Capitulo 7 Un Día lluvioso
UN DÍA LLUVIOSO
La lluvia comenzó antes de que amaneciera.
Rin abrió los ojos al escuchar las gotas golpeando suavemente contra la ventana.
Durante unos segundos permaneció acostada.
Escuchó el sonido del agua.
Era constante.
Tranquilo.
Casi hipnótico.
Se incorporó y miró hacia afuera.
El cielo estaba cubierto de nubes grises.
—Vaya...
No parecía que fuera a parar pronto.
Se levantó, se vistió y bajó las escaleras.
Yuki ya estaba despierta.
—Buenos días.
—Buenos días.
Rin miró hacia la ventana.
—Está lloviendo mucho.
—Sí.
Yuki sonrió.
—Parece que tendrás que acostumbrarte.
Rin soltó una pequeña risa.
—Supongo.
Después de desayunar, preparó sus cosas.
El siguiente tren saldría desde otra estación.
El problema era que estaba bastante lejos.
Demasiado lejos para caminar tranquilamente.
Según el mapa, eran aproximadamente cinco horas a pie.
Rin miró el camino.
Después miró la lluvia.
—Cinco horas...
Yuki la observó.
—Puedes esperar hasta mañana.
Rin negó con la cabeza.
—No.
—¿Estás segura?
Rin sonrió.
—Sí.
No quería perder otro día.
Además...
había algo especial en continuar avanzando.
Aunque el camino fuera difícil.
Se puso el impermeable.
Acomodó su mochila.
Y salió.
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Los primeros treinta minutos fueron agradables.
La lluvia era suave.
El sonido de las gotas sobre el impermeable resultaba relajante.
Rin caminaba por una carretera rodeada de árboles.
A veces se detenía para mirar el paisaje.
El agua había cubierto las hojas y las flores brillaban bajo el cielo gris.
Sacó su diario.
Escribió:
Día 2.
Está lloviendo. Muchísimo.
Pensó unos segundos.
Añadió:
Pero es bonito.
Cerró el cuaderno.
Continuó caminando.
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Una hora después comenzó a cansarse.
Dos horas después sus zapatos estaban completamente mojados.
A las tres horas ya no estaba segura de sentir los pies.
—Esto fue una pésima idea...
Se detuvo bajo el techo de una pequeña tienda.
La mujer que atendía salió a verla.
—¿Estás viajando?
Rin asintió.
—Sí.
—¿Sola?
—Sí.
La mujer abrió mucho los ojos.
—¿Y hacia dónde vas?
Rin señaló la dirección.
—Hasta la estación.
La mujer miró el cielo.
—Todavía te falta mucho.
Rin suspiró.
—Lo sé.
La mujer desapareció dentro de la tienda.
Regresó con una bebida caliente.
—Toma.
Rin abrió los ojos.
—¿Para mí?
—Sí.
—Pero...
—Bebe.
Rin tomó la bebida entre sus manos.
El calor comenzó a devolverle la sensibilidad a los dedos.
—Muchas gracias.
La mujer sonrió.
—Cuando viajes, recuerda algo.
—¿Qué?
—La gente que encuentras en el camino también forma parte del viaje. Rin sonrió.
Anotó aquella frase en su diario.
"La gente que encuentras en el camino también forma parte del viaje."
La guardó cuidadosamente.
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Continuó caminando.
No pasó mucho tiempo antes de que escuchara un motor.
Un pequeño vehículo se detuvo a su lado.
La ventana bajó.
—¿Vas hacia la estación?
Rin reconoció a la mujer.
Era una señora que había visto anteriormente en el pueblo.
—Sí.
—Sube.
Rin dudó.
—No quiero molestarme.
—No estás molestando.
—Pero...
—Sube.
Rin obedeció.
—Gracias.
La mujer sonrió.
—Pareces demasiado educada.
Rin se rio.
—Lo siento.
—Y vuelves a disculparte.
Ambas comenzaron a reír.
La mujer la llevó varios kilómetros.
No hasta la estación.
Pero sí hasta una pequeña zona donde había varios restaurantes.
—Aquí puedes descansar.
Rin bajó.
—Muchas gracias.
—Buen viaje.
—Igualmente.
Rin hizo una pequeña reverencia.
Y siguió caminando.
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Entró al primer restaurante que encontró.
Estaba empapada.
El dueño la miró y señaló una mesa.
—Siéntate.
Rin obedeció.
Le sirvieron comida caliente.
El olor llenó el pequeño restaurante.
Rin tomó el primer bocado.
Cerró los ojos.
—Está delicioso...
El dueño sonrió.
—¿Primera vez aquí?
—Sí.
—¿De dónde vienes?
Rin le explicó que estaba viajando.
El hombre comenzó a contarle historias.
Historias del pueblo.
Historias de personas que habían pasado por allí.
Y, entre todas ellas, una historia de amor.
Era sobre una pareja que se había conocido siendo jóvenes.
Se habían separado durante años.
Cada uno había tomado un camino distinto.
Pero, muchos años después, se encontraron nuevamente en aquel mismo restaurante.
Rin escuchaba con atención.
—¿Y siguen juntos?
El hombre sonrió.
—Hasta hoy.
Rin apoyó las manos sobre la mesa.
—Qué bonito.
—El amor tiene formas extrañas de regresar.
Rin sonrió.
Sacó su diario.
Anotó otra frase.
"El amor tiene formas extrañas de regresar."
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Cuando salió del restaurante, la lluvia seguía cayendo.
Pero ya no le molestaba.
Caminó.
Encontró una pequeña librería.
Después una tienda de recuerdos.
Luego una anciana que vendía flores.
Cada persona que encontraba parecía tener una historia.
Y Rin quería escucharlas todas.
Una pareja que llevaba treinta años casada.
Un hombre que había dejado su pueblo para convertirse en cocinero.
Una mujer que había viajado sola cuando tenía su edad.
Todos tenían algo que contar.
Todos habían recorrido algún camino.
Todos habían tenido miedo alguna vez.
Y todos habían continuado.
Rin comenzó a entender que quizá eso era lo más hermoso de viajar.
No eran solamente los lugares.
Eran personas.
Las historias que desaparecen con ellas si nadie se detenía a escucharlas.
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Finalmente vio la estación.
Se quedó quieta.
Había caminado durante casi cinco horas.
Su ropa estaba húmeda.
Sus zapatos estaban destruidos.
Sus piernas dolían.
Pero sonrió.
—Llegué.
Entró.
Se sentó en una banca.
Sacó su diario.
Las páginas estaban llenas.
Historias.
Nombres.
Frases.
Pequeños recuerdos.
Abrió una página nueva.
Escribió:
Día 2.
Hoy llovió durante todo el camino.
Se quedó pensando.
Después escribió:
Pero conocí personas maravillosas.
Miró por la ventana.
La lluvia seguía golpeando el cristal.
Ya no parecía una tormenta.
Parecía una canción.
Una canción que había acompañado todo su día.
Rin cerró el diario.
Apoyó la cabeza contra la pared.
Sonrió.
Había días que empezaban mal.
Días que te obligaban a caminar durante horas bajo la lluvia.
Días que te dejan cansado y con los zapatos empapados.
Pero quizá la vida era precisamente eso.
No controlar lo que ocurre.
Sino descubrir qué puedes encontrar dentro de aquello que no habías planeado.
El tren llegó.
Las puertas se abrieron.
Rin tomó su maleta.
Antes de subir, miró una última vez hacia la lluvia.
Y sonrió.
—Hasta mañana.
Subió al tren.
Se sentó junto a la ventana.
El tren comenzó a moverse.
Las luces de la estación desaparecieron lentamente.
Rin cerró los ojos.
Por primera vez desde que comenzó el viaje, sintió que no tenía prisa.
No sabía qué encontraría al día siguiente.
Y estaba bien.
Porque había descubierto algo.
A veces el camino más largo termina siendo el que más vale la pena recordar.
Y mientras el tren avanzaba bajo aquella lluvia interminable, Rin se quedó dormida con una pequeña sonrisa en los labios.
Sin saber que todavía le quedaban muchas historias por vivir.