Harrison (The Level 1) 21. Casa de la familia Chase, Kensington #2
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21. Casa de la familia Chase, Kensington #2

La tripulación se queda boquiabierta cuando entro en el avión. Se ponen delante de mí, impidiéndome el paso. —Señor —dice una mujer rubia perfectamente vestida—, este es un avión privado. No debería estar aquí.

—Recogeré lo que es mío y me iré —le digo, apartándola de un empujón y entrando en la lujosa cabina. Mis ojos recorren el espacio; no hay ni rastro de Violet ni de Marley—. ¿Adónde han ido? —espeto por encima del hombro.

—Señor, no debería estar aquí —insiste, y me giro para encararla, sacando mi pistola—. El dormitorio del fondo —tartamudea, aterrorizada, señalando hacia la parte trasera del avión. Corro entre los asientos de cuero y las encimeras de mármol hasta la puerta cerrada.

—Aiden, no, por favor —los gritos de Violet llegan a través de la puerta.

—Eres jodidamente mía —gruñe—. Compórtate, deja de forcejear y quédate aquí tumbada tranquilamente hasta que me asegure de que nos hemos deshecho de los gilipollas inoportunos que nos han seguido.

Mi hombro se estrella contra la barrera que me separa del altercado. Se abre de golpe. Violet está tumbada en la cama. Él está encima, a horcajadas sobre ella para mantenerla inmovilizada. Ella se debate bajo él. Él le agarra las manos y se las sujeta por encima de la cabeza.

—Bájate de encima de ella, joder —grito, levantando la pistola y apuntándole.

—¿Cómo coño has entrado aquí? —ladra—. ¡Seguridad! Sacad a este gilipollas de aquí. Tengo una puta que reclamar.

—He dicho que te bajes de encima de ella. —Mis palabras son lentas y claras.

—¿Y qué vas a hacer al respecto? —dice con una sonrisa—.

Es mía para hacer con ella lo que me plazca.

Su padre lo dijo. Ahora, lárgate. ¿O quieres mirar?

—Doy un paso adelante, con la pistola todavía apuntando a su cara—.

¿Vas a dispararme? ¿El niñato pobre va a ejecutar su venganza?

—Se ríe, echando la cabeza hacia atrás. Violet aprovecha que está distraído para usar una mano libre y agarrarle los genitales por encima del pantalón.

Le retuerce la mano con furia y él chilla como un animal herido.

Disparo. La bala le da en el hombro y cae hacia atrás mientras uno de sus guardias de seguridad aparece detrás de mí.

Violet se levanta de la cama. La cojo de la mano y me giro, golpeando al hombre en la cara con la culata de la pistola.

Pasamos a su lado mientras él se tambalea y volvemos a recorrer la cabina, dejando atrás a la sorprendida tripulación, que se ha encontrado en medio de un tiroteo.

Tienen la boca abierta, los cuerpos congelados en posición, listos para trabajar.

—Violet —dice la voz de Aiden a nuestras espaldas—.

Un paso más y es hombre muerto. —Ella se detiene.

Tiro de su mano, pero se resiste—. Buena chica, princesa.

Ahora, escucha. Vuelve aquí inmediatamente y le dejaré vivir.

—Cuando me vuelvo hacia el hombre que desprecio, me doy cuenta del puntito rojo en mi frente.

El láser rojo atraviesa el espacio entre el guardaespaldas con la pistola y yo. Violet me mira y luego a Marley.

—No le hagas daño —susurra con tristeza. Su voz está tensa—. Iré contigo si le dejas vivir.

—Buena chica, princesa —repite él—. Ahora, suéltale la mano y ven aquí. —Ella hace ademán de soltar mi mano, pero me aferro con fuerza, sin soltarle los dedos.

—Suéltame, Harry —dice en voz baja, desviando la mirada—. Esta es una pelea que no podemos ganar.

—Hazle caso —concuerda Aiden—. Tus amigos están fuera, a punta de pistola de mis hombres.

Echa un vistazo. —Miro por la ventanilla y veo a Damon, Hunter y Marshall de rodillas, con las armas apuntándoles—.

Date la vuelta y admite que has perdido.

Baja de este avión y olvídate de Violet.

Tú y tus amigos podéis iros sin que nadie muera.

—Harry —dice Violet—, tienes que salvar a tus amigos.

Vete. Se supone que tengo que estar con Aiden.

—Sus ojos grandes y llorosos parpadean hacia los míos.

Da un paso hacia mí, luego se pone de puntillas y apoya la palma de su mano libre en mi mejilla.

Sus labios rozan los míos momentáneamente—. Tengo que ir con él.

—Prometí que no volvería a irme —susurro con ferocidad.

—No lo estás haciendo. Estás haciendo lo correcto. No es tu elección marcharte.

Miro al cabrón que controla la situación, y él levanta una ceja inquisitivamente. Si me niego, podríamos morir todos. Si bajo de este avión sin ella, lo más probable es que no la vuelva a ver jamás.

—No quiero dejarte. Te quiero —digo, y ella sonríe con tristeza contra mis labios.

—Lo nuestro nunca iba a funcionar. Tú mismo lo dijiste. Siempre hemos sido una mala idea. —Me besa de nuevo—. Ahora, déjame ir.

—Todo esto es muy conmovedor —dice Aiden, sonando aburrido—.

Vete ya, Waite, o mi hombre disparará. —Suelto a Violet y doy un paso atrás.

El espacio entre nosotros parece enorme.

Aiden se sujeta el hombro con una toalla por donde debe de haber pasado mi bala.

El guardia de seguridad que está detrás de mí me agarra del codo y tira de mí en dirección a las escaleras.

Me empuja con fuerza y bajo tambaleándome, solo para ser agarrado por otro matón al pie de las escaleras.

Mis amigos siguen de rodillas, con las manos atadas a la espalda. —Arrodíllate junto a ellos, con los ojos en el suelo —ladra el matón. Mientras me coloco en posición, echo un último vistazo al avión y veo a Violet mirándome desde la ventanilla, con la desolación reflejada en su rostro.

Atados en el suelo junto a mis amigos, vemos cómo el avión despega y se eleva en el aire con Violet dentro.