Harrison (The Level 1) 30. La sala de juntas de The Level #2
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30. La sala de juntas de The Level #2

—Sí, le gustan ese tipo de cosas —digo—. Cualquier cosa con cuerpos terriblemente bronceados, citas falsas y más culo a la vista del necesario. Lo tengo en la televisión cada puta noche.

—Mi hermana ya te tiene dominado —bromea—. Si puede hacer eso embarazada de siete meses, imagínate lo que harás por ella cuando vuelva a estar en pleno funcionamiento. Le darás de comer uvas en la boca mientras la abanicas con una hoja de palmera.

—Russ, gatearía desnudo sobre brasas ardientes mientras el mismísimo diablo me azotara por ella. —Los hermanos se miran—. Esto no es algo a corto plazo. La quiero hasta los huesos, a ella y al niño que lleva dentro. Estamos creando una familia. Un hogar. Una vida. Violet es mi futuro. Mi eternidad.

—Parece que no me voy a librar de ti, Waite —responde él poniendo los ojos en blanco—. Te ha elegido a ti.

—Así es.

—Pues considera esto tu advertencia. Jode a mi hermana y te encontrarán flotando en el río. —Entrecierra los ojos—. La sangre siempre tira más que la amistad.

—Oh, cállate la puta boca —masculla Connor—. A veces pienso que has madurado, y luego te pones en plan cavernícola. Waite ha apoyado a Violet a lo largo de los años más que nosotros. Me alegro por ello. Podría haberle ido mucho peor.

—Gracias… creo. —Le dedico una mirada escéptica.

—Ya sabes a lo que me refiero; su último intento de relación duradera fue con un hombre casado que ni siquiera sabía que estaba casado.

—Tienes razón —asiente Russell—. Tiene el listón bastante bajo. —Ambos se ríen a carcajadas. Cabrones.

Marshall, Hunter y Damon no se meten en la conversación. Sinceramente, había olvidado que estaban aquí, escuchando. El carraspeo de Damon dirige mis ojos a la pantalla. Cuando se da cuenta de que tiene mi atención, habla.

—Aunque es conmovedor veros a todos de acuerdo y llevándoos bien por una vez, algunos tenemos Navidades familiares a las que volver. ¿Podríamos decidir un plan?

—Tenemos que estar en ese trato que se cierra mañana.

Si aparece Marley, sabremos que es la conexión que nos llevará al pez gordo, posiblemente Edward Chase.

El informador insistió en que Marley estará allí mañana.

Es su entrega y es a petición del cliente —nos informa Marshall, irguiéndose en su silla.

—Imaginaos el caos que podríamos causar —dice Hunter, retorciéndose las manos—. Es tentador intentar hacernos con la mercancía.

—¿Estamos diciendo que intentaremos interceptar el cargamento? —pregunto.

—Sí —dice Damon—. Si pierde el cargamento, ayudará a forzar a los de más arriba a salir para hacer el siguiente. Cuando un hombre pierde mercancía por valor de unos cuantos millones de libras, de repente pierde su fiabilidad. Puede que hasta nos hagan un favor y se lo carguen por nosotros.

—¿Y qué hay de su mensaje a Violet? —añade Marshall—. Porque eso es lo que es, una advertencia de que sabe que el bebé es suyo y que vendrá a por ellos.

—Si es el padre biológico del niño, ¿no tiene derechos? —dice Damon.

—Renunció a sus putos derechos en el momento en que estampó a Violet contra la pared agarrándola por el cuello —gruño, y todos murmuran en señal de acuerdo—. Tenemos que acabar con él.

—Todavía no —dice Connor—. No sabemos lo suficiente sobre él y cómo está conectado. Que sea el padre podría beneficiarnos; le da una razón para quedarse por aquí. Podría cometer un error.

—No vamos a usar a Violet y a mi bebé como puto cebo —rujo, perdiendo el control. Todos me miran boquiabiertos mientras golpeo la mesa con ambas manos. Connor, que estaba junto a la ventana, se acerca a mí. Se inclina hasta que estamos nariz con nariz, sus astutos ojos evaluándome.

—¿Tu bebé? —dice, levantando una ceja.

—Por supuesto que lo es. Yo soy el que está aquí. Soy el que la rodea con mis brazos y siente pataditas a través de su piel. Marley no es más que un puto donante de esperma. Violet y el niño que lleva en su vientre son míos.

—Eso me da una idea —dice, retirándose y volviendo a la ventana.

—¿Te importa compartirla con el resto de nosotros? —espeta Russell.

—Cásate con ella.

—¿Qué? —grita Russell—. Ni de coña. Acaban de empezar a salir. Lo último que mi hermana necesita… —Se interrumpe al ver la expresión de Connor.

—Tú no sabes lo que nuestra hermana necesita —responde firmemente, con énfasis en la palabra nuestra —. Si pudieras rebobinar tu corta memoria unos meses, quizás recordarías que querías echarla a la calle cuando apareció aquí.

—Nos habían mentido —argumenta—. Padre nos dijo que ella sabía que él estaba casado. Que su huida a Chicago había sido planeada. El dolor que le causó a Madre… No podía perdonárselo.

—Una charla con Padre podría ser una buena idea —dice Connor, desviándose del tema—. Si lo llamo, le hablo de Violet y el bebé, le cuento que Aiden se ha puesto en contacto, puede que dé a entender hasta qué punto está involucrado con él. Cuáles son sus planes ahora.

—¿Podemos rebobinar, por favor? —dice Damon—. ¿Matrimonio?

—Sí —responde Connor, sacando su móvil y tecleando algo—.

Aquí está. Según la web del Gobierno del Reino Unido, un hombre puede ser inscrito en el certificado de nacimiento del niño si está casado con la madre, ya sea en el momento de la concepción o del nacimiento.

—Me mira—. Propongo que te cases con mi hermana antes de que mi sobrino o sobrina venga a este mundo.

Te registras como el padre y Aiden tendrá que luchar en los tribunales para reclamar cualquier derecho.

—Tiene sentido —dice Hunter, haciendo girar su cuchillo entre los dedos como siempre.

—¿Crees que aceptará? —pregunta Russell, y yo me encojo de hombros.

—Solo hay una forma de averiguarlo.