10. Bufete de abogados Chase, Chase and Waite, Canary Wharf #2
Me tenso junto con todos los hombres de la sala.
Las miradas se cruzan, evaluando la situación, cada uno tratando de adivinar el siguiente movimiento.
Este es el tipo de acción que podría hacer que nuestra reunión se descontrolara.
Existe la posibilidad de que se produzca un baño de sangre.
Hunter es impredecible en el mejor de los casos, pero cuando huele sangre, está en su elemento.
El depredador que hay en él aparece y no se va hasta que está satisfecho.
—Devane —advierte Connor. Hunter mira en su dirección, sonríe y vuelve a centrarse en su cautivo.
—Caballeros, creo que se os invitó aquí para proporcionarnos cierta información que, hasta ahora, no habéis ofrecido. Si fuerais tan amables de responder a las preguntas del señor Waite —insta.
—No le voy a decir una mierda a ese cabrón —sisea Marley.
Hunter presiona la hoja en la garganta de su guardia de seguridad.
La sangre brota del corte y le baja por el cuello, cubriendo un tatuaje de color azul oscuro y manchando el cuello de su camisa blanca.
El hombre se queda completamente quieto, aterrorizado de moverse.
Marley levanta la vista en dirección al gemido que se escapa de los labios del rehén.
Mira a su empleado con impasibilidad, casi aburrido.
—Intentémoslo de nuevo, ¿vale? —dice Hunter—. Si no accedes a responder a nuestras preguntas, tu hombre perderá la cabeza. Poco después, tú también perderás la tuya. Créeme cuando te digo que se me da bien el cuchillo. Soy el mejor.
—Lo es —convengo—. Aterradoramente rápido, pero lo que siempre me parece más impresionante es su precisión. Su habilidad para quitar la porción más pequeña de piel para crear la mayor tortura. Tomamos una decisión sensata al insonorizar estas paredes.
—Hay uno de vosotros y tres de nosotros —argumenta Marley, fingiendo confianza, pero el sudor de su frente dice lo contrario. Hunter lo tiene nervioso.
Damon aparece a su lado y coloca una pistola cargada en la cabeza del otro guardia de seguridad. Le quita el seguro.
—Creo que tenemos ventaja —aconseja Damon—. Ahora, empieza a hablar de una puta vez.
—Violet —digo, y las cejas de Marley se disparan.
No esperaba que ella formara parte de esta conversación.
En lo que a mí respecta, ella es la única razón de esta reunión.
Si obtenemos información inesperada sobre la red de narcotráfico sería una ventaja, pero encontrarla es lo único que importa.
Desde su desaparición, se ha convertido en el factor más importante de mi mundo.
Después de años negando lo que siento, he aceptado lo que siempre supe.
Es la mujer con la que debo estar. Es mi responsabilidad mantenerla a salvo—. ¿Dónde está?
Arruga la nariz, la confusión cruza su rostro. —No lo sé. Deberías tener una mejor idea que yo. Siendo el padre de su hijo, después de todo. —Sonríe oscuramente—. ¿O no lo eres?
Russell se tensa a mi otro lado. Anoche le conté con todo detalle el altercado en mi piso. Me dio un puñetazo en el estómago como recompensa por descubrir que su hermana estaba embarazada del hijo de este maníaco.
—Afrontémoslo, el pequeño bastardo podría ser de cualquiera.
Por mi experiencia, ella siempre estaba abierta al negocio.
Es un buen polvo. La tuve cerca el tiempo suficiente para follármela un montón de veces.
La he tenido en todas las posturas que puedas imaginar.
—Me sonríe—. Me gustaba especialmente cuando estaba amordazada, así no tenía que escucharla.
O cuando la tenía bien metida en su garganta.
Ella aguanta. Tenlo en cuenta la próxima vez que te esté sirviendo.
Le daría cinco estrellas en ese departamento. Esa boca suya es otra historia.
—No me jodas, Marley. Dinos dónde está Violet —gruño.
—No te diría dónde está esa zorrita ni aunque lo supiera.
No la he visto desde que me echaste de tu piso.
—Se levanta y se limpia las manos en los pantalones—.
Si me trajisteis aquí para hablar de esa putita, me voy.
Te la puedes quedar, a ella y a mi bastardo.
Ya no es tan atractiva como antes. Mercancía mancillada.
Russell se levanta de un salto. Connor se pone detrás de él y le pone las manos en los hombros. —Relájate, hermano —lo engatusa—. No piques el anzuelo.
—Bueno, si eso es todo, mis hombres y yo nos vamos.
Por favor, retiréis vuestras armas. —Los mira a cada uno de ellos—.
O no lo hagáis . Sois fáciles de reemplazar.
Tengo muchas posesiones a mi disposición.
—Mira al hombre al que le debe dinero y sonríe.
Damon y Hunter bajan las armas hasta la cintura, y vemos cómo nuestro único vínculo con Violet desaparece en el ascensor y se pierde en la noche.
—Tenía que estar el cabrón metido también en lo de la heroína —murmuro—. Dondequiera que miremos, ahí está él metiendo las narices. Empiezo a pensar que todo está interconectado. Las drogas, Violet y tu dinero desaparecido —digo, volviéndome hacia Roydon.
—Posiblemente —responde—. Lo de las drogas y el dinero tiene sentido. Pero lo de tu novia desaparecida no.
—No es su puta novia —gruñe Russell—. Waite sigue de una pieza solo porque se le necesita en el bufete. Si no fuera tan bueno en su trabajo, estaría enterrado bajo el patio de alguien. Yo mismo me aseguraría de ello. Cuando encontremos a mi hermana, no se acercará a ella ni de coña.
—Cállate la puta boca, Russ —interviene Connor—. Tienes que dejarte ya de esta gilipollez de hermano mayor. Violet es una mujer adulta a la que no hemos visto en más de una década. Que esté con Harry o no, no importa. Tenemos que recuperarla de una pieza.
—¿Te parecería bien que estuviera con él? —gruñe, y se miran con furia.
—¿Por qué no? Es como un hermano para nosotros.
—No es mi hermano —sisea Russell—. Solo está aquí por la caridad de nuestra familia.
Porque saqué su lamentable culo de una cuneta de niño cuando su madre por fin se vino abajo por las drogas.
Cuando estaba demasiado colocada para preocuparse por dónde estaba su precioso niñito y la palmó —Se vuelve hacia mí y me da un golpecito en el pecho con el dedo—.
No serías más que un hijo de puta sin nosotros, Waite.
Probablemente viviendo en alguna casa de mierda, metiéndote coca y sumándote a las estadísticas de mortalidad.
—Su mirada recorre mi cara, y luego entrecierra los ojos.
Lo miro fijamente, sin pestañear. Russell es un abusón; siempre lo ha sido.
Ceder ahora sería rendirse. Nunca cedo el control a nadie.
Ni siquiera al hombre que me salvó—. No importa lo buen abogado que seas, lo caros que sean tus trajes o el coche que conduzcas.
Siempre serás el chico de la cuneta. Recuérdalo.