de fuego y se desliza por ella creando una tétrica luminosidad que me encoge el corazón.

A mi lado, Ion me coge de la mano y le noto temblar al igual que yo.

El suelo sigue moviéndose bajo nuestros pies, el rugido de la tierra nos asusta y alienta a continuar con nuestra loca huida.

Llegamos al borde del tejado que hay sobre la sala de costura, me coge y me descuelga hacia la ventana. Le espero y cuando está junto a mí me descuelgo como he hecho tantas veces para dejarme caer al suelo. Ion sigue mis pasos.