Harrison (The Level 1) 33. Apartamento de Harrison y Violet, The Level
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33. Apartamento de Harrison y Violet, The Level

Apartamento de Harrison y Violet, The Level

Harrison

—¿Casarnos? —balbucea, quedándose con la boca abierta—. ¿Quieres que nos casemos?

—No —respondo por impulso.

Ella frunce el ceño.

—Bueno, sí, quiero, pero una boda de penalti no es como me gustaría. —Me pellizco el puente de la nariz con los dedos—. Joder, me estoy explicando fatal.

—¿Tú crees? Me pides matrimonio y luego me dices que no quieres.

Aclárate de una puta vez. Joder, es para desnucarse.

—Se gira, dándome la espalda, y se queda mirando la pared de enfrente.

Le pongo la mano en el hombro, sin saber qué hacer.

Su humor ha pasado de una satisfacción y una plenitud maravillosas a una furia manifiesta.

—Violet, sí que quiero casarme contigo. —Sorbe por la nariz ruidosamente—.

Pero lo que voy a proponerte no es como me gustaría hacerlo.

Se trata de proteger a nuestro hijo de Marley.

—No responde, pero sé que está escuchando—.

Según la legislación británica, un hombre puede figurar en el certificado de nacimiento si está casado con la madre en el momento de la concepción o del nacimiento.

—Hago una pausa para que procese lo que he dicho—.

Si nos casamos antes de que des a luz, podré figurar en el documento.

Me daría la patria potestad y Marley tendría que demandarnos.

—Harry, salgo de cuentas en cuestión de semanas. ¿Cómo va a ser eso posible?

—Tenemos que presentar la solicitud con veintiocho días de antelación para que nos den la licencia matrimonial. ¿Crees que podrías aguantar hasta entonces?

—Le programo el parto al bebé, ¿no? —espeta, y después rompe a llorar—. Las cosas no funcionan así.

—Pues tiene que funcionar si queremos ponerle este obstáculo a Marley.

Podemos prepararnos para ello. Si te pones de parto antes de que hagamos el papeleo, en cuanto nos casemos, puedo solicitar la patria potestad.

Pero eso le daría tiempo a demandarnos. Sería mejor de esta forma.

—Mi intento de consolarla resulta espectacularmente contraproducente.

Se zafa de mi agarre y se pone en pie, tambaleándose ligeramente sobre los talones al perder el equilibrio—. Violet, tenemos que hablar de esto.

Se vuelve hacia mí como un torbellino. Todavía desnuda de cintura para abajo, se sube la camiseta por encima de sus turgentes pechos.

—Encárgate del puto papeleo, de los documentos y de tus derechos —sisea, apartándose el pelo de la cara—.

Firmaré lo que necesites que firme. —Sin recoger sus pantalones cortos, se dirige a nuestro dormitorio.

Veo desaparecer su culo desnudo, incrédulo, sin saber cuál puede ser el problema.

La puerta se cierra de un portazo y los cuadros vibran en las paredes del apartamento.

Voy a gritarle que tenga cuidado, pero cierro la boca de inmediato, sin querer provocar otra reacción.

Cuando miro mi reloj, veo que son las diez.

Necesito un consejo, así que llamo a la única persona con la que puedo tener una conversación sincera, mi único amigo que ha tenido una relación de verdad y una esposa.

Damon contesta al segundo tono. —Por favor, no me digas que tienes otra puta emergencia.

Estamos sentados con una copa de vino después de acostar al pequeño —dice—.

Mis Navidades acaban de empezar. —Su niñera se ríe tontamente de fondo.

—La he cagado, pero no sé muy bien cómo. —Suspira. Oigo su silla raspar el suelo—. Le he hablado a Violet de la idea de casarnos.

—Vale, ¿y qué ha dicho?

—Me ha preguntado si quería. Le he dicho que no, que no era mi forma ideal de comprometerme con alguien para siempre.

—Por favor, dime que no has usado la palabra «alguien». —Gime, pensando claramente que soy idiota.

—No, no lo he hecho. Le he dicho que tenemos que avisar con veintiocho días de antelación, así que no puede tener al bebé hasta finales de enero como muy pronto, que está cerca de su fecha de parto. Tenemos que poner en orden el papeleo.

Se ríe y luego tose como si se le hubiera ido la bebida por el otro lado.

—No me extraña que esté cabreada contigo —dice, todavía riéndose—.

Y yo que pensaba que eras un cabrón listo al que se le daban bien las mujeres.

¿No ves dónde te has equivocado? —No le contesto, cabreado porque crea que la he fastidiado y no tenga ni idea de qué sugerir como mi error.

Estaba siendo sincero—. Waite, le has pedido matrimonio y después te has puesto a hablar del puto papeleo.

Por no hablar de que le has recomendado que retenga al bebé.

Y ya ni mencionemos el comentario sobre que no quieres casarte con ella.

—Mierda… —La realidad me golpea con fuerza—. Intentaba ser proactivo.

—La proactividad no es un requisito clave en una proposición.

Tanto si es una boda de penalti como si no, Violet seguirá queriendo sentir que te casas con ella porque la quieres.

Sería diferente si fuera puramente transaccional, pero no lo es.

Llevas semanas jugando la carta de papá.

Es hora de dar un paso al frente y demostrarle que vas en serio.

—Hace una pausa y luego se ríe por lo bajo—.

Ponle el anillo, como quien dice. Será mejor que vayas a suplicar un poco.

—Supongo que tendré que hacerlo —mascullo—. Gracias, colega, que pases buena noche.

—Oh, la pasaré —responde, y cuelga.

Voy a nuestro dormitorio. Violet ya está en la cama con el edredón envuelto a su alrededor.

Cuando me acerco, está profundamente dormida.

Las marcas de las lágrimas le manchan los ojos.

La culpabilidad me corroe el estómago. Se lo he hecho yo con mi propia estupidez.

Como no quiero despertarla, vuelvo a la cocina y cojo otra cerveza.

Luego me acomodo en un taburete con el portátil para trazar un plan sobre cómo hacer las paces.

***

Violet

Me despierta una música que suena en el pasillo.

Es suave y melódica, nada que ver con la mierda tecno que suele poner Harry.

Abro los ojos y la luz del día se cuela por la rendija de las persianas.

El reloj marca las once de la mañana. Joder, debía de necesitar dormir.

No recuerdo que Harry viniera a la cama.

Ni siquiera estoy segura de si lo hizo después de nuestra discusión.

No fue una gran riña, fue más bien una rabieta por mi parte.

Pensándolo ahora, estaba siendo un poco irracional, pero nunca se lo admitiría a él.

Vamos a casarnos, pero no porque lo hayamos elegido.

Es un trámite necesario por el que tenemos que pasar para intentar garantizar la seguridad de nuestro hijo, del bebé que crece en mi vientre.

El detalle escuece. Harry se casa conmigo ahora porque cree que es lo correcto.

El acelerador de nuestros planes de vida está pisado a fondo y vamos muy deprisa, posiblemente antes de que ninguno de los dos esté preparado.

El volumen de la música sube. Salgo de la cama y me envuelvo en el enorme albornoz blanco de Harry antes de ir a buscarlo.

Cuando llego al salón, las persianas están bajadas y la suave luz de las velas parpadea por la habitación.

Hay jarrones de flores esparcidos por el espacio.

Rosas. Rosas rojas. Docenas, si no cientos.

No lo veo. ¿Dónde está?

—Cásate conmigo. —Su voz potente suena a mi espalda. Me doy la vuelta y está arrodillado con una rodilla en el suelo y una caja de anillo abierta, mostrando el diamante solitario más impresionante. —Violet Chase, hazme el hombre más feliz del planeta y acepta ser mi esposa.

Ahogo un grito de sorpresa; esto es completamente inesperado.

Estaba preparada para el segundo asalto de nuestro debate.

—No por otra cosa que no sea mi amor por ti.

Porque tú y yo estábamos destinados a estar juntos desde el primer día.

—Esos ojos que me derriten las bragas se clavan en mí y me atrapan.

El corazón me late con fuerza en el pecho—.

Los últimos catorce años nunca deberían haber sido como fueron.

El universo nos ha unido ahora porque siempre estuvimos destinados a ser nosotros.

Tenemos que aprovechar esta oportunidad.

Lo miro boquiabierta, y luego bajo la vista a mis pies al darme cuenta de mi aspecto desaliñado. Este no es ni el atuendo ni la situación en la que imaginé que me comprometería. Cuando me he despertado esta mañana, nunca pensé que vería a Harrison Waite arrodillado con un anillo.

—¿Cómo has organizado todo esto? El día después de Navidad —digo, mirando alrededor de la habitación, todavía en shock por el escenario.

Es un jodido día festivo y de alguna manera se las ha arreglado para conseguir una habitación llena de flores, un millón de velas aromáticas y un anillo de diamantes de la hostia.

La situación es imposible de comprender.

—Conozco gente. Eso no importa. Cásate conmigo.