32. Apartamento de Harrison y Violet, The Level
Apartamento de Harrison y Violet, The Level
Violet
—¿Dónde has dicho que estaba? —le pregunto a Russell. Al despertarme, me ha sorprendido encontrar a mi hermano sentado en el otro sofá, con los ojos clavados en un partido de fútbol que echan en la enorme televisión que domina el salón.
—Fuera —dice, mirándome de reojo antes de volver a la pantalla.
—¿Dónde?
—Te lo dirá cuando vuelva. Ahora, vuelve a dormir y déjame ver esto. —Se lleva la cerveza que tiene en la mano a los labios y bebe con avidez—. ¡Sí! —exclama, saltando del asiento—. ¡Vamos, chicos! ¡Gol! ¡Feliz jodida Navidad!
—Hombres… —murmuro, incorporándome para sentarme. Mi bebé da una patada furiosa por la interrupción de su descanso—. Ay, para ya. Duele. Mami no está contenta contigo. —Cuando levanto la vista, mi hermano me está observando con una expresión peculiar—. ¿Qué pasa?
—Me alegro de que hayas vuelto, hermanita —dice, y se me encoge el corazón—. Me alegro de que tú y Waite hayáis conseguido arreglar las cosas. Sé que no siempre actúo como si me importara, pero me importa.
—Estamos en ello. Tenemos mucho que aprender el uno del otro. Ha pasado mucho tiempo desde que éramos adolescentes. —Me paso las manos por el pelo en un intento de aplacar los mechones—. Espero que podáis volver a estar tan unidos como antes. Tú y Harry erais inseparables. ¿Qué pasó?
Traga saliva de forma visible y luego se gira para mirarme.
Pasan unos segundos antes de que hable; está sopesando qué decir.
O, tal vez, si debe contarme la verdad. Mi mente divaga y me pregunto si hubo una mujer de por medio.
¿Alguno de los dos se quedó con la chica?
Harry no ha mencionado a nadie importante, pero sé que ha habido mujeres.
¿Perdió mi hermano a su mejor amigo por una de ellas? Parece una razón plausible.
—Le tengo envidia —admite, sorprendiéndome—.
Nunca he sido capaz de entender… —Aparta la mirada, rehuyendo mis ojos.
El color le tiñe las mejillas y respira hondo para calmarse.
El hombre fuerte que gobierna a sus amigos con mano de hierro desaparece, y todo lo que veo es a mi hermano mayor, roto y confuso.
—¿Entender el qué? —le apremio, levantándome y sentándome a su lado. Cojo su mano gigante entre las mías, tan pequeñas—. Puedes hablar conmigo, Russ. Soy tu hermana. Te escucharé.
—Nunca entendí cómo acabó siendo mejor hombre que yo.
Da igual la puta cosa que toque, funciona.
—No me mira, mantiene la vista fija en el suelo.
La piel se le enrojece, tiñéndole la garganta y la parte superior del pecho, donde la camisa está abierta, y la vergüenza y la incomodidad de hablar de sus inseguridades son visibles.
—Eso no es estrictamente cierto —digo, arqueando las cejas, y él levanta la vista—.
No consiguió salvarme de ese avión. Y luego se las arregló para que lo ataran en el suelo del exterior.
—Se ríe, y yo también, aligerando el ambiente.
Vuelvo a guardar silencio, dejando espacio para que siga hablando si quiere.
A mi hermano no le resulta fácil sincerarse; este es un momento especial en el que me ha elegido a mí para hablar.
—Cuando todos fuimos a estudiar Derecho, yo llevaba unos años de ventaja.
Estar por delante y ser el mayor es algo a lo que estaba acostumbrado.
—Inspira profundamente y su gran pecho sube y baja—.
Entonces montamos el bufete. Harrison se lució, ganando casos que muchos abogados con más experiencia habían rechazado.
Se hizo un nombre. Los clientes acudían a nosotros en masa.
Miro a mi hermano mayor y se me rompe el corazón.
Estaba muy acostumbrado a ser el que manda.
El ganador. El mejor. Nuestro padre le sometió a una presión inimaginable mientras crecía con respecto a sus expectativas sobre él, las notas que esperaba que sacara mientras cumplía plenamente con las exigencias de nuestro padre.
Si había algún mal comportamiento en nuestra casa, Russell se llevaba la peor parte del castigo, fuera culpable o no, protegiéndonos siempre a Connor y a mí.
Harrison se había convertido en un visitante habitual de nuestra casa cuando tenía dieciséis años.
Era listo y encantador. Mi madre sonreía cuando él hablaba, y mi padre alababa su ética de trabajo en el colegio privado al que asistía, por cortesía de nuestra familia.
Aunque eran muy amigos, había visto la molestia cruzar el rostro de mi hermano mayor cuando mi padre le otorgaba su aprobación a Harry.
Era algo que Russell rara vez recibía. Cuando le hablaba, siempre daba a entender que podría haber hecho más, haber tenido más éxito. Simplemente más.
—Me enfadé —dice Russell—. Nos peleamos por un caso que era suyo, pero que yo quería. —Se frota la frente, secándose un sudor invisible—. Él cedió y me lo dio. Perdí. Nuestro cliente fue a la cárcel y fue culpa mía. Se me pasó algo.
—¿Qué pasó entonces? —pregunto con dulzura. Esto tiene que salir a la luz. Lo que sea que le reconcome por dentro tiene que decirlo en voz alta para que pueda liberarse del resentimiento y del dolor.
—Harry se hizo cargo, encontró el tecnicismo y ganó en la apelación.
—Eso tuvo que ser una patada en los dientes —digo, esperando transmitir comprensión y empatía—.
Comprendo lo difícil que tuvo que ser para ti, Russ.
De verdad, pero creo que tu problema es con nuestro padre y sus injustas expectativas.
Su control y sus exigencias implacables.
Harry siempre ha tenido un don; nunca habría llegado tan lejos si no fuera así.
—Me aprieta los dedos, reconociendo mi afirmación—.
Pero eso no te hace menos hombre. Su éxito no es una difamación contra ti; debería hacer que te sintieras orgulloso.
—¿Por qué dices eso? —pregunta, y le sonrío.
—Sin ti, puede que nunca hubieran encontrado a Harry.
No se habría convertido en el hombre increíble que es hoy.
Probablemente nunca habría ido a la facultad de Derecho ni tendría la vida que tiene.
—Me recompensa con una suave sonrisa de comprensión—.
Y yo nunca lo habría encontrado. Así que, solo por eso, hermano, te doy las gracias.
—Me inclino hacia delante y lo rodeo con mis brazos—.
Por favor, arreglad esto. Te quiere como a un hermano.
No dejes que las inseguridades y nuestro padre arruinen lo que es una verdadera amistad.
La puerta del apartamento se abre y Harry entra en la habitación.
Cuando levanto la vista, veo que está sonriendo.
Sus ojos me buscan y luego se centran en mí, clavándome en el asiento.
Se me seca la boca. Por su mirada sé que tiene planes para nosotros.
Algo que celebrar. Hay una determinación silenciosa detrás de la sonrisa; normalmente la veo cuando tiene mis piernas abiertas y su cabeza entre ellas mientras incita a mi cuerpo a dejarse llevar y a tener un orgasmo.
Se me endurecen los pezones bajo la suave camiseta de tirantes que llevo.
Me lanza una mirada cómplice y luego su atención se desvía hacia Russell, que camina hacia él.
—Gracias por venir a quedarte con Violet —dice, tendiéndole la mano. Russell se la coge con firmeza y se la estrecha antes de darle un abrazo de oso. La expresión de Harry cambia a una de asombro momentáneo mientras el otro hombre lo abraza.
—Haré cualquier cosa por mi hermana —le dice Russell—. Siento haber sido un capullo estos últimos años. Tus logros no son motivo para que yo sea gilipollas.
Harry se queda con la boca ligeramente abierta.
Su mirada recorre el rostro de mi hermano; está esperando la trampa.
Russell lo suelta, se yergue y cuadra los hombros.
—Siempre has sido mi hermano. Te quiero como a uno.
¿Has encontrado lo que buscabas? —Harry asiente—.
Ya me pondrás al día más tarde, cuando hayas informado a tu chica.
Mi corazón se hincha con la aceptación de mi hermano hacia nosotros. Me mira y sonríe, con los ojos llenos de auténtica alegría.
—Gracias —responde Harry, simplemente.
—Tengo que irme. Feliz Navidad a los dos. —Russell vuelve en mi dirección mientras estoy sentada en el sofá, se inclina y me abraza—. Gracias, hermanita. Me has ayudado a entrar en razón —me susurra al oído—. Te quiero. —Sin decir una palabra más, se marcha.
—¿Hay algo que quieras contarme? —le pregunto al hombre guapísimo que está al otro lado de la habitación.
—Tengo tantas cosas que contarte y que hablar contigo, pero ahora mismo, lo único que quiero es llevarte a la cama.
—Se acerca a grandes zancadas y me ofrece las manos.
Las cojo y me levanto para recibirlo—. ¿Te parece bien si dejamos esta conversación en pausa?
¿Puedo disfrutar de ti primero y luego te contaré todo y lo que quiero sugerir para limitar la capacidad de Marley de haceros daño a ambos?
—Pone ambas manos en mi vientre y luego apoya su frente en la mía—.
Antes de que las cosas cambien, Violet, quiero un momento más como este.
—Antes de que las cosas cambien… —digo, confundida.
La afirmación me pone nerviosa—. ¿Tienes malas noticias para mí?
Dime dónde has estado, ahora, y luego podremos irnos a la cama.
No me relajaré hasta que sepa que no vas a dejarme.
—Él tiene los ojos cerrados mientras se apoya en mí. Yo los mantengo abiertos, mirándolo.
—Nunca te dejaré por elección propia, Violet. Para que me fuera, alguien tendría que arrastrarme. —Me da un beso en la frente—. Fui a la prisión de Belmarsh a visitar a mi padre —confiesa.
—¿Tu padre? ¿Está vivo? —La sorpresa en mi voz es evidente.
—Lo sospechaba, pero no me lo han confirmado hasta hoy. Era el proxeneta dueño del burdel en el que me crie. Explotaba a su propia mujer.
—¿A su mujer? —tartamudeo.
—Es una larga historia. Podemos hablarlo más tarde.
—Respóndeme a una cosa: ¿estás bien?