16. Hogar Lammerton para Chicos
Hogar Lammerton para Chicos
Harrison
—C..o..m..p..l..i..c..a..d..o. —Entrecierro los ojos mientras intento leer la palabra de la página—. Complicado —chillo, sabiendo que es correcto.
—Bien hecho, Harrison —dice el señor Chase con entusiasmo—. Complicado. Tu lectura está mejorando magníficamente. Estoy orgulloso de ti muchacho. —Le sonrío radiante al hombre que se ha convertido en una figura paterna para mí, aunque él no se dé cuenta.
—Complicado —repito, y luego me centro en la siguiente palabra de mi lista. Cada semana me visita dos horas los viernes y me ayuda con los estudios. Sigo llamándolo señor Chase y él se refiere a mí como Harrison. Me entristece que aún no nos considere amigos, pero viene, que es lo que importa.
Estoy tratando de descifrar la siguiente palabra de once letras cuando habla. —He estado pensando, Harrison, que quizá ya es hora de que conozcas a mis hijos. ¿Qué te parecería? —pregunta. Dejo de concentrarme en el papel que tengo delante y me vuelvo hacia él.
—¿Russell y Connor? —Él asiente, confirmando mi pregunta—. No lo sé. ¿Por qué querrían conocerme?
—Bueno, fueron ellos quienes te encontraron, y siempre preguntan por ti cuando he venido aquí. En el último año y medio, te he visto crecer hasta convertirte en un joven del que estoy orgulloso de conocer. Podrías ser un buen amigo para ellos y ellos para ti.
—Quizá —digo encogiéndome de hombros—. No tengo amigos. No le caigo bien a la gente.
—No te entienden, Harrison. Hay una diferencia. Tú tienes una determinación silenciosa que resulta desconcertante para algunas personas.
—¿Desconcertante? —repito. La palabra rueda por mi lengua—. ¿Qué significa eso?
—Significa que los pone nerviosos.
—Pero yo no hago nada malo —protesto. He aprendido a permanecer callado en el hogar, a no destacar entre la multitud. Si paso desapercibido por la vida aquí, nadie me molesta.
—No es necesario. Tienes una presencia que hace que la gente dé un paso atrás. Nadie se mete contigo, pero tampoco nadie se te acerca. He visto a los otros chicos y la forma en que te miran. Tienes el control, aunque no te des cuenta.
—Posiblemente —respondo, confundido.
—Mis hijos son como tú. De voluntad fuerte. Seguros de sí mismos. Discutidores.
—Yo no soy discutidor.
Él se ríe a carcajadas. —Sí que lo eres.
También estás cien por cien seguro de tus propias opiniones, lo cual en un joven es una cualidad excelente y te será de gran utilidad en la vida.
Pero necesitas pasar tiempo con otros chicos como tú, chicos con futuro.
Tú tienes futuro, Harrison. En tu vida, tendrás éxito. Yo me aseguraré de ello.
***
Septiembre de 2022 – The Level
—Harrison, estoy muy decepcionado de que hayas ignorado una de las reglas más importantes de nuestra amistad —declara el señor Chase.
Esta noche sé que voy a pagar por el tiempo que disfruté con Violet—.
Cuando te apoyé de joven, lo hice porque sabía que serías un activo tanto para mí como para mi familia.
Te vi como alguien que podría ser incorporado a largo plazo en nuestro negocio.
Un socio leal en el que se podía confiar.
Camina hacia la silla a la que estoy atado y luego la rodea. Todavía no me han amordazado. Sus dedos aprietan el puño americano que lleva en la mano derecha.
—Has superado todos los desafíos que te he puesto y te has convertido en uno de los abogados más influyentes de la ciudad.
A veces, me siento más orgulloso de ti que de mis propios hijos.
—Russell y Connor observan a su padre mientras pasea.
Se erizan visiblemente con el comentario—.
Tu éxito no solo ha sido beneficioso para el bufete y tu increíble crecimiento, sino también para las operaciones de nuestra familia.
Los clientes que atraes nos han permitido obtener información que antes nunca estaba a nuestra disposición.
Por esa razón, te respeto como profesional y socio de negocios.
Miro a los hombres que considero como mis hermanos; apartan la mirada de mí. Mi atención vuelve al hombre al mando. El hombre que siempre está al mando de la familia Chase. Edward Chase.
—Sin embargo —dice, volviéndose para mirarme.
Se inclina y me mira directamente a los ojos—.
Violet siempre estuvo jodidamente prohibida; te lo dije cuando eras un muchacho de dieciséis años con una erección.
Nada ha cambiado. Tú y mi hija son terreno vedado.
Ella no estará con alguien de sus orígenes. Se merece algo mejor.
—Señor —dice Connor, dando un paso adelante. Su padre se gira bruscamente hacia él—. Fue Waite quien la encontró y la trajo a casa con nosotros. Volvió a escaparse, acabamos de recuperarla. Sin duda, deberíamos estar agradeciéndoselo.
Su padre se yergue y niega con la cabeza.
—No, por lo que su hermano me ha dicho, se escapó por su culpa.
—Su ceño furioso se posa en mí—. En nuestra familia, quienes causan el problema, pagan.
Sufrirá por la deuda de sus acciones equivocadas y su completo desprecio por mis órdenes.
Da igual si una instrucción tiene diez minutos o diez años, sigue siendo una puta orden. ¿Me entiendes, Harrison?
—Sí, señor —respondo con firmeza, sin apartar mis ojos de los suyos. Al igual que su hijo, este hombre es un matón que gobierna tanto a su familia como a sus negocios con mano de hierro.
—Una vez que haya aplicado este castigo, daremos por zanjado el asunto. No se volverá a hablar de ello y tú no volverás a estar en la misma habitación que Violet en lo que le queda de vida.
—Sí, señor.
—Bien. Volvemos a tener un acuerdo. Tú desempeñas tu papel, pero no sales de tu puto carril. No se tolerará ninguna desviación. —Echa el brazo hacia atrás y el metal se estrella contra mi mejilla—. Una —gruñe.
***
—Harry —susurra la señora D mientras me da toquecitos en el ojo. Joder, cómo me duele la cabeza. Me llevo la mano a la mejilla, la piel me escuece—. Harry —repite ella—, ¿puedes oírme?
—Sí —respondo, mi voz casi un susurro—. ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente? ¿Dónde estoy? —Abro los ojos parpadeando y ella me sonríe, pero no puede ocultar la preocupación en su mirada. Lo último que recuerdo es al señor Chase levantando el puño para asestar el cuarto golpe.
—Estás en casa. Connor te ha traído hace una hora. No me ha dejado llamar a una ambulancia. Estás hecho un desastre. ¿Qué ha pasado? —Me río entre dientes, lo que me provoca una punzada en las costillas.
—Mierda, no me hagas reír. Duele un montón.
—¿Quién te ha hecho esto? —pregunta de nuevo.
—La familia Chase. —Sus cejas se juntan en confusión—. Me salté las reglas, y este es mi castigo. Cuando Edward Chase te dice que algo está prohibido, está jodidamente prohibido.
—¿De qué estás hablando?
—De Violet —respondo con tristeza—. Descubrió que ella y yo estábamos… —¿Qué somos?
—¿Enamorados? —sugiere ella, y la miro, sobresaltado.
—No, claro que no. Tuvimos una relación íntima, o la habíamos tenido. Me dijo cuando era joven que ella nunca sería mía. Y no escuché. Esto… —Señalo mi cara con la mano—. Esto es lo que pasa cuando vas en contra de las reglas.
—Es una barbaridad —se lamenta, cubriéndose la boca con las manos—. Tú y Violet sois adultos. No es asunto suyo. Esto no puede pasar. Tenemos que llamar a la policía.
—La policía es suya —digo—. Todo lo que hace cualquiera relacionado con la familia Chase es asunto suyo.
Lo he visto con mis propios ojos desde que era un niño.
Señora D, sabía que estaba jugando con fuego.
Esto no ha sido una sorpresa. Edward Chase ha sido tanto mi salvador como mi captor desde la infancia.
Sin él, sinceramente, estaría en la cárcel o muerto.
Pero el día que decidió que yo era su proyecto de caridad me envió por un camino en el que siempre estaría en deuda con él y tendría que bailar a su son.
***
Llega el lunes por la mañana. Entro en mi despacho y me encuentro a Damon McKinney y a Hunter Devane sentados esperándome.
Ambos sostienen cafés para llevar en una mano y un dónut en la otra.
—Espero que vosotros, par de gilipollas, me hayáis traído algo a mí también.
Los dónuts son un poco cliché, ¿no crees, McKinney?
—espeto mientras me dejo caer en mi silla.
—Come lo que te den, joder. ¿Qué coño te ha pasado? —dice Hunter mientras coloca un café y mi pastel de manzana favorito delante de mí.
—Tenía una deuda que pagar —respondo.
—¿Por qué? —Hunter se recuesta en el asiento frente a mí, con Damon a su lado.
—Por meter la polla donde no debe —sugiere Damon y Hunter se ríe—. ¿Tengo razón?
—El viejo Chase aplicó el castigo él mismo —murmuro enfadado—.
Y le encantó cada puto minuto. —Damon me lanza una mirada de complicidad.
Él conoce los negocios clandestinos y las conexiones de la familia Chase.
A medida que lo he ido conociendo mejor, me ha contado historias de Edward Chase y sus castigos que te pondrían los pelos de punta.
Su reputación lo precede. Si te interpones en su camino, prepárate para que se deshagan de ti—.
En fin, ¿a qué debo el placer de esta visita inesperada?
—McKinney quería asegurarse de que seguías vivo después de la otra noche. Dijo que tu misión de rescate no salió del todo según lo planeado. —Hunter da un sorbo a su bebida mientras me observa—. Sacaste a la chica, pero te pusiste una diana en la espalda en el proceso.
—Ha vuelto a donde tiene que estar —digo, ignorando el comentario—. La paliza era algo que tenía que aceptar. Sabía que me la darían desde que Russell descubrió que me había acostado con ella.
—¿Estás seguro de eso? —pregunta Damon—. ¿Crees que estar de vuelta en casa de sus padres es el mejor lugar para ella en este momento?
—¿Dónde estaría mejor? —pregunto, fulminándolo con la mirada.
—Le dijiste que siempre tendría un hogar contigo. Tus palabras, Waite.
—Fue una promesa vacía para que se fuera de Guilty Pleasures. Lo nuestro nunca puede ser; tú y yo lo sabemos. Aunque yo quisiera, nunca lo permitirían. Le debo la vida a Edward Chase y a su familia; este es un deseo suyo que necesito respetar.
—¿Por qué? —interviene Hunter—. ¿No crees que ya les has pagado con creces en los últimos diez años?
¿Cuántos casos has ganado para ellos? ¿Cuánto dinero les has hecho ganar?
¿Cuántas veces has hecho su trabajo sucio?
—Saca un cuchillo de la cinturilla del pantalón y empieza a hacerlo girar entre sus dedos.
Presiona la hoja contra la yema de su dedo corazón, una gota de sangre perla en su piel—.
Una vez que la deuda está pagada, Waite, la deuda está pagada.
La familia Chase no puede tenerte en servidumbre por contrato toda la vida por unos años de instituto y universidad.
Llega un momento en que ambas partes están en paz.
—Dudo que él llegue a opinar así —digo con una sonrisita—. Aunque la idea es bonita.
—Permite que la gente te utilice, y siempre lo hará.
—Me clava la mirada—. No les debes una puta mierda.
Ya es hora de que ambos os deis cuenta. En fin, te veo en The Level el miércoles.
Tenemos mucho de qué ponernos al día. Mi equipo está cada vez más cerca de encontrar la cocina.
Esa mierda va a desaparecer de las calles.
Vamos a ganar esta, chicos, lo siento en los huesos.
—Se levanta de un salto y se dirige a la puerta.
Antes de salir, grita por encima del hombro—: Los cabrones que están detrás de esto pagarán por cada muerte que su mierda ha causado. Dolorosamente. Con su sangre.
Damon y yo nos quedamos mirando la puerta cerrada. Se vuelve hacia mí y se ríe. —Ese idiota es un puto loco. ¿Cómo he acabado en el mismo bando que él?
—¿Cómo hemos acabado todos aquí? —digo, bajando la vista a mis manos, que hacen girar un bolígrafo—.
Pasamos los días equilibrando la luz y la oscuridad.
Caminando en círculos que preferiríamos no recorrer.
Trabajando con hombres que se vuelven más despiadados con cada día que pasa.
Fingimos que nuestra pequeña misión de librar las calles de drogas sucias nos limpia de nuestro propio mal comportamiento.
Al final, todos somos criminales, solo que vestidos de otra manera.
—Ese es un sentimiento terriblemente profundo para un lunes por la mañana —murmura.
—Si algo me ha enseñado este fin de semana es que siempre seré el chico de la zanja a los ojos de todos. Puedo ganar más, aprender más y triunfar en cada oportunidad, pero al final del día, la vida que te toca es la que te quedas. Define quién eres.
—No creo que eso sea estrictamente cierto —argumenta, cruzando los brazos sobre el pecho—.
Todo el mundo tiene la opción de cambiar de dirección.
Parte de la razón por la que estás sentado aquí frente a mí es que conociste a Edward Chase de niño.
La otra razón es que eres un abogado de la hostia y se te da de puta madre leer a la gente.
—Hoy preferiría ser basurero.
Él se ríe a carcajadas. —Dudo que pudieras permitirte un Ferrari con ese sueldo.
—Se pone de pie—. La gente dejará de mirarte como a ese chico de la zanja si dejas de parecerlo.
Él se ha ido y tú estás aquí. Es hora de tomar el control.
Crees que los necesitas. Te prometo que es al revés.
—Camina hacia mi puerta, la abre y la vuelve a cerrar, volviéndose para mirarme—.
Y Waite, una cosa más: desde luego, Violet no te miraba como si fueras un caso de caridad. —Con eso, se va.