Hasta Llegar A Ti Capitulo 12 Malas noticias
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Capitulo 12 Malas noticias

MALAS NOTICIAS

—Lo siento.

Rin no respondió.

La doctora permaneció frente a ella.

—Revisamos los registros de ingreso de los últimos días.

Rin la miraba fijamente.

—No hay nadie registrado con ese nombre.

Silencio.

La frase tardó unos segundos en llegar realmente hasta ella.

Como si su mente se negara a comprenderla.

—¿Está segura?

La doctora asintió.

—Sí.

Rin bajó la mirada.

—Tal vez...

Su voz tembló.

—Tal vez está registrado con otro nombre.

—Es posible, pero no encontramos a nadie que coincida con la información que nos diste.

Rin permaneció inmóvil.

—Entiendo.

La doctora quiso decir algo más.

Pero Rin ya no estaba escuchando.

Miró hacia el suelo.

Sus manos comenzaron a temblar.

Había pasado tres días esperando.

Había recorrido cuatro hospitales.

Había llegado hasta el quinto.

Había imaginado cientos de posibilidades.

Pero ninguna había sido aquella.

No había encontrado a Asahi.

Ni siquiera había encontrado una pista.

No sabía dónde estaba.

No sabía si estaba herido.

No sabía si estaba vivo.

Y ahora tampoco sabía si había estado allí alguna vez.

Rin apretó los labios.

Intentó contener las lágrimas.

No pudo.

Una cayó.

Después otra.

La doctora se acercó.

—Rin...

Ella negó con la cabeza.

—Gracias.

Se inclinó ligeramente.

—Gracias por ayudarme.

Y salió.

---

No corrió.

No lloró.

No gritó.

Simplemente caminó.

Salió del hospital.

Bajó las escaleras.

Atravesó la entrada.

Y siguió caminando.

Las personas pasaban a su alrededor.

Algunas hablaban.

Otras reían.

Los vehículos circulaban por las calles.

La ciudad seguía viviendo.

Pero Rin sentía que estaba caminando dentro de un sueño.

Un sueño extraño.

Uno del que no conseguía despertar.

Caminó una calle.

Después otra.

Luego otra.

No sabía exactamente hacia dónde iba.

Sus pies parecían saberlo por ella.

La estación.

Tenía que volver a la estación.

Eso era lo que debía hacer.

Quizá...

quizá había llegado el momento de regresar.

Quizá había sido suficiente.

Quizá Asahi nunca llegaría.

Quizá había cometido un error.

Quizá todo aquello había sido solamente una ilusión demasiado bonita para durar.

Rin continuó caminando.

Las lágrimas caían silenciosamente.

No intentó limpiarlas.

Ya no tenía fuerzas.

---

Llegó a la estación.

Se detuvo frente a las puertas.

Había gente por todas partes.

Personas esperando.

Personas llegando.

Personas despidiéndose.

Una familia abrazaba a alguien.

Una pareja reía.

Un hombre cargaba varias maletas.

Una niña corría detrás de su madre.

Rin los observó.

Todos parecían saber hacia dónde iban.

Ella no.

Sacó el boleto.

Lo miró.

El tren estaba a punto de salir.

Rin avanzó lentamente.

Un paso.

Otro.

Llegó hasta la puerta.

Estaba a punto de subir.

Entonces el viento apareció.

No fue fuerte.

Fue apenas una corriente.

Pero levantó algunos mechones de su cabello.

Rin se detuvo.

El cabello le cubrió parte del rostro.

Cerró los ojos.

Durante unos segundos no escuchó nada.

Solo el viento.

Entonces abrió los ojos.

Miró hacia atrás.

Una pareja acababa de encontrarse.

Se abrazaban.

Una mujer lloraba mientras sostenía a un hombre entre sus brazos.

Un niño corría hacia su padre.

Alguien reía.

Alguien lloraba.

Alguien había llegado.

Rin los observó.

Y algo dentro de ella comenzó a despertar.

Miró nuevamente el tren.

Después miró hacia la ciudad.

Recordó el primer día.

La lluvia.

Las personas que había conocido.

Las historias.

Su diario.

Los caminos.

Las noches.

Las lágrimas.

Los kilómetros.

Todo aquello.

Todo había comenzado por una decisión.

Una decisión que parecía imposible.

Pero que había tomado de todas formas.

Rin cerró los ojos.

Recordó una frase que había escrito días atrás.

"La gente que encuentras en el camino también forma parte del viaje."

Después recordó otra.

"El amor tiene formas extrañas de regresar."

Abrió los ojos.

Y comprendió algo.

Quizá no tenía ninguna certeza.

Quizá no tenía respuestas.

Quizá Asahi no estaba allí.

Pero ella todavía estaba allí.

Y mientras ella pudiera caminar...

la historia no había terminado.

Rin dio un paso atrás.

El tren comenzó a cerrar sus puertas.

Ella lo miró.

Por un momento pareció que iba a subir.

Pero entonces negó con la cabeza.

—No.

Su voz era pequeña.

Casi un susurro.

—No llegué hasta aquí para rendirme.

El tren partió.

Rin permaneció en el andén.

Lo observó alejarse.

Y cuando desapareció detrás de los edificios...

comenzó a correr.

---

No sabía hacia dónde.

Simplemente corrió.

Atravesó la estación.

Bajó las escaleras.

Salió a la calle.

Corrió entre las personas.

Algunas la miraban.

A ella no le importaba.

Su cabello volaba detrás de ella.

Las lágrimas seguían cayendo.

Pero ahora eran diferentes.

Ya no eran lágrimas de derrota.

Eran lágrimas de alguien que había decidido seguir.

Rin corría.

Por primera vez en días no pensaba.

No analizaba.

No imaginaba tragedias.

No buscaba explicaciones.

Solo avanzaba.

Una calle.

Otra.

Un puente.

Una plaza.

Una avenida.

El viento parecía empujarla.

Como si la ciudad entera hubiera decidido abrirle un camino.

Rin soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—Qué estoy haciendo...

Siguió corriendo.

No sabía qué encontraría.

No sabía dónde estaba Asahi.

Pero algo dentro de ella le decía que todavía no debía detenerse.

Y por primera vez...

decidió escuchar esa voz.

---

Pasó frente a una tienda.

Un hombre salió cargando cajas.

—¡Cuidado!

Rin esquivó las cajas.

—¡Perdón!

Continuó corriendo.

Una bicicleta pasó junto a ella.

Un perro comenzó a ladrar.

Un niño la señaló mientras corría.

—¡Mamá, mira!

Rin ni siquiera volteó.

La ciudad parecía haberse convertido en un enorme escenario.

Todo se movía.

Todo sonaba.

Todo estaba vivo.

Y ella corría en medio de todo aquello.

Como si estuviera persiguiendo algo invisible.

Como si supiera que, si se detenía, el miedo volvería a alcanzarla.

---

Llegó a un puente.

Se detuvo.

Respiraba con dificultad.

Apoyó las manos sobre sus rodillas.

Miró el agua.

El viento volvió a soplar.

Esta vez con más fuerza.

Rin levantó la cabeza.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Y entonces gritó.

—¡ASAHIIIIIIIIIIII!

Su voz atravesó el puente.

Rebotó entre los edificios.

Se perdió sobre el agua.

Rin esperó.

Nada.

Solo el viento.

Bajó la cabeza.

Las lágrimas comenzaron a caer nuevamente.

—¿Dónde estás...?

Su voz se quebró.

—¿Dónde estás?

Se abrazó a sí misma.

—Te estoy buscando...

Cerró los ojos.

—Te estoy buscando desde hace tanto...

El viento golpeó nuevamente su espalda.

Rin levantó la mirada.

Por un instante sintió algo extraño.

Una sensación.

Como si alguien estuviera detrás de ella.

Se giró.

No había nadie.

Solo el puente.

La ciudad.

El cielo.

Y el viento.

Rin sonrió entre lágrimas.

—Todavía no.

Se secó el rostro.

—Todavía no me voy a rendir.

Y volvió a correr.

--- El sol comenzaba a esconderse.

El cielo había adquirido tonos dorados.

Rin seguía corriendo.

Ya no sabía cuánto tiempo llevaba.

Sus piernas dolían.

Su respiración era pesada.

Pero no se detenía.

Pasó por una calle que no recordaba.

Después por un parque.

Luego encontró otro puente.

Se detuvo al principio.

Miró hacia adelante.

Había una persona al otro extremo.

No podía distinguir su rostro.

Rin entrecerró los ojos.

Era demasiado lejos.

El viento sopló.

Su cabello volvió a levantarse.

Rin dio un paso.

La persona permaneció allí.

Otro paso.

De repente escuchó una voz.

Muy lejos.

Casi perdida entre el ruido de la ciudad. Rin se detuvo.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿...Rin?

Sus ojos se abrieron.

No.

Quizá lo había imaginado.

Miró nuevamente.

La persona del otro extremo parecía moverse.

Rin dio otro paso.

—¿Quién...?

Entonces escuchó un grito.

Esta vez claramente.

Un grito desesperado.

Una voz que atravesó todo el ruido.

Rin se quedó completamente inmóvil.

El mundo pareció desaparecer.

Las personas.

Los vehículos.

El agua.

El viento.

Todo.

Solo quedó aquella voz.

Rin abrió los ojos.

Y por primera vez en días... sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Incrédula.

Temblorosa.

El corazón le golpeaba el pecho.

—No puede ser...

La voz volvió a escucharse.

Más fuerte.

Más cerca.

Rin llevó una mano a su boca.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Y entonces...

desde el otro extremo del puente...

alguien volvió a gritar.

—¡RIN!

Ella levantó la cabeza.

El viento sopló detrás de ella.

Y Rin comenzó a correr.

FIN DEL CAPÍTULO 14