Hasta Llegar A Ti Capitulo 11 Padres #2
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Capitulo 11 Padres #2

—¡Quédate con nosotros!

Nada.

—¡Vamos!

La descarga fue aplicada.

El cuerpo de Asahi reaccionó.

Pero el monitor continuó sin mostrar una respuesta estable.

—Otra vez.

La segunda descarga.

Nada.

—¡Vamos!

El médico miró el monitor.

—Otra vez.

La tercera descarga.

Silencio.

La enfermera miró al médico.

—Doctor...

El hombre permaneció inmóvil.

Miró al muchacho.

Después al monitor.

—Continúen.

—Sí.

Pasaron segundos.

Después un minuto.

Después otro.

El tiempo parecía haberse detenido.

Asahi no respiraba.

El médico bajó lentamente la cabeza.

—Hora...

Se quedó callado.

Miró nuevamente al paciente.

No había documentos.

No había identificación.

No había teléfono.

No había familia allí.

Ni siquiera sabían su nombre.

Solo era un muchacho desconocido que había llegado junto con otros evacuados.

Un muchacho sin historia.

Sin identidad.

Sin nadie que pudiera reclamarlo.

El médico cerró los ojos.

—Hora...

Y entonces...

Bip.

La enfermera levantó la cabeza.

—¿Qué?

Bip.

Todos miraron el monitor.

Una pequeña línea apareció.

Después otra.

Bip.

—¡Tenemos ritmo!

El médico se acercó.

—¡Continúen!

Bip.

Bip.

Bip.

El sonido se hizo cada vez más rápido.

Una enfermera comenzó a llorar.

—Volvió...

El médico respiró profundamente.

—Vamos, muchacho.

Le tomó el hombro.

—Quédate con nosotros.

El pecho de Asahi se movió.

Una respiración.

Después otra.

Y finalmente...

sus ojos se abrieron.

---

La primera cosa que vio fue luz.

Una luz blanca.

Demasiado brillante.

Asahi parpadeó.

—¿Dónde...?

Una enfermera se llevó las manos al rostro.

—Despertó.

Alguien salió corriendo de la habitación.

—¡Despertó!

De repente había personas alrededor.

Médicos.

Enfermeras.

Todos hablaban.

Alguien sonreía.

Alguien aplaudió.

Asahi los miraba sin entender.

—¿Qué... ¿Qué pasó?

Una enfermera se acercó.

—Tranquilo.

—¿Dónde estoy?

—En un hospital.

Asahi miró alrededor.

Todo volvió lentamente.

La lluvia.

El agua.

El vehículo.

El hombre.

Sus padres.

Rin.

—¿Cuánto tiempo?

El médico lo observó.

—Varios días.

Asahi quedó inmóvil.

—¿Días?

—Sí.

Intentó incorporarse.

—Tengo que irme.

—No.

—Tengo que...

El médico puso una mano sobre su hombro.

—No puedes levantarte todavía.

Asahi miró su cuerpo.

Había cables.

Vendajes.

Aparatos.

—¿Qué me pasó?

El médico respiró profundamente.

—Fuiste encontrado durante las inundaciones.

Asahi cerró los ojos.

Recordó el agua.

—¿Y los demás?

El médico bajó la mirada.

—Hubo muchas víctimas.

Asahi permaneció en silencio.

Entonces preguntó:

—¿Quién me encontró?

—Un equipo de rescate.

—¿Mi familia?

Silencio.

—No había nadie contigo.

Asahi miró al techo.

—¿Mi teléfono?

La enfermera negó con la cabeza.

—No encontramos ninguno.

Asahi cerró los ojos.

Rin.

—Necesito...

La voz se le quebró.

—Necesito hablar con alguien.

—¿Con quién?

Asahi respondió inmediatamente.

—Rin.

El médico lo miró.

—¿Quién es Rin?

Asahi abrió los ojos.

—Una chica.

—¿Tu familiar?

—No.

—¿Sabes su número?

Asahi permaneció en silencio.

No.

No lo recordaba.

Había confiado en su teléfono durante tanto tiempo que nunca pensó en memorizarlo.

Sintió que el pecho comenzaba a dolerle.

—No.

La enfermera intentó tranquilizarlo.

—Podrás contactarla cuando te recuperes.

Asahi miró hacia la ventana.

Ya era de noche.

No sabía cuántos días habían pasado realmente.

No sabía qué día era.

No sabía qué había ocurrido con Rin.

Y lo peor...

no sabía si ella todavía estaba esperándolo.

---

Aquella noche nadie pudo convencerlo de dormir.

Las luces de la habitación permanecían apagadas.

Asahi miraba el techo.

Pensaba.

Una y otra vez.

¿Y si se fue?

Quizá Rin había esperado.

Quizá se había cansado.

Quizá había pensado que él se arrepintió.

Quizá había creído que nunca quiso llegar.

Quizá...

Asahi apretó las manos.

—No.

No podía saberlo.

Y eso era lo que más le dolía.

No poder explicarle.

No podía decirle lo que había ocurrido.

No poder decirle que había intentado llegar.

Que había perdido trenes.

Que había trabajado en un barco.

Que había sobrevivido a una inundación.

Que había estado a punto de morir.

Que incluso cuando su cuerpo dejó de responder...

su mente seguía intentando llegar hasta ella.

Miró hacia la ventana.

La ciudad dormía.

Asahi cerró los ojos.

Pensó en sus padres.

En la conversación.

En aquella frase.

"Ella es lo único que tienes ahora."

Asahi respiró profundamente.

—No.

Abrió los ojos.

—No es lo único que tengo.

Miró sus manos.

—Es aquello que quiero encontrar.

Se quedó en silencio.

Después sonrió ligeramente.

—Rin me estará esperando.

Pero una pequeña voz dentro de él respondió:

¿Y si no?

Asahi volvió a quedarse serio.

No podía saberlo.

Así que decidió algo.

Al día siguiente se iría.

No importaba si los médicos decían que todavía estaba débil.

No importaba si no tenía dinero.

No importaba si no tenía teléfono.

No importaba cuánto faltará.

Tenía que encontrarla.

Asahi giró la cabeza hacia la ventana.

Las primeras luces del amanecer comenzaban a aparecer.

Había pasado por la muerte.

Había visto a sus padres.

Había regresado.

Y ahora solo tenía una cosa en la cabeza.

Llegar.

Sin teléfono.

Sin equipaje.

Sin saber siquiera qué le esperaba.

Pero con una promesa.

—Rin...

Susurró su nombre.

—Espérame un poco más.

Cerró los ojos.

Esta vez no estaba huyendo del futuro.

Por primera vez...

quería llegar a él.

Y cuando amaneciera...

escaparía del hospital.

FIN DEL CAPÍTULO 12