30 Complicaciones
Lo más duro y difícil de aprender en la vida es saber decidir qué puente cruzar y cuál cortar
ÁFRICA
Confirmado: estaba embarazada de seis semanas.
«No te pierdas este momento, papá. Ahí está vuestro bebé».
Esas fueron las palabras de la médica mientras señalaba en la pantalla a una pequeña mancha negra, que más que un proyecto de humano parecía un chícharo.
El tono de la mujer se había dulcificado al confirmar mis peores temores, y yo empecé a encontrarme mal, pero mal de verdad.
—Aún es muy pequeño. Sin embargo, si pudierais verlo de cerca ya distinguiríais su cabeza, que es mucho más grande que el resto del cuerpo.
Además, ya cuenta con la gran mayoría de sus funciones vitales y no siente hambre, frío o calor, porque en la barriga de su madre se encuentra en el estado y la temperatura ideal.
—Bruno, no sé si porque se sentía igual que yo o porque intuyó mi malestar, colocó una mano en mi hombro desnudo.
Nuestros ojos se encontraron y, por un momento, me olvidé de mí al ver la humedad en su párpado inferior.
Verlo tan afectado hizo que mi corazón se saltase un par de latidos—.
Esta primera etapa es crucial para el desarrollo de sus órganos vitales, además, en esta semana su corazón comenzará a latir regularmente y…
Desconecté.
Aquel bombardeo de información innecesaria y la conmoción de ver así a Bruno fue superior a mí, y dejé a mi mente ir por libre.
Antes de poder asimilar por completo lo que acabábamos de vivir y, sin ser del todo consciente de mis movimientos, nos hallábamos sentados de nuevo a la mesa, tratando de digerir aquello.
La mujer, ajena a lo que me pasaba por la mente, continuó hablando sin parar sobre algo relacionado con los suplementos que debía tomar y los cuidados necesarios durante el embarazo, pero me sentía tan abrumada que apenas podía prestarle atención.
Desvié la mirada hacia Bruno y me fijé en él.
Su cabeza se limitaba a asentir a lo que decía aquella temible mujer; tenía los ojos más abiertos de lo normal y las manos debían de estar apretando sus rodillas con fuerza, a tenor de lo blancos que lucían sus nudillos.
¿De verdad no pensaba frenar aquello?
No me hizo falta mucho más para deducir que no, así que no me quedó más remedio que intervenir y detener toda aquella locura.
Necesitaba tomar el control de la situación, por lo que cogí aire, apoyé mi mano sobre la suya y detuve la verborrea de la doctora.
—¿Qué otras opciones tenemos? —la interrumpí.
Por mi tono le dejé claro que necesitaba respuestas claras y sin titubeos.
Ella, tras reponerse, mantuvo unos segundos de silencio antes de responder y, cuando lo hizo, su tono se volvió más frío e impersonal todavía.
—¿Te estás refiriendo a la interrupción voluntaria del embarazo?
No hubo rastro de compasión en su voz y, por su tono, dejó clara su falta de empatía con nuestra situación y su propia opinión en cuanto a lo que le había preguntado.
—No hemos decidido nada aún —intervino Bruno, excusándonos, antes de que yo pudiera responder.
Y sí, tenía razón. Aún no habíamos concretado nada, aun así, ¿no era obvio el desenlace que iba a tener aquello? Daba por hecho que él opinaba como yo, pero, o bien le tenía miedo a la mujer y prefería no desatar su ira, o yo me había equivocado del todo al deducir sus intenciones.
Aquello me perturbó, porque mi conciencia ya era lo bastante ruidosa por sí misma.
La muy hija de perra no paraba de gritarme que tomase un camino completamente diferente al que estaba dispuesta a tomar, como si el germen reproductivo de los Remo Delgado no solo hubiese okupado mi útero, sino también mi cerebro.
Por suerte para nosotros, aún teníamos tiempo para discutirlo con calma. Eso sí, lo haríamos fuera de aquella consulta.
—Si vais a optar por esa opción es mejor hacerlo cuanto antes.
—La mujer contradijo mis pensamientos al responder con voz distante.
Parecía como si estuviera recitando un discurso que ya había repetido muchas veces.
Justo en ese momento Bruno se dignó a mirarme—.
El método no quirúrgico solo se puede realizar dentro de las siete semanas siguientes al primer día del último periodo, y en España el aborto es legal hasta la semana catorce de embarazo.
Sí, es cierto que la ley mantiene la interrupción por patología fetal y por salud física y psíquica hasta la semana veintidós, pero la decisión se vuelve más difícil y hay mayor riesgo de complicaciones conforme pasa el tiempo, por no hablar de las consecuencias que…
Aquello provocó que Bruno rompiese el contacto visual conmigo de forma brusca y fijase su atención en la médica.
—¿Qué complicaciones? —la interrumpió.
Tragué saliva, perturbada por su preocupación, y me concentré en lo que estaba a punto de decir la doctora.
—Sea cual sea la técnica utilizada, el aborto provocado conlleva riesgos para la salud de la madre, pero estos varían según si es por un procedimiento quirúrgico o químico.
Infecciones, sepsis, inflamaciones, embolias, hemorragias, coágulos intravasculares…
—enumeró mirándolo con algo parecido a la compasión.
Sentí un apretón en la mano que tenía enredada en la de él—.
Eso hablando solo de la salud física, claro.
Por supuesto, algo tan importante debe decidirse de forma libre y consensuada por ambos progenitores, así que es crucial que tengáis toda la información para que podáis tomar una decisión responsable.
Sin embargo, como médica también os voy a proporcionar las pautas y los pasos a seguir en caso de que decidáis continuar con el embarazo, empezando por la que podría ser la fecha probable de parto de vuestro hijo.
—Yo prefer…
—Que sería el veintiséis de abril —sentenció ella. Acto seguido, se dirigió a mí con una ceja alzada—. Disculpa, te he interrumpido. ¿Alguna pregunta más?
Cuando salí de aquella consulta, un buen rato después y con una carpeta llena de folletos y documentación, sentí la necesidad de tomar una profunda bocanada de aire.
Aquella mujer había puesto a prueba mi escasa paciencia y, de no haber sido por Bruno, que medió e intentó tranquilizarme con su mirada y con caricias en mi pierna, le habría saltado a la yugular.
¿Quién se creía que era metiéndonos miedo y dándome lecciones de moralidad camufladas como consejos profesionales?
Lo peor era que lo había conseguido, me había hecho sentir como una mierda por el simple hecho de plantearme interrumpir el embarazo, cuando en realidad era una locura que nos planteásemos cualquier otra alternativa teniendo en cuenta todo lo que conllevaba y nuestra situación actual.
Caminamos en silencio hasta el coche y, una vez montados en él y con el motor en marcha, Bruno se giró hacia mí y me observó en silencio.
Yo estaba a punto de perder la batalla contra las lágrimas. Me sentía realmente mal y solo quería llegar a casa, encerrarme en mi habitación, romper algo y llorar hasta quedarme seca.
En ese orden exacto.
—¿Podemos irnos de aquí? —le pedí con voz ahogada.
Él no dijo nada, tan solo se acomodó de nuevo en su asiento y salió del estacionamiento en completo silencio.