25. La sala de juntas de The Level #2
—Estoy aquí mismo —interrumpe Russell, golpeando la mesa con el puño.
—¿Habéis terminado todos ya? —dice Damon, aprovechando una pausa en la conversación—. Quizá podríamos empezar a hablar de algo que no sean sándwiches.
Sin esperar réplica, Marshall nos entrega a todos una hoja de papel con los datos de una empresa: Aimsbury Holdings Ltd.
Todos la miramos, examinando la dirección y los directores conocidos, y mis ojos se posan en un nombre.
Aiden Marley. —¿Qué es esto? —dice Russell, sarcástico—. ¿Se supone que tenemos que adivinarlo?
—Son los datos de una sociedad limitada —responde Marshall con una sonrisa maliciosa. Russell murmura algo por lo bajo—. Esta es la empresa propietaria de la cocina situada en Devon. Como podéis ver, nuestro amigo, el señor Marley, es director y también el accionista mayoritario.
—¿Es este el edificio de la granja que encontramos? —pregunto, y él asiente—. Pero no la cocina principal situada aquí en Londres. ¿Sabemos quién es el propietario de esa?
—Mis hombres han estado vigilando ambas propiedades —dice Hunter—. La granja de Devon está inactiva desde este fin de semana. El edificio está vacío y nadie ha estado en el lugar durante días. Le prendimos fuego para que no pudieran volver a utilizarlo.
—Qué sutil —responde Connor con sarcasmo.
—No sutil, eficaz. —El rostro de Hunter se ilumina y sus ojos bailan—.
La cocina principal se encuentra en una nave industrial a las afueras de la ciudad.
Es un polígono en decadencia, muy pocas empresas siguen operando desde allí.
Están usando una empresa de reparto como tapadera.
Furgonetas y camiones se mueven a todas horas.
HBK Removals, creo que se llama. —Saca el teléfono del bolsillo y desliza el dedo por la pantalla—.
Sí, ese es el nombre. El polígono industrial está en dirección a Basildon.
—¿Qué información tenemos sobre ellos? —pregunto.
—Aquí es donde se pone interesante —dice Marshall—.
Hunter me llamó con los detalles cuando descubrimos dónde estaba.
La empresa en sí no está registrada a nombre de nadie de interés, unos cuantos delincuentes de poca monta que trapichean con un poco de esto y de aquello.
Lo interesante es quién es el propietario del edificio.
—¿Marley? —sugiere Russell y Marshall niega con la cabeza.
—No, vuestra madre. —El silencio se apodera de la sala mientras las palabras calan—. El polígono industrial es propiedad de una empresa llamada Hesdale Assets, y vuestra madre es la única directora.
—Ni de puta coña —gruñe Connor, levantándose y golpeando la mesa con ambas manos. El vaso vibra frenéticamente—. Esto es una broma. Mi madre nunca se involucraría en algo así.
—No estoy sugiriendo que lo haga —continúa Marshall, completamente imperturbable por el arrebato.
Russell se ha quedado boquiabierto, sin palabras.
Hay una primera vez para todo—. Pero lo que sí sugiero es que vuestro padre tiene activos registrados a nombre de ella y los está utilizando para mover drogas por todo el país.
Creo que el hombre que hemos estado buscando, Michaels, es en realidad Edward Chase.
—¿Estás sugiriendo que mi padre nos ha estado tomando el pelo todo este tiempo? —pregunta Connor.
—Estoy diciendo que las pruebas demuestran que está implicado de alguna manera.
—No me lo creo —argumenta Russell—. Mi padre es muchas cosas, pero no es un traficante. Puede que realice negocios corruptos, pero no permitiría que unos jóvenes fueran asesinados por drogas adulteradas. No es su estilo.
—Cualquier cosa que le dé dinero es su estilo —le dice Connor a su hermano—.
Si esto es verdad, cambia las cosas. Siempre supe que mi padre estaba metido en el hoyo, pero nunca pensé que pudiera estar detrás de algo así.
—Se pasa una mano por el pelo—. O al menos no tendría una operación de este calibre sin que nosotros lo supiéramos.
Si ha ocultado esto, ¿qué más podría estar ocultando?
—No estamos implicados en todos los negocios de nuestro padre.
—Obviamente —replica Connor—. Primero Marley y ahora esto. Russell, tenemos que considerar romper los lazos con él.
—¿Y mamá?
—Quizá podríamos animarla a que lo deje. No está a salvo allí. Si está metido en el negocio de la droga tan a fondo como creemos que podría estar… —deja la frase en el aire. Los hermanos se miran, conversando en silencio.
—¿Qué pasa? —insisto, confundido.
—Lo matará si ha estado traficando con drogas. Fue su única condición cuando se casaron —explica Connor, pero eso no aclara la situación.
—¿Condición? ¿Cómo estaba vuestra madre en posición de poner esa condición? —Esta es una historia que nunca he oído. Nunca se ha hablado de cómo se conocieron el señor y la señora Chase. Siempre supuse que fue un amor de juventud.
—Fue el pago de una deuda —dice Russell, solemnemente.
Se me eriza la piel—. Su padre le debía mucho dinero a mi padre.
Él era joven y poderoso y se encaprichó de la hija de su deudor, que acababa de cumplir dieciocho años.
La persiguió, pero ella lo rechazó, una y otra vez, hasta que la deuda venció y mi abuelo no pudo saldarla.
—Mi madre se sacrificó. Aceptó casarse con él si él saldaba deuda.
Su única otra estipulación fue que no traficara con drogas.
Perdió a un primo de forma similar a como Hunter perdió a su hermano.
Por lo que sabíamos, nunca lo ha hecho. Blanqueo de dinero, negocios corruptos, usura y asesinato, sí, pero nunca drogas.
—Connor habla lentamente mientras todos lo escuchamos—.
Tenemos que averiguarlo —afirma sin rodeos—.
Necesitamos saber si nuestro padre es el hombre que está detrás de todo esto.
—¿Y si lo es? —dice Russell, siguiendo por una vez el liderazgo de su hermano pequeño.
—Nos lo cargamos.