Capitulo 9 Soledad
SOLEDAD
Habían pasado varios días.
Rin ya había perdido la cuenta.
Los primeros días habían sido emocionantes.
Cada estación era diferente.
Cada pueblo tenía algo nuevo.
Había conocido personas.
Había escuchado historias.
Había escrito páginas enteras en su diario.
Pero después de tantos kilómetros...
la emoción comenzó a desaparecer.
La carretera dejó de parecer una aventura.
Las estaciones dejaron de parecer lugares interesantes.
Los trenes comenzaron a sentirse iguales.
Y las noches...
las noches eran demasiado largas.
Rin estaba sentada junto a una ventana.
Afuera, el paisaje se movía lentamente.
Campos.
Casas.
Árboles.
Más casas.
Más campos.
Todo pasaba frente a sus ojos mientras ella permanecía completamente quieta. Tenía el teléfono entre las manos.
Lo miró.
Nada.
Volvió a mirar.
Nada.
Suspiró.
—¿Por qué no escribes?
No esperaba una respuesta.
Era solamente una pregunta que llevaba días haciéndose.
Al principio había pensado que Asahi estaba ocupado.
Después pensó que quizá había perdido la señal.
Luego que su batería se había agotado.
Después quizá había tenido algún problema con el tren.
Cada día encontraba una explicación diferente.
Pero cada noche...
todas esas explicaciones comenzaban a parecer menos convincentes.
Abrió la conversación.
El último mensaje seguía allí.
"Rin, hoy me pasó algo increíble."
Ella había respondido.
Después de eso...
nada.
Rin pasó el dedo por la pantalla.
—¿Dónde estás?
No había respuesta.
Guardó el teléfono.
Miró por la ventana.
Intentó convencerse de que no pasaba nada.
Pero una pequeña sensación se había instalado dentro de ella.
Una sensación que no podía explicar.
Algo estaba mal.
No sabía qué.
No sabía por qué.
Solo lo sentía.
---
Esa noche no pudo dormir.
Se encontraba en una pequeña habitación que había conseguido en el pueblo donde se había detenido.
El lugar era tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Rin estaba acostada mirando el techo.
Se giró hacia un lado.
Después hacia el otro.
Cerró los ojos.
Los abrió.
Tomó el teléfono.
Nada.
Lo dejó nuevamente.
—Seguro está bien.
Silencio.
—Tiene que estar bien.
Se abrazó a sí misma.
—Solo está ocupado.
Pero su propia voz no consiguió convencerla.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.
Rin se cubrió el rostro.
—No quiero pensar en esto...
Pero cuanto más intentaba dejar de pensar...
más aparecían las posibilidades.
Un accidente.
Una enfermedad.
Un problema durante el viaje.
Algo que no podía imaginar.
Y lo peor era no poder hacer absolutamente nada.
Si Asahi estaba en problemas, ella ni siquiera podía saberlo.
Ni siquiera podía buscarlo.
La distancia que antes parecía solamente un número ahora se sentía como una pared.
Una pared enorme.
Imposible de atravesar.
Rin tomó el teléfono nuevamente.
Escribió:
"¿Estás bien?"
Esperó.
Nada.
Escribió:
"Por favor, respóndeme cuando puedas."
Nada.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Por favor...
Miró la pantalla.
—Solo dime que estás bien.
Nada.
Rin dejó caer el teléfono sobre la cama.
Y lloró en silencio.
---
A la mañana siguiente decidió salir.
No podía quedarme encerrada.
Necesitaba caminar.
Necesitaba despejar la cabeza.
Tomó su diario y salió.
Pero la ciudad parecía diferente.
Había gente por todas partes.
Personas caminando.
Familias.
Parejas.
Amigos.
Niños corriendo.
Rin los observaba.
Todos parecían tener a alguien.
Y ella...
ella estaba sola.
Se sentó en una banca.
Abrió su diario.
Intentó escribir.
No pudo.
La página permaneció en blanco.
Pasaron varios minutos.
Entonces escuchó unas voces.
Dos oficiales de policía caminaban por la calle.
Uno de ellos la miró.
Después miró su maleta.
Volvió a mirarla.
Se acercaron.
—Disculpa.
Rin levantó la cabeza.
—¿Sí?
—¿Estás viajando sola?
Rin sintió que el corazón le dio un pequeño salto.
—Sí.
La oficial miró su equipaje.
—¿Cuántos años tienes?
Rin respondió.
La mujer se quedó seria.
—¿Tus padres saben que estás viajando?
Rin bajó la mirada.
—Sí...
—¿Dónde están?
Rin no respondió inmediatamente.
La oficial se sentó frente a ella.
—Necesitamos hacerte unas preguntas.
Rin sintió que las manos comenzaban a temblarle.
—¿Hice algo malo?
—No necesariamente.
La oficial habló con calma.
—Pero eres menor de edad y estás viajando sola. Necesitamos asegurarnos de que estés bien.
Rin asintió.
Pero en su cabeza solo apareció una frase.
Asahi.
No podía quedarse allí.
No podía regresar.
Todavía tenía que continuar.
—¿A dónde te diriges?
Rin levantó la mirada.
La pregunta parece sencilla.
Pero en ese momento...
rompió algo dentro de ella.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Voy...
Su voz se quebró.
Intentó continuar.
No pudo.
La oficial esperó.
—Voy a encontrarme con alguien.
—¿Con quién?
Rin apretó el diario contra su pecho.
—Con un chico.
—¿Es familiar tuyo?
Rin negó con la cabeza.
—No.
—¿Lo conoces?
Rin tardó unos segundos en responder.
—Sí.
La oficial esperó.
Rin comenzó a llorar.
—Lo conocí por internet.
La mujer permaneció en silencio.
Rin intentó secar las lágrimas.
—Llevamos mucho tiempo hablando.
Su voz temblaba.
—Y decidimos encontrarnos.
La oficial miró su rostro.
—¿Sabes dónde está ahora?
Rin negó con la cabeza.
—No.
—¿No puedes comunicarte con él?
Rin apretó el teléfono.
—No.
Las lágrimas volvieron a caer.
—Hace varios días que no sé nada de él.
La oficial cambió ligeramente su expresión.
—¿Y estás preocupada?
Rin soltó una pequeña risa entre lágrimas.
—Muchísimo.
Bajó la cabeza.
—Siento que algo le pasó.
La oficial no dijo nada.
Rin continuó hablando.
Quizá porque llevaba demasiados días guardándolo todo.
—No sé dónde está...
Se limpió las lágrimas.
—No sé si está bien.
Su voz se volvió cada vez más pequeña.
—No sé si está comiendo.
—No sé si tiene dónde dormir.
—No sé si está herido.
Cada frase parecía doler más que la anterior.
—Y no puedo hacer nada.
Rin comenzó a llorar nuevamente.
—Estoy tan lejos...
La oficial permaneció junto a ella.
Rin abrazó su diario.
—Todos los días pienso que quizá mañana me escribirá.
Hizo una pausa.
—Pero no lo hace.
Miró hacia la calle.
—Y cada noche pienso que quizá debería regresar.
La oficial preguntó:
—¿Entonces por qué no lo haces?
Rin se quedó callada.
La respuesta tardó en salir.
—Porque él me está esperando.
La oficial la miró.
—¿Estás segura?
Rin cerró los ojos.
—No.
Su voz apenas era audible.
—Pero quiero creer que sí.
---
La oficial sabía que aquella situación podía convertirse en un problema.
Una menor viajando sola.
Una persona conocida por internet.
Sin contacto reciente.
Todo aquello requería preguntas.
Procedimientos.
Explicaciones.
Pero también veía algo que no aparecía en ningún documento.
Veía a una chica completamente agotada.
Asustada.
Sola.
Y, aun así, decidida a continuar.
La oficial suspiró.
—Rin.
Ella levantó la mirada.
—No puedo decirte que lo que estás haciendo sea una buena idea.
Rin bajó la cabeza.
—Lo sé.
—Y tampoco puedo garantizarte que todo saldrá como esperas.
Rin apretó el diario.
—Lo sé.
La oficial se quedó mirándola durante unos segundos.
Después habló con suavidad.
—Pero puedo decirte una cosa.
Rin levantó la mirada.
—Si decides continuar, cuídate.
La chica parpadeó.
—¿Qué?
—No ignores las señales de peligro. No confíes ciegamente en desconocidos. Mantén informada a tu familia cuando puedas.
Rin asintió lentamente.
—Sí.
La oficial se levantó.
—Y si encuentras a esa persona...
Hizo una pequeña pausa.
—Espero que todo esto haya valido la pena.
Rin se quedó mirándola.
—Yo también.
La oficial comenzó a alejarse.
Rin la llamó.
—¡Espere!
La mujer se giró.
Rin hizo una pequeña reverencia.
—Gracias.
La oficial sonrió.
—Cuídate.
Y se marchó.
Rin permaneció sentada.
Durante varios minutos no hizo nada.
Solo escuchó el ruido de la ciudad.
Entonces abrió su diario.
Pasó las páginas.
Todas aquellas historias.
Todas aquellas personas.
Todos aquellos lugares.
Había comenzado aquel viaje pensando que quería encontrar a alguien.
Pero ahora entendía que el viaje también la estaba encontrando a ella.
Había descubierto que podía tener miedo y continuar.
Que podía sentirse sola y seguir caminando.
Que podía llorar sin ser débil.
Rin cerró el diario.
Se levantó.
Tomó su maleta.
Miró hacia el cielo.
Las nubes comenzaban a separarse.
Una pequeña franja de luz apareció entre ellas.
Rin respiró profundamente.
Todavía tenía miedo.
Muchísimo.
Pero ya no quería escapar de él.
—Asahi...
Su voz tembló.
—No sé dónde estás.
Miró hacia el horizonte.
—No sé qué te pasó.
Una lágrima recorrió su mejilla.
—Pero voy a encontrarte.
Apretó la correa de su mochila.
Y comenzó a caminar.
Cada paso era pequeño.
Pero era un paso más.
Y quizá eso era todo lo que necesitaba.
No sé.
No tener garantías.
No saber si al final del camino encontraría una sonrisa o una despedida.
Solo continuar.
Porque algunas personas llegan a nuestras vidas sin pedir permiso.
Y cuando eso ocurre...
la distancia deja de ser un lugar.
Se convierte en una prueba.
Rin levantó nuevamente la mirada.
El cielo estaba despojándose.
Sonrió entre lágrimas.
—Llegaré hasta ti.
Y continuó caminando.
Aunque estuviera sola.
Aunque tuviera miedo.
Aunque el mundo entero pareciera decirle que se detuviera.
Llegaría hasta él.