Hasta Llegar A Ti Capitulo 11 Padres
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Capitulo 11 Padres

PADRES

Lo primero que sintió fue calor.

Un calor extraño.

No era el calor del sol.

Era algo más profundo.

Como si estuviera flotando dentro de una habitación completamente blanca.

Asahi abrió los ojos.

No vio nada.

Parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

El blanco continuaba allí.

—¿Dónde estoy?

Su propia voz sonó diferente.

Lejana.

Como si alguien hubiera pronunciado aquellas palabras.

Asahi intentó levantarse.

No pudo.

Miró hacia abajo.

No había suelo.

Tampoco paredes.

Ni techo.

Solo una enorme extensión blanca que parecía continuar hasta el infinito. —¿Qué...?

Se llevó una mano al pecho.

Su corazón latía.

Lento.

Demasiado lento.

Entonces escuchó algo.

Una voz.

Muy lejos.

—Asahi...

Se giró.

—¿Quién está ahí?

Silencio.

Después la voz volvió.

—Asahi.

Esta vez la reconoció.

Sus ojos se abrieron.

—Papá...

A lo lejos apareció una figura.

Un hombre.

De espaldas.

Asahi se quedó inmóvil.

No podía ser.

No tenía sentido.

Pero conocía aquella silueta. Conocía aquella forma de caminar.

Conocía aquellos hombros.

—Papá.

El hombre continuó caminando.

Asahi comenzó a correr.

—¡Papá!

El hombre no se detuvo.

—¡Espera!

Asahi aceleró.

Pero cuanto más corría...

más lejos parecía estar.

—¡Papá!

La figura continuó alejándose.

Asahi sintió que comenzaba a faltarle el aire.

—¡Espera!

Corrió con todas sus fuerzas.

No importaba cuánto avanzará.

Nunca conseguía acercarse.

Entonces apareció otra figura.

Una mujer.

Asahi se detuvo.

El mundo parecía quedarse completamente quieto.

—Mamá...

Ella se encontraba unos metros detrás de su padre. Sonreía.

Era la misma sonrisa que recordaba.

La sonrisa que había visto cientos de veces.

La sonrisa que no había vuelto a ver desde aquel día.

—Mamá...

Ella comenzó a caminar.

Asahi sintió que las lágrimas aparecían.

—¡Mamá!

Corrió hacia ella.

Pero ocurrió lo mismo.

Ella se alejaba.

Cuanto más intentaba alcanzarla...

más lejos estaba.

—¡No!

Asahi corrió.

—¡No se vayan!

Sus padres continuaron caminando.

—¡Por favor!

Su voz comenzó a quebrarse.

—¡Esperen!

Ellos no respondieron.

Asahi cayó de rodillas.

—No otra vez...

Miró sus manos.

Estaban temblando.

—No me dejen otra vez.

El suelo bajo sus rodillas comenzó a desaparecer.

Asahi abrió los ojos.

—¿Qué...?

Cayó.

No hubo tiempo para reaccionar.

El blanco desapareció.

Todo se volvió oscuro.

Y comenzó a caer.

---

Caía.

No sabía hacia dónde.

No sabía desde dónde.

Solo caía.

El viento golpeaba su rostro.

Intentó gritar.

No salió ningún sonido.

Abajo había agua.

Una cantidad infinita de agua.

Asahi cayó directamente en ella.

El impacto le robó el aire.

Comenzó a hundirse.

Intentó nadar.

Pero algo tiraba de él.

Cada vez más abajo.

Más profundo.

Más oscuro.

Asahi movió los brazos desesperadamente.

—¡Ayuda!

Su boca se llenó de agua.

Tosió.

Intentó subir.

No podía.

Entonces comenzaron a aparecer voces.

Al principio eran débiles.

Lejanas.

Casi irreales.

—...Asahi...

Abrió los ojos debajo del agua.

—¿Abuela?

La voz volvió.

—Dios mío...

Era ella.

Su abuela.

Asahi intentó subir.

Pero las piernas no responden.

La voz parecía venir desde arriba.

—¿Dónde está mi nieto?

Otra voz.

Una voz desconocida.

—Todavía no sabemos quién es.

Asahi intentó gritar.

"¡Estoy aquí!"

Pero el agua se llevó sus palabras.

Entonces escuchó algo más.

Una televisión.

Una voz de periodista.

—Las fuertes lluvias han provocado graves inundaciones...

Asahi se quedó inmóvil.

Las imágenes aparecieron frente a él.

Calles cubiertas de agua.

Vehículos arrastrados.

Personas corriendo.

Sirenas.

Rescatistas.

—El número de víctimas continúa aumentando...

Asahi comenzó a hundirse.

—No...

La voz de su abuela se mezcló con la noticia.

—Por favor...

—Las autoridades continúan buscando sobrevivientes... —Por favor, encuentren a mi nieto.

Asahi abrió la boca.

—¡Estoy aquí!

Nadie lo escuchaba.

Nadó hacia arriba.

Pero cada vez que intentaba avanzar...

el agua parecía empujarlo hacia abajo.

Entonces escuchó una voz.

Una voz diferente.

Una voz que reconocería incluso en medio de miles de personas.

—¡Asahi!

Asahi dejó de moverse.

Sus ojos se abrieron.

—¿Rin?

La escuchó nuevamente.

Esta vez más fuerte.

—¡Asahi!

Él comenzó a nadar.

—¡Rin!

No sabía si ella podía escucharlo.

Pero siguió nadando.

—¡¿Dónde estás?!

La voz parecía venir desde arriba.

—¡Asahi, ¿dónde estás?!

Asahi movió los brazos.

Una vez.

Otra.

Otra.

Cada movimiento dolía.

Pero continuó.

La oscuridad comenzó a cambiar.

Apareció una pequeña luz.

Asahi nadó hacia ella.

La luz creció.

La voz de Rin se volvió más clara.

—¡Ven a mí!

Asahi extendió la mano.

—Rin...

La luz lo envolvió.

Y todo desapareció.

---

Asahi abrió los ojos.

Esta vez vio un techo.

Blanco.

Real.

Parpadeó.

Intentó moverse.

No pudo.

Algo estaba conectado a su cuerpo.

Sintió cables.

Un tubo.

Un peso extraño sobre el pecho.

Escuchó sonidos.

Bip.

Bip.

Bip.

Miró hacia un lado.

Había máquinas.

No entendía qué eran.

Intentó hablar.

—¿Dónde...?

Nadie respondió.

Volvió a cerrar los ojos.

Pensó que quizá todo había terminado.

Pensó que quizá finalmente había despertado.

Entonces escuchó una voz.

—Hijo.

Asahi abrió los ojos.

Su corazón se detuvo por un instante.

Su padre estaba sentado junto a él.

—Papá...

El hombre sonrió.

Pero sus ojos estaban tristes.

—Hola.

Asahi comenzó a llorar.

—¿Estoy muerto?

Su padre negó con la cabeza.

—No.

—Entonces...

Miró alrededor.

—¿Dónde estoy?

—En un lugar entre dos caminos.

Asahi frunció el ceño.

—No entiendo.

Su padre se levantó.

Se acercó.

—Todavía no puedes entenderlo.

—¿Dónde está mamá?

El hombre guardó silencio.

Asahi supo la respuesta antes de escucharla.

—¿Está aquí?

Su padre bajó la mirada.

—No.

Asahi comenzó a llorar.

—Quiero verla.

—Lo sé.

—Quiero volver a casa.

Su padre se sentó junto a él.

—Asahi...

—Quiero volver.

—Ya no puedes volver a aquella casa.

Asahi lo miró.

—¿Por qué?

—Porque el pasado no es un lugar al que puedas regresar.

Asahi cerró los ojos.

—Odio el futuro.

Su padre permaneció en silencio.

—Siempre lo he odiado.

—Lo sé.

—No quiero saber qué va a pasar.

—Entonces deja de intentar saberlo.

Asahi abrió los ojos.

Su padre lo observaba.

—Vive primero.

Asahi soltó una pequeña risa.

—¿Vivir para qué?

—Para descubrirlo.

—¿Y si no quiero?

Su padre se inclinó hacia él.

—Entonces piensa en ella.

Asahi se quedó en silencio.

—¿En quién?

—La chica.

Rin.

Asahi sintió un dolor profundo en el pecho.

—Ella...

—Sí.

—Tengo que encontrarla.

—Exactamente.

—Pero no sé dónde está.

—Ella sí sabe dónde encontrarte.

Asahi negó con la cabeza.

—No puedo hablar con ella.

—Entonces despierta.

Asahi miró a su padre.

—¿Eso es todo?

—No.

Su padre sonrió.

—Es el principio.

---

Asahi se quedó mirándolo.

Había tantas cosas que quería preguntar.

¿Por qué habían muerto?

¿A dónde habían ido?

¿Por qué lo habían dejado solo?

¿Por qué la vida podía cambiar en un instante?

Pero ninguna pregunta parecía tener una respuesta capaz de aliviarlo.

—Papá...

—¿Sí?

—¿La muerte da miedo?

Su padre tardó en responder.

—A veces.

—¿Y vivir?

El hombre sonrió.

—Mucho más.

Asahi bajó la mirada.

—Entonces no entiendo.

—No necesitas entenderlo todo.

—¿Qué se supone que debo hacer?

Su padre tomó su mano.

—Seguir.

Asahi apretó los dedos.

—Estoy cansado.

—Lo sé.

—Tengo miedo.

—También lo sé.

—No quiero estar solo.

Su padre lo miró directamente.

—Ya no lo estás.

Asahi sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—Pero ustedes no están conmigo.

—No de la manera que quisieras.

Su padre hizo una pausa.

—Pero llevas toda tu vida llevando partes de nosotros contigo.

Asahi comenzó a llorar.

—Los extraño.

—Lo sé.

—Los extraño todos los días.

—Lo sé.

—Estoy enojado.

—También lo sé.

—¡Entonces por qué se fueron!

Su voz se quebró.

—¡¿Por qué me dejaron solo?!

Su padre no respondió.

Asahi comenzó a gritar.

—¡No quería crecer solo!

Las lágrimas caían sin detenerse.

—¡No quería aprender a vivir sin ustedes!

Su padre lo abrazó.

Y por primera vez en años...

Asahi sintió nuevamente los brazos de su padre alrededor de él. —Perdóname.

Asahi lloró contra su pecho.

—No quiero perderte otra vez.

—Entonces despierta.

—No puedo.

—Sí puedes.

—¡No puedo!

—Sí puedes.

—¡Tengo miedo!

—Todos tenemos miedo.

—¡No quiero morir!

Su padre lo separó lentamente.

Lo miró a los ojos.

—Entonces vive.

Silencio.

—Vive por ti.

Asahi respiró entre lágrimas.

—Y si algún día sientes que no puedes...

Su padre sonrió.

—Recuerda que existe alguien que está intentando encontrarte.

Asahi pensó en Rin.

Su rostro apareció en su mente.

Su sonrisa.

Su voz.

La forma en que se ponía nerviosa.

La manera en que se preocupaba por todo.

—Ella...

—Ella es lo único que tienes ahora.

Asahi negó con la cabeza.

—No.

Su padre lo miró.

—Es lo único que me queda.

El hombre sonrió.

—Entonces despierta.

---

Asahi cerró los ojos.

—Mamá...

La voz de su madre apareció detrás de él.

—Estoy aquí.

Asahi se giró.

Ella estaba allí.

Sonriendo.

—Mamá...

Corrió hacia ella.

Esta vez pudo abrazarla.

—No te vayas.

Ella acarició su cabello.

—Ya no puedo quedarme.

—No.

—Asahi...

—No quiero volver a estar solo.

—Nunca estuviste solo.

—Pero no podía verlos.

—Eso no significa que no estuviéramos.

Asahi apretó los brazos alrededor de ella.

—Quiero quedarme.

Su madre se separó.

—Todavía no.

—¿Por qué?

Ella miró hacia una luz que comenzaba a aparecer detrás de él.

—Porque alguien te está esperando.

Asahi se giró.

La luz era cada vez más fuerte.

—¿Rin?

Su madre sonrió.

—Ve.

Asahi negó con la cabeza.

—Tengo miedo.

—Ve.

—Mamá...

—Vive.

Su padre apareció junto a ella.

Ambos lo miraron.

—Y cuando la encuentres...

Su padre sonrió.

—No tengas miedo de quererte.

Asahi comenzó a caminar hacia la luz.

—¡Mamá!

Ella levantó la mano.

—Adiós, hijo.

—¡Papá!

—Despierta.

La luz lo envolvió.

Y esta vez...

Asahi gritó.

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—¡Cinco miligramos!

La voz de un médico atravesó la habitación.

—¡No responde!

Alarmas.

Gritos.

Pasos.

Una enfermera corrió hacia la cama.

—¡Doctor!

El monitor comenzó a emitir un sonido continuo.

Piiiiiiiiiiiiii...

—¡Se está deteriorando!

—¡Preparen el desfibrilador!

—¡Rápido!

—¡No tenemos respuesta!

Asahi permanecía inmóvil.

El pecho apenas se movía.

—¡Muchacho!

El médico se inclinó sobre él.