Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 4 #3
15%

Capítulo 4 #3

Miramos al techo embobados. Está pintado en azul lapislázuli y en su interior hay una mujer con silueta arqueada de perfil, desnuda y alargada.

Tiene su piel pintada de estrellas, está flexionada hacia la tierra sosteniéndose con las manos y los pies.

Entre ellos, varios niveles de personajes pintados al estilo egipcio.

Se me escapa otro grito.

—¡Es la representación de Nut 4 ! —Me abrazo a él en busca de algo que me diga que lo que veo es real.

—¡Hostia puta!

—¿Juande? —Lo miro y está ojiplático, traga saliva con fuerza.

—¡Esto es una locura! —Me levanto con brío y enfoco la linterna a las paredes—. ¡Joder!, ¡parece una mastaba 5 en vez de un tholo !

—¡No digas tonterías! —exclama poniéndose en pie. Me mira sin saber qué decir.

—Las pruebas están a la vista. —Le señalo las paredes.

Todo el espacio está tallado con bajorrelieves 6 policromados . El estilo es egipcio, con cabezas de perfil y cuerpo de frente, sus brazos largos y estilizados le restan esteticidad a la figura. Me apoyo contra la supuesta mesa, me abrazo y pellizco.

—¡Coño! —Miguel está tan asombrado como nosotros.

—Miguel, ni una palabra de esto. —Me giro hacia él—. Sal y deja que entren tus compañeros de uno en uno.

Las tres veces ocurre lo mismo, el grito exagerado o la palabrota es lo que nos anuncia la entrada de cada uno de los voluntarios.

—Tenemos que poner una puerta —dice Juande y sale del habitáculo.

Dentro nos quedamos Laura, Javier y yo. Ella, fotografía todo por partes intentando que no se le quede ningún rincón. Javier y yo, contamos los pithoi; dos tienen tapa y está sellada con lo que parece miel. Eso me hace esperar que su contenido esté bien conservado, ya sea cereal o aceite.

Me tiemblan las manos de emoción. En una esquina hay numerosas figuras votivas, incluso varias herramientas, espadas, hachas y escudos. Niego con la cabeza. Es increíble, si no fuese porque sé dónde estoy, podría pensar que estoy en una tumba egipcia.

El ruido en el exterior me hace volver a la realidad. Salgo de la tumba y veo a Juande junto a los chicos ayudando a otro hombre con una chapa enorme.

—Pero ¿qué hacéis? —Subo las escaleras con rapidez.

—Vamos a asegurar la excavación —responde mientras me mira muy serio—. Este es mi primo Ramón, ha venido en tiempo récord. —Me lanza esa sonrisa ladeada.

—Pero ¿cómo…? —No puedo seguir hablando porque me pone un dedo en la boca.

—Le di las medidas y le dije cómo quería la puerta.

—Vaya, ¡sí que te adelantaste !

—No sabía lo que encontraríamos, pero había que protegerlo mientras lo catalogamos. —Se encoge de hombros.

Ramón clava los soportes de la estructura. Son grandes, pero a pesar de ello se introducen lentamente en la tierra. Cuando acaba con los de un lado, se pone con los del otro. Al final la estructura me recuerda a las puertas de los refugios anti tornados que salen en las películas.

Termina de colocar la estructura y abre la puerta tirando hacia nosotros, dejando al descubierto las escaleras. Vuelve a cerrar comprobando la movilidad de la puerta y le entrega las llaves a Juande.

—Tal y como me pediste, primo. Y eso que no me has dado tiempo. —Palmea en la espalda a Juande y se despide.

—Gracias, Ramón, te debo una.

—Si que te has dado prisa. —Rodeo el acceso y compruebo que no hay puntos débiles—. Rápido y eficaz, no esperaba menos de ti.

—Gracias, ahora vamos a la tienda, tenemos que hablar todos.

Cierra con llave la puerta y luego engancha una cadena con candado en unas argollas al principio de la puerta. Los seis nos dirigimos en silencio hacia la tienda. Nos sentamos alrededor de la mesa y esperamos hasta que él se sienta.

—Como habéis podido comprobar, tenemos un buen marrón.

—Suspira—. Por un lado, nos presionan para cerrar la excavación, pues los planes de urbanización tienen prioridad para el concejal; por otro, la universidad quiere resultados.

—Nos mira uno por uno—. Tenemos que ser muy cautelosos, catalogar todo lo que hay dentro de la tumba.

Fotografiaremos y haremos el listado, pero no podemos decir nada a nadie.

Escuchadme bien: A NADIE. Por lo menos hasta que hayamos comprobado todo lo que hemos encontrado. ¿Os ha quedado claro?

—Sí, jefe. —Miguel está nervioso—. ¿Seguiremos trabajando bajo la puerta?

—Sí, cuando pregunten diremos que se trata de un almacén. —Observa a los voluntarios—. No podéis decir ni sacar nada de la excavación.

Nos marchamos casi deprimidos. Después de la euforia por el descubrimiento, darnos cuenta de que no podemos decir nada ni celebrar este hallazgo único, nos ha desinflado. Sigo a Juande sin mirar por donde va, hasta que se detiene. Lo miro y señala el coche.

—Hoy subimos en mi coche. —Me abre la puerta y luego se pone en el asiento del conductor.

—Podemos subir andando —hablo en voz baja.

—Así llegaremos más rápido —dice y me aprieta la rodilla—. Además, necesito ropa limpia antes de ir a tu casa.

—¿Vienes a mi casa? —Levanto la cabeza con rapidez.

—Tenemos que seguir trabajando y no quiero ir con prisas por la mañana temprano. —Me da un beso en la mejilla.

—Vale.