Harrison (The Level 1) 13. Bufete de abogados Chase, Chase and Waite, Canary Wharf
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13. Bufete de abogados Chase, Chase and Waite, Canary Wharf

Bufete de abogados Chase, Chase and Waite, Canary Wharf

Harrison

—La he encontrado —dice Damon al entrar en mi despacho—. Pero no te va a gustar lo que te voy a contar.

—¿Dónde está? —espeto, mientras mi ritmo cardíaco se acelera y se pone por las nubes en una fracción de segundo—. ¿Está viva?

—Sí, está viva. Aunque si sus hermanos se enteran de lo que ha estado haciendo estas últimas semanas, puede que no por mucho tiempo. —Entrecierro los ojos, confundido por su afirmación.

—¿De qué estás hablando? —pregunto, echándome hacia atrás en mi silla—. ¿Está herida?

—No, está definitivamente de una pieza y tiene muchos testigos que lo confirman.

—Joder, Damon, suéltalo ya.

—Está trabajando en el Guilty Pleasures. —Me quedo boquiabierto y él sonríe con suficiencia.

—¿En el local de Parker? —Asiente—. ¿Haciendo qué? —Mi furia se dispara. He estado allí. Sé a qué se dedican las chicas. Si ha estado ofreciendo bailes eróticos o algo más, puede que le dé yo mismo unos azotes en el culo si Russell no se me adelanta.

—Bailando, que yo sepa. —Se encoge de hombros—. Por lo visto, empezó en la barra y en cuestión de días pasó al escenario. Tiene un buen club de fans.

—¿Es una especie de broma macabra? —gruño, y él niega con la cabeza.

—Ninguna broma. He hablado hoy con Joel Parker y le he enviado una foto. Me ha confirmado que la contrató en julio. Se hacía llamar Violet Brown.

—Brown, qué original —digo con sarcasmo.

—Trabaja esta noche —me informa—. Pensaba que podríamos hacerle una visita. Probablemente sería mejor no decírselo a sus hermanos. No creo que sea capaz de controlaros a los tres.

—¿A qué hora abre el club?

—A medianoche.

—Te recogeré a las doce y media. Podemos dejar que empiece la fiesta antes de sorprenderla.

—¿Qué piensas hacer? —pregunta, levantando una ceja.

—Traerla a casa.

***

Me lavo la cara de nuevo antes de mirarme en el espejo y revolverme el pelo. Mi móvil pita.

Avísame cuando salgas.

El mensaje de Damon aparece en mi pantalla junto a la hora, que es medianoche.

Le respondo que estaré con él en veinte minutos.

Después de ponerme la chaqueta del traje, bajo al garaje y me meto en el coche.

La barrera automática baja y salgo disparado hacia la noche para ir a rescatar a Violet Chase de la situación en la que esté metida.

Desde que Damon me dijo que trabaja en el Guilty Pleasures, he estado atrapado entre el alivio, la culpa y la furia.

He pasado las últimas horas reflexionando sobre cada decisión que he tomado en mi vida y cómo será mi relación con la familia Chase cuando por fin traiga a su hija a casa.

La chica siempre ha sido un terreno totalmente prohibido, pero ignoré las reglas.

Dos veces. Y las dos veces acabaron con ella huyendo de su familia.

Esta noche la traeré a casa, con ellos, de una vez por todas.

Damon está de pie en la acera cuando llego a su casa. Su niñera y su hijo ya estaban en la cama; no quería despertarlos si yo tocaba el claxon al llegar. —¿Estás listo para esto? —pregunta mientras se sube al asiento del copiloto—. ¿Estás calmado?

—Sí —respondo sin mirarlo.

—¿Cuál es el plan?

—Vamos al club y vemos cómo está la situación. Con suerte, estará detrás de la barra y podremos acercarnos a ella sin hacer ruido.

—No creo que trabaje en la barra ya, Waite —advierte. Siento su mirada fija en mí, pero no miro en su dirección. Esta noche rezo con todas mis fuerzas para que esté trabajando en la barra.

Conducimos hasta el Guilty Pleasures en silencio.

No hay nada que decir o discutir. Damon sabe exactamente lo que me pasa por la cabeza.

Al parar frente al club, el aparcacoches se acerca y coge mis llaves para aparcar el coche.

Le doy un billete de cincuenta libras. Se sube al Ferrari y se aleja por la calle hacia la zona de aparcamiento privado.

Damon y yo sacamos nuestras tarjetas de socio de los bolsillos mientras nos acercamos a la entrada.

Hacía años que no venía, pero en mis veinte era un cliente habitual.

Probablemente debería haber cancelado mi suscripción, pero es un lugar que frecuentan muchos hombres bien relacionados, y tener la opción de venir aquí puede tener sus ventajas.

Es conocido por su discreción. El personal de seguridad nos hace un gesto para que pasemos y subimos la familiar escalera hasta el club.

—Buenas noches, caballeros —dice una rubia guapa en cuanto entramos.

Lleva un vestido negro ajustado tipo corsé con unos tacones de vértigo.

Su pelo cae en rizos perfectos alrededor de un rostro muy maquillado—.

¿En qué puedo ayudarles esta noche? ¿Han venido a tomar una copa o, quizá, a disfrutar de algo de entretenimiento?

Damon habla antes de que yo tenga la oportunidad. —¿Podemos tener una mesa cerca de la pista de baile? —ella asiente—. Y dos cervezas.

—Cerveza —mascullo—. Voy a necesitar un puto tequila si la noche va a resultar como creo que lo hará.

—Por supuesto —dice con una sonrisa radiante—.

Síganme. Les llevaré a su mesa y luego les traeré sus bebidas.

Dos cervezas y un tequila. —No discuto; el licor será bienvenido.

La seguimos, abriéndonos paso por el club, que ya está abarrotado.

Hombres de traje con las camisas desabrochadas holgazanean por ahí, bebiendo y observando a las chicas guapas pavonearse.

—Aquí tienen, caballeros. —Señala una mesa para dos junto al escenario y luego se dirige hacia la barra.

Ambos nos sentamos y nos quitamos las chaquetas.

Echo un vistazo a la sala. No reconozco a nadie, pero sin duda habrá gente que conozco o que me conoce a mí.

Un hombre está sentado solo junto a la barra bebiendo un whisky.

No mira el escenario, solo habla con la mujer que sirve las bebidas.

La música cambia y mi atención vuelve a la barra de baile que tengo delante.

La chica que estaba antes ha desaparecido.

Las luces se apagan y el escenario queda a oscuras.

Cuando vuelven a encenderse, aparece una figura.

Está de espaldas a nosotros, en la parte trasera de la plataforma.

Unos rizos oscuros y brillantes le caen por la espalda, reluciendo bajo las luces.

Lleva unos tacones de infarto al final de unas piernas largas y sexis.

Su culo está increíble en un tanga rosa brillante.

Cuando se da la vuelta, está en toples. Me quedo boquiabierto, conmocionado.

Se contonea hacia la barra del escenario, engancha una pierna y gira con una seguridad pasmosa.

La poca entereza que me quedaba se hace añicos.