20. La sala de juntas de The Level #2
—¿Sabes cómo planean trasladarte? ¿Adónde?
—No —responde, con la voz cada vez más aguda—. No quiere decirme nada. —Empieza a perder el control, su respiración se acelera.
—Vi, tienes que mantener la calma —le digo con voz firme.
Miro a Hunter—. ¿Puedes enviar hombres para allá?
Que vigilen la cancela, y si alguien entra o sale, que nos informen.
—Hunter hace un saludo militar y saca el móvil del bolsillo de sus vaqueros.
Se levanta y desaparece en el pasillo para dar instrucciones a sus hombres.
—Harry —llama Violet por la línea, devolviendo mi atención a ella—. Por favor, no te apartes de mí otra vez. No me dejes sola.
—No lo haré. Voy a buscarte, y esta vez no pienso dejarte marchar. —Se me seca la boca. La idea de perderla es escalofriante—. Violet, yo…
—Viene alguien —susurra, interrumpiéndome—. ¿Y si están aquí para llevarme?
—Escúchame: no voy a dejarte sola. Voy a buscarte.
Deja el móvil encendido para que podamos oír lo que pasa.
Métetelo en el bolsillo. —Mis palabras son claras y tajantes—.
Vi, deja el móvil encendido —repito—. Mantén la calma y haz lo que te digan.
Lo más importante es que tú y el bebé estéis a salvo.
Deja que nosotros nos ocupemos del resto.
—¿Están ahí mis hermanos? —pregunta. Miro a los hombres que se han acercado para ponerse a mi lado.
—Estamos aquí —dice Connor, con los ojos fijos en el móvil que tengo en la mano.
Sigue en manos libres; lo han oído todo.
Por sus caras, sé que saben que está diciendo la verdad.
Saben que su padre les ha estado tomando el pelo todo este tiempo—.
Vamos todos a buscarte, hermanita. Aguanta y haz lo que te digan.
—Me hace un gesto con la cabeza. Quito el manos libres y me voy a la esquina de la habitación.
—Vi —digo suavemente—, resolveremos esto.
—Su respiración se entrecorta—. Te quiero.
Siempre te he querido. —Ahora no es momento de fingir que no es así.
Ahora es el momento de dejar de tener miedo de mis emociones y aceptarlas.
Aceptarla a ella. Si las cosas salen mal, puede que esta sea la única oportunidad que tenga de decirle cómo me siento. Cómo me siento de verdad.
—Yo también te quiero —responde. Una sonrisa asoma a mis labios ante su confesión—. Ven a por mí.
***
Violet
El pomo de la puerta traquetea. —Princesa, abre la puerta. Quiero ver a mi chica —dice Aiden al otro lado de la barrera. La euforia que sentí con las palabras de Harrison se desvanece, y el terror que ha recorrido mi cuerpo desde que mi padre me contó sus planes regresa al instante.
—Vete —grito.
—Abre la puerta o la echaré abajo —espeta enfadado.
—¿Quién es? —pregunta Harrison. Todavía tengo el móvil pegado a la oreja.
—Es Aiden —susurro—. Tengo que colgar.
—Deja el móvil encendido. Silenciaré este lado para que no nos oiga.
Todo va a salir bien. Solo haz lo que él diga.
—Hace una pausa—. Dentro de lo razonable.
Protégete si es necesario. —No dice lo que está pensando, pero sé lo que es.
Le preocupa que Aiden esté aquí para cobrarse el tiempo que le debo.
Tiempo con mi cuerpo. La idea de que toque mi piel me revuelve el estómago.
—Vale —respondo, y luego me meto el móvil en el bolsillo superior del pijama de rayas que llevo puesto.
—Princesa —ladra Aiden. Está furioso, lo sé por su tono—. Abre la puta puerta ahora mismo o no responderé de mis actos.
Haciendo acopio de valor, me acerco a la puerta y quito el pestillo, luego retrocedo hasta mi cama y me siento en el borde.
La puerta de madera maciza se abre y Aiden entra en la habitación.
Viste con su habitual traje de negocios.
Me toco el bolsillo para asegurarme de que mi móvil sigue ahí; la pantalla está vuelta hacia mi cuerpo para que no pueda ver la luz.
—Hola —dice, sentándose a mi lado. Me rodea la nuca con una mano y tira de mí hacia él.
Sus labios se estrellan contra los míos.
Intento apartarme, pero me sujeta con fuerza, sin dejarme mover—.
Princesa —gruñe—, no me desobedezcas. No querrás enfadarme.
No nos gustaría que se repitiera lo que pasó en el apartamento de Waite.
Esta vez no está él para interrumpir. — Sonríe con malicia—.
Aunque ese bonito cuello tuyo en mi mano resulta bastante apetecible.
—Lo siento —murmullo, apartando la vista de la suya—. Es pronto. Me ha sorprendido encontrarte aquí.
—Son las cinco. Está amaneciendo y tenemos sitios a los que ir. Vístete.
***
Harrison
Silencio el móvil para que podamos oír lo que está pasando sin riesgo de que nos oigan a nosotros del lado de Violet. —Es el puto Marley —siseo—. Devane, ¿están tus hombres allí?
—Están aparcados al final de la calle de la entrada. Aún no hay señales de vida, pero el lugar es una fortaleza. Muros altos y cámaras por todas partes —dice—. No vamos a poder entrar. Si vamos a interceptarla, tendrá que ser durante el traslado.
—Russ, ¿tienes algún contacto de confianza dentro? —Me vuelvo hacia el hermano de Violet—. ¿Hay alguien que pueda decirnos qué está pasando? ¿Ayudarla si lo necesita?
—No estoy seguro de en quién confiar —responde—. Todos trabajan para mi padre. Sería arriesgarse a que se enterara de que le hemos pillado.
—Joder —mascullo. La voz alterada de Violet devuelve mi atención al móvil que tengo en la mano—. Como la toque, lo mato con mis propias manos.
—No, Aiden —grita, aterrorizada—. Quítame las manos de encima. Por favor.
—Oh, vamos, princesa. Tienes que desnudarte de todas formas —responde, y luego se ríe a carcajadas—. Déjame ver ese coñito tuyo, ha pasado demasiado tiempo. He echado de menos tus paredes resbaladizas alrededor de mi polla.
—Aiden, por favor. Cuando vuelva a pasar lo nuestro, no quiero que sea así. Quiero que sea especial. —Está ganando tiempo, intentando frenarlo—. Quiero esperar a que estemos en casa, en nuestra propia cama.
—En casa —repite él—. Será bueno tenerte de vuelta donde debes estar.
Debajo de mí. Como antes. Aunque esto es nuevo —dice—.
Costará un poco acostumbrarse a la barriga.
—Imagino al cabrón tocando su creciente barriga y mi ira aumenta un grado.
La idea de él con ella hace que se me erice la piel. Si la fuerza, lo haré pedazos.
—Esa barriga alberga a mi hijo —sisea ella, perdiendo un poco el control. «Mantén la calma», le ordeno en silencio.
—A nuestro hijo —la corrige él—. Mi hijo, y tú serás mi esposa. —Se oye el sonido de piel contra piel.
—Ni en tus putos sueños —chilla ella—. Nunca seré tuya, me obligues a casarme contigo o no. Te odio. Me mentiste. Me utilizaste.
—Y te utilizaré cuando me dé la gana, princesa.
No vuelvas a pegarme, joder —gruñe—. Te la perdonaré esta vez.
Entiendo que las últimas veinticuatro horas habrán sido un shock para ti.
Pero vuelve a hacerlo y te arrepentirás.
Recházame una vez más y te inmovilizaré en la cama hasta que te des cuenta de que eres mía.
—Hay un crujido. Él levantándose, creo—.
Ahora, vístete —exige—. Nos vamos pronto.
—La línea se queda en silencio, unos segundos después, un portazo resuena.
—Harry —susurra la voz aterrorizada de Violet—. ¿Has oído eso? Nos vamos. —Quito el silencio de mi móvil.
—Sí lo he oído —le digo—. Vamos para allá. Por ahora, haz lo que él diga. Carga el móvil y déjalo encendido. Te veo pronto. Te quiero.