Capitulo 14 epílogo
EPÍLOGO
DIEZ AÑOS DESPUÉS
La habitación estaba en silencio.
Solo se escuchaba el sonido de una pluma sobre el papel.
Una hoja.
Después otra.
Después otra.
Sobre el escritorio había un montón de páginas desordenadas, algunas dobladas en las esquinas y otras llenas de tachones.
A un lado descansaba una taza de café que llevaba demasiado tiempo fría.
Junto a ella había una fotografía.
Dos personas.
Mucho más jóvenes.
Sonriendo.
Asahi levantó la mirada.
Habían pasado diez años.
Diez años desde aquel viaje.
Diez años desde aquella ciudad.
Diez años desde el día en que corrió por un puente con una bata de hospital.
Sonrió.
—Qué idiota era...
Volvió a mirar la hoja.
Había llegado a la última página.
La página que había evitado durante años.
Porque escribir el final significaba aceptar que aquella historia había terminado.
Y quizá algunas historias son difíciles de terminar precisamente porque una parte de nosotros todavía quiere seguir viviendo dentro de ellas.
Asahi tomó la pluma.
Escribió una última frase.
Se detuvo.
La leyó.
Después la tachó.
No.
No era suficiente.
Volvió a intentarlo.
Tampoco.
Dejó la pluma sobre el escritorio y se reclinó en la silla.
Miró por la ventana.
El cielo estaba despejado.
Una corriente de aire entró por la ventana entreabierta.
Asahi sonrió.
El viento.
Otra vez.
Siempre terminaba regresando.
Pensó en algo que había aprendido durante aquellos diez años.
El amor.
Durante mucho tiempo había pensado que amar significaba encontrar a una persona y permanecer junto a ella.
Ahora sabía que era mucho más complicado.
Amar también era esperar.
Era tener miedo.
Era confiar cuando no tenías ninguna garantía.
Era caminar cuando no sabías si al final del camino había alguien esperando.
Era aceptar que no puedes proteger a una persona de todas las cosas malas que existen en el mundo.
Y aun así...
querer caminar a su lado.
El amor no había hecho que su viaje fuera fácil.
Todo lo contrario.
Había hecho que cada obstáculo importara.
Porque cuando tienes a alguien a quien quieres encontrar, un kilómetro deja de ser un kilómetro.
Se convierte en una decisión.
Un tren perdido deja de ser simplemente un tren perdido.
Se convierte en otra oportunidad para continuar.
Una noche de miedo deja de ser solamente una noche.
Se convierte en un recuerdo que algún día contarás riéndote.
Y una persona que conociste detrás de una pantalla...
puede terminar convirtiéndose en la persona que te enseñó lo que significa estar vivo.
Asahi tomó nuevamente la pluma.
Pensó en sus padres.
En su abuela.
En todas las personas que encontró durante aquel viaje.
Los desconocidos que lo ayudaron.
En aquellos que le dieron miedo.
En quienes le enseñaron algo sin siquiera saberlo.
Pensó en Rin.
Y sonrió.
Quizá esa era la verdadera razón por la que había escrito todo aquello.
No para contar cómo se conocieron.
Ni para contar cómo cruzaron el país.
Ni siquiera para contar todas las cosas absurdas que ocurrieron durante el camino.
Lo había escrito porque algunas historias merecen ser recordadas.
Porque con el paso de los años comenzamos a olvidar detalles.
Olvidamos conversaciones.
Olvidamos las fechas.
Olvidamos lugares.
Pero hay cosas que permanecen.
Una voz.
Una mirada.
Una promesa.
Una mano buscando otra mano entre miles de personas.
Y un nombre.
Asahi cerró los ojos.
—Rin.
La sonrisa volvió a aparecer.
Diez años.
Y todavía podía recordar perfectamente la primera vez que escuchó su voz.
No sabía qué le esperaba cuando descargó aquella aplicación.
No sabía que una conversación cualquiera podía cambiarle la vida.
No sabía que tendría que cruzar medio país.
No sabía que estaría a punto de morir.
No sabía que perdería todo lo que llevaba consigo.
No sabía que tendría que aprender a seguir adelante incluso cuando ya no tuviera fuerzas.
Y mucho menos sabía que, al final de aquel camino...
alguien estaría esperándolo.
Quizá eso era el amor.
No sé.
No tener garantías.
No contar con un mapa que te diga exactamente hacia dónde ir.
Simplemente elegir caminar.
Una y otra vez.
Hasta encontrar aquello que estabas buscando.
Asahi miró la fotografía sobre el escritorio.
En ella, Rin estaba riendo.
Él también.
Dos personas que alguna vez estuvieron separadas por cientos de kilómetros.
Dos personas que alguna vez fueron completamente desconocidas.
Dos personas que comenzaron hablando detrás de una pantalla.
Asahi tomó la última hoja.
Esta vez no tachó nada.
Escribió lentamente.
Y cuando terminó, dejó la pluma sobre el escritorio.
Se levantó.
Caminó hacia la ventana.
El viento volvió a entrar.
Las páginas del manuscrito comenzaron a moverse.
Algunas hojas cayeron al suelo.
Asahi las observó.
Y se rio.
—Después de diez años sigues haciendo lo mismo.
Desde otra habitación se escuchó una voz.
—¿Asahi?
Él sonrió.
—¡Ya terminé!
—¿De verdad?
—Sí.
Hubo un pequeño silencio.
—¿Y cómo termina?
Asahi miró las páginas.
Después miró hacia el cielo.
Sonrió.
—Termina bien.
La voz respondió:
—¿Eso es todo?
Asahi soltó una carcajada.
—Es suficiente.
Se quedó unos segundos mirando el manuscrito.
Después regresó al escritorio.
En la última página escribió:
"Hay personas que llegan a nuestra vida sin avisar. Algunas se quedan poco tiempo. Otras se quedan para siempre. Pero existen unas pocas que, incluso antes de conocerlas, parecen estar esperándonos al final de un camino que todavía no hemos comenzado a recorrer."
Se detuvo.
Miré la frase.
Y añadió:
"Tal vez el amor no consiste en encontrar a la persona correcta."
"Tal vez consiste en seguir caminando hasta encontrarla."
Asahi cerró el libro.
Durante unos segundos permaneció en silencio.
Luego miró directamente hacia nosotros.
Como si pudiera vernos.
Como si durante todo este tiempo hubiera sabido que alguien estaba leyendo.
Sonrió.
Y dijo:
—Ahora que conoces nuestra historia... ¿qué piensas sobre ella?
FIN