Capitulo 13 Hasta llegar a ti
HASTA LLEGAR A TI
La noche todavía no había terminado de caer.
Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse una por una.
En algún lugar, un tren atravesaba las vías.
En otro, alguien cerraba las puertas de una tienda.
Las personas caminaban sin saber que, en aquella misma ciudad, dos personas llevaban días buscándose.
Dos personas que habían recorrido kilómetros.
Que habían perdido trenes.
Que habían conocido desconocidos.
Que habían llorado.
Que habían tenido miedo.
Que habían estado a punto de rendirse.
Y que, sin saberlo...
se encontraban cada vez más cerca.
---
Asahi abrió los ojos.
La habitación estaba oscura.
Durante unos segundos no recordó dónde estaba.
Después escuchó el sonido de las máquinas.
Bip.
Bip.
Bip.
Miró los cables conectados a su cuerpo.
Respiró profundamente.
Rin.
Su nombre apareció inmediatamente en su cabeza.
Asahi se incorporó.
El dolor recorrió todo su cuerpo.
—Au...
Se quedó sentado.
El médico había dicho que no podía levantarse.
Las enfermeras habían dicho que necesitaba descansar.
Pero ninguna de esas palabras importaba ahora.
Asahi miró hacia la puerta.
Luego hacia la ventana.
Y sonrió.
—Lo siento.
Comenzó a quitarse los cables.
Uno.
Después otro.
Una máquina comenzó a emitir una alarma.
—No...
Asahi intentó desconectarla.
La alarma aumentó.
—¡No, no, no!
Miró hacia la puerta.
Se escucharon pasos.
—¡¿Qué está pasando?!
Asahi se levantó.
Sus piernas temblaron.
Casi cayó.
Se sostuvo de la cama.
—Vamos...
Dio un paso.
Después otro.
El cuerpo le pedía que se detuviera.
Pero él siguió.
Llegó hasta la puerta.
La abrió.
Un pasillo vacío.
Asahi miró a ambos lados.
—Perfecto.
Y salió corriendo.
---
No sabía hacia dónde iba.
Solo sabía que tenía que salir.
Bajó las escaleras.
Una.
Dos.
Tres.
Casi tropezó.
Una enfermera apareció al fondo.
—¡Oiga!
Asahi continuó corriendo.
—¡Espere!
—¡Lo siento!
—¡Vuelva aquí!
Asahi abrió una puerta de emergencia.
La alarma comenzó a sonar.
Y salió.
El aire frío golpeó su rostro.
Se quedó inmóvil.
Respiró.
Una vez.
Dos.
Y sonrió.
El viento.
Otra vez aquel viento.
El mismo que había sentido durante el viaje.
El mismo que había golpeado su rostro mientras caminaba.
El mismo que había aparecido en sus sueños.
Asahi cerró los ojos.
—Rin...
Entonces corrió.
---
Corrió sin saber dónde estaba.
Corrió con aquella horrible bata blanca todavía puesta.
Corrió descalzo.
Corrió por las calles.
Las personas se apartaban para dejarlo pasar.
Algunos lo miraban sorprendidos.
Un hombre casi dejó caer una bolsa.
—¡¿Está bien?!
Asahi siguió corriendo.
—¡Perdón!
No se detuvo.
Una bicicleta pasó frente a él.
—¡Cuidado!
—¡Perdón!
Siguió.
Una señora tuvo que apartarse.
—¡Disculpe!
Siguió.
Una pequeña tienda.
Una esquina.
Una avenida.
Una calle.
Otra.
No sabía hacia dónde.
Pero el viento sí.
Asahi comenzó a reír.
No sabía por qué.
Después de todo lo ocurrido...
estaba corriendo.
Estaba vivo.
Y en su cabeza solo existía una persona.
Rin.
---
Mientras corría, comenzaron a aparecer recuerdos.
La primera conversación.
La primera vez que ella le escribió.
Las noches hablando.
Las pequeñas bromas.
Las veces que Rin se preocupaba por él.
El día en que decidieron encontrarse.
El miedo.
La emoción.
La promesa.
"Nos veremos."
Asahi aceleró.
—Voy a llegar.
Corrió más.
—Voy a llegar.
El pecho le dolía.
Las piernas le temblaban.
Pero no se detuvo.
—¡Voy a llegar!
---
Llegó a un puente.
Se detuvo.
Respiraba con dificultad.
Miró alrededor.
Nada.
Solo personas caminando.
El agua debajo.
Las luces reflejándose en la superficie.
Asahi buscó desesperadamente.
—Rin...
Nada.
Miró hacia ambos extremos.
—¿Dónde estás?
El viento volvió a soplar.
Asahi cerró los ojos.
Y sonrió.
—Todavía no.
Comenzó a correr nuevamente.
---
Pasó junto a un pequeño callejón.
Un gato cruzó frente a él.
Asahi frenó de golpe.
El animal lo miró.
Él lo reconoció.
Era igual a los gatos que Rin le había contado que había encontrado durante su viaje.
Asahi soltó una pequeña risa.
—¿Tú también estás buscando a alguien?
El gato salió corriendo.
Asahi lo siguió con la mirada.
Otros gatos aparecieron detrás.
Uno.
Dos.
Tres.
Corrieron juntos hacia otra calle.
Asahi sonrió.
—Qué extraño...
Por un instante pensó en ella.
En todas las historias que seguramente había vivido.
En todas las personas que habría conocido.
En todos aquellos gatos.
—Espero que hayas estado bien.
Y volvió a correr.
---
La ciudad comenzó a abrirse frente a él.
El cielo estaba oscuro.
Las luces brillaban sobre las calles.
El viento continuaba empujándolo.
Asahi corría.
Ya no sentía dolor.
Ya no sentía el cansancio.
Solo sentía una necesidad.
Encontrarla.
Había perdido muchas cosas durante aquel viaje.
Su equipaje.
Su teléfono.
Sus fuerzas.
Incluso había perdido la conciencia.
Pero había una cosa que todavía tenía.
La promesa.
Y no pensaba perderla.
---
Entonces vio otro puente.
Asahi frenó.
Miró hacia el otro extremo.
Había alguien allí.
Una chica.
Estaba de espaldas.
Su cabello se movía con el viento.
Asahi dejó de respirar.
No podía verla claramente.
Era imposible saberlo desde aquella distancia.
Pero algo dentro de él...
lo supo.
—Rin...
La chica no se movió.
Asahi dio un paso.
—Rin.
Nada.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Dio otro paso.
—¡Rin!
La chica se quedó inmóvil.
Después...
lentamente...
comenzó a girar.
Asahi sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Ella levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
El mundo se detuvo.
Rin abrió la boca.
No pudo hablar.
Asahi tampoco.
Después de tantos días...
tantos kilómetros...
tantas noches...
tantas dudas...
estaban allí.
Frente a frente.
Rin comenzó a llorar.
—Asahi...
Él sonrió.
Una sonrisa temblorosa.
—Rin.
Y entonces gritó:
—¡RIN!
Ella respondió entre lágrimas.
—¡ASAHI!
Los dos comenzaron a correr.
---
Rin corrió tan rápido como pudo.
Asahi también.
Ninguno sabía si estaba llorando o riendo.
Probablemente ambas cosas.
Rin se limpiaba las lágrimas mientras corría.
Asahi intentaba respirar.
—¡Creí que no ibas a venir!
—¡Yo creí que tú te habías ido!
—¡Nunca!
—¡No sabía dónde estabas!
—¡Yo tampoco sabía dónde estabas!
—¡Te esperé!
—¡Yo intenté llegar!
—¡Pensé que algo te había pasado!
Asahi comenzó a llorar.
—Me pasó de todo.
Rin soltó una risa entre lágrimas.
—¡Idiota!
—¡Lo sé!
—¡Eres un idiota!
—¡Sí!
Cada vez estaban más cerca.
—¡¿Por qué tardaste tanto?!
Asahi sonrió.
—¡Porque el mundo parecía estar empeñado en detenerme!
Rin lloró aún más.
—¡Pues no lo consiguió!
—¡No!
Solo quedaban unos metros.
Rin extendió los brazos.
Asahi hizo lo mismo.
Y finalmente...
llegaron el uno hasta el otro.
Se abrazaron.
Con fuerza.
Como si alguno de los dos pudiera desaparecer si aflojaban los brazos.
Rin escondió el rostro contra su pecho.
—Pensé que habías muerto...
Asahi cerró los ojos.
—Yo también pensé que podía morir.
Rin lo abrazó más fuerte.
—Tenía tanto miedo...
—Lo siento.
—No vuelvas a hacerme esto.
Asahi soltó una pequeña risa.
—Intentaré no volver a ser secuestrado por yakuzas.
Rin se separó un poco.
Lo miró.
—¿Qué?
Asahi sonrió.
—Es una historia muy larga.
Rin soltó una carcajada entre lágrimas.
—Eres increíblemente raro.
—Tú viniste hasta aquí por mí.
—Porque eres raro.
—Entonces somos dos raros.
Rin volvió a abrazarlo.
Esta vez ninguno dijo nada.
No hacía falta.
Habían pasado tantos días hablando.
Y, sin embargo, aquel silencio decía más que todos sus mensajes juntos.
El viento volvió a soplar.
Rin cerró los ojos.
Asahi levantó la mirada hacia el cielo.
Las nubes comenzaban a separarse.
Entre ellas aparecieron algunas estrellas.
Rin miró hacia arriba.
—Asahi...
—¿Sí?
—¿Sabes qué pensé cuando ya no sabía dónde estabas?
—¿Qué?
Ella sonrió.
—Que quizá algunas personas no lleguen a nuestra vida para quedarse.
Asahi la miró.
—¿Y qué pensaste después?
Rin bajó la mirada.
—Que yo quería que tú fueras una de las que sí.
Asahi sintió que los ojos volvían a llenarse de lágrimas.
—Rin...
Ella lo miró.
Esta vez no hubo palabras.
Solo se acercaron.
Y se besaron.
Fue un beso corto.
Tembloroso.
Torpe.
Perfectamente imperfecto.
Como ellos.
Cuando se separaron, Rin apoyó su frente contra la de él.
Los dos sonrieron.
Después comenzaron a reír.
No porque algo fuera gracioso.
Sino porque después de tanto dolor...
por fin podían hacerlo.
Reír.
Respirar.
Estar juntos.
Habían pasado meses hablando a través de una pantalla.
Habían cruzado medio país.
Habían enfrentado cosas que jamás imaginaron.
Habían conocido personas que probablemente nunca olvidarán.
Habían aprendido que algunas despedidas llegan demasiado pronto.
Que algunos caminos son más largos de lo que parecen.
Que la vida puede cambiar en un solo instante.
Y que, a veces...
seguir caminando es la única forma de descubrir qué hay al final del camino.
Rin tomó la mano de Asahi.
Él entrelazó sus dedos con los de ella.
Comenzaron a caminar.
Sin saber qué sucedería después.
Sin saber dónde dormirían.
Sin saber cuánto tiempo permanecerán allí.
Sin saber cómo explicar todo lo que había ocurrido.
Pero eso ya no importaba.
Porque por primera vez...
no tenían que preguntarse dónde estaba el otro.
Estaban juntos.
Asahi miró a Rin.
Ella sonrió.
Y él pensó en todos los momentos en los que había estado a punto de rendirse.
En todos los caminos que parecían cerrados.
En todas las veces que creyó que no llegaría.
Y comprendió algo.
Quizá el destino no era un lugar.
Quizá era una persona.
Quizá algunos caminos no existen para llevarnos a algún sitio.
Quizá existen para enseñarnos cuánto estamos dispuestos a caminar por alguien.
Asahi apretó suavemente la mano de Rin.
Ella lo miró.
—¿Qué pasa?
Asahi sonrió.
—Nada.
Continuaron caminando.
El viento sopló detrás de ellos.
Y por primera vez...
no los empujó hacia adelante.
Simplemente los acompañó.
Asahi miró a Rin.
Y entonces pensó:
"Jamás nada me detuvo."
Hizo una pequeña pausa.
"Porque tenía que llegar hasta ti."
Y siguieron caminando.
Juntos.
FIN