Harrison (The Level 1) 17. La casa de la familia Chase, Kensington
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17. La casa de la familia Chase, Kensington

La casa de la familia Chase, Kensington

Violet

Mi dormitorio de la infancia sigue igual que cuando me fui a los dieciocho años.

Mi madre no ha cambiado nada en los últimos catorce años.

Los pósteres de las boybands que tanto amaba siguen colgados en las paredes, y todo lo demás es rosa o blanco.

Tras un discurso desgarrador de mis padres, me he encerrado aquí, lejos de mi familia.

Mi padre habló con ese tono que emplea cuando siente un verdadero asco por la persona a la que se dirige.

Mi madre lloraba sentada a su lado, sacándose de vez en cuando un pañuelo de lino blanco del bolsillo para secarse los ojos.

—Catorce años, Violet, sin noticias tuyas. ¿Sabes lo que tu egoísmo le ha hecho a esta familia? ¿A tu madre? —gruñó.

—Padre. Señor. Yo... —No había palabras que pudieran justificar mis actos de hace tantos años. Me marché, eso es verdad. Aiden Marley me sorbió el seso y corrí tras él como un cachorrillo, suplicándole que me amara.

—No quiero oír tus patéticas excusas. —Sus ojos empezaron en mi cara y luego recorrieron mi cuerpo hasta los pies.

Arrugó el gesto como si oliera algo desagradable—.

Y entonces apareces aquí de nuevo sin previo aviso.

Embarazada, nada menos, del bebé de un hombre casado.

El hombre por el que abandonaste tu carrera y tu hogar.

El hombre de quien has sido una fulana barata durante más de una década.

Su puño golpeó la mesa del comedor a nuestro lado, haciéndome dar un salto. Aún no nos habíamos sentado. Estar de pie me hacía sentir más segura; podía correr si lo necesitaba.

—Tus hermanos informan de que volviste a fugarte solo unos días después de tu regreso, pero no sin antes hacer el papel de zorra con otro hombre que siempre ha estado prohibido.

—Sus ojos furiosos se centraron de nuevo en los míos.

Se inclinó hacia delante, invadiendo mi espacio—.

Pero, hija mía, los detalles más devastadores fueron descubrir que has estado trabajando en un club de striptease tras huir de nuevo.

—Me agarró los hombros con brusquedad, tirando de mí hacia él y levantándome del suelo para que estuviéramos nariz con nariz—.

Tu regreso debería ser una ocasión feliz.

Es de todo menos eso, joder —gruñó—. No siento más que vergüenza cuando te miro.

Así que ahora, a los treinta y dos años, estoy sentada en mi cama de la infancia con las rodillas pegadas a la nariz, balanceándome al ritmo de la música pop de mi adolescencia.

La vida no podría estar más jodida por mucho que lo intentara.

Un golpe suave en la puerta interrumpe mi sesión de autocompasión.

—Vete —grito, pero vuelven a llamar, esta vez más fuerte—. He dicho que te vayas.

—Violet, soy tu madre. Abre la puerta, por favor —dice ella, con la voz temblorosa por la emoción.

Suspirando, me desenrollo de mi posición miserable, salgo de la cama y camino para descorrer el cerrojo.

Abre de inmediato, se desliza dentro y vuelve a cerrar con llave a sus espaldas.

Me rodea con sus brazos y me estrecha contra ella, abrazándome como hacía cuando era pequeña—.

Mi niña —susurra con fuerza contra mi oído—.

Oh, cómo te he echado de menos. Estoy tan feliz de que estés en casa.

Me aparto y la miro. Parpadea y luego sonríe con dulzura.

Su rostro ha cambiado considerablemente con los años, pero su pelo oscuro, ahora canoso, luce el mismo estilo sencillo en ondas hasta los hombros.

Lleva un vestido de algodón sencillo, como siempre, con cuello redondo y el dobladillo por las rodillas.

Es mi madre, pero ha envejecido, como todos nosotros.

—Madre, lo siento —digo, bajando la mirada.

—Cariño, no quiero tus disculpas. Todo lo que quiero es tener a mi hija aquí conmigo. Estos años sin ti han sido vacíos. —Me coge de la mano, me guía hasta la cama y nos sentamos juntas—. Quiero saberlo todo sobre mi hija adulta —dice con una sonrisa—. Cuéntamelo todo.

El tiempo pasa sin que nos demos cuenta.

Le cuento cada detalle que recuerdo de mi vida desde que me fui.

Me sienta bien desahogarme, explicar cómo me sentí al conocer a Aiden siendo tan joven y qué me impulsó a irme a Chicago en primer lugar.

Cómo pensaba que no querríais hablar conmigo.

Todo el tiempo perdido de por medio. Me escucha en silencio, apretándome la mano para animarme a seguir cuando me detengo.

—Me gustaba trabajar en el club —digo con sinceridad—. Era liberador.

—Es comprensible, aunque no me gusta la idea de que te vendieras para que los hombres disfrutaran.

—Su voz es tranquila; no hay juicio. Mi padre es un hombre duro, pero mi madre es su opuesto, un alma tierna en un mundo aterrador.

Con ella, siempre me he sentido segura y amada.

A lo largo de los años, me había planteado intentar contactar con ella, pero el miedo a mi padre era demasiado grande.

Suponía que nunca me lo permitiría. El riesgo de perderla de nuevo era algo que no estaba dispuesta a correr.

—A Harrison tampoco le hizo mucha gracia cuando me encontró.

Ella se ríe, cogiéndome por sorpresa. —Me imagino que no. ¿Es verdad, Violet, lo tuyo y lo de él? —La miro con recelo—. No te meterás en líos conmigo si lo es. Prefiero saber si la información que recibió tu padre es correcta.

—Sí —respondo con la verdad. No tiene sentido mentir.

—¿Desde cuándo? —Su mirada se clava en mí. Me advierte en silencio de que no mienta, de esa forma que solo una madre sabe hacer.

—Hemos estado separados catorce años, madre —respondo restándole importancia—. Fue una sola noche. Hubo demasiadas emociones entre nosotros y nos dejamos llevar. No significó nada.

—¿Esa es la única vez que has estado con él? —pregunta mientras entorna los ojos.

—Madre, no quiero tener esta conversación contigo. No hay nada entre Harrison y yo. Nunca puede haberlo. —Desvío la atención a mis dedos sobre el regazo, incapaz de seguir mintiendo y mirarla a los ojos.

—Él corrió un riesgo al decirle a tu padre y a tus hermanos dónde estabas y que él era el motivo por el que habías huido.

—¿Qué? —tartamudeo.

—Antes de ir a por ti para traerte de vuelta, llamó a tu padre.

Le dijo que te había seducido y que luego no le dio importancia al asunto a la mañana siguiente.

Prometió traerte a casa con nosotros. Harrison asumió toda la responsabilidad de tu desaparición.

—Me pone un dedo bajo la barbilla, animándome a levantar la mirada hacia la suya—.

Violet, sé sincera conmigo. ¿Hay algo más entre vosotros que una sola noche?

—No puede pasar nada —susurro.

—Eso no responde a mi pregunta. Necesito entender por qué huiste después de una noche con él.

—Porque volvió a distanciarse.

—¿Volvió? —incita ella. Hago una mueca, sabiendo que he hablado de más.

—Sucedió una vez antes, aquel último verano antes de irme a Glasgow.

No había vuelto a hablar con él desde entonces, hasta que me encontró frente a su apartamento en junio.

—Mis mejillas arden de vergüenza. Esta no es una conversación que deseara o esperara tener con mi madre—.

Siempre me he sentido segura con él —le digo, sin saber si eso explica algo—. Al crecer, pensaba que le importaba.

—Siempre te miraba como si fueras la chica más hermosa del mundo —me dice, y me quedo boquiabierta—.

Desde que erais adolescentes, ese chico ha estado loco por ti.

No importaba cuántas veces vuestro padre le advirtiera que se alejara, sus ojos te seguían a todas partes.

Te buscaba en cada habitación. Siempre me pregunté si alguna vez había pasado algo.

¿Mi padre me perdonará alguna vez por haberme ido? —le pregunto.

—La respuesta es sí; acabará aceptando lo que ha pasado. Tu padre es un hombre orgulloso. Tu partida fue difícil de aceptar para él.

—¿Y a Harry? ¿Lo perdonará?

Traga saliva y luego me mira directamente antes de responder a la pregunta. —Tu padre y tus hermanos tuvieron una reunión con Harrison para discutir su comportamiento.

—¿Discutir su comportamiento?

—Ambas sabemos que esta familia no es una familia normal. Está la Familia, y luego los que trabajan para la Familia. Harrison pertenece a estos últimos y tiene reglas que debe seguir a cambio de su posición.

—¿Qué significa eso?

—Significa que ha roto el código. Tenía una deuda que pagar, y tu padre es quien ha ejecutado la penalización.

—¿Le ha hecho daño? —clamo, apretando su mano con más fuerza—. ¿Lo ha matado?

Ella niega con la cabeza, con una sonrisa triste en los labios.

—No —dice—, no lo ha matado. Lo más probable es que le hayan dado una paliza, quizás un hueso roto o dos.

Harrison es demasiado valioso para que tu padre se deshaga de él, pero tenía que pagar por lo que hizo.

Iniciar una relación con la hija del jefe de la familia sin permiso es una...

—Hace una pausa. Veo que sopesa qué decir—.

Es algo por lo que otros hombres perderían la vida.

Harrison tiene suerte de que, por el momento, parezca indispensable.

—¿Indispensable? ¿En qué sentido?

—Tiene contactos. En la ciudad, su trabajo es inigualable. El bufete de abogados está ganando clientes de empresas y particulares de prestigio solo gracias a su reputación. En este momento, Harrison Waite es un activo que tu padre no estará dispuesto a sacrificar.

Me quedo sentada escuchándola; mientras tanto, el terror crece en mi vientre. Mi padre le hará daño por mi culpa. He visto y oído el tipo de dolor que mi padre puede infligir a alguien. Lo he sentido. Se queda contigo mucho después de que termine.